Prólogo de la 2ª parte

Prólogo a a la segunda parte del Quijote

Comienza y termina este prólogo de la segunda parte con una alusión al Quijote de Avellaneda, anticipando las supuestas ganas del lector de encontrarse con la verdadera segunda parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha una vez sufrida la segunda parte apócrifa para la que no escatima adjetivos y reproches, entre los que se cuenta el que en ella se le tachara a Cervantes de viejo y manco, “como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasara por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni espera ver los venideros”, en alusión a la batalla de Lepanto (1571).

Cuando se defiende de las acusaciones de ser envidioso e ignorante, se refiere con total precisión a Lope de Vega, dando los datos de tratarse de un sacerdote y familiar del Santo Oficio. El firmante de la segunda parte apócrifa del Quijote, Alonso Fernández de Avellaneda, insinúa que Cervantes había criticado a Lope de Vega por envidia. En este prólogo, además de darle la vuelta a la crítica de Avellaneda y quien se escondiera tras este nombre cuando afirma que las novelas de Cervantes “son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas”, le lanza a Lope de Vega una buena puya declarando que “de tal, adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa”, cuando era de dominio público el estilo y clase de vida desordenada de Lope de Vega, aun siendo sacerdote.

Sigue el prólogo sin dejar pasar ninguna ocasión de demostrar su desprecio por Avellaneda y quien se escondiera tras este nombre, considerándolo incapaz de ofenderle y trasladándole, de regalo, el cuento y su moraleja del loco de Sevilla que se dedicaba a hinchar perros metiéndoles aire mediante un canuto acomodado al efecto en sus partes. Como se recoge en la nota 19 (pag.619) de la edición de Francisco Rico (Ed. Crítica, 2001): Análogamente, viene a decir Cervantes que Avellaneda ha hinchado un asunto que ya había sido concebido y desarrollado cabal y convenientemente; hinchar un perro es hoy expresión figurada para indicar que se escribe o dice exageradamente de algo que no merece la pena.

Pero si acaso el ejemplo de un cuentecito le pareciera poco, le coloca la moraleja de otro en el cual otro loco, esta vez en Córdoba, se dedicaba a descargar con fuerza grandes piedras sobre los perros que se encontraba. Cuando se topó con el perro de un bonetero que oyó de qué manera lamentable se quejaba el animal después de recibir la descarga de la piedra, el buen bonetero molió a palos al loco mientras le gritaba una y mil veces que su perro era podenco. Tanto se lo gritó y tantos palos recibió el infortunado loco que, de allí en adelante, cuando se acercaba con la enorme piedra a un perro lo miraba muy detenidamente sin atreverse a descargarla sobre las costillas del animal por si acaso resultaba ser un podenco. Así, concluye Cervantes, le ocurrirá al historiador que se atrevió a soltar tales críticas sobre sus libros, condenado a cargar con el peso de esa losa.

Tras otras consideraciones, dirigiéndose al lector le asegura que esta segunda parte del Quijote “es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y finalmente muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios [ ]”

Y conociendo de antemano la anunciada muerte de don Quijote, entramos –tras este prólogo y la dedicatoria al Conde de Lemos que le sigue- en la segunda verdadera y última parte del Ingenioso Cavallero don Quixote de la Mancha, como Miguel de Cervantes la tituló.

 

Comentario

El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.”

Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”;  c) Viejo “Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.

Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.

Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. Este  contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias (viejo, manco, murmurador y envidioso) que contra él había dirigido Avellaneda.

Es probable que Cervantes conociera quién era el autor del falso Quijote, pero no lo quiso decir para no darle celebridad. “El duelo verbal, como apunta Avalle Arce, entre los dos autores, termina con un Avellaneda despachurrado. Cervantes lo inicia desde la ecuanimidad, utilizando la figura de la preterición, -que consiste en aparentar que se quiere omitir lo que se está diciendo-. Su saña se expresa a través de un nublado de dos chistosos cuentos de locos (Avalle Arce). Con el primer cuento, de acuerdo con Clemencín, parece que Cervantes quiso indicar que Avellaneda “no hizo más que llenar un libro de futilidades y viento, como el loco del perro”.

 (Publicado por José González Molina)

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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