51ª y 52ª sesiones: Comentario capítulos

Comentario de los capítulos restantes.

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50ª sesión (18/01/2021): Comentario capítulos 2ª parte

Prólogo: Rosa Poy

Laura: III

Rosa: X

Óscar: XXIII/ Véase siguiente enlace

………………………………………………………………………………………………………………………………….Os recuerdo que la semana próxima…

  • Miércoles, 20: Estrategia del comentario del texto narrativo.
  • Jueves, 21: Comentario de la 2ª parte del Quijote.- Asignación de capítulos:

Óscar: XXIX//Rosa: XLI// Rosa Poy: XLVIII// Laura: LXII

  • Viernes, 22: Comentario de texto de un capítulo de la 2ª parte.
  • Lunes, 25: Rosa- LXIV// Laura-LXXIII// Óscar- LXXIV

 

28 o 29 de enero- 1er control???

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49ª sesión (/15/01/2021): Comentario capítulos 1ª parte.

  • Óscar: XX, XXI
  • Rosa: XXII
  • Laura:  XXV

NOTA: Cuando podáis, me enviáis vuestros resúmenes por correo.

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48ª sesión (14/01/2021): Comentario de los capítulos correspondientes a la 1ª parte.

Asignación de capítulos a comentar:

  • Rosa- Prólogo
  • Laura- I, VII
  • Rosa- VIII, IX
  • Óscar- XXI, XX
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GUÍA DE LECTURA: DON QUIJOTE

NOTA: Esta es la guía que tenéis que utilizar para preparar el comentario de los capítulos de la Primera parte del Quijote. También os aconsejo que vayáis leyendo estas vacaciones los capítulos de la Segunda parte para avanzar el temario. Os recuerdo que son los siguientes:

Prólogo, 3, 10, 23, 29, 41, 48, 62, 64, 73 y 74.

He intentado cubrir los saltos temporales con resúmenes de la trama

 

GUÍA DE LECTURA DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

PRIMERA PARTE

 

PRÓLOGO

Cervantes usa el prólogo para puntualizar su intención al escribir la obra. El prólogo era una modalidad literaria establecida llena de códigos y tópicos repetidos que persiguen captar la benevolencia del lector (captatio benevolentiae) mediante la humilitas, el recurso a la novedad, el aval de autores de renombre…. Ahora, al Quijote, que es un nuevo género narrativo, le corresponderá también un nuevo tipo de prólogo.

  • La primera originalidad estriba en que en el prólogo se habla del prólogo mismo, contiene el relato de cómo se ha hecho, de su conversión en prólogo bajo los mismos ojos del lector (texto metalingüístico).
  • Así, en lugar del ritual “Curioso lector”, Cervantes se dirige a un “Desocupado lector”, un lector distinto.
  • Después describe las condiciones adversas en que se engendró la novela (cárcel de Sevilla de 1597), un lugar opuesto al locus amoenus reservado a otros aclamados autores.
  • Cervantes juega con otros dos tópicos prologales: el del libro como hijo del autor y el del autor ficticio de las novelas de caballerías, y sorprende al lector declarándose “padrastro” de DQ. (su verdadero “autor” es Cide Hamete Benengeli, que aparecerá en el cap. 9)
  • Los prólogos contenían habitualmente una sarta de erudiciones y doctrinas que los “avalaban”. Cervantes renuncia a ellas (Solo quisiera dártela monda y desnuda) y alude a esos preliminares, versos y listas de autores con ironía.
  • A continuación llega otro tópico prologal, el amigo alentador “gracioso y bien entendido” que ayuda al escritor. Su consejo de que si carece de versos y elogios ajenos, los invente y les adjudique autor o que falsee las citas eruditas es una sátira contra la práctica de esta costumbre que afecta directamente a Lope de Vega y a su Arcadia (1598).
  • Ahora puede volver al coloquio con el “lector suave” ofreciéndole la historia del famoso Don Quijote y su escudero y el propósito con que la escribe:
    • “todo él es una invectiva contra los libros de caballerías”
    • “esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías”
    • “llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros [93], aborrecidos de tantos y alabados de muchos más”
  • Con el objetivo de la novela bien aclarado, también nos ilustra sobre su propuesta de estilo:

“Solo tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo, que, cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere( …)a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos [89]. Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico [*] se mueva a risa, el [*] risueño la acreciente [90], el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención [91], el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.”

El prólogo fue redactado en 1604, después de acabar el libro y las últimas líneas de despedida ofrecen una última ocasión para remachar el asunto elemental del libro, la invectiva contra “los libros vanos de caballerías”.

Era costumbre que los autores de libros pidieran a escritores de fama o a personas encumbradas poesías laudatorias para poner al principio de la obra. Cervantes, que al parecer no consiguió que ningún escritor de prestigio le favoreciera con poesías en elogio del Quijote, con gran alborozo de Lope de Vega, satiriza cómicamente tal costumbre, insertando a continuación una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes de los mismos libros de caballerías que se propone desacreditar. Con ellas, el lector de principios del XVII advertía inmediatamente que tenía entre manos una obra de declarada intención satírica y paródica.

CAPÍTULO I

La novela se inicia con la descripción de las costumbres y estado del protagonista, un hidalgo de unos 50 años que consumía su renta en la compra de libros de caballerías cuya lectura lo llevó a la locura.

El autor tiene un especial empeño en rodear de imprecisión los orígenes y el nombre del hidalgo. Utiliza el recurso de la fuentes ficticias (“Autores hay…”, “los anales de la Mancha”) que le permiten satirizar un recurso frecuente en las n. de caballerías. Todos los personajes y lugares que figuran en el Quijote, aparecen siempre denominados inequívocamente, con excepción del nombre de DQ y del lugar de su nacimiento.

“En un lugar de la Mancha / de cuyo nombre…) era el octosílabo famoso de un romance; una fórmula de la cuentística popular en la que “querer” es un verbo auxiliar.

La vaguedad en la determinación del lugar es también un palmetazo a los libros de caballerías que solían iniciarse con pompa y solemnidad en tierras lejanas y extrañas y en imperios fabulosos. DQ no empieza en Persia, ni en Constantinopla sino sencillamente, “en un lugar de la Mancha”.

LA LOCURA

El hidalgo que habita esta anónima y monótona aldea ha caído en una doble locura: la de creer que todo lo que cuentan los libros de c. es cierto y la de creer que en su época (principios del XVI) era posible resucitar la vida caballeresca de antaño y la fabulosa de los libros de C. en defensa de unos ideales medievales y ya trasnochados.

Como consecuencia de estas dos conclusiones falsas, DQ decide convertirse en caballero andante y salir en busca de aventuras. Lo esencial de su locura es que no nace de ningún desengaño ni de ningún agravio, nace en los libros.

Un humilde hidalgo como él no tenía más horizonte que el mantenimiento de su rango y la pervivencia del pasado. Los relatos caballerescos le ofrecían la visión quimérica, idealizada hasta el desatino, de un mundo en que un pequeño noble podía realizar las más estupendas hazañas y alcanzar las cimas más altas, conformando siempre la realidad de acuerdo con sus virtudes y valores: la justicia, el heroísmo, el amor, la belleza…

ASPECTO SOCIAL

Don Quijote es un exponente típico de los hidalgos de aldea, con pocos medios de fortuna, por debajo de los caballeros (hidalgos ricos y con derecho a usar el “don”), No tiene otra ocupación que permanecer ocioso para no perder los pocos privilegios que aún conservaba.

ASPECTO FÍSICO

Coincide con las características que Huarte de San Juan, en Examen de Ingenios (1575) da al hombre de temperamento caliente y seco. Tales hombres son inteligentes, imaginativos, coléricos, melancólicos y propensos a manías.

ARMADURA

Don Quijote acabará vagando por los caminos de España a principios de XVII con una armadura de finales del XV, lo que hará de él un arcaísmo viviente que provocará la estupefacción y risa de sus contemporáneos. Su aspecto grotesco se completará cuando cubra su cabeza con una celada casera hecha de cartón y tome como montura un viejo y escuálido rocín.

EL NOMBRE

Tardó 8 días en ponerse un nombre: don Quijote de la Mancha. Y se antepone el don honorífico que entonces sólo podían usar gentes de categoría y que era motivo de burla cuando alguien lo usaba irregularmente. El nombre Quijote también es cómico puesto que mantiene la raíz y la desfigura con el sufijo –ote que en castellano siempre ha tenido un matiz ridículo. Además Quijote es el nombre de la pieza de la armadura que cubre el muslo (cat. Cuixot).Sólo el nombre de Lanzarote lo legitima como caballeresco.

DULCINEA

Puesto que todo caballero andante estaba enamorado de una dama, decidió hacer la suya a una moza labradora, Aldonza Lorenzo cuyo nombre es de una vulgaridad intolerable.

Así acaba el primer capítulo, con los datos suficientes como para comprender el propósito del autor: la sátira y parodia de un género literario en boga: las n. de caballerías. El hidalgo manchego se ha vuelto loco debido a una auténtica intoxicación literaria y su demencia le ha llevado a una desacomodación con su ambiente y con su tiempo. Creyendo que la aventura caballeresca es algo factible, a ella ha acomodado su nombre, el de su caballo y el de la moza labradora que ha transfigurado en una encumbrada dama.

ACTIVIDADES

  1. Localiza algunos datos que permitan deducir la condición social de Alonso Quijano.
  2. Localiza el pasaje en el que Cervantes ridiculiza el estilo de los libros de caballerías. ¿Cómo podríamos calificar el estilo de dichos libros?
  3. Localiza los pasajes en los que se concretan las dos consecuencias de la locura del protagonista.

(Resulta imprescindible conocer el argumento que se desarrolla en los capítulos que no son de lectura prescriptiva. Te remito al resumen del argumento que tienes fotocopiado y a otra síntesis por capítulos que puedes consultar en el blog de Literatura).

CAPÍTULO VII (SEGUNDA SALIDA DE Don Quijote)

DQ no podía vagar solo por los caminos, necesitaba compañía para evitar los soliloquios y desarrollar el diálogo que se convertirá en el principio estructural de la novela: los continuos contrastes dialécticos entre ambos se resolverán en la mente abierta del lector. Gracias a este diálogo entraremos a fondo en la mente de DQ y su departir será un contraste eficaz entre el sueño caballeresco y la realidad tangible, entre la locura idealizadora y la sensatez elemental.

El capítulo comienza con un nuevo desdoblamiento de personalidad. Se cree Reinaldos Montalbán y terminada la escena, se queman todos sus libros de la mano inquisitorial del ama. DQ no volverá a leer un libro, ni siquiera el que contará sus hazañas. Ya no le hacen falta. Puede soñarlos, los lleva consigo, los vive, convirtiendo el mundo en una ficción dentro de la ficción que le contiene a él, se sitúa en una novela de caballerías; le rodea un entorno literario que para él es verdad histórica.

La 2ª salida y la presentación de Sancho son mucho más relajadas y anunciadas. El personaje de Sancho procede del refranero, del folclore y de los rústicos y bobos del teatro prelopista. En el personaje se aúnan simpleza y sagacidad, como en DQ locura y cordura. Con el tiempo, Sancho revelará toda su complejidad contradictoria, propia de una persona y no de un personaje tópico. En el diálogo final, apunta ya su agudeza y aptitud burlesca. Sancho decide acompañar a DQ acuciado por la promesa de ganancias y botines y por el gobierno de una ínsula (aunque no sepa exactamente qué es).

*Cabe añadir que en la EM el oficio de escudero era ejercido por los jóvenes de la nobleza que aprendían así las técnicas de la guerra antes de conquistar el título de caballeros. Po eso, la elección de un campesino para tal cargo tiene, claramente, connotaciones paródicas.

ACTIVIDADES

  1. La estratagema que urden su familia y amigos de tapiar la entrada a la biblioteca acrecientan la locura de Don Quijote. ¿A quién atribuye la sobrina la desaparición de esa estancia? ¿Y Don Quijote?
  2. En este capítulo aparece el compañero inseparable del protagonista, Sancho Panza. ¿Quién era? ¿Con qué términos lo describe el narrador? ¿Qué le promete Don Quijote a cambio de sus servicios?
  3. ¿Qué opina el caballero sobre la cabalgadura “asnal” de su escudero?
  4. Localiza el inicio del primer diálogo de los dos protagonistas y observa el distinto registro lingüístico que los caracteriza.
  5. ¿Qué divertida reflexión realiza Sancho Panza sobre su mujer al final de este capítulo?

CAPÍTULO VIII: LOS MOLINOS DE VIENTO. EL VIZCAÍNO.

