Aquel Mayo del 68 en California

Aquel Mayo del 68 en California

París fue el foco de la conmoción de 1968 desde una perspectiva europea. Pero California fue más lejos: si eras un radical tenías que serlo no sólo políticamente, sino en todos los aspectos de la vida cotidiana

ANTHONY GIDDENS 06/05/2008

Corre mayo de 1968. No estoy en París sino a casi 10.000 kilómetros de distancia, en California, conduciendo de Vancouver a Los Ángeles. Acabo de poner fin a nueve meses de lectorado en la ciudad canadiense y voy a pasar un año y medio en un puesto similar en la Universidad de California-Los Ángeles. Dos días después de ponerme en camino, llego a mi destino a media tarde y me dirijo a Venice, una localidad costera en la que he alquilado un apartamento.

Al llegar al mar asisto a una escena como extraída de la Biblia. Hasta donde se pierde la vista, toda la playa está llena de personas con largas túnicas de múltiples colores, que sin embargo están gastadas y descuidadas. Todos son blancos, no se ven minorías étnicas. En lugar de respirarse aire puro, apesta a marihuana. Detrás de la multitud, sobre la acera, hay una fila de coches de policía y en cada uno de ellos un agente que saca su ametralladora por la ventana. En la atmósfera se palpa una incipiente violencia. Hasta ese día, del mismo modo que nunca me había topado con la marihuana, tampoco había escuchado la palabra hippies, que me dijo un transeúnte al preguntarle quién era esa gente. En ese momento, el término apenas se utilizaba en Gran Bretaña o Europa. Para mí fue la bienvenida a la revolución a la usanza californiana.

Desde una perspectiva europea podría parecer que París fue el foco principal de 1968, pero créanme que no fue así. En Europa los radicales eran bastante tradicionales. Se proclamaban heraldos de una nueva era, pero se comportaban de forma muy similar a la de los radicales de toda la vida. Eran estudiantes que asolaban todo a su paso y su radicalismo no profundizaba. En California, al menos para mucha gente, si eras radical tenías que serlo hasta el fondo, no sólo políticamente, sino en casi todos los aspectos de tu forma de vida. Incluyendo la educación. Lo que estaba de moda era no poner notas y concederle a todo el mundo la máxima calificación, porque cualquier otra práctica habría sido discriminatoria; mayormente, las lecciones se abandonaron y se optó por grupos de discusión abiertos.

Conocí a un estricto profesor de matemáticas, con su típica camisa de cuello abotonado, pelo bien cortado y saludable vida matrimonial, que desapareció del campus durante varios meses. Un buen día iba caminando a clase cuando una especie de Cristo apareció por encima de una colina. La melena rubia le caía por debajo de los hombros, lucía una larga barba y llevaba una túnica amplia y sandalias abiertas. Hasta que no se paró y me saludó no le reconocí. Había dejado las matemáticas y la universidad, también a su esposa y sus hijos, y se había trasladado al desierto de Nuevo México, donde trabajaba como artesano en una comuna. Muchos otros hicieron cosas parecidas.

Los experimentos con la forma de vida, la sexualidad, las relaciones, las comunas y las drogas también cundieron entre quienes pertenecían a grupos políticos más comprometidos. Sin embargo, en Estados Unidos los sesentayochistas eran un grupo muy diverso en lo tocante a sus credos o filiaciones de índole política. Fue una época en la que surgieron multitud de movimientos sociales; 1968 tuvo su origen en el movimiento sureño de defensa de los derechos civiles, iniciado unos años antes, y también en el que abogaba por la libertad de expresión, cuyo epicentro fue la Universidad de California-Berkeley, situada al otro lado de la bahía de San Francisco.

Esos movimientos se continuaron o fundieron con el de oposición a la guerra de Vietnam, catalizador de muchas propuestas radicales. Se solaparon con el de los hippies, aunque éstos estuvieran en su mayoría en contra del poder político y de toda clase de autoridad. Había también grupos de maoístas, aunque tenían menos influencia que en Europa. Estaban además los Panteras Negras y otros grupos disidentes negros, que en ocasiones se habían convertido al islam. Y por supuesto el feminismo, de una tendencia mucho más incluyente que las vistas hasta entonces. Fue más una derivación de 1968 que una parte de él. Varias de las feministas más destacadas de esta nueva vertiente se radicalizaron al contacto con los sesentayochistas, aduciendo que la revolución se estaba haciendo por y para los hombres.

Diez años después recibí una carta del conocido que había experimentado la conversión. Había vuelto con su esposa, a su corte de pelo de siempre y a su ropa pija, también a su antigua casa, y buscaba trabajo en su antiguo departamento. ¿Cómo fue posible que todo ese radicalismo y las grandes esperanzas de 1968 desaparecieran tan pronto como habían surgido? Las razones son tan diversas como el propio fenómeno. El fin de la guerra de Vietnam privó a la disidencia de una importante fuerza motriz. A los Panteras Negras los disolvieron las autoridades por las buenas o por las malas. Se conoció el carácter represivo y homicida del maoísmo. Y en cuanto a los hippies, muchos de sus experimentos personales y sociales acabaron mal. La explotación sexual continuó existiendo bajo el nombre de amor libre; las comunas se disolvieron y sus integrantes se enfrentaron entre sí, y las drogas generaron más adicciones que vías de liberación del espíritu.

