Los diversos planos de la obra: político, filosófico, teológico, moral
La vida es sueño es básicamente un drama sobre la libertad del hombre y sus implicaciones y recoge una de las grandes cuestiones religiosas abordadas en el S. XVII: la del conficto entre predestinación y libertad personal. Complementariamente, la obra aborda otros temas como la concepción de la vida como sueño, el tema del honor y el de la tiranía y el abuso del poder. Esta complejidad conceptual se traduce también en una gran variedad de interpretaciones.
♠ El punto de partida es el del libre albedrío, cuestión que enfrentaba a teólogos protestantes y católicos: ¿en qué medida puede decirse que el hombre es libre, si Dios ya sabe de antemano cuál va a ser su destino? Por otro lado, ¿puede un hombre vencer las inclinaciones con que lo ha marcado la naturaleza? Basilio, basado en un sueño y en un horóscopo, cree saber el funesto destino que los cielos (o la naturaleza) han trazado para Segismundo. Al tratar de neutralizarlo, niega implícitamente la libertad de este. Más adelante, duda, y somete a su hijo a una prueba. Pero Segismundo se muestra como un ser feroz: ¿se cumple el destino?, ¿no ha sido Basilio responsable de ello? El desarrollo de la obra, sin embargo, probará que el hombre es libre y capaz de vencer sus más poderosas inclinaciones (véanse los versos 788-792 de la jornada 1). La solución de Calderón se adapta a la doctrina ortodoxa de los teólogos españoles de su tiempo: el hombre posee la «gracia suficiente» para llevar su propia vida por el camino del bien.
♣ Aunque el motivo anterior es el fundamental, de él se deriva un nuevo tema que incluso parece haber pasado al primer plano: es el que acabaría dando título a la obra. La comparación de la vida con un sueño se relaciona con el tema de la apariencia y la realidad, y, en definitiva, con el sentimiento de la inconsistencia de la vida. ¿Cómo saber qué es realidad y qué es ilusión? Calderón no se detiene a resolver racionalmente el problema. En cierto modo, lo esquiva y descubre una salida moral:«sea verdad o sueño / obrar bien es lo que importa». Lo único seguro es prepararse para el definitivo «despertar»; por eso afirma que «aun en sueños / no se pierde el hacer bien».
♣ Tangencialmente, la obra suscita otra cuestión no menos apasionante para los hombres de la época: el problema político de la legitimidad del poder, de la razón de Estado y de la tiranía. Basilio, en nombre de los intereses de su reino, anula los derechos de Segismundo. Este le acusará de «tiranía» por haber obrado contra el «derecho» y la «moral». Y en nombre de estos principios, se produce la rebelión popular. Pero Segismundo, a su vez, ha estado a punto de convertirse en un tirano que, en nombre de su «gusto», pisotea normas y personas. Una vez más, Calderón resolverá estas cuestiones con un enfoque moral: Basilio saldrá de su error y Segismundo se convertirá en un modelo de «príncipe prudente». El desenlace no deja de presentar algún punto sorprendente: Segismundo condena al cabecilla que luchó por él; se condenaba así la rebelión como forma de luchar contra la tiranía.
Como vemos, se oponen en la obra dos concepciones del ejercicio de la política que aparecían enfrentadas en los tratados teóricos del XVII: la maquiavélica, representada por Astolfo y Segismundo durante el experimento en palacio, según la cual el poderoso puede valerse de su astucia o de su fuerza para alcanzar o conservar el poder; y la prudencialista, que obligan al príncipe cristiano a comportarse de forma prudente, justa, discreta y comedida. Evidentemente, Calderón defiende esta segunda actitud.
♣Finalmente, el tema del honor, eje de la «acción secundaria». A este respecto, Calderón se ciñe a la concepción usual: el deshonor de Rosaura sólo puede repararse haciendo que Astolfo cumpla la palabra dada o dándole muerte. La ley del honor está por encima de todo: por ello, Segismundo habrá de acallar su amor y renunciar a Rosaura. Recuérdese lo dicho acerca del entronque de esta cuestión con el problema central de Segismundo.
En suma, Calderón ha condensado en La vida es sueño temas centrales de su tiempo. De ahí la importancia de la obra. De igual modo, ha podido observarse cómo se inclinaba (e inclinaba a los espectadores) hacia las soluciones más tradicionales y tranquilizadoras que cabía dar a los arduos problemas planteados.
Ambigüedad del concepto “sueño”
Uno de los puntos de atención para entender el significado de la obra es adentrarse en los distintos valores con que se emplea la palabra “sueño” ya que su complejidad conceptista resume buena parte del entresijo dramático.