La aventura de los molinos surge del cruce de DQ con uno de los componentes propios del género literario en el que vive: los gigantes, personificación del mal y del poder de la fuerza bruta en los libros de caballerías. Con sus nombres imposibles proliferan desde los inicios del género (Anfeón, Carmadón, Bruciferno, Dragontino, Arrastronio, Grindalafo, Luciferno de la Boca Negra…).

La estructura de la aventura es modélica respecto a muchas otras que arrancan de la transformación de lo visible y real:

  1. Un diálogo explicita lo que cada uno de los personajes ve o entiende por real: Don Quijote desfigura/ distorsiona la realidad, acomodándola a las fantasías de los libros de caballerías y Sancho reproduce lo que ve de forma objetiva.
  2. El protagonista pasa a la acción.
  3. En un diálogo final cada uno comenta lo acaecido, confirma su actitud o acomoda los hechos a su postura individual.

DQ se sobrepone perfectamente al descalabro pues no reconoce su error.

Más adelante, el enfrentamiento con el vizcaíno en Puerto Lápice tiene como causa la impugnación de su hidalguía. En 1588, el letrado García de Saavedra había suscitado una gran polémica al negar que la totalidad de los vascos eran hidalgos.

La suspensión final del relato en plena lucha, con el pretexto de que aquí lo dejó el autor, tiene intención paródica. Cervantes finge que va tomando la narración de varios autores. Ahora añade que está convencido de que en los archivos de la Mancha debe estar el resto. Y así da fin a la primera parte, división que también es paródica.

Hasta ese momento, la historia ha sido contada en primera persona por un narrador innominado y neutro, pero ahora se crea una ambigüedad sobre la identidad de los narradores, traductores y revisores de esta “verdadera historia” que modifican la perspectiva y focalización del relato.

ACTIVIDADES

  1. ¿A qué atribuye Don Quijote que su escudero no identifique al “enemigo”?
  2. ¿Cómo justifica Don Quijote su descalabro final en la aventura de los molinos?
  3. Comenta algún comentario de Sancho que desvele su personalidad en contraposición a la de su amo.
  4. ¿Qué le advierte Don Quijote a Sancho sobre cómo debe actuar en caso de que el caballero se enfrente a algún peligro? ¿Qué le contesta el escudero?
  5. Nueva distorsión de la realidad: ¿quiénes son en realidad los encantadores y la princesa secuestrada que transitan por Puerto Lápice? (Observa que este episodio presenta una estructura similar ala de la aventura de los molinos).
  6. Observa el estilo anacrónico y literario en boca de Don Quijote cuando se dirige por primera vez a la señora vizcaína.
  7. El final de este capítulo anticipa el recurso del “manuscrito encontrado” que va a desarrollarse en el capítulo siguiente.

CAPÍTULO IX: FIN DE LA AVENTURA DEL VIZCAÍNO

En este capítulo se abre un paréntesis metanarrativo que convierte al autor en personaje que llegará a pasearse por Toledo. Se aprovecha para reflexionar sobre lo leído y  explica luego cómo halló la continuación en una tienda toledana, parodia del recurso del manuscrito encontrado en extraña lengua, tan frecuente en las NC. El manuscrito en árabe tiene un autor: Cide Hamete Benengeli. Con este señor Hamid Aberenjenado, C. desacredita, no sólo las ingenuas ficciones del origen de las NC, sino que da al Q, una estructura externa que es una auténtica parodia de un L. de Caballerías.

Tenemos pues un texto inicial en árabe, traducido por un morisco y transmitido por el 2º autor, que se supone que asume el papel de editor y a veces introduce breves comentarios. Tras un apunte humorístico sobre la condición mentirosa de los árabes y la fiabilidad de lo narrado, se reanuda el hilo de la aventura del vizcaíno que es vencido insólitamente por DQ.

La función que cumple este recurso es la de la posibilidad que Cervantes pueda hacer observaciones a la historia y añadir inverosimilitud a una hipotética crónica fiel y detallista.

Esta técnica es una innovadora invención que a Cervantes le permite, como segundo narrador, distanciarse y presentar al lector alternativas más razonables, lógicas o verosímiles.

ACTIVIDADES

  1. Obsérvese cómo se desarrolla en este capítulo el recurso del “manuscrito encontrado”.
  2. Curiosamente, DQ vence en su enfrentamiento con el vizcaíno. ¿Qué le exige a su adversario?

CAPÍTULO XX:

En este capítulo se introduce un elemento decisivo: por primera vez, el escudero, se burla de Don Quijote abiertamente y abre la puesta a engaños más graves sobre todo relacionados con Dulcinea que tendrán importantes consecuencias en el desarrollo de la novela. También prefigura la promoción de Sancho como personaje literario en la segunda parte.

Una vez más, Don Quijote intenta que la realidad se adecúe al mundo de la caballería. La noche presenta un misterio: un tremendo ruido que los llena de pavor. DQ invoca a los grandes héroes de la literatura caballeresca en un lenguaje épico y, como luego se verá, totalmente desproporcionado a la situación:

—Sancho amigo, has de saber que yo nací por querer del cielo en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse [8]. Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda.

Sancho, muerto de miedo (que naturalmente era medroso y de poco ánimo), no se atreve a acompañar a su amo, pero no quiere quedarse sólo y de aquí nacerá el engaño.

Para convencerlo de que huyan juntos de que, al menos, no lo deje solo, Sancho hilvana argumentaciones imitando los conceptos y formas que ha observado en DQ; hasta consigue remedar el lenguaje arcaizante de los libros de caballerías: “Por un solo Dios, señor mío, que non se me faga tal desaguisado”. Pero, en vista de que no bastan las palabras, acude a las mañas (determinó de aprovecharse de su industria): le ata las piernas a Rocinante, inmovilizando a su señor. Ahora ha dado con la clave para filtrarse en la imaginación del loco: declara que la inmovilidad del caballo se debe a la voluntad del cielo y Don Quijote lo cree.

Tras el engaño, viene la manipulación: Sancho intenta dormir a su amo con el cuento de la pastora Torralba, historia folclórica que aquí funciona también como una parodia de las “cuestiones de amor” que sustentan la tradición culta de la novela pastoril.

Todo lo que toca Sancho, se deshace: cuando “a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él” nace el escatológico cuadro donde Sancho “se caga” mientras abraza de miedo el muslo de su amo, cuadro que representa gráficamente el efecto subversivo del campesino sobre los ideales del caballero. Cervantes lo cuenta con un cruce de eufemismos e indirectas que van desde el narrador hasta el amo y el escudero:

“ahora más que nunca hueles, y no a ámbar”

“—Apostaré —replicó Sancho— que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba”

“—Peor es meneallo, amigo Sancho”

Al descubrirse la causa del estruendo (seis mazos de batán, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban), Sancho está a punto de reventar de risa, se propasa y declama de burlas las mismas palabras que su amo usó la noche anterior y Don Quijote lo reprime con violencia. Sancho acata, pero aprenderá poco a poco a ejercer su voluntad bajo mano; el criado sólo goza del poder corrosivo de la ironía; a partir de aquí el juego irónico entre los dos protagonistas se irá complicando progresivamente.

ACTIVIDADES

  1. Al final del capítulo, ¿qué le comenta DQ a Sancho sobre sus excesivas intervenciones?
  2. Sancho, en contrapartida, le pregunta por sus honorarios. ¿Cuál es la respuesta del caballero?

CAPÍTULO XXI: EL YELMO DE MAMBRINO

En la aventura anterior han quedado chasqueados amo y criado. En este capítulo, Don Quijote asciende a alturas incomensurables ya que la ganancia del yelmo de Mambrino es una victoria muy particular. Esta ganancia arranca ya del capítulo 10 cuando lo introduce DQ al aludir al “yelmo de Mambrino” mentado como “Malandrino” y “Malino” por Sancho. En el 18, Sancho reprochaba a DQ “Jamás hemos vencido batalla alguna, si no fue la del vizcaíno y aun de aquella salió vuestra merced con media oreja y media celada menos”.

El yelmo de Mambrino es consustancial a la literatura orlandiana (Orlando Furioso, Ariosto)en la que lo gana Reinaldos de Montalbán. Es una armadura con credenciales caballerescas irreprochables, lo que hace tanto más disparatada la identificación de una bacía de barbero con tan mentado yelmo.

En el horizonte en que Don Quijote (que todas las cosas que veía con mucha facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes pensamientos) ve caballero sobre rubio rucio dorado, Sancho ve asno pardo y un hombre con algo que relumbra en la cabeza, pero, escarmentado por la bronca anterior, se aguanta la risa y finge. El mismo efecto, estupor y burla, provocará en los que vean a DQ con una palangana de barbero en la cabeza.

A continuación, el ritmo narrativo aminora y se detiene en un largo diálogo entre amo y escudero, en el que por boca de Sancho se alude a un historiador que escribe las hazañas de DQ. Este último, en un largo parlamento en presente actualizador traza un perfecto esquema de la trama más común de los libros de caballerías.

ACTIVIDADES

  1. Al inicio de este capítulo, observa que el planteamiento es similar al de capítulos anteriores: la distinta percepción de la realidad que poseen ambos protagonistas.
  2. ¿Cómo justifica DQ la forma y el tamaño del supuesto yelmo?

CAPÍTULO XXII: Aventura de los galeotes

Esta aventura sitúa a nuestro hidalgo manchego en el polo opuesto al de sus sueños épicos. «Ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro» vienen por el mismo camino de nuestros personajes unos doce criminales condenados a remar en las galeras del rey. Don Quijote entabla con ellos un diálogo que da lugar a varios relatos autobiográficos marcados por la ambigüedad y la comicidad.
Desde unos registros verbales muy cercanos a la germanía, cada condenado –sin tener que mentir– refiere los hechos que motivaron su condena con un discurso plagado de dobles sentidos. Así, uno explica que va a galeras por amor; otro afirma que ha sido condenado por músico y cantor; el delito de un tercero es haber sido corredor de oreja. Don Quijote no entiende nada y así, ante el primero, no puede sino exclamar: «Pues, si por enamorados echan a galeras, días ha que pudiera yo estar bogando en ellas». Solo más tarde se le explica que el enamorado lo estaba de una «canasta de ropa blanca»; que el «cantor» lo había sido de sus delitos cuando fue sometido al potro por la justicia; y que el «corredor de oreja» ejercía de alcahuete. Entre los galeotes se encuentra Ginés de Pasamonte.

Pero para la crítica las razones mayores de inquietud del capítulo proceden del tratamiento que Cervantes da en este mismo capítulo al tema de la justicia. Desde el inicio de la misma, cuando Sancho informa que «esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras», don Quijote se niega a entender y con indignación pregunta: «¿Cómo gente forzada? ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?». Sancho matiza sus palabras: «es gente que, por sus delitos, va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza». Pero don Quijote insiste en sus convicciones y sentencia: «comoquiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad». Don Quijote está en contra de cualquier manifestación de fuerza contra la libertad esencial del individuo. A través de don Quijote, Cervantes, en los albores mismos de la modernidad, es capaz de percibir que, en los tiempos que se anunciaban, las relaciones individuo-Estado vendrían a ser fuente inagotable de conflictos.
En coherencia con su decidido individualismo, don Quijote, da la libertad a los galeotes a pesar de tener la necesaria información sobre sus delitos, lo que no ha dejado de inquietar a los lectores de todos los tiempos. Bien es verdad que don Quijote está loco y que de sus acciones no puede esperarse una lógica coherente. Pero también es verdad que, desde el punto de vista ético, la actuación de don Quijote en este episodio está en consonancia con la poética de la libertad a que responde la totalidad de la obra cervantina.

El personaje más importante es el archicriminal literato Ginés de Pasamonte que tiene el mismo apellido que el real e histórico Jerónimo de Pasamonte, soldado aragonés en Italia, que luchó en Lepanto, compartió experiencias con Cervantes, acabó cautivo en Túnez y escribió su vida. Estos paralelismos y otros más han sido esgrimidos por Martín de Riquer para identificar al soldado Pasamonte con Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo del autor del Quijote apócrifo). Pasamonte es el más cargado de delitos y de cadenas y DQ, interpretando elementalmente uno de los fines de la caballería medieval (dar libertad al forzado), da libertad a los galeotes, aunque ello suponga el olvido de los principios de justicia y de castigo de los malhechores, que constituían una de las misiones esenciales del caballero.

Literariamente este episodio es propio de una novela picaresca porque los personajes que en él intervienen pertenecen al mundo de la delincuencia y del hampa. El mismo Ginés ha escrito su autobiografía, que considera superior al Lazarillo.