Lo más importante es que los sesentay-ochistas pasaron por alto, o trataron de eliminar, algunos de los rasgos principales que hacen civilizada a una sociedad y, dentro de límites bastante amplios, también justa y equitativa. Se envolvieron en un manto antiburocrático (que, contra toda lógica, retomó después la derecha), pero en las sociedades complejas es indispensable cierto grado de coordinación administrativa. Las universidades caerían en el caos si los trabajos y exámenes no recibieran calificaciones justas y rigurosas, y sin la autoridad que tienen los profesores en sus especialidades. Ninguna sociedad puede funcionar amparándose únicamente en los derechos por los que entonces pugnaban multitud de movimientos sociales. Para que la solidaridad social no zozobre, los derechos siempre deben compensarse con obligaciones.

De los movimientos que sobrevivieron a 1968, el principal fue el feminismo, y ello se debe a que ese momento histórico, más que integrarlo en su seno, lo provocó. Lo importante de 1968 no fueron sólo sus movimientos, sino la amplitud de los cambios soterrados que la sociedad venía experimentando desde finales de la década de 1950 y de los que dichos movimientos eran un reflejo. Hoy apreciamos en toda su extensión la profundidad de dichos cambios y seguimos tratando de lidiar con ellos. Afectan a la naturaleza de la familia, que ha dejado de girar en torno al matrimonio para hacer hincapié en la calidad de las relaciones, y conceden una renovada importancia a la sexualidad, que ahora, al tiempo que entra en decadencia el doble rasero, es un aspecto cardinal del proceso de cambio. También se manifiestan en una entrada masiva de la mujer en el mercado de trabajo, en un descenso de los índices de natalidad y en el fenómeno del “hijo más deseado”: los hijos ya no “vienen”, sino que ahora elegimos si los tenemos y cuántos queremos. Por último, está no sólo la posibilidad sino la necesidad de elegir una forma de vida, y no de heredarla, junto a la aparición de la política de la identidad, el declive de la deferencia y un enfoque más crítico de la elección política.

Para la izquierda 1968 tiene una mística que no se merece, pero los derechistas que le echan la culpa de todos nuestros males también se equivocan. De todos sus movimientos, los de más éxito fueron los que tenían más claro su objetivo; fue muy importante, por ejemplo, que hubiera protestas bien articuladas contra la guerra de Vietnam. Podríamos optar por detenernos aquí y dejar de lado a quienes querían radicalizarlo todo, considerándolos románticos estériles o incluso peligrosos. Sin embargo, yo les tengo algo más que una ligera simpatía. Su liberación era falaz, pero cuestionaba la vida cotidiana, algo que la mayoría dábamos por sentado. Hasta los que, como yo, discrepaban de sus ideas se vieron obligados a pensar y discutir algunos de sus presupuestos, y con frecuencia para defenderlos, aunque de otra manera.

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Integración, sí; asimilación, no. EL PAIS 6.02.2008

Integración, sí; asimilación, no

Tanto la ‘sharía’ propuesta en Inglaterra como el contrato de Rajoy implican diferenciación – Lograr la convivencia es mucho más complejo

MARÍA R. SAHUQUILLO

 

EL PAÍS – Sociedad – 16-02-2008 La pugna entre modelos de integración ha estallado por fin en España, sorprendentemente, años después de que el tsunami de la inmigración se despertara y sumándose al calor del debate en Europa. ¿Integración o asimilación? ¿Multiculturalismo, gueto o convivencia? ¿Hasta qué punto permitir la diferencia? La idea de un contrato para respetar costumbres lanzada por el PP, en España, y la del arzobispo de Canterbury de permitir partes de la ley islámica (sharía), en Reino Unido, son dos caras de la misma moneda (¿o poliedro?). Y ambas fomentan la diferencia. La integración y la armonía social no necesitan, según los expertos, ni contrato ni sharía.

