Viernes, 31 de mayo

Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias. (Los Borrero y los Roda)

La familia Borrero le proporciona al lector un excelente contrapunto con respecto a los Roda, puesto que, aun residiendo en la misma ciudad, ambas familias proceden de ambientes completamente distintos: la comodidad económica de los Roda se opone a las miserias de los Borrero, la estructura tradicional de la familia de Sol contrasta sobremanera con el hogar roto en que han crecido Daniel y sus dos hermanos, y las relaciones entre los miembros de uno y otro clan son bastante diferentes entre sí. Pablo, el mayor de los hermanos Borrero, se ha sentido siempre muy unido a su padre, un humilde profesor al que su mujer abandonó al considerar que la vida que le ofrecía no era suficiente para ella. Pero el joven no siente lo mismo por sus dos hermanos menores, más bien les guarda cierto resentimiento y los desprecia. Cristian, por su parte, se ha visto obligado a aceptar una vida que en realidad iba destinada a Pablo, de ahí que se sienta como si, sin siquiera haberlo pedido, estuviera continuamente en deuda con su hermano mayor. Daniel, el más joven de los tres, está algo más apegado a Cristian que a Pablo, pero tan solo debido a que cree que el desprecio que ambos sienten hacia el mayor de los hermanos los une de alguna manera. La familia de Sol experimenta grandes cambios, el más importante de todos ellos, sin lugar a dudas, es el de la muerte de Luis Roda, su padre, a manos de unos «hombres» (p. 40) que se presentan a buscarlo en su casa en mitad de la noche. Para Sol, la muerte de su padre supone un punto de inflexión en su vida, toma conciencia de que «algo irremediable había sucedido que trastornaba el curso de su vida. Un mundo había concluido» (p. 42). A pesar de ello, continúa paralizada, «quieta, como golpeada» (p. 42). En cambio, su hermano parece vivir la muerte de Luis Roda como una liberación que le permite centrarse en lo que realmente le interesa («Algo había en su mirada que denotaba cierta satisfacción por el rumbo que su existencia iba tomando. Por alguna razón, había momentos en que Eduardo casi parecía feliz. Hasta entonces su vida fue como a rastras de algo, forzada. Ahora, por vez primera, parecía hacer lo que más le agradaba» Son años difíciles para la familia de Sol, aunque le parece que su soledad se puede compartir; por más que la guerra destruya su mundo, es posible resistir si se cuenta con el apoyo o la complicidad de otras personas, solas como ella. De alguna manera, es un canto a la amistad, al amor, a la fraternidad, ideales de la adolescencia, en contraposición a la familia, que simboliza la infancia. Por encima de su condición social, por las Ramblas deambulan unos adolescentes desconcertados de toda laya una muchacha de la burguesía catalana y unos obreros que militan en las Juventudes Socialistas. El hecho de tener que compartir la vivienda con otros refugiados y la dura experiencia del hambre propician entre ellos una especial camaradería, e incluso una afectiva relación sentimental.

Sentido del término “luciérnagas” aplicado a los protagonistas

Ana María Matute juega con un lector al que le costará entender e interpretar el título. Por esa razón, el término luciérnagas aparece solamente cuatro veces, y en fragmentos muy próximos al final de la obra. Estos son los párrafos donde aparece el término luciérnagas y que nos ayudará a interpretar el significado global de la palabra:

Dos animales anónimos, sin méritos ni heroicidad alguna, dos criaturas, esas que ella vio en el campo al borde de los caminos. Unos, arrastrándose sobre la tierra, otros intentando volar, golpeándose contra las paredes, con la cabeza encendida. Luciérnagas, barcos errantes en la noche. Apenas le conozco, pero cuánto sé ya de nosotros dos, no de él, de nosotros dos. Las copas de cristal, entre sus dedos, retenían aún el temblor brillante. Parecía —pensó— contener entre las manos una galaxia distinta.”
“Apenas hacía un momento, le dijo que eran dos astros perdidos en el espacio, pero ahora, de nuevo él era sólo un hombre un hombre oscuro, agobiado. Criaturas errantes, dando tumbos, chocando contra los muros, la cabeza encendida y murmuró: luciérnagas.”
“Cayendo, cayendo siempre sin chocar, siquiera, sin estrellarse, en un final. Cayendo en el vértigo, tras una parpadeante esperanza. Luciérnagas —recordaba—, pobres luciérnagas.”
Vemos pues, que el primero y el segundo párrafo se utiliza para igualar a Cristián y a Sol con las luciérnagas; y el tercero se utiliza para definir a los hijos de la compañera de prisión de Sol que son asesinados brutalmente.

Simbología con el insecto desde una perspectiva científica dentro de la novela

En primer lugar  hay que comprender el mundo que muestra Matute en su novela. Un mundo que no tiene solución, y en él, no se siente orgullosa de pertenecer a la especie humana. Entre las miserias de los adultos, aparecen los niños, que no las entienden, y son para Matute breves luciérnagas que brillan en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos. Están unidos por el sutil hilo plateado de la adolescencia, por la incomprensión compartida, por el mismo apesadumbrado sentir, embutidos en los trajes adultos del mundo cruel y asesino que sus padres les han creado.
Partiendo de esta comparación e igualación de los niños con las luciérnagas se puede continuar analizando las características que estos insectos tienen en los personajes de la obra. Primero deberíamos destacar que las luciérnagas, cuando son larvas, sufren unas ansias terribles de comer y crecer. Estas ansias son visibles también en prácticamente todos los personajes de la novela, y sobre todo lo vemos en la figura de Sol que sufre durante mucho tiempo haciendo colas en busca de un trozo de pan con el que poder alimentarse y alimentar a su familia.
Otra característica de las luciérnagas son sus enormes ojos, y su increíble capacidad de observación. Rasgo que aparece en el personaje de Sol, que también tiene una gran destreza a la hora de observar y analizar todo lo que le rodea.
Cristián y Sol son dos personajes que vagan desorientados, que se buscan (la luciérnaga hembra espera a que el macho la encuentre), que se completan pero que sobreviven en un mundo inmenso lleno de dificultades e impedimentos.
Todos estos seres, niños indefensos, desolados, mujeres, pobres, todos aquellos que viven desolados por la guerra son las luciérnagas de Matute, pero en especial lo son los protagonistas de la obra. Cristián y Sol

Simbología del insecto en el sentido global de la obra

Se pueden obtener dos conclusiones respecto al sentido global y estético de la luciérnaga en la obra.
En primer lugar, es importante mencionar que la luciérnaga hembra es mucho más grande que la luciérnaga macho. Esto se puede traducir como la importancia de la mujer que le da Matute a la obra. Una mujer florero, que como la luciérnaga, tiene dos funciones, producir hijos y cuidar de ellos.
Finalmente hay un elemento muy importante y por el cual las luciérnagas destacan en el mundo de los insectos: la luz que producen. Curiosamente el nombre de la protagonista también destaca por su luz, Sol. Esta importancia de la luminosidad hace referencia al elemento esperanzador entre toda la oscuridad, a que, pese vivir en un ambiente pésimo, desolado, a causa de la guerra, siempre existe un elemento esperanzador, un elemento que contrasta y en el que se vuelca toda la ilusión de los protagonistas.

 

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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