CAPÍTULO XXV

El capítulo 25 se inicia con el tema del retorno a casaleitmotiv asociado con las dudas y frustraciones de Sancho a lo largo del libro; su amo le alza la prohibición de hablar impuesta desde la riña con que terminó la aventura de los batanes. Aquí empieza el amontonamiento de refranes quecaracterizará el idiolecto de Sancho de ahora en adelante.

LA PENITENCIA DE AMOR

La penitencia de amor: DQ decide suspender transitoriamente su vagabundeo en busca de aventuras y permanecer un tiempo solo en Sierra Morena entregado a la penitencia y al desatino. Se trata de un constante tópico de la novela caballeresca, en la que era frecuente que el caballero,desesperado por desdenes amorosos o por cualquier otro motivo, se retirara a la soledad de los bosques, donde no tan sólo se entregaba a la oración, ayuno y disciplina, sino también a cierta furia demencial que le llevaba a cometer toda suerte de desatinos. Este motivo se remonta hastaLi chevalieraulion de Chrétien de Troyes (fin del siglo XII), donde Yvain pasa largo tiempo en el bosque, junto a un ermitaño, en estado semisalvaje. Pero los modelos que más presentes tiene don Quijote son los de Amadís de Gaula y de Orlando Furioso. El primero, desesperado porque su amada Oriana le ha ordenado que no vuelva a su presencia, por creerle desleal, se retira a una especie de isla llamada la Peña Pobre y toma el nombre de Beltenebrós y allí se entrega a la oración y compone tristes versos. Imitando esta actitud de Amadís, hicieron penitencias amorosas muy similares Lisuarte de Grecia, el Caballero del Febo y otros protagonistas de libros de caballerías castellanos. Orlando, en el poema de Ariosto, al enterarse de los amores de la bella Angélica con Medoro, enloqueció y, medio desnudo, arrancó furiosamente árboles, enturbió las aguas de los arroyos, mató pastores y animales y realizó otros excesos

Se trata pues de una penitencia literaria y gratuita, sin motivos que la inciten, promovida quizá por el ejemplo de Cardenio, que sí los tiene. Cervantes juega aquí con el laberinto de los espejos, las dos penitencias son tan ficticias como la locura de amor que las promueve; pero en el caso de Cardenio se presenta clara la motivación y en el de DQ, no.

Aunque la inspiración inmediata para la penitencia de DQ es el encuentro con Cardenio (leer los dos cap. anteriores), combinará los dos modelos literariosla penitencia de Amadís con la furia demencial de Orlando. No tan sólo reza, suspira y hace versos, sino que da volteretas en camisa. En este trance DQ da muestras de cordura, ya que desde el momento que quiere hacer “locuras” revela que procede desde la razón, distinguiendo perfectamente entre la ficción y la realidad. Es un acto gratuito hecho en serio y un episodio primordial en los esfuerzos que hace el caballero por vivir según unas normas artísticas. En el episodio encontramos resonancias de Garcilaso en la evocación de las ninfas de ríos y bosques con que DQ inicia la penitencia en un lugar ameno.

LA CARTA

DQ decide enviar a Sancho con una carta Dulcinea del Toboso, y a fin de orientar al escudero, con un estudiado circunloquiole da a entender que la dama de sus pensamientos es la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, Sancho se queda estupefacto, pues conoce perfectamente a esta moza de condición similar a la suya y jamás hubiera podido imaginar que se trataba de aquella Dulcinea que tanto pondera su amo. La conversación que sobre este punto mantienen DQ y Sancho es muy importante, ya que aquél leexplica que igual que las Dianas y Galateas y Filis de las novelas pastoriles son la sublimación de damas de carne y hueso, así Aldonza Lorenzo ha sido idealizada por su imaginación poética. Este paréntesis de cordura nos revela hasta qué punto es literaria la locura de DQ y también convierte su ilusión en vulnerable. La alabanza rústica de Aldonza que hace Sancho, al saber de quien se trata, implica su inadecuación para el papel de dama de alta alcurnia.

Las epístolas amatorias: La carta de DQ es una acertada parodia del estilo de las epístolas amatorias que aparecen en los libros de caballerías, llena de arcaísmos caballerescos, se yuxtapone al documento de libranza de los tres pollinos de Sancho, todo a base de fórmulas comerciales.

CAPÍTULO XXXI

Antes de leer el capítulo XXXI conviene saber lo ocurrido en los capítulos XVI-XXX y que, resumido, es esto:

Sancho emprende camino hacia el Toboso para entregar la carta a Dulcinea. Al llegar a la venta, se encuentra con el cura y el barbero que habían salido en busca de DQ. Sancho les explica sus aventuras y se da cuenta del olvido de la carta. Intentará repetirla de memoria con constantes disparates, resultando una desfiguración rústica de los que a su vez era una parodia del epistolario caballeresco.

El cura y el barbero idean una simulación para atraer a DQ: vestirse de doncella menesterosa que reclame ayuda. Al internarse en la sierra encuentran a Cardenio (el enamorado de Luscinda) y a Dorotea, la muchacha burlada por don Fernando. Ambos explican la historia de sus amores y Dorotea se ofrece a desempeñar el papel de princesa menesterosa que pedirá ayuda a DQ con el fin de llevarlo a su aldea. Dorotea, con el grotesco nombre de princesa Micomicona, se postra ante DQ y le suplica que empeñe su palabra en no entremeterse en aventura alguna hasta haber matado a un temible gigante que le había usurpado su reino. Por primera vez, DQ (y Sancho) son engañados con una ficción caballeresca, fantástica e inverosímil. Este hecho representa una nueva fase de la acción y una innovación importante del argumento. A partir de ahora, las aventuras le vendrán a DQ preparadas por los demás.

El interés de Sancho en las posibilidades comerciales del gobierno que piensa recibir en el reino de Micomicón -la venta de esclavos- dejan claro que lo que atrae a Sancho no es el poder y el mando, sino “vivir descansado”.

Seha identificado al gigante Pandafilando con don Fernando y esta asociación encaja dentro de la resolución providencial de todos los amantes de la sierra.

El comentario del cura sobre el “entendimiento claro y apacible” de DQ “como no le toquen sus caballerías” prepara el camino para el desarrollo posterior del personaje.

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DQ, en cuanto tiene ocasión de estar a solas con Sancho, le pregunta por su mensaje a Dulcinea. El escudero, que incumpliendo las órdenes de su amo, no ha ido al Toboso, se ve precisado a inventar un viaje a este pueblo y una entrevista con aquella. El diálogo que sostienen ambos es una maravilla de matices e intenciones. DQ permanece fiel a su locura caballeresca y le pregunta a su escudero por la reacción de la dama Dulcinea– que para él ya no es moza labradora-: ¿estaba bordando? ¿besó la carta? ¿le entregó alguna joya?. Sancho le responderá inventando una entrevista con la auténtica Aldonzaestaba ahechando dos hanegas de trigo, despedía un olorcillo hombruno de tan sudada que estaba y no se enteró de la carta porque no sabe leer ni escribir. El uno pregunta por Dulcinea y el otro responde por Aldonza, pero los dos se las han inventado.

El contraste es cómico y surge de las dos ficciones que se han contrapuesto en torno a Aldonza-Dulcinea: la idealizadora de DQ y la realista de Sancho. Aquel se ha mantenido en su locura caballeresca y éste, que ha comprendido la demencia de su amo, se ha esforzado en inventar una escena y unos detalles que corresponden exactamente a lo que hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Se oponen diametralmente las invenciones de Sancho -tan ficiticias como las de su amo, pero atenidas a la verosimilitud de su existencia y lo que sabe de Aldonza- y los valientes e ingeniosos intentos de DQ de dignificar la baja materia que le proporciona Sancho. El empeño de Sancho de rebajar en lo posible la figura de Dulcinea, solo se explica por su interés en que su amo acepte el matrimonio con Micomicona, requisito para conseguir “una parte del reino”, según cree, hasta que DQ le asegura que esto no impedirá que se logren sus esperanzas.

Esta es la primera invención de Sancho respecto a Dulcinea, en la 2ª parte, irá más lejos.

DQ enuncia claramente la lógica de las transformaciones e invenciones que hace, al advertirle a Sancho de la existencia de “aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis cosas y es mi amigo, porque por fuerza le hay y le ha de haber, so pena que yo no sería buen caballero andante”.

El encuentro con Andrés: Cuando Don Quijote encuentra al mozo que creyó haber salvado de la injusticia de su amo, Cervantes utiliza de nuevo aquí el procedimiento de la falsa modestia de DQ ; el no empezar Andrés a quejarse enseguida de las consecuencias de la “ayuda” anterior de DQ, da lugar a que el caballero se jacte de su propia importancia, terminando su recuento del incidente con decir: ¿No es verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé, y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y notifiqué y quise?”. La risa del lector al ver la humillación del “libertador” corresponde al orgullo infundado que expresa DQ.

CAPÍTULO XLIV

Para entender el capítulo 44, es preciso leer también el 43 porque, como es habitual a estas alturas, el final de las historias no coincide con el de los capítulos.

Las historias marginales y los relatos intercalados distancian en esta sección de la novela las aventuras de DQ, quien, como ya sabemos, ha abandonado su penitencia de Sierra Morena requerido por la princesa Micomicona (Dorotea), a la que ha prometido reconquistar su reino, del que fue desposeída por el gigante Pandafilando de la Fosca Vista (cap 30). Lo único que ha hecho DQ en la venta, aparte de dormir, ha sido acuchillar los cueros de vino para cabreo del ventero y pronunciar el discurso de las armas y las letras.

Cuando todos se retiran a dormir, DQ se dispone a hacer la guardia de aquel castillo (así seguía considerando a la venta) y para ello se apostó en el exterior montado sobre Rocinante. La hija del ventero y la criada asturiana Maritornes (las dos “semidoncellas”) le juegan la mala pasada de atarle un cordel a la muñeca y dejarlo colgado de una ventana, incómoda y ridícula situación en que lo hallan al amanecer los criados de don Luis, el enamorado de la hija del oidor. La farsa amorosa que inventan las dos semidoncellas contrasta con la historia seria de amor irreprimible de Luis y Clara.

Aquella mañana acertó a llegar a la venta el barbero a quien DQ había quitado la bacía y Sancho la albarda, el cual ante todos los asistentes reclamó ambos objetos y trató de ladrones a caballero y escudero. DQ sostiene, naturalmente que aquello no es una bacía sino el yelmo de Mambrino, que ganó en buena guerra. Los amigos de DQ intervienen en el pleito y afirman todos que se trata de un yelmo. El barbero robado queda estupefacto cuando ve que tanta gente tan honrada sostienen tal disparate. Luego se llegará a la conclusión de que la albarda del asno no es tal sino un rico jaez de caballo. En esta ocasión, Sancho inventará una palabra que resume ese mundo de locura y realidad: baciyelmo.

De hecho, los sucesos de la venta se prosiguen, acumulan y precipitan. Las peripecias se alternan rápidamente: la llegada de los criados de don Luis, la resistencia de este a la autoridad paterna y al conformismo social, la pendencia que se arma por culpa de dos viajeros que intentan salir de la venta sin pagar, el puntilloso código caballeresco que prohíbe a DQ tomar cartas en el asunto a costa de su reputación de valiente, la reaparición inesperada del barbero de cuya bacía se había apoderado el hidalgo metamorfoseándola en yelmo de Mambrino, la disputa tanto física como verbal que sigue, forman el tejido apretado de una narración que no tiene cabo suelto.

A la vez que se acelera el ritmo narrativo, en este capítulo se condensan unos núcleos estructurantes de toda la novela y rasgos fundamentales de la caracterización de los personajes. Así por ejemplo, el hecho de que los criados de don Luis no le hacen caso a DQ, además de ser la mayor afrenta para un caballero andante, es una astucia narrativa muy lograda: el relato puede concentrarse en el caso de los amores juveniles y abandonar al protagonista expulsado provisionalmente de la historia. La intención de DQ de armar caballero a Sancho, al verlo pelear con el barbero, da cuenta del proceso -aquí todavía irónico- de quijotización del escudero, en marcha desde la primera parte. La rotunda afirmación de don Luis, “Yo soy libre”, reitera con fuerza la inconfundible e innovadora voluntad cervantina de libertad: libertad de los personajes de llevar su vida según sus deseos hasta en contra de las imposiciones sociales; libertad de los narradores textualizada en un “Pero dejémosle aquí” que, a la vez que marca la transición entre una peripecia agitada y una vuelta apacible al tema amoroso, plasma la voz de quien conduce el relato y quiere que su impronta sea reconocida. Y, más allá, libertad del autor, último dueño de la materia narrativa, y libertad del lector, último dueño de la interpretación de la misma.