En la obra podemos distinguir hasta quince acepciones distintas del término. Vamos a precisar las más importantes:
1) Acción de dormir (presente la escena I del segundo acto cuando S. despierta una vez pasados los efectos del narcótico que le habían administrado).
2) Carácter onírico de la vida humana, entendida como un sueño irreal, como una ficción extraña y pasajera. Esta interpretación de carácter pesimista es característica de la literatura barroca en donde se insiste frecuentemente en la aparencialidad e inconsistencia de la vida ( Véase monólogo final de la segunda jornada).
Esta identificación de la vida como sueño es paralela a la imagen de la vida como representación teatral: la existencia humana presentada como una dramatización única e irrepetible del propio papel.
3) Desde una óptica cristana, la vida terrenal es “sueño” porque es insustancial y efímera en contraposición con la vida después de la muerte -vida eterna y verdadera-. Tb. aquí cabe la comparación con la imagen de la “vida como teatro” (Dios como director de la obra que todos representamos).
La polimetría
El teatro clásico español es polimétrico, es decir, ajusta su métrica a los temas y a las situaciones tratados. La preferencia del verso frente a la prosa se sustenta, no solo en le prestigio literario de la lírica, sino también en la necesidad de que el público retuviese mejor momentos de las comedias.
En su “Arte nuevo de hacer comedias” Lope realizaba las siguientes recomendaciones sobre el uso de los distintos metros:
Acomode los versos con prudencia/a los sujetos de que va tratando:/las décimas son buenas para quejas;/el soneto está bien en los que aguardan;/las relaciones piden los romances,/aunque en otavas lucen por extremo;/son los tercetos para cosas graves,/y para las de amor, las redondillas.
La propuesta es clara: frente a las composiciones clasicistas de un único esquema métrico, el autor aconseja la variedad de estrofas con prudencia. Como vemos, Lope llega a establecer una correspondencia entre los distintos tipos de estrofas y el contenido de la trama dramática, es decir, la métrica se adecúa a la situación, al asunto o al personaje.
En Calderón se desdibuja, parcialmente, la relación sistemática entre estrofa-situación y metro-personaje, tal y como proponía Lope. Se cumple un principio general: verso largo y noble para escenas amplias y lentas, sean majestuosas o galantes, mientras que el verso corto asonantado se emplea en los monólogos y los diálogos.
La obra consta de 3319 versos, correspondientes a las siguientes estrofas:
| Romance: 1908 (58 %) Redondillas: 570 (17%) Décimas: 340 (10%) Silvas: 312 (9%) Quintillas: 125 (4%) Octavas: 64 (2%) |
Analicemos ahora el valor textual argumental de dichas estrofas:
- Romance : diálogo, narración y exposición.
- Redondillas: narración o exposición de tema amoroso.
- Décimas: monólogos del protagonista (lamentaciones de Segismundo)
- Silvas: en boca de los personajes cuando utilizan un discurso culterano y conceptista (sustituyendo a los tercetos lopescos).
- uso exclusivo por parte del rey Basilio.
- Octavas: narración en las escenas de palacio.
Lenguaje y estilo
Uno de los rasgos característicos de La vida es sueño es el empleo de numerosos y, a menudo, largos monólogos que sirven para expresar los pensamientos, dudas, sentimientos y conflictos amorosos de los personajes, además de valer para la narración de hechos sucedidos fuera de la escena.
El verso calderoniano es de gran sonoridad y a ello ayuda la sabia utilización de recursos retóricos: anáforas, epanadiplosis, quiasmos, paronomasias, interrogaciones retóricas, etc. De gran efecto escénico son los numerosos paralelismos, las diseminaciones y las correlaciones.
El estilo de Calderón es netamente barroco, con influencias conceptistas y culteranas, y de ahí la frecuente presencia en sus versos de alusiones mitológicas, antítesis, paradojas, perífrasis, retruécanos, recursos todos que contribuyen a la creación de una lengua poética que, de modo genuinamente teatral, sirve para admirar al auditorio y situarlo en condiciones de recibir las lección moral que la obra contiene.
Con todo, es la metáfora el rasgo más distintivo del estilo calderoniano y lo es desde el mismo título: La vida es sueño. Las metáforas son muy abundantes y, además de imágenes más o menos tópicas, es característica la metáfora, basada en el trueque de atributos, de forma que, por ejemplo, los pájaros son “clarines de pluma” y los clarines, “pájaro de metal”.
ANEXO I
Análisis monólogos de Segismundo
Introducción
Estos dos monólogos aparecen en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. La obra, compuesta en 1635, es una de las cumbres del teatro barroco del Siglo de Oro y de la literatura española. La obra se centra en los temas filosóficos del libre albedrío, del honor y la legitimidad del poder entre otros. Estos temas son mostrados a través de unos personajes simbólicos y esquemáticos. Cabe destacar también su aguda visión del hombre, reflejo de las inquietudes filosóficas de la época, ni su ejemplar maestría del verso, del lenguaje literario barroco y de las técnicas teatrales.
1er Monólogo
Bajo un punto de vista dramático, la función del monólogo es la de plantear la penosa situación de Segismundo, un personaje clave de la obra. Sin embargo, este largo lamento posee significados que van más allá del argumento teatral: es una reflexión sobre la verdadera libertad del hombre, es decir, la libertad de decidir su destino. Para tal fin, nos muestra a un personaje encerrado, encadenado, aunque la esencia del fragmento sobresale de los límites de la libertad física. La esencia consiste en saber si el hombre es dueño de su destino o si, por el contrario, este ya está escrito por Dios, por lo que el hombre no puede hacer nada por cambiarlo.
El monólogo de Segismundo consta de 70 versos octosílabos agrupados en siete décimas. La rima es consonante y se ajusta al siguiente esquema: abbaaccddc.
La métrica y la estructura interna aparecen imbricadas en este texto. Por ejemplo, cada décima termina con una interrogación retórica, en ocasiones dos, que alude directamente al tema del soliloquio.
En cuanto a la estructura interna, se distinguen las siguientes partes:
1ª parte (versos 103-113). Segismundo expresa su zozobra por el cautiverio que sufre, así como su ignorancia de las causas.
2ª parte (versos 114-166). El protagonista compara su prisión con la libertad que gozan diversos animales y elementos del paisaje. El monólogo repasa en este punto los cuatro elementos de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego).
3ª parte (versos 167-172). Una última interrogación retórica cierra la pieza recalcando su desazón por la falta de libertad y recapitulando lo mencionado en el monólogo.
La primera parte comienza con uno de los recursos literarios característicos del Barroco, el hipérbaton.
En los versos 103 y 104 Segismundo invoca a Dios mediante el término cielos. No se trata de un simple recurso retórico, sino que marca desde el principio la verdadera dimensión de la duda que mueve al personaje. Tal desazón sólo puede tener consuelo ante Dios, por lo que Segismundo apela a la máxima autoridad divina. El espectador, al oír esta llamada, empieza a ser consciente de que Segismundo es más que un prisionero en una torre: es el Hombre ante el Destino. Por otro lado, esto permite al dramaturgo establecer desde un principio a qué categoría pertenece su obra. No estamos asistiendo a una comedia, ni siquiera a un drama de honor. Este monólogo enfrenta a la audiencia con un drama filosófico en el que los personajes, a pesar de su hábil caracterización, son esquemáticos y poseen un carácter simbólico.
En los cuatro versos siguientes (105-108 ) se introduce la idea de nacer como delito que ha de ser castigado. Aunque procede de Séneca, el concepto es puramente barroco, puesto que toca a la visión de la vida y, en concreto, al tema central de La vida es sueño y de este monólogo, el libre albedrío: si el hombre nace con un delito (una mancha, un pecado original), nada de lo que pueda hacer en su vida servirá para tomar en mano su destino.
La siguiente décima (113-122) continúa con la idea de la anterior (nacer = delito) pero da un paso más al mostrar a Segismundo consciente de su singularidad, algo que no se apreciaba en la estrofa anterior.
Los versos 119 a 122 abundan en la sensación del personaje de que su desgraciada tesitura se debe a una condición de la que es ignorante. Dan comienzo en este punto las interrogaciones retóricas, dirigidas a ese cielos ya mencionado:
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?
En la segunda parte, Segismundo empieza a comparar su suerte con la de diversos elementos de la naturaleza, que se relacionan con los cuatro elementos fundamentales, como ya hemos comentado: aire, tierra, agua y fuego. Desde el verso 123 hasta el 162 se extienden cuatro décimas que presentan una estructura paralela en varios aspectos:
- la disposición sintáctica. Los versos primero, tercero y quinto de todas las estrofas empiezan de la misma manera: Nace / apenas (y apenas) / cuando (anáfora). Además, los dós últimos de cada décima están ocupados por una interrogación retórica que recoge el lamento del protagonista. El final de cada estrofa se refiere a la idea principal del monólogo: una reflexión sobre el destino del hombre y sus aspiraciones de libertad:
- el significado. Cada estrofa evoluciona desde el nacimiento bajo del animal hasta su vida en libertad. En todas se compara la libertad del animal con la confinación del personaje.