La polémica sobre la integración de inmigrantes tiene su punto de mira en la comunidad musulmana. Hoy viven alrededor de 13 millones de fieles de esta confesión en la UE -más de un millón de ellos en España-. Representan más del 3,5% de la población. Holanda anunció hace unos días que prohibirá el uso del burka en centros oficiales y escuelas. Francia veta cualquier símbolo religioso en los colegios. Y el Partido Popular también quiere prohibirlo. Al otro extremo, Turquía ha levantado la prohibición de llevarlo en la Universidad. “La medida del PP alude directamente a los musulmanes”, asegura Said Kirlani, presidente de la Asociación de Estudiantes Universitarios Marroquíes. Kirlani es musulmán y lleva siete años en España. “Hablan de nosotros como si fuésemos de otro planeta”, dice. “Se han copiado debates que hay en Europa y que aquí no existían. En España no hay un problema importante de convivencia con los musulmanes”, dice Estrella Rodríguez, directora general de Integración de Inmigrantes del Gobierno. Si la propuesta de Rajoy desató la polémica en España, las palabras de Rowan Williams, jefe de la iglesia anglicana, en favor de aplicar la sharía en Reino Unido, donde viven 1,8 millones de musulmanes, lo encendieron en ese país. Williams puntualizó más tarde -a petición del primer ministro Gordon Brown- su discurso, alegando que se refería a implantar “opciones adicionales” para los musulmanes “acomodadas” a la ley británica. Los musulmanes que viven en ese país no estuvieron de acuerdo. “Lo que se debería lograr es que la ley reconozca ciertos elementos como las herencias o los matrimonios”, propone por teléfono desde Londres Salah Sharif, consejero de la Fundación Dar Al Islam. Sharif es iraquí. Llegó a Reino Unido en 1991 y tiene la nacionalidad británica. El Consejo Musulmán británico no se mostró partidario de aplicar la sharía. Afirmaron que no apoyarían un sistema dual. El PP asegura que su plan se enuncia para “evitar” que surjan en España propuestas como la de Williams. “Somos conscientes de lo que ha ocurrido en países como estos. Allí no se quiso hacer una política de integración, se ignoró el fenómeno y han surgido guetos dentro de la misma sociedad. Queremos adelantarnos y evitar que eso suceda en España”, dicen fuentes del PP. El modelo británico, que respeta profundamente la diferencia, fue considerado exitoso hasta que los atentados de julio de 2005 destaparon un tipo de musulmán ya nacido en suelo británico, con estudios y trabajo, capaz de odiar hasta matar. Y hoy todo vuelve a estar en cuestión. La sociedad se siente fracasada y una propuesta como la del arzobispo azuza el fuego del debate y la contradicción. De nuevo: ¿multiculturalismo o asimilación? En Francia, sin embargo, el paisaje ha sido muy diferente. El gueto creció en un gran fracaso del Estado, que se asombró ante su imagen en el espejo de los disturbios de las banlieues en 2005. Un país que primero había ignorado al inmigrante y que después ha intentado la asimilación en la tradición secular: prohibidos el velo y símbolos religiosos en la escuela. “Una fórmula que pasa por aceptar una nueva identidad -la del país de acogida- y que puede llevar a abandonar las costumbres de origen y al desarraigo”, según Ana Planet, profesora de Sociología del Mundo Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid. Para ella el modelo de asimilación no es adecuado: “Ni los inmigrantes ni la sociedad olvidan sus orígenes. Siempre te etiquetan. Incluso los que son ya franceses son tratados como inmigrantes”. En Francia hay entre 8.000 y 15.000 familias polígamas, según datos de 2005 de la comisión parlamentaria francesa, un reflejo de que el gueto impermeable es fuerte. Unas 70.000 mujeres en este país son víctimas de matrimonios forzosos. Por no hablar de las dificultades que tienen muchos inmigrantes para conseguir empleo. “Incluso los de tercera generación”, dice Lorenzo Cachón, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Es mejor entonces el modelo de integración multicultural británico o belga, en el que todo el mundo intenta vivir en paz pero en el que nadie se relaciona? En el multiculturalismo también hay guetos. Betül vive en el barrio de Schaarbeek, la pequeña Turquía de Bruselas. Nació en Bélgica hace 29 años, de padres turcos. Es musulmana. No lleva velo. “Aún no estoy preparada, pero creo que me lo pondré”, cuenta por teléfono. Estudió turismo y trabaja en un hotel. Cree que si se pone el pañuelo le perjudicará en su trabajo. A pesar de todo explica que “a veces” se siente presionada por sus familiares para llevarlo. “Sobre todo por la familia de mi padre”, cuenta. ¿Ocurre lo mismo en España? ¿Cómo evitar que se formen los temidos guetos? ¿Se puede controlar que una niña no sea presionada para llevar el velo? Estrella Rodríguez asegura que en España no hay barrios como el de Betül. “Hay que trabajar para evitar que existan, hay que fomentar la inversión pública y lograr que los inmigrantes no se instalen en barrios ya degradados”, dice. Pero los problemas de integración existen. La inmigración se ha convertido en la tercera preocupación para los españoles, según el CIS. Hay problemas educativos, sanitarios o sociales. “Sobre todo de capacidad de acogida”, asegura Cachón. Sin embargo, para Rodríguez esos problemas se solucionarían “redimensionando” los servicios públicos para acoger a todos los ciudadanos. El PP asegura que para la integración sólo son “indispensables” dos elementos: “voluntad por parte del inmigrante y que haya empleo”. Las asociaciones no opinan lo mismo. “La integración es cuestión de dos, de los extranjeros y de la sociedad. Siempre pedimos al inmigrante que actúe y olvidamos que, a veces, la sociedad cierra sus puertas”, asegura Riay Tatari, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España. “Tengo una compañera de trabajo musulmana. Lleva velo y sé que mientras su marido y sus dos hijos comen en el salón ella lo hace en la cocina. No quiero eso en España. Tampoco reuniones clandestinas en las mezquitas que terminen con una sorpresa desagradable”, dice Juan Martínez, profesor en un colegio de Algeciras. Su opinión es común a muchos europeos. “¿Cómo sé que una chica que lleva velo lo hace por ella misma o por presiones?”. Sacar las mezquitas de los garajes y pisos y que haya control sobre ellas, como se hace con las iglesias, es un método, según Rodríguez. “Lo que es difícil es controlar que una mujer lleva velo porque quiere. Debemos darle todos los elementos para decidir. Que prime la educación, y no permitir que se dejen de hacer actividades obligatorias como la gimnasia”, dice. España supera la media europea en integración, según el último Índice de Políticas de Integración de Inmigrantes de la Comisión Europea, por encima de países como Reino Unido o Francia. La comunidad islámica se siente “bastante adaptada” a la vida y las costumbres españolas. Un 80%, según una encuesta de Metroscopia de 2006. Aún así, el 40% de ellos siente que los españoles desconfían de sus creencias. El lado opuesto lo ilustra una encuesta de la Universidad de La Sapienza de Roma. El 50% de los jóvenes de entre 14 y 18 años creía que los musulmanes tienen “leyes bárbaras y que apoyan el terrorismo internacional”. Vuelve ese resquicio del miedo al desconocido, al diferente. Un debate que a veces olvida que también hay musulmanes españoles, franceses o británicos, a pesar de que, para muchos, el estado moderno no es religioso. Giovanni Sartori, politólogo y premio Príncipe de Asturias, uno de los primeros pensadores de izquierdas que criticaron el multiculturalismo asegura en una de sus obras que “el inmigrante de cultura teocrática plantea problemas muy distintos del inmigrante que acepta la separación entre religión y política”. Ana Planet no está de acuerdo: “Parece que si te invaden mujeres con pañuelo es lo peor que te puede suceder. Piensan que son caballo de Troya de otras historias”. “España es un Estado laico y en él impera la libertad religiosa, tanto si se es religioso como si no”, asegura. Pero entonces, ¿qué política de acogida es más adecuada? Ni la francesa ni la británica, según el Gobierno y el Partido Popular. Los inmigrantes lo tienen claro. “Dejar de coexistir y pasar a convivir”, dice Mekia Medjar, argelina de 34 años. Y eso para ella necesita más participación. El único sistema adecuado para Cachón: “Hay que dejar de considerar al inmigrante mano de obra temporal y tenerlo en cuenta en términos de ciudadanía. Eso es la integración, que la sociedad de acogida acepte la presencia de los extranjeros incorporando al bagaje común lo que los extranjeros traen”.

