“El magosto”

 TRADICIONES Y NIÑEZ

   Ahora que se acerca el tiempo de otoño y tradiciones, de castañas y magosto; recuerdo, en aquellos primeros años tras dejar Torre del Bierzo y asentarnos en Las Ventas, aquella Carretera Vieja siempre ambientada por el griterío alegre de los muchos niños y niñas que allí crecían: Lauri, Mero, Paco, Feli, Mª Sol, Mª Carmen, Rosi, Boni, Tinito, Galito y Julio Cesar, Pepito, Tomasina, Avelinita, Lumi, Loli, Gelines, Mª Jesús, Camilín,…y tantos y tantas otras (desde aquí mi más sincero recuerdo y cariño a todos ellos).

 

   Cualquiera “diada” o pequeño extraordinario producía en nosotros el efecto de un milagro: de pronto se olvidaban los desencuentros, los enfados (si alguna vez los hubo) y todos nos convertíamos en entrañables amigos; allí se compartía todo. Éramos felices con cualquier cosa: un bote, una pelota, unas castañas asadas, unas rosquillas, etc.

 

   La víspera a la celebración del Día de Todos los Santos, se juntaban dos grandes amigas y vecinas: Carmen y Tina (mi madre querida). Su misión: ¡hacer rosquillas! ¿En tu cocina? ¿En la mía? ¡Tanto daba! Ese día hacían rosquillas hasta que la cara se les ponía colorada al calor de aquel carbón incansable y el aceite borboteante. Los niños entrábamos y salíamos por aquel pasillo, impacientes; tanto por probar el dulce, como por gozar de la fiesta que se avecinaba.

 

   ¿Las castañas? ¡Ay, las castañas! Era todo un acontecimiento ir a recogerlas al bosque. Cada año los dueños arrendaban algunos castaños a gente del pueblo; entre algunas de ellas Carmen, Tina, Avelina y Nina. Los niños participábamos activamente en la recolecta con gran algazara. ¡Ah! y si convenía también colaborábamos en traer la leña.

 

   Los mayores hacían un gran fuego enfrente de aquella escalera de piedra (hoy inexistente) y todos aportaban las viandas y las bebidas; unos los chorizos, otros las castañas, las patatas pequeñitas, las rosquillas, la bota de vino, la gaseosa. Todos traían en la medida que tenían,  siempre hubo respeto, valoración, armonía, paz,…

 

   Los chorizos se asaban envueltos en gruesos de papel de periódico mojado. Las  castañas y patatas directamente entre las brasas. Cuando estaba todo listo, se disfrutaba de aquel manjar y de la conversación y ocurrencias de pequeños y mayores al calor de las brasas. Lo más importante era el calor  que daba la amistad de aquellos vecinos entrañables de la Carretera Vieja: El señor Avelino, su hija Virginia, Rancaño, Pepe, Floro, Baldomero,…etc.

 

   Recuerdo aquella escalera, cuartel general y punto de encuentro de muchos niños y niñas; hoy hombres y mujeres “que se hacen mayores” y que  seguro también recuerdan. Pues bien, para ellos, para todos; desde aquella escalera y con el candor y sencillez que la caracterizan, Tina os dedica esta poesía creada por su genio y letra.

 

                                                                                          Lauri Domínguez Zazo

 

 

 

LAS CASTAÑAS

 

 

 

Castañas fruto del Bierzo,

por todos muy apreciadas,

fruto seco, peligroso,

pues,…bastante trabajoso

es quitarle la coraza.

 

Aquellos que no os conocen,

ni saben de vuestro origen,

no saben que tenéis “pinchos”

que hacen guardia a las castañas,

por fuera de los erizos.

 

Y que para recogerlas,

hace falta poner guantes,

calzarse de buenas botas,

y aquellas que están rebeldes,

bajarlas de la picota.

 

Yo os convido a conocerlas

si alguno tiene interés,

en la Carretera Vieja,

como ya es de tradición,

en el “día del magosto”

asaremos un montón.

 

De sabor…, están muy buenas,

No son gordas ni delgadas

no son rubias ni morenas,

son castañas ¡las castañas!

 

 

                                         Florentina Zazo González

 

Aquest article ha estat publicat en General. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *