Jueves, 11 de diciembre

FUNCIÓN DE CIDE HAMETE BENENGELI

Destaca en el Quijote el original punto de vista narrativo: Cervantes, en un moderno ejercicio de distanciamiento, finge haber hallado casualmente unos manuscritos del historiador árabe Cide Hamete Benengeli que relatan la historia de don Quijote y Sancho, limitándose él a traducirlos. Pretende de esta manera, mediante el recurso del “manuscrito encontrado”- típico de los libros de caballerías-, dar la impresión de que los hechos que narra no han diso inventados por él, sino que ocurrieron realmente.

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y él, sin dejar la risa, dijo:

–Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha”.

Cuando yo oí decir “Dulcinea del Toboso”, quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que, si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese.

Ya de entrada, Cervantes juega continuamente con la figura del narrador. Éste no sabe cuál es el nombre real del personaje ¿Quijada, Quijana, Quesada, Quijano…? A partir del capítulo IX se nos dice repetidamente que el autor del Quijote es un historiador arábigo, Cide Hamete Benengeli, autor ficticio que ha escrito la historia en árabe, por lo que debe ser traducida al español por un morisco que, además, se permite el lujo de intervenir o de retocar el texto. Este juego de narradores permite a Cervantes distanciarse de lo que está escribiendo, lo que facilita los juegos de humor, la parodia y la ironía.

Por otra parte Cervantes introduce también “la literatura dentro de la literatura”. Así, aparecen en el Quijote valoraciones y comentarios sobre la propia obra de Cervantes, además de referencias despectivas, en la segunda parte, al Quijote de Avellaneda.

Narradores en el Quijote

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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