La delgadez

a delgadez i las tallas. El Pais 9 de febrer. 

Cómo es posible que la inmensa mayoría de las chicas con delgadez severa estén satisfechas con su imagen? Este revelador dato, incluido en el estudio hecho por el Ministerio de Sanidad en busca de la unificación de las tallas de ropa de las mujeres, da una clara idea de la influencia que la estética de las modelos y de la publicidad tiene en la población femenina, especialmente en el sector más vulnerable: el de las más jóvenes. Porque la delgadez, severa o moderada,está concentrada,según el mismo estudio, en las chicas de menos de 19 años, otro dato preocupante. Muchas mujeres que siguen el dictado de la moda, aunque no sea al pie de la letra, no pueden evitar ver ahora algo gruesa, por ejemplo,a
la modelo Cindy Crawford en sus famosos vídeos de gimnasia de hace 20 años, aunque entonces la vieran estupenda. El dictado de la moda cambia nuestros gustos estéticos, los de las mujeres y los de los hombres, de manera casi imperceptible pero real. La sociedad se ha acostumbrado a una estética femenina que ya no es sólo sacrificada para las mujeres y ensalza de forma desproporcionada los valores estéticos frente a otros, sino que es también insalubre.Tras la necesaria iniciativa emprendida por Sanidad, hace falta abordar otras. La primera, la revisión de
la publicidad. No se trata de promover medidas en exceso reglamentaristas, pero una vez que se ha comprobado que el dictado de la moda provoca situaciones que ponen en riesgo sanitario a muchas mujeres, sí se trata de poner freno a la dictadura sin control de los cánones dominantes.En las tiendas de muchos grandes modistos, los dependientes hacen gala a menudo de no tener ni siquiera tallas normales (una 42, por ejemplo) y es frecuente que en la 40 no quepa una mujer que use esta talla normalmente. Pretenden seguramente que sólo luzcan su ropa las elegidas, por
la talla. Una vez que éstas se unifiquen se podrá señalar con el dedo a quienes sólo busquen vestir a las delgadas, a los que hagan caso omiso de los costes que tiene esta estética para la sociedad, pero también a los que ajusten las tallas a las mujeres y a los hombres con hábitos saludables.

La teoria dels tres móns de Karl Popper

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mons popperians 1- 2- 3. EPIST.

Karl PopperA partir de 1967 Popper va formular de manera explícita la seva teoria dels tres mons. Denomina Món 1 al conjunt d’estats i de coses existents o món de les coses materials o estats físics; Món 2 als estats de la ment privats i individuals, és a dir, el món subjectiu de les ments, dels estats mentals o estats de consciència i Món 3 al coneixement objectiu o conjunt de les dades i informacions emmagatzemats en llibres, pel·lícules, discos magnètics, etc., que constitueixen el fonament de l’objectivitat, així com el món d’estructures objectives produïdes per les ments de les criatures vivents, que un cop produïdes i emmagatzemades (en el llenguatge mateix, per exemple), té una existència pròpia o autònoma.

Aquesta concepció Popper la desenvoluparà especialment en tres obres: Coneixement objectiu, Recerca sense terme, i a l’obra escrita conjuntament amb John Eccles, El jo i el seu cervell. El món 3 és «el món de les teories, els llibres, les idees, els problemes» (veure referència), i inclou també «les relacions socials» i fins i tot «el contingut lògic del nostre codi genètic» (veure referència). Els seus continguts són reals, «més o menys tan reals com les taules o les cadires físiques» (veure referència), i és un món plenament autònom, de manera que aquest món 3, encara que és creació humana, crea el seu propi domini d’autonomia (veure referència). Per això, afirma Popper, podem fer descobriments teòrics d’una manera semblant a com podem fer descobriments geogràfics o, els esmentats aspectes teòrics del món 3, «es poden descobrir en el mateix sentit en què és possible descobrir un animal o una planta que, encara que existents, són encara desconeguts» (veure referència i veure text).