Unida con esta irrupción de la libertad en la literatura de ficción viene la famosísima creación del “baciyelmo” que remata el capítulo. Espejo de una actitud liberada ante las tiranías lingüísticas, esta palabra híbrida es también espejo del perspectivismo cervantino. Todo es relativo: lo que para uno es bacía, para otro es yelmo, y en caso de vacilación de la razón o de oportunismo, “baciyelmo”. Sancho sabe lo que es una bacía pero las circunstancias le aconsejan sacar partido de la locura de su amo: su albarda-jaez está en juego.

SEGUNDA PARTE DEL QUIJOTE

Prólogo a a la segunda parte del Quijote

Comentario

(Para entender el prólogo es necesario conocer los siguientes antecedentes)

El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.

Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”;  c) Viejo “Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.

Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.

Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

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Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. En el prólogo de la Segunda parte, este  contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias  que contra él había dirigido Avellaneda.

 En este texto podemos establecer las siguientes partes:

  1. Autodefensa de las acusaciones vertidas contra Cervantes plena de mesura que, a la vez se convierte en acusación de sus enemigos literarios.

Comienza y termina este prólogo de la segunda parte con una alusión al Quijote de Avellaneda, anticipando las supuestas ganas del lector de encontrarse con la verdadera segunda parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha una vez sufrida la segunda parte apócrifa para la que no escatima adjetivos y reproches, entre los que se cuenta el que en ella se le tachara a Cervantes de viejo y manco, “como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasara por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni espera ver los venideros”, en alusión a la batalla de Lepanto (1571). También lamenta que se le tache de envidioso (alusión clara a la posible envidia que sentía por Lope de Vega).

También recrimina el anonimato del autor apócrifo. Después sirviéndose de dos cuentecitos de perros le dice a Avellaneda, con el primero, que ha malgastado su tiempo ocupándose de un asunto que ya había sido tratado por el autor de la primera parte del Quijote y que no hacía falta «inflar más el perro». Pero si acaso el ejemplo de un cuentecito le pareciera poco, le coloca la moraleja de otro en el cual otro loco, esta vez en Córdoba, se dedicaba a descargar con fuerza grandes piedras sobre los perros que se encontraba. Cuando se topó con el perro de un bonetero que oyó de qué manera lamentable se quejaba el animal después de recibir la descarga de la piedra, el buen bonetero molió a palos al loco mientras le gritaba una y mil veces que su perro era podenco. Tanto se lo gritó y tantos palos recibió el infortunado loco que, de allí en adelante, cuando se acercaba con la enorme piedra a un perro lo miraba muy detenidamente sin atreverse a descargarla sobre las costillas del animal por si acaso resultaba ser un podenco. Así, concluye Cervantes, le ocurrirá al historiador que se atrevió a soltar tales críticas sobre sus libros, condenado a cargar con el peso de esa losa.

  1. El agradecimiento a quienes le apoyan en su tarea como escritor, el Conde de Lemos y el Cardenal Artzobispo de Toledo, tío del Duque de Lerma.
  2. Termina cerrando la posibilidad de una tercera parte del Quijote:

           «ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quixote, que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy á Don Quixote dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva á levantarle nuevos testimonios».

 

 

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS I Y II

La 2ª parte del Quijote reanuda la trama de la narración un mes después del final de la primera. DQ daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse de ello el cura y el barbero van a visitarle y conversan amigablemente con él. El diálogo transcurre dentro de la más elegante discreción hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien así pone de manifiesto que su enfermedad mental está muy lejos de haberse curado. Aquí se establecen ciertas características de la 2ª parte: aumento del diálogo, el ritmo de la acción más pausado y el encontrar a DQ en un estado “normal” más a menudo.

Mientras habla con el cura y el barbero entra en casa Sancho Panza; la conversación que inicia con su amo constituye una especie de sutil resumen escalonado en varias fases: primero mediante su evocación global aderezada con recuerdos ingratos (“si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido un ciento”) y, a petición de DQ, Sancho enumera las opiniones que a los lugareños merecen las aventuras del caballero, lo que introduce variadas perspectivas de las acciones evocadas. Por último, Sancho cuenta a su amo que acaba de regresar al lugar el bachiller Sansón Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, y que le ha dicho que ha aparecido un libro titulado El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO III

A ruegos de DQ, el bachiller Sansón Carrasco lo visita y le da noticia del libro, sobre el que expresa las opiniones de diferentes lectores, lo que permite recapitular hábilmente, a modo de índice encubierto, los sucesos más notables narrados en la 1ª parte.

Es aquí donde reside una de las más extraordinarias innovaciones de la narrativa cervantina: el Quijote de 1605 se integra en esta 2ª parte como un elemento más del relato; los protagonistas de la historia se ven a sí mismos convertidos en personajes, y matizan o corrigen ciertas inexactitudes de la narración, crecientemente independizados, en cierto modo, de su creador.

Esta es una novedad absoluta, que Cervantes aprovecha para jugar con los espejos del narrador arábigo, para remediar con gracia ciertos descuidos compositivos de la primera parte -como la omisión del robo del rucio de Sancho- o para plantear si fue oportuna la inclusión de la novela del Curioso Impertinente. Se habla también de la recepción del primer Quijote y hasta del nº de ejemplares impreso:

“es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden.”

Estos capítulos contienen cuestiones de crítica y de sociología literaria, e incluso el planteamiento teórico de la diferencia entre historia y ficción. Pero lo decisivo, es la introducción del relato dentro del relato, la conversión narrativa de la 1ª parte en estímulos que determinan las reacciones de los personajes y su comportamiento. El Quijote de 1605 condicionará a partir de ahora la conducta de las gentes en sus encuentros con el caballero, inevitablemente precedido por la imagen que de él ha ofrecido la historia impresa.

La audacia de introducir la ficción en el desarrollo de la propia ficción es una de las grandes contribuciones cervantinas a la constitución del género novelístico. El haz de posibilidades de la literatura narrativa se ensancha con esta genial invención que abre uno de los caminos de la novela moderna.

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS V, VI y VII: DQ Y SANCHO SALEN DE LA ALDEA

DQ decide salir por tercera vez de la aldea, acompañado de su escudero Sancho. Este último va aguzando su ingenio de tal suerte que el propio C. se ha dado cuenta de que ha hecho evolucionar demasiado a esta criatura suya.

En el capítulo 5, cuando inserta la discusión entre Sancho y su mujer sobre la salida con el caballero y el futuro de sus hijos, la voz narrativa del Cervantes/traductor nos confiesa que este capítulo lo “tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese”. Sancho ha aprendido a combinar las paradojas, la sintaxis y todas las galas del lenguaje cortesano hasta tal punto que su mujer no le entiende.

Mientras tanto (capítulo 6), la sobrina y el ama advierten que DQ quiere salir por 3ª vez en busca de aventuras y tratan en vano de impedirlo. Recurren al bachiller que, tras concebir un plan que no se nos desvela, anima y acompaña a la pareja en el inicio de su salida.

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS VIII y IX

 Antes de emprender sus aventuras DQ quiere solicitar licencia y bendición de Dulcinea, y para ello se encaminan al Toboso, adonde llegan a medianoche, después de una larga conversación entre amo y criado, en la que éste ha mantenido y adornado con más detalles y hábil mentira del mensaje a Dulcinea. A oscuras por el pueblo, DQ quiere buscar el alcázar de Dulcinea, con gran indignación de Sancho que sostiene que no hay tal en el Toboso. Al final, determinan que DQ se aparte en el bosque, mientras Sancho busca en el pueblo a esa “dama” de la que el uno se “ha enamorado de oídas” y el otro ha entrevistado, también de oídas.

CAPÍTULO X

El capítulo comienza con la mención de otro exordio (Introducción o explicación con que se introduce un discurso hablado o escrito para llamar la atención o preparar el ánimo del oyente o lector) de Cide Hamete. DQ imagina las posibles reacciones de su amada en la firme creencia de que posee una dama a tono con su nueva personalidad de “caballero” que existe en un “libro”.

El monólogo de Sancho: Sancho se va camino del Toboso con el encargo de solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su bendición. Sentado al pie de un árbol, hace unas largas reflexiones sobre su comprometida situación. La figura que compone en su monólogo “hablando consigo mesmo” es frecuente entre los pastores del romancero y de algunas églogas teatrales. El soliloquio del escudero es uno de los fundamentos de la nueva imagen de Sancho en la 2ª parte, mucho más consciente de sus facultades y de su capacidad para manejar a DQ. El escudero presume que lo más probable es que su amo reaccione de acuerdo con el esquema de las aventuras que recuerda. La solución que halla es sencilla e ingeniosa a la vez. Ve que por el camino se acercan tres labradoras montadas en tres borricos, y corre hacia don Quijote y le anuncia que se aproxima Dulcinea, ricamente ataviada y acompañada de dos de sus doncellas. DQ no lo pone en duda, sale al camino y manifiesta a Sancho que sólo ve tres labradoras montadas en tres borricos. DQ ha cambiado también entre la 1ª y la 2ª parte. Mientras que antes transformaba lo que veía para adecuarlo a su ilusión, ahora ve la realidad tal cual es. Si parece sobrenatural es porque se presenta con esas características o porque es manipulada para que así lo parezca. Esta disminución de los poderes imaginativos de DQ manifiesta el agotamiento del recurso más característico de la obra (ver gigantes donde hay molinos).

En su descripción de Dulcinea y el discurso que le dirige, Sancho emplea un lenguaje que no sabíamos que manejase. DQ le habla primero a Sancho y se lamenta de su mala fortuna, antes de dirigirle a la aldeana un hermoso y tristísimo discurso que indica que la ve como tal. Ninguna de las posibilidades imaginadas por el escudero tiene lugar, pues el hidalgo no cree que es Dulcinea la encantada por un mago enemigo, sino sus ojos de modo que no pueda verla. La treta de Sancho provoca risa (el aliento a ajo de la campesina que molestó a DQ, y el lunar que le notó Sancho) y afirma el poder sobre su amo del “socarrón” escudero.

Este capítulo es esencial para la evolución de la novela y para la visión de la figura de Dulcinea. También señala una nueva evolución en la locura de DQ. La situación es exactamente contraria a las que se nos han ofrecido en la 1ª parte, donde DQ, ante la realidad vulgar, se imaginaba un mundo ideal y caballeresco. Hasta ahora, DQ sublimaba en valores de belleza y heroísmo lo corriente y anodino, y cuantos le rodeaban, Sancho el primero, hacían todo lo posible para desengañarle de su error y para hacerle ver que los gigantes eran molinos. Ante la disparidad, DQ respondía con malignos encantadores que transformaban lo noble en vulgar. A partir de ahora, este aspecto se invertirá. Sancho le pone ante tres feas aldeanas y sostiene que está viendo a tres damas bellas. DQ afirma: “Yo no veo sino a tres labradoras sobre tres borricos”. Los papeles se han invertido.

CAPÍTULOS XXI Y XXIII: LA CUEVA DE MONTESINOS

 Tras el feliz desenlace, DQ y Sancho se encaminan hacia la cueva de Montesinos, próxima a una de las lagunas de Ruidera, donde nace el Guadiana, una meta que ya venía perfilándose hace unos capítulos. Les acompaña el primo de un licenciado que han encontrado en el cap. 19. Este personaje sin nombre es una burla de la erudición vana y hueca, lector de l. de caballerías e impresor y autor de obras disparatadas: está escribiendo un libro, Metamorfoseos, en el que explica quiénes fueron la Giralda, la Sierra Morena…; este loco de la erudición alimentará la imaginación de DQ. A las dos de la tarde y con una cuerda de cien brazadas, DQ se adentra por la boca del oscuro abismo, cegado de malezas y aves agoreras, tras encomendarse a su amada. Sancho y el primo lo bajan y, al recogerlo al cabo de media hora, solo notan peso cuando apenas les quedan veinte brazadas.

DQ aparece dormido y al desperezarse, confiesa con dolor que vuelve de una visión extraordinaria. Antes de explicarla, meriendan.