Tengamos en cuenta, por otro lado, que están escritos pensando en un público que asiste a una representación y que, por tanto, no tiene el texto bajo los ojos y no puede leer varias veces un pasaje complicado. Una estructura repetitiva ayuda a hacer comprender la historia y el mensaje, así como a facilitar el recitado por parte del actor.
A continuación comentaremos los rasgos estilísticos de la 2ª parte.
El aire es el elemento tratado en la tercera décima, mediante la descripción del ave. Sobresalen los dos sintagmas:
Flor de pluma (verso 125)
Ramillete con alas (verso 126)
He aquí dos nuevos ejemplos de conceptismo. Son dos asociaciones ingeniosas entre los campos semánticos de las flores y las aves.
En la siguiente décima el autor elige un animal terrestre (el bruto) para representar el segundo de los elementos fundamentales: la tierra. Hay un brusco hipérbaton en los versos 135 y 136, que separa dos ideas:
que dibujan manchas bellas
[…]
gracias al docto pincel
(Alegoría del poder creador de Dios)
apenas signo es de estrellas
[…]
cuando atrevida y cruel
(Sigue la idea recurrente del animal
que obtiene su libertad al nacer)
Cierra esta parte la identificación del personaje con un volcán, tan desmesurada es su congoja. Esta emoción casa con la hipérbole
quisiera sacar del pecho
pedazos de corazón. (versos 165 y 166)
Otro recurso que acrecienta su mayúsculo quebranto es la gradación de la elocuente imagen
un volcán, un Etna hecho, (verso 164)
La tercera parte consiste en una interrogación retórica como las que cierran cada una de las estrofas, intensificada por varios procedimientos. En primer lugar, ocupa seis versos en lugar de dos; en segundo lugar, la enumeración del verso 167:
¿Qué ley, justicia o razón,
acentúa el vigor de estos tres conceptos, fundamentales por sí mismos en el teatro barroco.
En conclusión, este fragmento es uno de los pilares, junto con el célebre recitado del segundo acto, de La vida es sueño, por su importancia dramática en el planteamiento de la trama y por las ideas fundamentales que transmite (el Hombre y su Destino). Se trata, asimismo, de una composición poética de extraordinaria calidad: su cuidada estructura, los imaginativos recursos que la ornan y la efectividad con la que sus versos transmiten el tema principal le otorgan unas legítimas e imperecederas credenciales líricas.
2º Monólogo
El soliloquio de Segismundo cierra la segunda jornada de La vida es sueño, de Calderón de la Barca. En este acto el rey Basilio ejecuta su plan para medir la aptitud como gobernante de Segismundo. El príncipe heredero es llevado a palacio mientras duerme, de modo que despierta como un hombre libre y poderoso. Basilio observa su comportamiento tiránico, por lo que le juzga incapaz de asumir la corona. Así pues, esa misma noche lo devuelve a su cautiverio. Allí, Segismundo se pregunta si lo vivido en la corte fue realidad o un sueño.
Se desarrolla en estos versos el tema barroco de la inconsistencia de la vida: las ilusiones, las esperanzas, las preocupaciones humanas son pasajeras. El afán moralizador del autor nos aconseja no dejarnos llevar por la vanidad, el poder, los oropeles, puesto que todo lo terreno es una quimera.
Se compone el pasaje de 40 versos octosílabos agrupados en décimas, con el siguiente patrón de rima consonante: abbaaccddc.
En cuanto a la estructura interna, cabe destacar que se sigue una disposición argumentativa, frecuente en los monólogos calderonianos. Es un reflejo del rigor expositivo con el que el autor busca comunicar su propósito moral.
Versos 2148 – 2157 (1ª décima): se expone la tesis acerca de la fragilidad de la vida.
Versos 2158 – 2167 (2ª décima): el primer ejemplo que ilustra su tesis es el rey, representante del poder terrenal.
Versos 2168 – 2177 (3a décima): comprende varios argumentos que corroboran el primero. Se trata de tipos representativos: el rico, el pobre, el ambicioso, el avaricioso, el malvado.
Versos 2178 – 2187 (4a décima): Segismundo se pone a sí mismo de ejemplo y cierra el monólogo con su tesis central.
