Ceuta, conocida como la ciudad de las cuatro culturas —cristiana, musulmana, hebrea y hindú—, y Toledo, el histórico emblema de las tres culturas —donde convivieron cristianos, judíos y musulmanes—, encarnan dos modelos fascinantes de pluralismo en la península ibérica.

Sin embargo, hay que decirlo: ¡Coexistencia. si!.. Cohesión social profunda, ¡no!..

En ambas ciudades, la convivencia se ha articulado siempre, más desde el respeto mutuo y la división del espacio social que desde la verdadera integración. La escasez estructural de matrimonios interreligiosos constituye el principal indicador de esta frontera invisible. La endogamia comunitaria mantiene intacta la identidad cultural de cada grupo, e impide la creación de lazos de parentesco. Sin estos lazos de parentesco no se construye una identidad compartida. Sin estos lazo de parentesco, el equilibrio entre las comunidades se vuelve extraordinariamente vulnerable.

Esta vulnerabilidad, se vio en el pasado y podemos verla ahora, si aumenta la presencia de los fundamentalistas.

Sin el contrapeso de familias mixtas y redes comunitarias transversales, resulta sencillo para los discursos integristas instrumentalizar las diferencias, sembrar la desconfianza y levantar viejos muros.

La lección de Ceuta y Toledo demuestra que la coexistencia pasiva no basta para garantizar la paz social.