LA CAVERNA Y LA VISIÓN– Cervantes, con esta caverna o mazmorra, paraíso e infierno, espacio ultramundano de lo mágico y oculto, lugar del sueño y del desengaño, desmitifica uno de los lugares (tópicos) más ricos de la tradición literaria para plantear cuestiones de moral y de poética. Él mismo había utilizado la alegoría de la cueva en otras obras. Todos los géneros literarios, desde la lírica a la épica, la mística o la hagiografía, habían hecho uso de las cuevas como espacio mágico u visionario, sin olvidar el teatro, la novela sentimental y pastoril o el folclore. Cervantes hace aquí un uso particular del tópico proveniente de las novelas de caballerías. La perspectiva épica se combina con la burlesca. Y a la burla suma el significado platónico de la caverna como lugar que explica el proceso de conocimiento y, a la vez, el de la misma creación literaria, pues es en la mente de DQ -constructor del relato- donde la cueva y sus habitantes tienen su verdadera residencia. La de Montesinos está poblada de seres extraordinarios con remates vulgares que desmitifican la tradición alegórica de las visiones de submundo.

DQ empieza a las cuatro de la tarde el recuento detalladísimo de su viaje y de la topografía de la cueva, tratando de probar la veracidad de su testimonio ante el escepticismo de Sancho y la credulidad del primo. El descenso iniciático, como los de Eneas y otros héroes de fama, está cargado de las dobleces propias del género de los sueños: aunque asegura haberse dormido, luego trata de probar lo contrario. Todo lo que ve se ajusta al esquema de las visiones de ultratumba: desde el locus amoenus cristalino, hasta el desfile de personajes míticos o extraordinarios. Sin embargo, la fusión de lo sublime y lo cotidiano y grotesco, surge desde el principio sin que el DQ narrador se aperciba. El melancólico héroe fabrica su historia mezclando materiales literarios y legendarios (Merlín, Montesinos) con los de su propia experiencia (Dulcinea labradora saltando y bricando como cabra) y los de su fantasía (Ruidera y familia). Muertos vivientes de cinco siglos y encantadas que piden prestado sobre una prenda íntima se pasean ante DQ a lo largo de tres días que sólo han durado media hora.

DQ, por primera y última vez en la obra, es personaje y narrador de una aventura de la que solo tenemos su testimonio. Ello derivará en la recepción distinta que su discurso produce en Sancho y el primo, y en la desconfianza de Cide Hamete quien, en el capítulo siguiente, dará el episodio por apócrifo. C. aprovecha el género visionario y el tópico de la cueva para hacer sátira y parodia caballeresca, pero sobre todo para situar lo admirable y maravilloso en el ámbito de la fabulación, dando al traste con la máquina de las alegorías y abriendo paso a la novela moderna.

CAPÍTULO XXIX: EL BARCO ENCANTADO

 Este capítulo representa el final de la primera fase de la segunda parte del Q.; en el siguiente DQ y Sancho se encuentran con la duquesa y así empieza la larga visita al castillo de los duques, comparable en esta parte a la estancia en la venta en la primera.

DQ y Sancho llegan al Ebro y se ofrece a su vista “un pequeño barco sin remos ni otras jarcias” y llevado por su fantasía caballeresca ordena a Sancho embarcar. El tema del capítulo es uno de los más tipicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que lleva por magia -sin que nadie lo gobierne- a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura. Como modelos de este episodio se han sugerido el Palmerín de Inglaterra y el Espejo de príncipes y caballeros.

DQ se exalta y se cree que siguiendo el curso del río han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero el pequeño barco está alcanzando la otra orilla con peligro de dar contra las ruedas de una aceña (molino harinero), y al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. Dq se sobresalta y los increpa y amenaza. Los Molineros consiguen detener el barco, no sin que DQ y su escudero se zambullan en el río y el bajel resulte destrozado.

La “aventura” que tiene lugar en este capítulo se parece más a las de la Primera poarte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, DQ transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando DQ reconoce la realidad (“aunque parecen aceñas, no lo son”) y cuando les paga a los pescadores, cosas que nunca ocurren en la Primera parte. Las palabras de DQ en este capítulo (“Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más”) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.

 

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXX AL LVII: EN EL PALACIO DE LOS DUQUES

Desde el 30 al 57 de esta segunda parte , DQ y Sancho son acogidos por unos Duques que tenían su residencia en aquellas tierras aragonesas. Aunque Cervantes no indica nunca su nombre, ni el lugar donde está el palacio, se suele afirmar que parecen estar inspirados en don Carlos de Borja y doña Maria Luisa de Aragón, duques de Luna y Villahermosa, que vivían en Pedrola.

Los duques han leído la primera parte del Quijote, y por lo tanto cuando conocen al hidalgo y a su escudero saben perfectamente de qué pie cojean ambos: la locura caballeresca y el ingenio de DQ y la ambición y donaires de Sancho. Ricos aristócratas, con una verdadera corte de servidores, los Duques deciden aprovechar el paso de DQ y Sancho por sus propiedades para divertirse a costa de ellos, como si hubieran encontrado a dos bufones. El Duque ordena sus criados que sigan el humor de DQ y que se comporten al estilo de las cortes de los libros de caballerías. A ello se opone el capellán del palacio, que lo abandona mientras DQ reside en él.

Delicados y despiadados a la vez, los duques harán revivir artificialmente a DQ y a Sancho las aventuras caballerescas sin que estos tengan que desfigurar la realidad.

Sólo dos personas del palacio se excluyen de las consignas del duque: el eclesiástico y una dama de honor de la Duquesa llamada doña Rodríguez, retrato de la mujer tonta que creerá a pies juntillas que DQ es un caballero andante e incluso acudirá a él para que defienda el honor de siha, que ha sido burlada por el hijo de un labrador rico (48 y 56).

RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS XXXIV Y XXXV: LA PROFECÍA DE MERLÍN:

CAPÍTULOS XXXVI y XLI 

En el capítulo 36, La condesa Trifaldi se presenta ante DQ con un grotesco cortejo de damas barbudas para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y don Clavijo -nombres burlescos- convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Sólo a DQ estaba reservada la hazaña de hacerles recobrar su primitiva forma. El gigante también las ha encantado a ellas haciéndoles crecer barba.

Los criados del Duque realizan toda esta farsa con notable propiedad y remendando con acierto las situaciones, el estilo y el lenguaje de los libros de caballerías. Para ir a Candaya es preciso montar en un caballo de madera, Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas. Sancho se niega, pero las dueñas barbudas -por el encantamiento- le suplican encarecidamente y los duques le amenazan con dejarle sin ínsula que gobernar.

DQ y Sancho montan en el caballo de madera, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y con argucias, les transmiten la sensación de estar volando para luego -con la ayuda de cuatro petardos- devolverlos al suelo del jardín inicial. Allí hallan una nota de Malambruno que finaliza con la aventura.

Aquí no es precisamente el escritor quien parodia los libros de caballlerías, sino los criados del Duque; y lo hacen tan bien que, no tan sólo DQ cae en el engaño, lo que es muy natural, sino también Sancho, que cada vez va creyendo más y más en las fantasías caballerescas y se va “quijotizando”.

El tema del caballo volador hacía más de tres siglos que figuraba en las novelas caballerescas. En la novela Cléomadès de Adenet li Rois (s. XIII), el héroe, Marcadigás se lanza en plena aventura montado en un caballo de madera que vuela por los aires, fabricado por el rey moro Comprars de Bujía. El tema parece derivar de un relato de las Mil y una noches (“El caballo de ébano”) y se divulgó por la Europa cristiana a través de España y aquí muere humorísticlamente a manos de Cervantes después de haber pasado por versiones como la de la novela de caballerías Historia de Clamades y Clarmonda (1562). C. concoció seguramente este libro y es el que confundió con aquel otro sobre Pierres y la linda Magalona, amantes que se fugaron igualmente a caballo, pero montados en dos que no eran mágicos.

Al final del episodio, Sancho relata a los duques el embuste de cómo desde la altura vio el diminuto tamaño de la tierra y cómo visitó a las siete cabrillas (la constelación de las Pléyades). La fantástica ascensión se Sancho al cielo hace juego con el descenso de DQ a la cueva de Montesinos. Sancho actúa como un fanfarrón y un pícaro embustero triunfando ante los señores burladores que no pueden revelar la verdad.

 

(DQ Y ALTISIDORA

DQ ha permanecido mientras tanto en el palacio de los Duques y ha sido objeto de varias burlas. Una de las doncellas de la Duquesa, Altisidora, moza desenvuelta y decidida (Placerdemivida) ha fingido enamorarse perdidamente de DQ (cap 44) quien a pesar de todas las insinuaciones se mantiene fiel a Dulcinea. La burla acaba con una serenata con cencerrada y suelta de gatos que acaban arañando a DQ y llenándolo de “gatescas heridas”).

CAPÍTULO XLVIII: DQ Y DOÑA RODRÍGUEZ

Trama: Al inicio del capítulo hay una escena divertida ya que doña Rodríguez abre la puerta del dormitorio de DQ y este cree que es Altisidora una joven que dentro de la farsa montada por los duques hace ver que quiere seducir a DQ, en este fragmento se pone de manifiesto la castidad de DQ y su fidelidad a Dulcinea.

Aclaradas las cosas doña Rodríguez explica que acude a él porque es un caballero andante y desea que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un rico campesino.

 

El capítulo comienza con un enlace oracional con el anterior: “Además…”. Sin embargo, y a pesar de anunciar continuidad, C. introduce una nueva aventura que irá desarrrollando en alternancia con las protagonizadas por Sancho. Esto refleja la autonomía que Sancho ha ido adquiriendo a lo largo de esta segunda parte, hasta llegar a la independencia en la ínsula.

Este capítulo está construido como un paso de entremés; no falta ninguno de los ingredientes propios del género: figuras estrafalarias y tipificadas, parodia con recuerdos clásicos de las relaciones amorosas caballerescas y refinadas, crítica a las dueñas y final a palos y a oscuras. Pero, sobre ese esquema, C. borda algunos de los elementos esenciales que carcterizan toda la obra. Tal es el contraste entre imaginación y realidad: el caballero, que espera a Altisidora, se encuentra con una dueña a la que confunde con una aparición diabólica, aunque a estas alturas el procedimiento se haya atenuado.

La historia de la dueña incluye otra; la de su marido y el algunacil, anécdota que parece un suceso real que plantea el problema de las relaciones entre las clases sociales. Lo que C. expone es la alianza entre el grupo social del campesinado rico y la nobleza: el duque no ha intervenido en la demanda de doña Rodríguez porque el padre del seductor “le presta dineros y le sale por fiador de sus trampas…” A esta complicidad responde la rencorosa crítica de la dueña contra la duquesa. Será esa revelación de sus fuentes y la alusión a Altisidora, las que incitará a estas, que estaban escuchando detrás de la puerta, a terminar a palos la aventura. (C. lo revela en el cap 50)

(DQ batallará en el cap 56 para salvar el honor de la hija de la dueña)

CAPÍTULO LXII: LA CABEZA ENCANTADA.

Asunto: Don Antonio- un noble menor barcelonés- acoge a DQ y a Sancho con gran cariño, pero no pierde ocasión para burlarse de ellos. Pasea a dQ por la ciudad en pleno mes de junio vestido con ropa de abrigo y con un letrero cosido en la espalda que dice que es dQ. DQ se admira de que tantos le conozcan y sepan su nombre. Un personaje anónimo reconoce el buen ingenio de dQ y se lamenta de que lo desagüe por el canal de la andante caballería y señala que está loco él y los que le acompañan Lo saca al balcón de su casa lo cual convoca a muchas personas que conociendo al personaje acuden a burlarse de él.

Montan una fiesta y las amigas de la señora se burlan de dQ diciéndole piropos y sacándolo a bailar. De nuevo sale a relucir su castidad y amor platónico por Dulcinea..

Don Antonio monta una nueva estrategia para burlarse de dQ y Sancho, aunque no sólo de ellos pues mucha gente cae en el engaño. Enseña una cabeza de bronce que según él ha sido fabricada por un encantador y posee la capacidad de responder atinadamente a todo lo que se le pregunte. Estamos ante una nueva situación de distorsión de la realidad por parte de los personajes que rodean a dQ y Sancho.

Después de que pregunten otras personas, muchas de las cuales caen en el engaño, pregunta dQ si fue verdad lo de la cueva de Montesinos, aquí vemos que el propio dQ duda de que fuera real lo que ocurrió y pregunta sobre los azotes de Sancho y el desencantamiento de Dulcinea-labradora. La cabeza da respuestas ambiguas. También Sancho pregunta si volverá a ser gobernador, si regresará con su familia y si mejorará su situación. La cabeza le responde que gobernará en su casa y dejará de ser escudero. La respuesta es según Sancho de Perogrullo por lo evidente que es.