El comienzo del monólogo enlaza con la intervención anterior de Clotaldo, en la que insta al príncipe a hacer el bien. Sorprendentemente, los cuatro primeros versos nos transmiten la idea, novedosa en Segismundo, de que lo más importante es hacer el bien en cualquier circunstancia (que aun en sueños / no se pierde hacer el bien, versos 2146 y 2147). Se trata de un mensaje fundamental en la obra que ilustra la mentalidad del autor: el hombre que hace el bien vivirá de acuerdo con los preceptos de la moral cristiana. Esta primera parte se completa con el enunciado de la tesis central del monólogo: la vida es una ilusión fugaz.
El verso 2157 presenta el primer ejemplo utilizado para corroborar su opinión. El rey se envanece en su poder, sin saber de la muerte igualadora. Como ya se ha mencionado, los monólogos adquieren un carácter moralizador que va más allá del argumento de la obra. Por tanto, el rey no es aquí Basilio, sino el rey de España o cualquier otro gobernante contemporáneo de Calderón. El vocabulario refleja el pesimismo del autor en el tema central: sueño, engaño, desdicha, muerte. Por otro lado, el primer verso muestra con una repetición que la idea central afecta a la misma esencia del ser humano (sueña el rey que es rey). Es decir, el hombre no es nada, sino lo que cree ser.
Cabe destacar la metonimia en aplauso, por vanidad (2161). Este recurso forma parte de la metáfora que describe la vanidad humana como un aplauso que en el viento escribe(2162).
Podemos leer en el verso 2163 un recurso frecuente de la poesía barroca, la ceniza como metáfora de la destrucción y el olvido de todos los anhelos que, en vida, alimentó el alma humana. La exclamación que ocupa los versos 2165 a 2167 refuerza la expresividad del sentimiento, que adquiere un tono amargo ante la ceguera del hombre. La perífrasisintentar reinar (2165) transmite con efectividad esta idea: los reyes que en el mundo hay no reinan, sino que lo intentan inútilmente antes de que la muerte los entierre en el olvido.
La segunda parte contiene más ejemplos de instrucción para el auditorio. Los casos mencionados pretenden ser un compendio de actitudes humanas frente a la vida: el rico, el pobre, el ambicioso, el avaricioso, el pérfido. Se abre esta segunda parte con la repetición del verbo sueña. Esta anáfora, que vuelve a aparecer en los versos 2170, 2172 y 2173 subraya el tema principal. Una nueva repetición, acompañada esta vez por el pronombre todos (2175) concuerda con en conclusión (2174) para confirmar ante el público la universalidad de su mensaje: el afán moralizador de la obra abarca a todo el género humano. Con los tres últimos versos se cierra la argumentación de esta décima. Los argumentos mencionados respaldan la tesis central, de acuerdo con el esquema dibujado más arriba.
Antes de pasar a la tercera parte, comentemos brevemente el verso 2176. El autor refleja aquí una actitud propia de Barroco: el hombre está sumido en la ignorancia de lo que su propia vida representa. Se consigue multiplicar de este modo la angustia vital que caracterizaba al hombre de la época, al menos tal y como nos lo representan los escritores y pensadores.
Tras la primera conclusión, Segismundo se adentra en la tercera parte para ponerse a sí mismo como argumento a favor de su idea. En los dos primeros versos destaca la contraposición entre la prisión y la corte, ambos introducidos por el verbo soñar. Bajo este punto de vista, los dos aparecen como estados “soñados”, es decir, irreales. Aprendemos, pues, que no deberíamos reflexionar sobre nuestra vida, puesto que todo lo que en ella ocurre es un engaño.
Por último, los versos 2181 a 2186 vuelven a enunciar la tesis vertebral del soliloquio. Adopta, para tal fin, un estilo sentencioso acorde con el propósito moral del fragmento: el único verbo que aparece es “ser”, que sirve para definir la vida con vigor y concisión (la vida es frenesí, ilusión, sueño). El verso 2185 contiene una paradoja u oxímoron, articulado por este verbo “ser”, que ilustra la fragilidad de la vida humana. Posesiones, certitudes, ilusiones… todo es insignificante.
Volvamos a los versos 2181 y 2182. La interrogación aquí repetida nos plantea sin ambages la cuestión fundamental del pensamiento filosófico del ser humano en cualquier época (¿Qué es la vida?). El atribulado príncipe nos da la respuesta que los hombres de letras nos han transmitido como propia del siglo: la vida es una mentira, una ilusión, en definitiva, la vida es sueño, como afirman el verso 2186 y el título de la obra.
Así pues, los dos últimos versos, que han pasado al acervo cultural español, condensan la visión barroca de la vida humana. Son un broche eficacísimo para el conmovedor monólogo del príncipe prisionero, espejo de almas y advertido ejemplo contra las pasiones de este mundo.