Popper, en la formulació de la seva teoria del tercer món, terminologia que posteriorment va canviar per la de «món 3», admet haver rebut les influències de la teoria de les Plató; de la concepció del lektón dels estoics; de l’esperit objectiu de Hegel; de les proposicions en si de Bolzano i, especialment, de Frege. No obstant això, Popper s’encarrega d’assenyalar les grans diferències que separen el seu món 3 de les idees platòniques i del esperit objectiu i esperit absolut de Hegel, i accepta més afinitats amb Bolzano i Frege.

La teoria popperiana dels tres mons ha estat objecte de nombroses crítiques. Alguns autors han titllat aquesta concepció d’idealista, altres han insistit més en les ambigüitats dels supòsits continguts d’aquest món 3. Certament, a les obres de Popper es mostren certes ambigüitats i indefinicions, pel que fa a la determinació dels continguts del món 3, raó per la qual no està clar si només han de considerar-se membres del món 3 els àmbits pertanyents a la cultura o si també habiten aquest món les informacions recollides en el codi genètic, com ho suggereix en alguns llocs Popper (veure referència). De vegades, s’ha assenyalat que sembla poc clar si els continguts del món 3 inclouen només aspectes culturals (i potser genètics) de tipus lingüístic o inclouen, també, aspectes no lingüístics, tals com institucions, relacions socials o obres d’art, encara que Popper manifesta clarament la pertinença d’aquests al món 3, tal com ho defensa explícitament en algunes ocasions (veure cita). Finalment, tampoc està clar si el món 3 de Popper comprèn només les proposicions pensades (o escrites) o engloba també, com en el cas de les proposicions en si de Bolzano, totes les proposicions possibles.

En la concepció d’un «món 3» han seguit a Popper autors com el premi Nobel de medicina John Eccles, o Jacques Monod i Peter B. Medawar.

Què senten els esquimals?

(…) Que senten els esquimals? Sobretot fred. (…) els esquimals, molt raonablement, s’amunteguen per poder aconseguir escalfor. La proximitat els protegeix del fred exterior i del fred íntim. Entre els sentiments esquimals, Briggs(un antropòleg) menciona iva paraula que significa, literalment, “estar  al costat d’algú sota la mateixa manta”. Tot i que es refereix a una acció, té una evident dimensió emocional. Els nens petits reben  iva  al posar-se al llit amb els seus oncles ,avis o cosins. És una espècie d’adopció que estableix un fort vincle sentimental.

El lèxic esquimal valora molt les distàcies curtes. Niviuq significa “voler besar”, expressa el desig de tocar o estar físicament a prop d’algú o d’alguna cosa, en especial dels ésser petits. Es consideren éssers niviuq-naqtuk, a més a més dels infants, les nines, els ocells i altres coses menudes.  Unga  és experiència de la seva proximitat. Natlik  significa l’altre cara de l’amor: fer coses bones a aquells a qui s’estima. Segons els esquimals, els nens petits senten unga, però només a poc a poc van sentint naklik. Sospito que succeeix igual a totes les cultures (…)

 (…) Podem treure algunes conclusions fragmentaries i insuficients com són totes les instantànies fotogràfiques. Hi ha diversitat sentimental, però no una proliferació caòtica. Passa amb les creacions sentimentals el mateix que amb les creacions lingüístiques. Hi ha molts sentiments, com hi ha moltes llengües. Es diferencien enormement, però tenen molts punts en comú. És molt possible que hi hagi estructures sentimentals bàsiques, universals, que cada cultura modifica, relaciona i omple de continguts diferents. Canvien les intensitats, els desencadenants, la consideració social dels sentiments (…) els sentiments d’una cultura formen un sistema afectiu. Cada societat defineix una “personalitat sentimental” un model que intenta fomentar, que serveix per distingir entre sentiments adequats o inadequats, bons o dolents, normals o anormals(…) Conseqüència interessant: si hi ha variacions culturals, els sentiments han de poder transmetre’s mitjançant l’aprenentatge.

Com preparar els exàmens

 Els exàmens no es fan només per posar nota:  també és una forma de consolidar coneixements i obligar-nos a recapitular el que hem estudiat i autoreflexionar sobre què entenem i què no, quins problemes tenim i que cal millorar. Són una eina que ens pot ajudar a millorar, si els prenem com un repte personal i de vegades tenen la virtut de fer-nos tocar de peus a terra. Per tant, com sóc un/a bon estudiant…

1. Comprobo quina matèria entra a l’examen: comparo els meus apunts i els capítols treballats del llibre. Això es millor fer-ho amb un company/a, així també comparem apunts i feines fetes. Fem una llegida als apunts i al que entra del llibre.

2. Tinc clars els temes tractats i els seus apartats.

3. Reviso els materials extres que s’han treballat i els relaciono amb els temes tractats i els seus apartats.

4. Reviso les activitats realitzades (exercicis escrits, exercicis fents en comú a classe, materials audiovisuals,etc.) i els relaciono amb els temes tractats i els seus apartats.