Cervantes citando de nuevo a Cide Hamede explica el mecanismo de la cabeza y cómo desde un tubo que comunicaba el aposento del piso inferior un sobrino de don Antonio contestaba a las preguntas. Esta cabeza admiró a mucha gente durante diez o doce días hasta que la Inquisición intervino, aunque para Sancho y dQ quedó como algo mágico.

Acaba el capítulo con la visita que hace dQ a una imprenta de BCN donde tras comentar cosas diversas ve una edición del Quijote de Avellaneda y aprovecha para criticarlo.

Comentario: El interés de este capítulo es muy distinto al de los demás que narran las andanzas de DQ y Sancho por Cataluña, pues sus episodios acaban pareciendo prescindibles para el sentido último de la novela; con todo, merecen atención por lo que tiene de reveladores de ciertas ideas de Cervantes.

El curioso episodio de la cabeza encantada  va más allá de la burla que parece ser. El ardid se ofrece como algo mágico a cada uno de los convidados a la fiesta, que ignoran el artificio; pero C. se apresura a dejar claro que dicha cabeza es un truco con unas razones en que se acaban borrando las fornteras entre literatura y realidad.

Junto a la broma de que son víctimas DQ y Sancho, el asunto de la cabeza parlante entraba de lleno en la polémica sobre la adivinación. Autoridades de la época lo calificaban como pecado que llevaba implícito un pacto con el demonio. Sólo se toleraba si era declarado explícitamente un juego inocente.

A otro nivel, todos estos juegos le sirven a C. para ridiculizar la creencia en la astrología y supersticiones afines.

Tras este incidente, DQ visita una imprenta, lo que propicia comentarios literarios sobre los libros que allí se están componiendo y estampando, y que C. opine sobre el arte de traducir y, sobre todo, lance un nuevo ataque a Avellaneda, lo que vuelve a revelarnos hasta qué punto le indignó y le condicionó el recuerdo de la novela apócrifa en la redacción de la segunda parte.

CAPÍTULO LXIV: EL CABALLERO DE LA BLANCA LUNA

Asunto y comentario: Dos días después del combate naval llega a Barcelona un caballero armado de punta en blanco y en cuyo escudo estaba pintada una resplandeciente luna. Tras esta figura que ha venido a retar a DQ, se esconde el “perseguidor “del héroe, Sansón Carrasco. Es más temible que el cura y el barbero puesto que parodia el estilo de DQ. Ahora lo reta a combate si no quiere confesar que su dama es mucho más hermosa que Dulcinea. Después de vencerlo, le anuncia la muerte si no confiesa las condiciones del desafío. Dq, con voz débil y en una escena patética pronuncia estas palabras: “Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítamen la vida, pues me has quitado la honra”

Un detalle da autenticidad a estas palabras: la ausencia de los arcaísmos propios de su lenguaje caballeresco. No ha dicho fermosa, cautivo, aquesta, sino hermosa, desdichado, esta. En este doloroso trance, el más lastimoso y triste de su vida, DQ se ha quitado la máscara del lenguaje libresco y ha hablado con verdad.

CAPÍTULO LXXIII

Asunto: Llegan a su aldea y dQ interpreta como un mal agüero un trivial comentario de dos niños. Sancho intenta quitarle importancia al asunto e incluso le compra una jaula de grillos para convencerle de que volverá a ver a Dulcinea.  DQ es recibido con mucho cariño por sus familiares y amigos. Sancho es recibido por su mujer Teresa y su hija que se extraña de no verle con aspecto más adinerado

DQ cuenta a sus amigos su nueva situación y les propone irse a hacer de pastores. En fondo está buscando otra forma de literaturizar su vida de una forma menos arriesgada posiblemente. Sus amigos le siguen la corriente. La sobrina y el ama se escandalizan de la nueva locura de dQ. Al final del capítulo lo llevan a la cama.

Comentario: Por tercera y última vez, DQ vuelve a su pueblo, ahora físicamente libre y no encantado, pero profuindamente melancólico. Por esto interpreta como agüeros tristes las primeras cosas que oye y ve a la entrada: la disputa sobre una jaula de grillos y una liebre huyendo de galgos y cazadores. Tanto la jaula como la liebre -Dulcinea- le avisan que no verá más a la señora de sus pensamientos.

En la primera parte casi no hay agüeros, pero en la segunda, con frecuencia., se oyen o se ven cosas que se sienten como tales. Unos cap. antes, DQ los había rechazado como una superstición del vulgo. En vista de ese repudio tan reciente, el comienzo de este capítulo revela la reciente desesperación del caballero.

Ahora le toca a Sancho consolar a su amo. Al final de la segunda parte, Sancho, el exgobernador, desencantador de Dulcinea y resucitador de Altisidora, se muestra más discreto y capaz de dirigir a DQ, cada vez más débil.

Sancho se reencuentra con su familia y , en su casa, DQ revela al cura y a Sansón las noticias de su derrota y su intención de pasar el año como pastor enamorado; les invita a acompañarle en este ejercicio pastoril. Es natural que DQ decida vivir otra ficción, pero, habiendo oído la ama y la sobrina esta conversación, protestan enérgicamente. No les lleva la contraria DQ. Le faltan fuerzas y pide ser llevado al lecho. Le falla, por fin, tanto la ilusión caballeresca, como la pastoril.

CAPÍTULO LXXIV

Asunto: DQ cae enfermo. El médico dice que la melancolía acabará con él.

Todos miran de animarle con la idea de ir a hacer de pastores. Pero dQ a recobrado el juicio decide que debe confesarse y hacer testamento. En él favorece económicamente a Sancho y dice que si estando loco le dio el gobierno de una isla ahora que está cuerdo si pudiera lo haría gobernador de un reino ya que su sencillez y fidelidad lo merecen.

Sancho se emociona, le dice que posiblemente perdió contra el caballero de la Blanca Luna porque él cinchó mal al caballo. Incide en la idea que Dulcinea ya está desencantada y que deben irse a hacer de pastores.

DQ repite que está curado de su locura y abomina de los libros de caballerías, les pide que no intenten animarlo con historias de pastores o caballeros.

Concluye su testamento dejando su hacienda a su sobrina, a condición de que no se case con alguien que conozca los libros de caballerías.

Vuelve a criticar al Quijote de Avellaneda. Y subraya que muere y que nadie podrá resucitarle y seguir con sus aventuras, parece Cervantes querer asegurarse de que no habrá nuevas continuaciones.

Acaba Cervantes con una nueva crítica a Avellaneda y expresando que su deseo fue poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías.

Comentario: La historia de DQ es la de un loco; es preciso, pues, que termine con la recuperación del juicio y de la identidad subsumida en el nombre Alonso Quijano el Bueno.

¿Muere DQ a causa de la melancolía -desajuste de los humores corporales, según la medicina de la época- o a causa de la pesadumbre resultante de su derrota por el caballero de la Blanca Luna? El texto no aclara el problema.

Sansón Carrasco cumple un papel importante en el último capítulo. Igual que Sancho, no acepta el hecho de que DQ está moribundo. Trata de animarle a volver a vivir fantasías. La ironía es considerable. Fue él quien ideó la tercera salida pensando vencerlo y obligarle a volver a la aldea donde se hiciese curar. Cuando lo consigue, es incapaz de enfrentarse con las consecuencias de su intervención en la vida de su vecino.

Rodeado de sus amigos y parientes, DQ muere cuerdo y conforme a las prácticas cristianas, como los caballeros del Tirante el Blanco. En tiempos de su locura, el héroe no frecuentaba las iglesias, ni le veíamos practicar devociones serias fuera de ellas, aunque sabía hablar inteligente y ortodoxamente de los artículos de la fe cristiana. Si de cuerdo hubiera tenido más vida, no habría leído libros de caballerías, sino otros que fueran “luz del alma”. Cuando despierta del sueño de la conversión, DQ se declara libre de “las sombras caliginosas de la ignorancia”, producto de la lectura excesiva de los libros de caballerías. El hidalgo cuerdo admite su “desengaño”, voz que en el barroco español tenía el sentido positivo de esclarecimiento.

En el resto de su vida, DQ y, despué de su muerte, Cide Hamete, abominan de los libros de caballerías, causa de la ignorancia y del engaño humanos. Se confirma así el propósito de la novela, tal como ha sido declarado en el Prólogo de la primera parte y repetido tantas veces en la ficción.

El Q. de Avellaneda sigue atormentando el espíritu cuerdo de DQ. Ruega a sus albaceas que, si logran identificar y encontrar al autor seudónimo, le pidan perdón de su parte por la ocasión que le ha dado de escribir obra tan detestable. Él mismo toma precauciones para evitar toda imitación de su Segunda parte. La muerte conmovedora de DQ estorba posibles continuaciones; y la pluma de Cide Hamete proclama que DQ nació para ella sola.

 

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47ª sesión: El Quijote de Avellaneda

Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, mejor conocido simplemente como Quijote de Avellaneda, es una novela publicada en 1614 y firmada por «el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas». Fue escrita como una secuela a la primera parte de Don Quijote de la Mancha, novela satírica publicada en enero de 1605 por Miguel de Cervantes Saavedra, quien durante la aparición del Quijote de Avellaneda se encontraba escribiendo una continuación al libro original. Ya en el prólogo, Avellaneda declara abiertamente su odio hacia  Cervantes, y no se molesta en esconderlo: se declara personalmente ofendido por él, se burla de su pobre condición social, y hasta se mofa de que le faltase una mano.

Según un estudio de Luis Gómez Canseco, tras el impostor podría esconderse Lope de Vega, el gran dramaturgo que dio al mundo Fuenteovejuna. Sospechosamente, Avellaneda multiplicaba sus elogios y citas de ese autor. Además, en el citado prólogo, sostenía que él mismo había “entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e innumerables comedias”, y se confesaba ministro del Santo Oficio.

Este evento aceleró la redacción e impresión en 1615 de una segunda parte canónica y oficial del Quijote con numerosas alusiones y críticas a la versión de Avellaneda. Desde sus primeras líneas, la verdadera segunda parte de El Quijote se presenta como una revancha contra Avellaneda. Ya en la dedicatoria, Cervantes subraya que una de las razones para su nueva entrega es “quitar el mal sabor y la náusea que me ha causado otro Don Quijote que con el título de Segunda Parte se ha disfrazado y corrido por el orbe”.

Más adelante, en el prólogo, Cervantes informa al lector de que, aunque le molesta que Avellaneda lo haya llamado viejo y manco, él no se rebajará a insultarlo: “Tú querrías que lo tratara de asno, de mentecato y de atrevido, pero no se me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá él”.

Luego sí lo insulta, pero usando la voz ficticia del Quijote, que en la trama siguiente se revuelve furioso contra el libro apócrifo. En el capítulo LIX, el Caballero de la Triste Figura se queja del insultante prólogo de Avellaneda, y le corrige una errata. Sancho Panza protesta porque el plagiario lo ha retratado como un gordito simplón. Como castigo al impostor, a quien cree aragonés, el Quijote desiste de viajar a Zaragoza, y sigue de largo hasta Barcelona.

Asimismo Cervantes cambia el itinerario de sus protagonistas y dirige sus pasos hacia Cataluña. La propia muerte final del protagonista es la puntilla definitiva para reivindicar abiertamente la paternidad de don Quijote y evitar otro nuevo plagio o continuación.

