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Lope de Vega: vida y obra
Comentario de “Mira, Zaide, que te aviso”
En “Mira, Zaide, que te aviso”, Lope usa una forma épica- el romance-, con personajes supuestamente moriscos, para burlarse de sí mismo y de su relación con su amante Elena Osorio. Tras los nombres de Zaide y Zaida, se esconden los protagonistas de la historia real. Elena era una mujer casada, pero con el marido ausente, hija del empresario teatral para el que comenzó a trabajar Lope. Parece ser que Lope de Vega explicó a un amigo suyo su relación con Elena y la reputación de la mujer enseguida fue conocida por todo Madrid. Aunque Lope retó en duelo al amigo por no guardar su secreto, Elena, ofendida denunció a Lope de Vega por calumnias, razón por la cual fue desterrado de la corte.
La estructura interna consta de dos partes: el parlamento de Zaida- en primera persona-, que reprocha a Zaide que se vaya de la lengua y no sepa guardar el secreto de su relación, eso sí, elogiando otras muchas virtudes de su amante; y los últimos cuatro versos en los que interviene la voz del narrador para cerrar con la amenaza de Zaida, es decir, Elena Osorio.
Como hemos comentado anteriormente, nos encontramos ante una estrofa de carácter popular, que junto al soneto fue de las estrofas más cultivadas por Lope de Vega. Este romance morisco, donde, como en toda su obra, el amor humano y divino, personal y familiar del autor queda reflejado en sus versos, es de versos octosílabos con rima asonante en los pares dejando libres los impares. Cabe destacar el uso de una licencia métrica en el verso tres para que cuadre el recuento silábico del poema. Al tratarse de una estrofa de carácter popular, caracterizada por la sencillez, no encontramos demasiadas figuras retóricas. Pero merecen destacarse, aparte del uso del campo semántico propio de los romances moriscos – cautivos, cristianos, alcaide, abencerraje, moro– las anáforas ( con la repetición al inicio de varios versos de que, ni y si), los paralelismos como ( no pases por mi calle – no hables con mis mujeres, qué fiestas me dan contento – qué colores me aplacen, que hiendes, rajas y partes – que danzas, cantas y tañes), los pleonasmos en el verso 25-26 ( pierdo- gano, perderte-ganarte), las metáforas ( corrida de haber mirado, con lo que se refiere a las lágrimas y los galanes de tus partes, con lo que se refiere a sus cualidades). La sencillez aparente de este largo romance de Lope de Vega se refleja en la escasez de hipérbatos, muy típicos en toda poesía y con lo que nos hace ver que la misión de esta obra poética no era meramente estética, sino que pretendía ser entendida por el pueblo.
Debemos destacar la ironía, que es constante a lo largo del poema por alabarse a sí mismo y criticarse también de forma humorística, aunque con un fondo amargo, por la boca del personaje de Zaida. Podríamos añadir que sus romances se caracterizaban por una naturalidad y claridad expresiva que se alejaba de lo artificioso. Esa es la razón por la que nos supone una cierta facilidad entender el mensaje y la historia que nos quiere explicar sin necesidad alguna de releer y analizar estrofa por estrofa.
(Fuente: Bitácora de Literatura española)
* Cuando los juglares recitaban los cantares de gesta, la gente pedía que repitieran los fragmentos más interesantes. El pueblo los aprendió y al repetirlos exclusivamente de forma oral, fue cambiando su contenido. En el siglo XV desapareció el gusto por los cantares de gesta, pero se siguieron recordando algunas partes de los mismos que se convirtieron en romances.
Romance es un poema narrativo formado por una serie indefinida de versos octosílabos, de los cuales los versos pares riman en asonante y los impares quedan libres.
* El corpus poético que conocemos como Romancero nuevo está constituido, “stricto sensu”, por aquellos textos (generalmente romances), producidos por autores cultos a la sombra del éxito de los Cancioneros de romances del romancero viejo. La época de esplendor del Romancero nuevo, en el siglo de oro, la ocupan las dos últimas décadas del siglo XVI y la primera del siglo XVII. Durante este tiempo, y a lo largo de todo el siglo XVII, los textos del Romancero nuevo fecundan e invaden la casi totalidad de géneros literarios de la época, del teatro a la novela, pasando por obras de carácter didáctico.