5. Reviso els conceptes filosòfics centrals de cada tema: els  treballats al llibre i els treballats a classe, que el professor ha anat apuntant sempre al marge de la pissarra i ha definit a classe. Sé definir-los amb les meves paraules de forma clara i comprensible?

6. Repaso les activitats del llibre que no s’han fet: això em donarà una idea del nucli de la temàtica i de posibles preguntes que em puguin fer.

7. Amb un company/a intento averiguar totes les preguntes que poden fer-me a l’examen: veuràs que no són tantes com sembla. Un cop localitzades les formulo de diverses maneres: tot això es pot fer oralment.

8. Em faig breus esquemes de les respostes de les preguntes: pot ser totalment en esborrany, es tracta d’assajar les respostes, descobrir l’ordre en què cal argumentar, els conceptes que no ens podem deixar…

9. Recordo les habilitats bàsiques que hem treballat i si no tinc les idees clares repaso la documentació que hi ha en aquest mateix portal:a) Trobar el tema i la tesi o tesis principals d’un text; b)expressar amb les pròpies paraules la idea o idees centrals d’un text;b) Definir  conceptes amb brevedat i precisió segons les pautes donades a classe;c) Fer esquemes i resums d)Elaborar respostes a preguntes sobre les temàtiques treballades a classe, normalment posant en relació els aspectes que més fàcilment es poden relacionar o contraposar… per fer-ho puc repassar les activitats realitzades o treballar les que han quedat pendents del llibre.

10. Recorda que abans d’elaborar la resposta  una pregunta, cal pensar que anem a dir. És una bona idea escriure en un paper paraules i conceptes que podem relacionar amb la pregunta (brain stroming) i fer un breu esquema en brut de les parts de la nostra resposta: ens ajudarà  ordenar les idees i el text.

11. Recorda que molt sovint el procés de redacció d’un tema consisteix, en gran mesura en introduir una idea, un concepte, explicar-lo i donar un exemple del que hem dit. Si la nostra resposta està argumentada amb claredat, això ho anirem fent pas a pas, amb cada idea(argument) que introduïm. Pensar en això, pot ajudar-nos a redactar amb un cert ordre i claredat: cal evitar només donar exemples i no explicar les coses, usar conceptes sense definir-los,argumentar sense ordre, anar amunt i avall de les idees a destemps.

12. Quan fem un tema, caldria que una persona que no hagués estat a les nostres classes pogués llegir-lo com un text amb sentit per ell mateix: mai suposis que qui llegeix “ja ho entén”

13. En el cas que es demani la teva opinió sobre un tema, sobre un text, etc., recorda que cal evitar l’opnió de gust (m’agrada, no m’agrada…) i centrar-se a donar arguments a favor o en contra del que es plantegi, o, perquè no, a favor i en contra, buscant finalment la nostra posició més o menys definida sobre el temai els arguments que hem desplegat.

