Un fragmento de “Aída”

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Jonathan: Decían que no iba a llegar a nada “el puños” y mírale, ahí le tienes, portero de discoteca. Y encima nos va a colar en la fiesta de inauguración. Va a ser la caña.

Lorena: Uy, ya te digo. Esta noche el Charlie cae fijo. O el Juli. O mejor “el rulas”. Bueno, da igual, si me lo curro un poco seguro que caen los tres. (Pausa) Digo de uno en uno, que yo no soy ninguna guarra.

Fidel: ¡Qué ilusión! Voy a asistir in situ a un ritual de apareamiento. Bueno, y ¿a dónde vamos?

Jonathan: Tú a tu casa. A ver ¿sabes lo qué pasa, Fidelito? Quehque en las discotecas pues no dejan entrar a frikis, horteras y empollones. ¡Y ehque tú das positivo en los tres!

[…]

Fidel: Bueno, míralo por el lado positivo. Así ya llevas las bragas mojadas de casa.

Lorena: No como tú, que las llevas llenas de aceite. Mira, deja de reírte si no quieres que te alise el pelo de un meco.

Fidel: Ay por favor, ¡si el destino está escrito su autor es Arniches! Pero hombre, sonreíd un poco, que hay que aprender a reírse de uno mismo. Yo me voy que se me escapa la gotita.

Jonathan: Pues a ver si se me va a escapar a mí una hostia, ¡gilipollas!

En este sketch de la serie de televisión Aída, aparecen tres personajes, Jonathan, Lorena y Fidel. En el momento de la situación comunicativa, se encuentran en la calle, justo en frente del portal de la casa de Jonathan y Lorena, pero pese a eso no hay presencia de ruido que interrumpa la conversación.

Dado que se trata de un diálogo y no de un monólogo, no hay ningún emisor ni receptor concretos, sino que los tres se alternan los papeles de emisor o receptor, respetando los turnos de palabra y sin interrumpirse entre ellos.

Pese que los tres personajes viven en el mismo barrio y tienen edades cercanas, hay una gran diferencia entre el nivel lingüístico de Fidel y el de los demás. Mientras que Fidel es poseedor de un nivel culto, los hermanos tienen un nivel vulgar. Nos damos cuenta de este nivel culto debido al uso de expresiones en latín “in situ”, al uso de cultismos “apareamiento”, a la riqueza de vocabulario, a una pronunciación correcta, cuidada y adecuada y a sus mensajes con orden lógico. Además, también podemos apreciar que Fidel tiene un nivel culto por su gran cultura, ya que hace una referencia a Arniches, autor español de sainetes y comedias. Lo que caracteriza el habla de Fidel es, además, que no se despega nunca de ese nivel culto, y no adecua su registro a la situación comunicativa, de manera que da un alto grado de formalidad en la conversación, talmente como si hubiera un gran distanciamento afectivo entre los protagonistas del hecho comunicativo o como si la situación se  desenvolviera en un ámbito que requiriera un lenguaje correcto, cuando en realidad no es así, ya que hay proximidad entre los personajes y se trata de un ámbito amistoso.

Los hermanos tienen un nivel vulgar porque utilizan pocas palabras, además de oraciones cortas y sin terminar como en “O el Juli. O mejor “el rulas””. Además, también utilizan expresiones propias del lenguage vulgar como “te alise el pelo de un meco” o “se me va a escapar una hostia”, “guarra” o “gilipollas”. A esto hay que añadirle que le ponen artículo a los nombres propios y que utilizan motes como “el puños” o “el rulas”. También utilizan expresiones propias de la jerga juvenil, como “frikis, horteras y empollones” o “va a ser la caña”. Este registro se debe a que son dos personas con poca cultura, y aunque quisieran cambiar de registro no podrían ya que no sabrían adaptarse a otras situaciones de comunicación que requieran más formalidad.

En esta conversación también cabría destacar expresiones propias de la lengua oral como “Uy, ya te digo” o “Ay por favor”, que sirven para dar más emfásis a la conversación, o apelaciones al receptor, como la pregunta retórica ¿sabes lo qué pasa, Fidelito?. En esta pregunta, cabe destacar, además, el diminutivo, que le da a las palabras de Jonathan cierto toque de burla hacia Fidel.

En esta escena, los personajes hablan de asistir a la inauguración de una nueva discoteca. Este tema es espontáneo, de manera que no estaba planeado de antemano, sino que surge fruto de la improvisación de los hablantes, y es de carácter intrascendente. El personaje que abre la conversación es Jonathan, con la intención de informar a los demás sus planes y a partir de ahí encontramos oraciones expresivas como ¡Qué ilusión! o interrogativas como ¿sabes lo qué pasa, Fidelito?

Los tres hablantes son castellanoparlantes de Madrid. Al único al que se le notan ciertos ragos del dialecto madrileño es a Jonathan, que aspira la ese y la pronuncia como si fuera una jota. Así cuando quiere decir cosas como “que es que” pronuncia “quehque”, o cuando quiere decir “es que” pronuncia “ehque”. Además, es leísta, porque en la primera frase dice “mírale, ahí le tienes”, en vez de “míralo, ahí lo tienes” que es como se tendría que decir.

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