Vivo en un barrio que se diferencia poco de los barrios que lo rodean, es decir, no se puede decir que tenga una identidad singular. Por eso, cuando estuve caminando, hace unos días, por la Vila de Gracia, noté la singularidad, note esa identidad diferenciada. Noté eso y me dije: ¡Este barrio es diferente!. (..). Eso, esa marcada identidad seguramente se debe a su historia, pues, hasta finales del siglo XIX fue un pueblo independiente y aún conserva ese espíritu: calles estrechas, plazas llenas de vida vecinal y pequeños comercios que nos llevan un poco al pasado. Ahora me viene a la cabeza, la frase de un vecino: ¡Nuestra identidad no se ha diluido en el entorno!.

Cuando hace muchos años vine a Cataluña, tuve, creo, una sensación similar. ¡Cataluña es diferente!. Pensé. (..). Eso lo noté entonces y lo he vuelto a notar después. Lo he visto en las calles de Barcelona, el pasado día de San Jordi: ¡Muchos libros, muchas rosas, mucha alegría y más cosas!. Lo ví en la fiesta de La Mercé: ¡Los castellers, los gigantes y más cosas impresionantes!.

Para acabar: La festividad de San Jordi, ni reivindicativa, ni folclórica. Una fiesta centrada en la cultura con los libros, y en el amor con las rosas.