12. Un examen no es prepara en 1/2 HORA!

Formas de evitar nuestra extinción

EL PAÍS  –  Sociedad – 18-11-2007 La especie humana es única, domina la Tierra y además ha demostrado a lo largo de sus 100.000 años de historia ser enormemente versátil. Sin embargo, los que se dedican a estudiarla no creen que estas características sean suficientes para garantizar su supervivencia a corto, medio o largo plazo, y los que se interrogan sobre su futuro no se ponen de acuerdo siquiera en lo que está dibujando su presente. Una incertidumbre a la que estos expertos (tecnólogos, demógrafos, biólogos, paleontólogos, antropólogos y genetistas) dan forma de preguntas. ¿Cuándo le llegará el turno de extinguirse a la especie humana? ¿Se mantiene la evolución darwiniana -la selección natural biológica- como la mayor fuerza para el cambio o ha sido superada por la evolución social y cultural?Se interrogan además sobre si la especie humana puede, e incluso debe, mejorarse a sí misma introduciendo cambios genéticos que se transmitan a sus descendientes e interfiriendo así en la evolución natural. ¿Llegará el ser humano a ser mitad biológico mitad electrónico y vivirá parcialmente en Internet? Una batería de preguntas a la que un grupo de expertos convocados recientemente por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en la ciudad alemana de Heidelberg, han tratado de dar respuesta. Éstas son algunas de sus reflexiones. “La Tierra será teóricamente habitable durante 5.000 millones de años más, así que el Homo sapiens tiene mucho más tiempo por delante que tras él. Y si sobrevivimos otros 100.000 años ¿cómo seremos y por qué nos importa saberlo?”, se pregunta para empezar Andrew Moore, director del programa Ciencia y Sociedad en el EMBL. “Nuestro medio ambiente, que cambia rápidamente, es un factor muy importante para nuestro futuro y la supervivencia de los humanos no tiene por qué depender de los mismos factores que la supervivencia de otras especies”. Y es que para muchos, aunque no para todos, el reto más urgente es el cambio climático. “Si sobrevivimos a este cambio climático…” es una coletilla constante en las reflexiones en Heidelberg. El estudio del pasado ya ha dejado claro que los cambios climáticos son una de las armas más poderosas de la naturaleza para cambiar el rumbo de la vida en la Tierra. Una crisis medioambiental de alcance, que afectara a la productividad agrícola y a la respuesta cultural al estrés, podría ser suficiente para extinguir la especie humana, estima Jay Stock, experto en evolución de la Universidad de Cambridge. O al menos la civilización occidental, que actualmente está dominando el mundo a través de la globalización. “Todas las civilizaciones que hemos conocido han caído y la nuestra también caerá, obviamente. Podría ser por un cambio climático, no lo sabemos”, opina el antropólogo canadiense Jerome Barkow. La duración media de una especie se estima en un millón de años, pero la tasa actual de extinción de especies es 1.000 veces superior a la media que se deduce del estudio de los fósiles a lo largo de millones de años. ¿Quiere eso decir que la crisis medioambiental nos aboca a la sexta extinción en masa conocida en la historia de la vida en la Tierra, 65 millones de años después de la desaparición de los dinosaurios? El riesgo existe, según el finlandés Ikka Hanski, de la Universidad de Helsinki, si no cambia la forma del ser humano de encarar los problemas de su medioambiente. Sin embargo, el punto en el que menos coinciden los expertos de los distintos campos es si estamos sometidos a la presión selectiva ambiental, la que hace que sobreviva y tenga descendientes el más apto. Para biólogos y paleontólogos está claro que siguen funcionando los mecanismos biológicos, probablemente tan antiguos como la vida, que no detectamos hasta el siglo XIX, de la mano de Darwin. El genetista y paleontólogo Mark Stoneking, que descubrió el gen de los pelirrojos en la especie extinta neandertal junto al español Carlos Lalueza Fox, menciona ejemplos comprobados, como los cambios genéticos para tolerar la lactosa o resistir a la malaria que se han producido en la breve historia de la especie humana actual. El ejemplo más llamativo es el las llamadas razas humanas: En sólo decenas de miles de años, con la acción conjunta de la evolución y las migraciones, surgió la panoplia de distintos rasgos y tonos de piel que hizo creer hasta el siglo pasado que detrás debía de haber un proceso mucho más largo, de millones de años. También existen ejemplos de presión selectiva, la que ejercen actualmente enfermedades epidémicas como el sida, la tuberculosis o la malaria, que causan millones de muertes al año, de personas que sucumben a la fuerza ambiental de la enfermedad. Aunque igualmente hay evidencias de que la presión selectiva se ha aflojado. Por ejemplo, la reducción del tamaño de los dientes y las mandíbulas, porque el ser humano ya no necesita la capacidad de masticación indispensable en el pasado. De ahí que, en muchas personas las muelas del juicio no tengan sitio donde desarrollarse. A pesar de estos datos, nadie niega la importancia de la cultura como motor de la evolución humana. “Hace ya entre 50.000 y 60.000 años que se puede hablar de cultura, y de su compañera, la tecnología. En los humanos la evolución biológica está condicionada fuertemente por la cultura”, comenta Stock. “No existen límites definidos entre la evolución natural y la cultural”, opina la alemana Eve-Marie Engels, catedrática de Bioética en Tubingen. Pero el estadounidense James Hughes es más tajante: “La evolución biológica ha terminado o es mucho menos importante que hace 20.000 años. No existe ya una selección biológica real, lo que les pase a mis hijos dependerá de en qué condiciones vivan, no de sus características biólógicas”. De la discusión surgen dos conclusiones. La primera: “No nos hemos aislado totalmente de la naturaleza, la evolución continúa, pero no sabemos exactamente lo que está pasando”. Y la segunda: “La evolución es menos importante porque nos adaptamos a nuestro ambiente y sobrevivimos por la transmisión social de gran cantidad de información acumulada”. Si la evolución natural no es ya el principal mecanismo de mejora de la especie humana y ésta dispone de un amplísimo bagaje de conocimientos, la pregunta entonces es si el ser humano puede o debe mejorarse a sí mismo y a sus descendientes. Según Engels, esta cuestión no es nueva: “Estamos trascendiéndonos permanentemente, como ya lo definió Julian Huxley hace medio siglo: la especie humana dirige la evolución sin quererlo, al percibir nuevas posibilidades de y para su naturaleza”. La aspiración de mejorar es tan antigua como el hombre -desde que soñó con la inmortalidad, por ejemplo-, pero cuando ahora se habla de mejorar genéticamente la especie aparecen fantasmas: la producción de una raza de superhombres que mandarán sobre razas “inferiores”. Hay quien, al menos, quiere provocar el debate: “Lo que me importa es que las personas sean mejores, más felices y vivan más, y si el resultado es que los que se mejoren evolucionen hacia una especie diferente, incluso hasta el punto de que no se puedan cruzar con la especie humana actual, yo creo que debemos hacerlo”, afirma el filósofo británico John Harris, que tiene un nuevo libro sobre la mejora de la especie humana (Enhancing evolution: The Ethical case for making better people, editado por Princeton Press). “¿Pero quién va a decidir qué es una mejora, y qué mejora es la deseable?”, se pregunta Engels. ¿Será un cambio para aumentar la inteligencia de nuestros hijos y nietos o un cambio estético, para evitar la calvicie? ¿Será para evitar la depresión o para tener menos apetito? Al principio serán experimentos en humanos para los que no está clara la justificación ni que exista una buena relación entre el riesgo y el beneficio, comenta la bióloga holandesa Elaine Dzierzak. Sin embargo, para algunos, como la especialista australiana en bioética Sara Chan, la manipulación genética es únicamente un medio más, que debe regularse en función de los objetivos deseados: “Que exista riesgo no justifica el rechazo sin más. Si, por ejemplo, existe una posibilidad de curar el cáncer de este modo, debemos permitirlo si disponemos de la seguridad necesaria y tenemos la convicción de que funciona”. Para otros, como el británico Ian Pearson, no pasará mucho tiempo antes de que a los padres se les exija que mejoren genéticamente a sus hijos, como ahora se les exige que les den educación. A Pearson, este tipo de discusiones le aburren. Él, que trabaja en British Telecom, es de los que miran mucho más allá. Ve un futuro en el que el Homo optimus se funde con el Homo cyberneticus para dar lugar al Homo hybridus: mezcla de ser humano y máquina optimizados genéticamente, que funcionan en parte en el cerebro humano y en parte en ordenadores. Y, cuando alcancen la conciencia, los robots se fundirán a su vez con el Homo hybridus para dar lugar al Homo machinus, afirma. Además las fronteras entre individuos serán borrosas -se compartirá la conciencia y no se morirá porque habrá un número infinito de réplicas y muchas vidas- y los mundos virtuales añadirán valor al mundo real. Para Pearson, el verdadero problema, que además es otro riesgo para la supervivencia de la especie, es que la tecnología está mucho más adelantada que la ciencia, lo que supone el peligro de poder cambiar el mundo sin saber qué se quiere obtener.  