 

 

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46ª sesión (16/12/2020)

CARACTERÍSTICAS DE LA LOCURA DE DON QUIJOTE

La locura del protagonista está perfectamente descrita desde el comienzo, en el primer capítulo de la Primera parte:
“Del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el  juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros […]” (I, 1).
Don Quijote enloquece, por tanto, después de haber leído demasiadas novelas de caballería. Adopta un nuevo nombre, decide enamorarse de Dulcinea del Toboso (dama que en realidad es imaginada, totalmente idealizada). Se considera un caballero andante, siguiendo el modelo del rey Arturo de Inglaterra, de Amadís de Gaula y de muchos otros. Su obsesión por la caballería hace que dispute batallas que no son necesarias, sale molido de ellas, y ve la realidad de forma diferente, como si estuviera bajo un encantamiento.
La locura lleva al hidalgo manchego a dos conclusiones falsas:
-1ª- Que todo cuanto ha leído en aquellos fabulosos y disparatados libros de caballerías era verdad histórica y fiel narración de hechos que en realidad ocurrieron.
-2ª Que en su época (principios del S. XVII) era posible resucitar la vida caballeresca de antaño y la fabulosa de los libros de caballerías en defensa de los ideales medievales de justicia y equidad.
(Nótese que la locura del personaje no es consecuencia de ningún desengaño amoroso, ni tiene su origen en ningún lance de armas. Lo esencial de la locura de don Quijote es que nace en los libros. Se trata de una enfermedad mental producida por “una intoxicación literaria”.)
La locura de Don Quijote presenta distintas características a lo largo de la novela:
– En su primera salida, el protagonista sufre un desdoblamiento de personalidad que no volverá a producirse en el resto de la novela. Así, tras la paliza recibida en la aventura de los mercaderes, Don Quijote cree ser Valdovinos (héroe del romance), y más tarde el moro Abindarráez (personaje de la historia del abencerraje y la hermosa Jarifa).
– Durante su segunda salida, Don Quijote adecua sistemáticamente la realidad a su mundo ilusorio.  Así, ve las ventas como castillo, los rebaños como ejércitos y los molinos como gigantes.
En la tercera salida, Don Quijote deja de engañarse a sí mismo; son ahora los demás quienes transmutan la realidad para burlarse de él.
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44 y 45ª sesiones (11/12/2020 y 14/12/2020)

SANCHO PANZA

La posteridad, y la decisión última del autor, han hecho que conozcamos el Quijote con el nombre exclusivo del caballero andante; pero no es menos verdad que la figura de Sancho Panza es compañía imprescindible del Caballero de la Triste Figura en cualquier tipo de representación gráfica o escultórica que se precie. Nunca, al referirse a la inmortal obra cervantina, aparecerá don Quijote solo; y podría decirse más, no entenderíamos la figura del ingenioso hidalgo sin la compañía del gracioso escudero.

El personaje de Sancho se incorporará a la novela en el capítulo VII de la primera parte, pero ya en el capítulo IV don Quijote aparece la primera referencia del escudero:

La del alba sería, y saliendo de la venta contento, gallardo y alborozado por verse y creerse armado caballero por el ventero en la larga noche de su primera salida, cuando cae en el pensamiento de los consejos que el susodicho ventero le diera en orden a viajar abastecido de las cosas necesarias, como dineros y camisas, y determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería.

Si la imagen de don Quijote se acomoda a la del loco ingenioso, la apariencia de Sancho responde al prototipo del hombre campesino sin formación ni otra pretensión que la de subsistir en medio de la pobreza ancestral en la que se encontraban los labriegos de la España del siglo XVII. Cervantes puso la misma atención en la apariencia física del escudero que en la del caballero de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, alto de cuerpo, estirado y avellanado de miembros, entrecano, nariz aguileña y algo corva y los bigotes grandes, negros y caidos. Recordemos que en el Quijote nada es arbitrario y, efectivamente, es más que probable que Cervantes conociera y siguiera las pautas marcadas por Huarte de San Juan en su obra Examen de ingenios (1575) para describir al hombre de temperamento rico en inteligencia y en imaginación, de carácter colérico y melancólico y propenso a manías, como cabalmente cuadra a la catadura de don Quijote . Del mismo modo, el aspecto de Sancho Panza, robusto, rollizo, de corta estatura y de temperamento sanguíneo, tranquilo, observador y socarrón, se corresponde exactamente con el tipo de personaje que Cervantes quería desarrollar, el rústico que le diera la réplica a don Quijote en los abundantes diálogos que aprovechará para contraponer las fantasías caballerescas de don Quijote con la realidad abrupta que representa Sancho. Dos visiones –como subraya Martín de Riquer- sobre el mismo mundo que pisan ambos personajes, llenas de contrastes: locura y sensatez, cultura y rusticidad, ingenuidad y picardía, que toman asiento en dos figuras también contrapuestas: el recio y enjuto caballero y el escudero gordo y chaparro; el uno a lomos de un escuálido rocín, y el otro subido a su borrico.

Los primeros rasgos de la personalidad de Sancho Panza los encontramos dibujados con nitidez en el encuentro de ambos (I-VII), en el cual don Quijote le propone el oficio de escudero, cosa que medianamente entiende Sancho en qué consiste, siendo como es, tal y como textualmente se dice,  un labrador, hombre de bien –si es que este título se puede decir del que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera. El caso es que, con promesas tan peregrinas como la de poder llegar a ser gobernador de una “ínsula”-arcaísmo que ya no se usaba en el siglo XVII y del que Sancho desconocía su significado, pero comprendiendo perfectamente el privilegio y la ventaja de de lo que significaba ser gobernador-, Sancho le da a entender a don Quijote que acepta el trato y, pese a no gustarle a éste la idea de acompañarse de un asno, le pone en aviso del día y la hora de la partida, encareciéndole que no olvidara llevar alforjas, cosa que no olvidará Sancho, además de la bota de vino que agrega por cuenta propia. De este modo, puestos en camino y yendo Sancho sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, lo primero que éste le recuerda a don Quijote es su promesa de una ínsula, asegurándole que por más grande que ésta fuera, él sabría gobernarla.

El optimismo desbordante de don Quijote contrasta con la suspicacia de Sancho; así, ante las dudas que le asaltan de que su mujer Teresa Panza pudiera llegar a ser reina, rebaja las expectativas a llegar a ser, como mucho, condesa, mientras que don Quijote le dice que lo que haya de ser lo encomiende a Dios, pero –agrega- no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos de ser adelantado.

A lo largo de la novela, los personaje de don Quijote y de Sancho irán evolucionando, tanto en su actitud, como en la interpretación que en cada momento hacen de la realidad, observándose una quijotización paulatina de Sancho Panza que corre pareja con una visión de la realidad menos deformada por parte de don Quijote. Durante toda la primera parte de la novela el caballero enfrentará la realidad desde la locura, adaptándola al mundo de los libros de caballería.  Sancho Panza,  en medio de este cambio, aun no entendiendo las razones últimas de su amo, sí cree que puede resultarle de alguna utilidad confiando, en último caso, en que la acción liberadora ejercida por don Quijote daría sus frutos. . Pero la quijotización de Sancho ha comenzado ya y avanzará de forma imparable: su propio discurso se vuelve mucho más culto  y asume su papel de gobernador de la supuesta ínsula Barataria. Este proceso inverso culminará al final del relato, cuando al pie del lecho de muerte del caballero andante, éste le pide perdón por haberlo entregado a lo descabellado de su aventura y ponerle en la ocasión de parecer también loco. Entonces, Sancho, le replicará pidiéndole que no se muera, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin nadie que le mate. Ante la solicitud de Sancho de volver al campo, esta vez para hacerse pastores y encontrar desencantada a Dulcinea, se impondrá el alter ego de don Quijote:
-Señores –dijo don Quijote- vámonos poco a poco, pues ya en nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo estuve loco, y ya estoy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

En síntesis, las funciones de este personaje son: 

a.      Delimita el mundo de don Quijote, señalando el mundo real.

b.      Aporta el elemento cómico a la obra.

 El rasgo más chocante de su habla es el continuado empleo de refranes. El refranero representa el bagaje cultural popular acumulado a través de los siglos. Tradicionalmente, el campesino ha recurrido a los refranes como manera de solventar las limitaciones culturales y lingüísticas, típicas de épocas pasadas. Los dichos populares le permitían manifestar su parecer y justificar su modo de obrar de forma rápida y sencilla; pues conseguía resumir todo su pensamiento en una frase que sabiamente lo expresaba mejor y más eficazmente. Sancho es reflejo literario de esa costumbre, y a lo largo de la obra presentará multitud de dichos populares que la ejemplificarán.

Otro rasgo del habla de Sancho son las incorrecciones que comete al hablar (vulgarismos) debido a su poca formación cultural, aunque este rasgo, que tiene una finalidad cómica, se va suavizando a lo largo de la obra.

IDEALES QUIJOTESCOS: LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y EL IDEAL CABALLERESCO

Don Quijote o el ideal de amor, justicia y libertad
Autor: Carlos Mata Induráin
Universidad de Navarra
Fecha:  28 de octubre de 2004
Publicado en:  La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Don Quijote es, junto con don Juan y la Celestina, uno de los grandes mitos aportados por España a la literatura universal. Héroe de enorme hondura, presenta una personalidad compleja, en la que destaca su impulso de vida, la coherencia de su proyecto vital. Sale a los anchos campos de Castilla a forjar su destino personal, a hacer realidad sus sueños de amor, justicia y libertad: una triada de sentimientos por los que Alonso Quijano el bueno se transforma en don Quijote de la Mancha, por los que el hidalgo manchego sueña ser y es verdadero y real caballero andante. Por todos esos sueños que atesora en su corazón no le dolerán las derrotas y los molimientos, los golpes y las magulladuras, las burlas y las incomprensiones de las gentes. Porque él se guía tan solo por la luz deslumbradora del ideal. Porque en su largo caminar nuestro inmortal loco-cuerdo soñará siempre con cielos azules y horizontes despejados. Porque perseguirá una quimera que sabe que jamás alcanzará, pero siendo consciente de que lo bello y lo sublime está precisamente en esa búsqueda. Porque cada paso que da le acerca a esa alta, lejana e imposible utopía. Y esa es su derrota y su victoria, su fracaso y la causa de su gloria imperecedera, su magistral enseñanza (de don Quijote, de Cervantes): la de un hombre que sale a luchar por los caminos de las Españas (en realidad, los caminos del universo entero) en pos de un ideal de amor, justicia y libertad.

¡Qué magnífica enseñanza la que nos brinda Cervantes a través de su inmortal criatura! Que los hombres han de luchar siempre por hacer realidad sus sueños, aunque el camino para lograr ese objetivo esté alfombrado de amarguras. Porque el de don Quijote no es, ciertamente, un camino de rosas. En todo caso, un camino de rosas… y de espinas. Y en ese peregrinar, Alonso Quijano se hace don Quijote y, tras recorrer su sendero, retorna a su lugar natal para ser de nuevo Alonso Quijano y morir cuerdo en su cama, acunado en el calor del hogar, rodeado de su familia y sus amigos. Él supo hacer realidad su destino de caballero andante, precisamente porque jamás tuvo miedo a hacerlo realidad; porque nunca le amedrentaron las dificultades; porque jamás temió enfrentarse con la dura realidad con la que continuamente chocaban sus sueños de gloria y sus fantasías caballerescas, que no eran quimeras, que eran ideal.

Don Quijote se ha hecho fuerte en todas estas luchas, como se hace fuerte quien se enfrenta con el hierro a cuerpo descubierto, porque de ese hacer frente con el cuerpo desnudo al hierro -el hierro-yerro del no-amor, de la injusticia, de la falta de libertad- uno sale bien forjado en su temple… o roto. Y así sale Alonso Quijano de todas sus luchas, roto como hombre y templado como caballero andante, como héroe. Y esa es la enseñanza: todo hombre que lucha por un ideal es un héroe que jamás podrá ser vencido en su fuero interno, aunque sufra, una tras otra, mil derrotas, aunque sus huesos queden molidos y rotos en descomunales batallas con molinos, cueros de vino o rebaños de ovejas.

Quijotadas, pensarán algunos. Pero ¡ojalá nuestras vidas estuviesen repletas de tales quijotadas! Porque don Quijote sale al camino haciendo uso de su libertad, y en ese ejercicio de su libertad sufre y goza, padece y es herido, tiene altibajos de alegría y pesar. Y lo vemos en ese constante tira y afloja entre el sueño y la realidad, el sueño caballeresco que eleva su alma y la hace volar por las altas regiones del ideal, y el peso de la cruda realidad que lo apega a la tierra. Don Quijote, como Cervantes, sabe hacer suyo el bello verso de Gelasia: “libre nascí y en libertad me fundo”. Libre. Y también justiciero. Y enamorado. Así vemos a don Quijote: como irrepetible personaje literario, a un mismo tiempo símbolo y hombre de carne y hueso, con las mismas pulsiones que nosotros; pero, sobre todo, como el dueño de un corazón valiente que, con denuedo, hace realidad sus sueños. Como un auténtico caballero eterno del ideal que sale en busca de aventuras y de ventura.

La libertad es otro de los hilos conductores de la novela. La transformación del hidalgo en caballero andante puede interpretarse como un acto de locura pero también es la expresión de la búsqueda de la propia identidad. Don Quijote encarna el valor de la voluntad dirigida a amoldar el mundo según sus ideales.. Ese ideal de libertad refleja la fuerza del espíritu humano que lucha por construirse a sí mismo, defendiendo su capacidad de iniciativa y su independencia de pensamiento y acción.

Atendamos a las hermosas palabras del protagonista:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres(…). (II, 58)

El ideal de libertad no puede separase del de la justicia. No es otro su objetivo cuando decide embarcarse en empresas caballerescas. Don Quijote se considera un caballero andante. La misión fundamental de todo caballero es defender al débil:

“…andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viuda y socorrer a los huérfanos y menesterosos.” (I,11) 

Si las cualidades físicas (hombre maduro) y las posibilidades externas del personaje (escaso de fuerzas, lleva unas armas que pertenecieron a sus bisabuelos) lo definen como un aspirante a caballero o como simple imitador, sus rasgos morales – valentía, caridad, espíritu de superación…- lo convierten en ocasiones en un perfecto héroe.

Don Quijote asume  los peligros que le depara su existencia aventurera y no teme a cumplir con ese código ético de defensa de los desvalidos y menesterosos (necesitados). 

En su lucha contra la injusticia , don Quijote se sitúa en ocasiones al margen de las leyes de los hombres: impone muchas veces por la fuerza de las armas (como en el episodio de los Galeotes) la justicia divina. No es de extrañar que el protagonista actúe de ese modo ya que para él la libertad está por encima de la justicia humana.

Aunque en el lecho de muerte Alonso Quijano se arrepiente de su vida pasada, sus palabras aluden a las insensatas hazañas de ficción pero no se cuestionan los valores de libertad y justicia que habían alimentado su código de conducta. Para el lector moderno Don Quijote simboliza  la persecución del ideal, de la utopía, de la justicia social. La realidad que le rodea dista enormemente de estos valores tan nobles: por lo tanto, está condenado de antemano al fracaso.

 EL AMOR CORTÉS Y LA CREACIÓN DE LA AMADA IDEAL

 En Don Quijote de la Mancha adquieren un marcado protagonismo los personajes femeninos. Pero el más importante de todos ellos es, sin duda alguna, Dulcinea, motor de la acción principal: don Quijote es un caballero andante que lucha por y para su amada, la sin par Dulcinea del Toboso, modelo de dama tomado de las novelas de caballerías (según la idea del amor cortés, mezclada con las teorías amorosas neoplátonicas y petrarquistas), y en especial, de Oriana, la enamorada de Amadís. La necesidad que don Quijote tiene de una dama de sus pensamientos para llegar a ser caballero andante se pone de manifiesto ya en el primer capítulo del Quijote:

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmádose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

En realidad, Dulcinea es una idealización de la rústica Aldonza Lorenzo, una labradora del Toboso, como se nos explicita en este otro pasaje:

Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto (I, 1, p. 44).

El de Aldonza Lorenzo es un nombre que connota rusticidad, baja condición social e incluso actitudes groseras, como parece apuntar el refrán «A falta de moza, buena es Aldonza». El hidalgo, de la misma forma que ha bautizado a su caballo y a sí mismo, renombra a Aldonza y la convierte en virtud del poder mágico de la palabra en Dulcinea, nombre creado a partir de modelos prestigiosos (Melib-ea, Claricl-ea, Galat-ea) y que connota ‘dulzura’. A partir de ese instante, don Quijote se encomendará a su amada Dulcinea al emprender sus diversas aventuras. Por ejemplo, en I, 3 se dirige a ella con estas palabras en el momento de la vela de armas:

—¡Oh señora de la hermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo (p. 59). 

En Sierra Morena tiene lugar uno de los momentos de máximo acercamiento de don Quijote al ideal de su amada (capítulo I, 25). Será allí donde don Quijote realice su famosa penitencia de amor (a imitación de la de Amadís en la Peña Pobre) y le escriba una hermosísima carta. En primer lugar, don Quijote confiesa a Sancho que su dama es una creación de su espíritu, como las de tantos otros poetas que las presentan idealmente en sus obras:

—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo (p. 285).

Después, el caballero expresa una de sus confesiones amorosas más notables:

—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad (p. 285).

Así, don Quijote, el Caballero de la Voluntad, concibe idealmente a Dulcinea y cambia la realidad con la fuerza de su imaginación (destaquemos especialmente ese «píntola en mi imaginación como la deseo»);  Sancho —que se ha enterado de que Dulcinea es en realidad la rústica Aldonza Lorenzo— no quiere seguir discutiendo: le da la razón para evitarse problemas y le pide que le entregue la carta.

Después de ese episodio, nuestro voluntarioso caballero confiesa con más vehemencia que nunca que es Dulcinea quien infunde valor a su brazo y da por hecho que ha ganado ya el reino de Micomicón gracias a «el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de mis hazañas» (I, 30, p. 353). Y añade entonces una de las más bellas frases del Quijote referidas a su ideal amoroso:

—Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser (p. 353).

Así pues, en la Primera Parte del Quijote, Dulcinea permanece en el plano de lo ideal, aunque también encontramos algunas leves incursiones en el territorio de lo realista:  el traductor nos transmite una de las notas marginales del manuscrito de Cide Hamete, al afirmar que Dulcinea tuvo la mejor mano para salar puercos de toda la Mancha (I, 9, p. 108); la segunda es cuando don Quijote reconoce ante Sancho que su Dulcinea es la hija de los rústicos Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales y que, por lo tanto, no es una dama principal (I, 25); y la tercera, cuando Sancho, al inventar el resultado de su supuesta embajada al Toboso, nos ofrece una imagen degradada de la igualmente supuesta princesa, que él describe como una mujer bastante poco atractiva, a la que ha encontrado ahechando trigo, que despedía «un olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa» (I, 31, p. 359).

En cambio, en la Segunda Parte la relación de don Quijote con Dulcinea se da plenamente en el ámbito de lo real, que tiende a la degradación del personaje femenino a través de lo grotesco. Así, cuando se dirigen al Toboso, Sancho convence a don Quijote de que una labradora que se acerca por el camino es Dulcinea. Don Quijote, una vez más, habrá de apelar al habitual recurso de los encantadores enemigos para explicarse por qué él la ve como una vulgar labradora, que despide un aliento «a ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma» (p. 709).

El amor hacia Dulcinea acompañará al protagonista hasta el final del relato. En II, 64, don Quijote queda vencido por el Caballero de la Blanca Luna, pero pese a la derrota no renuncia a su ideal amoroso, y mantiene que «Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad» (p. 1160).

Tal es, en esencia, el tratamiento que recibe en la novela de Cervantes la figura de Dulcinea del Toboso: la mujer que encarna el ideal amoroso del caballero andante, héroe de la voluntad que irá cayendo en una progresiva degradación en la Segunda Parte, hasta su total acabamiento. Una figura, la de Dulcinea, que llena con sus presencias —y también con sus ausencias— las páginas de la inmortal obra. De ahí que bien podamos terminar afirmando que el Quijote es también —entre otras muchas cosas— una maravillosa y romántica historia de amor. (adaptación del texto original de Carlos MATA INDURAIN. Universidad de Navarra)

 

FUNCIÓN DE CIDE HAMETE BENENGELI

Destaca en el Quijote el original punto de vista narrativo: Cervantes, en un moderno ejercicio de distanciamiento, finge haber hallado casualmente unos manuscritos del historiador árabe Cide Hamete Benengeli que relatan la historia de don Quijote y Sancho, limitándose él a traducirlos. Pretende de esta manera, mediante el recurso del “manuscrito encontrado”- típico de los libros de caballerías-, dar la impresión de que los hechos que narra no han diso inventados por él, sino que ocurrieron realmente.

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y él, sin dejar la risa, dijo:

–Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha”.

Cuando yo oí decir “Dulcinea del Toboso”, quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que, si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese.

Ya de entrada, Cervantes juega continuamente con la figura del narrador. Éste no sabe cuál es el nombre real del personaje ¿Quijada, Quijana, Quesada, Quijano…? A partir del capítulo IX se nos dice repetidamente que el autor del Quijote es un historiador arábigo, Cide Hamete Benengeli, autor ficticio que ha escrito la historia en árabe, por lo que debe ser traducida al español por un morisco que, además, se permite el lujo de intervenir o de retocar el texto. Este juego de narradores permite a Cervantes distanciarse de lo que está escribiendo, lo que facilita los juegos de humor, la parodia y la ironía.

Por otra parte Cervantes introduce también “la literatura dentro de la literatura”. Así, aparecen en el Quijote valoraciones y comentarios sobre la propia obra de Cervantes, además de referencias despectivas, en la segunda parte, al Quijote de Avellaneda.

 

 

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43ª sesión (10/12/2020)

  • Actividad. Comparación entre D. Quijote y Sancho a partir de diversas fuentes digitales.
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42ª sesión (09/12/2020)

DIFERENCIAS ENTRE LA PRIMERA PARTE Y LA SEGUNDA PARTE

  1. Título (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha/ El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha) +. Poemas iniciales y finales que no aparecen en la 2ª parte.
  2. 1ª Parte: estructura compleja y relatos intercalados// 2ª parte: mayor sencillez estructural+ No aparecen historias intercaladas. (La primera parte del Quijote ofrece una notable diferencia con la segunda. En aquella la acción principal y fundamental, o sea las aventuras de don Quijote, se ve cortada y suspendida por otros relatos intercalados en el texto, totalmente desvinculados del protagonista y su historia. Todo esto responde a una costumbre literaria de la época, pues se consideraba que estas digresiones entretenían al lector.  Estos cuentos intercalados fueron criticados como un desacierto de Cervantes, y así lo manifestaron sus contemporáneos. Por este motivo, en la segunda parte de El Quijote, Cervantes no deja nunca el hilo de la narración, ya no hay ninguna historia ni cuento intercalado.)A continuación se reproduce la estructura de la primera parte del Quijote:Primera parte (capítulos del I al VIII) → Primera salida (D. Quijote solo) a partir del capítulo II// La segunda salida se inicia en el capítulo VII (junto a Sancho)Segunda parte (cap. IX al XIV)→ Se inserta la Hª de Marcela y Grisóstomo (n. pastoril)Tercera parte (c. XV al XXVII)→ Se inserta la Hª de Cardenio y Luscinda (n. sentimental)Cuarta parte (cap. XXVIII al LII)→ Se insertan la Hª del curioso impertinente (n. psicológica) y la Hª del cautivo (n. morisca)En la segunda parte, en cambio, las intercalaciones desaparecen, y amo y escudero van siempre juntos, y cuando llega un momento en que deben separarse, Cervantes dedica alternativamente un capítulo al uno y al otro, con frases de enlace al final de cada uno de ellos).
  3.  1ª parte: dominio de la aventura// 2ª parte: mayor importancia de lo psicológico
  4. 1ª parte: visión grotesca, ridícula del protagonista- D. Quijote confunde realidad y ficción// 2ª parte: Visión más humanizada y comprensiva del protagonista + D. Quijote distingue la realidad: son los demás los que le confunden.La locura de Don Quijote sufrirá una evolución en la segunda parte del libro. Mientras que en la primera parte Don Quijote padece innumerables alucinaciones, relacionadas con el mundo de la caballería; en la segunda parte, los personajes conocedores del comportamiento de don Quijote le quieren hacer creer  situaciones inexistentes, basándose en la experiencia de la primera parte del libro.
  5. 1ª parte: D. Quijote y Sancho apenas se influyen// 2ª parte: “Quijotización” de Sancho y “Sanchificación” de don Quijote.1ª parte: dominio del humorismo// 2ª parte: mayor peso del pesimismo y la melancolía.
  6.  En la 2ª parte de la novela, aparecen unos aspectos nuevos con relación a la primera parte. Uno de estos elementos nuevos es que aparecen otros caballeros andantes, por tanto, personajes tan anacrónicos como don Quijote. Hasta ahora no había salido ningún otro caballero en la novela ya que no había caballeros en los siglos XVI y XVII. En esta segunda parte nos encontramos con el caballero de los Espejos o del Bosque, y el caballero de la Blanca Luna, tipos reales, que retan a don Quijote a la lucha y se comportan con todo el rigor de las leyes de caballería. En cambos casos, se trata del bachiller Sansón Carrasco, vecino de don Quijote, que utiliza esta treta para devolver al hidalgo a su casa.
  7. En esta segunda parte aparece el curioso fenómeno de la literatura dentro de la literatura. Cuando don Quijote y Sancho salen por tercera vez son personajes conocidos por otros protagonistas de esta segunda parte que han leído la primera parte del libro y tienen noticia de sus locuras y aventuras. La acción de la segunda parte está condicionada por este hecho.
  8. Otro elemento nuevo que aparece en la tercera salida es la entrada de la historia contemporánea de Cervantes en la novela. Lo hace con personajes y situaciones reales. Es el caso del bandolero catalán Perot Rocaquinarda (en la obra se llama Roque Guinart). También, en Barcelona, se narran hechos históricos reales, como la escaramuza naval en la que participa el propio don Quijote.
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