Brain damage and personality

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Brain damage and personality

In September, 1848, the Rutland & Burlington Railroad was expanding its line across Vermont. In order to keep the tracks as straight as possible, construction workers first had to remove a great deal of stone. The foreman of one group of men undertaking this difficult task was Phineas P. Gage. Twenty-five-year-old Gage was intelligent, kind, and well-liked. He was also quite athletic and agile, and impressed his employers as being exceptionally efficient at his work.Gage was an expert at removing rock using explosives. The procedure was to drill into the rock, fill the hole halfway with explosive powder, insert a fuse, and then cover the powder with sand. The layer of sand was necessary to direct the force of the blast into the rock, rather than out the top of the hole, and the sand had to be packed down by pounding it with a specially designed iron tamping rod. Gage had a custom-made rod that weighed 13 pounds (5.9kg) and measured 3 1/2 feet (1.1m) long, with a diameter of 1 1/4 inches (3.2cm) at the bottom, tapering to a dull point at the top.At 4:30 p.m. on September 13, Gage was preparing a charge, and apparently failed to notice that it had not yet been cushioned with sand before he began tamping it. When the iron rod scraped against the rock, it created a spark that ignited the powder. The resulting explosion propelled the rod out of the hole, through Gage’s left cheek, and out the top of his skull. The rod landed nearly 100 feet (25m) away.
Remarkably, despite the two new and rather large holes in his head and the significant bleeding that resulted, Gage did not even lose consciousness. He remained upright and lucid as his coworkers loaded him onto an ox cart and took him to the nearby town of Cavendish. A half hour later he was sitting on the hotel porch, chatting with the owner while waiting for the arrival of Dr. John Harlow, the local physician. Dr. Harlow treated Gage’s injury as best he could, piecing the remaining portions of the skull back together and cleaning and dressing the wound. Over the coming weeks Gage developed a series of infections but fought them successfully under Harlow’s care. Other than the loss of sight in his left eye, Gage was declared to have made a full recovery in just a couple of months.
An experience like this is bound to make anyone a bit grumpy, but even as he healed physically, Gage underwent a profound change in personality. Although he never lost his language ability, memories, or motor skills, his temperament was completely different. He became profane, impatient, rude, obstinate, and unable to carry out any of the endless plans he made. His friends said that “Gage was no longer Gage”; it was as though all of his ethical filters had been turned off. Because he was such unpleasant company, he had difficulty keeping jobs, and at one point put himself on display at Barnum’s Museum in New York City. Several years later, having made his way to California after an extended stay in Chile, Gage began having epileptic seizures. These continued for several months until he suffered a series of major convulsions that led to his death on May 21, 1860—nearly twelve years after his accident.Gage was buried without an autopsy, but seven years later his body was exhumed. The skull (along with the tamping iron, which had been buried with him) were sent to Dr. Harlow, who examined them and then donated them to the Warren Medical Museum of the Harvard Medical School. Later they were transferred to Harvard’s Countway Library of Medicine.
I first heard the story of Phineas Gage in a graduate course in cognitive science; anyone who studies the brain is bound to run across the story in textbook after textbook. Although no one can say with complete certainty exactly what parts of Gage’s brain were damaged, it seems the injury amounted to a very crude frontal lobotomy. This case became famous as the first hard evidence that aspects of one’s personality (and, by implication, behavior) were localized in portions of the frontal lobe.Neurologist Antonio Damasio has spent years studying brain injuries similar to Gage’s. His research has led him to believe that emotion figures crucially into rational thought and decision-making. If the portion of the brain that processes emotion is damaged, it becomes difficult or impossible to make good decisions. The sad tale of Phineas Gage has produced valuable insights for the field of neuroscience, not to mention a lesson we can all heed: stay far away from explosives! FEINA:1. Explica amb les teves paraules la idea central del text. Fins quin punt creus que Phineas Gage era la mateixa persona abans i després de l’accident? Raona la teva resposta. (obligatori)2. Investiga quines són les parts del cervell i les funcions cognitives i psíquiques associades. Fes un dibuix del cervell i indica les seves parts i funcions (voluntari)