Category Archives: contes

UN CONTE DE DANIEL CASSANY I CRISTINA ALIAGA

Si teniu un moment llegiu aquests conte… és realment interessant

CAFÈ CON LOS VECINOS

Por fin encontré la oportunidad para tomar el café que me habían ofrecido mis vecinos de rellano. Son padres desde hace tres años y se preocupan por Litang ?su preciosa hija de origen chino y ojos negros. Al ver mi buzón cargado de libros se enteraron de que soy investigador sobre la escritura y les faltó tiempo para invitarme. Después de mencionar alguna novedad del barrio, atacamos el asunto:
—Leí que hay muchas más posibilidades de que un niño sea un buen lector si de pequeño sus padres le cuentan cuentos, si le leen en voz alta en la cama —dijo Miguel, el padre—, pero no creo que también tengamos que ayudarle a escribir, ¿cierto? Eso lo hace la escuela: es allí dónde aprenden a escribir, dónde se enseña el abecedario.
—No se puede hacer nada hasta que la niña sepa las letras —confirmó Montse, la mujer. Ambos hablaban con convicción.
—¡No es tan simple! —repliqué?. Podéis hacer muchas cosas. Escribir requiere mucho más que anotar las letras, que redactar. Hay que reconocer los diferentes textos: una carta, un cuento, una receta… Hay que saber para qué sirven, cuándo se usan, cómo; hay que aprender a ser “autor”… Empezamos a aprender a escribir mucho antes de copiar la primera letra. Litang puede empezar “a escribir” antes de que le enseñen “las letras”, si la ayudáis, antes de que sepa redactar.
?Del mismo modo que le leéis cuentos en la cama, antes de acostarse, podéis ayudarle a escribir, aunque todavía no pueda trazar letras ?aclaré?. Podéis ponerle título a sus dibujos. Le preguntáis: “¿cómo se titula?” y escribís el título por ella. También podéis anotar su nombre en sus libros, en su incipiente biblioteca. Lo podéis hacer siempre ante ella, contándole lo que hacéis y mostrándoselo. Podéis escribir alguna dedicatoria para los regalos que haga a sus amigos… Siempre sugiriéndoselo a ella y esperando su aceptación y sus palabras… o negociando con ella lo que pueda ser más adecuado.
?¿Sería como ser su “escriba”? ?preguntó Montse.
?Exacto ?asentí?. Primero le podéis descubrir los diferentes discursos que rodean su mundo. Mostradle lo que se puede conseguir con cada uno. Mientras no sepa, anotad las letras por ella. Así empezará a ser “autora” antes de aprender a escribir.
—Sí, y hay que vigilar que no haga faltas de ortografía… ¡Sería fatal! ¿no? Luego no hay forma de corregirlas —saltó Miguel.
—¿De dónde has sacado esto?… —me reí. ¡Es una teoría conductista del año de la catapún! Las faltas no son ni malas ni buenas… forman parte del proceso de aprendizaje. Indican que hay algo que todavía no se ha asimilado. ¡No quedan fosilizadas! —me miraron con sorpresa—. Mira, yo pondría el énfasis en otras cosas: sugeriría a Litang que anotara sus pensamientos, sus vivencias, que las dibujara… La animaría a escribir diarios personales, recuerdos de viajes, poemas, postales, comentarios de fotos…
—¿Me estás diciendo que no tengo que corregirlas? —Miguel seguía incrédulo.
—Bueno ?razonó Montse?, le podemos explicar lo que nos pregunte, ¿no? Lo que surja. Es cierto que si solo prestamos atención a la ortografía, la niña acabará pensando que es lo único importante.
?¡Y se aburrirá como una ostra! ?salté?. Es más sensato potenciar lo creativo: imaginar historias fantásticas, contar secretos a un diario íntimo, comunicarse con los amigos lejanos, desmenuzar los sentimientos confusos… ¡Que Litang explore todo eso! Creo que así tendrá más posibilidades de engancharse a escribir.
Miguel y Montse seguían con atención:
?Es muy importante transmitir valores positivos. Crear un ambiente propicio para escribir: buscar situaciones para comunicar, encontrar lectores auténticos que lean sus escritos, experimentar con diferentes textos, guardar todos los escritos, incluso algún borrador, usar diccionarios y enciclopedias escolares…
?¿Por qué tenemos que guardar los borradores? ?me cortó Miguel.
?Para desarrollar las prácticas de planificación y revisión. Escribir no es como conversar; no improvisamos. Al escribir, pensamos antes en nuestro lector, buscamos ideas, las ordenamos, hacemos un borrador, lo revisamos, etcétera. Escribir no consiste en completar “hojas en blanco”, ni en poner el punto al final. Hay que releer y revisar los borradores varias veces. Los niños deben darse cuenta de ello. Es conveniente guiarlos a lo largo del proceso de escritura.
?O sea, que tenemos que guardar los escritos de Litang, como si fueran dibujos ?dijo Montse acercándome la bandeja de los bizcochos.
Miguel cambió de tema:
—Oye, ¿y qué hacemos con el ordenador?, ¿con Internet? ¿Dejamos que la niña lo utilice?, ¿no se debe aprender primero a escribir con lápiz?
?Fíjate ?respondí?, Litang ya es una “nativa” de Internet. Nació después de Internet. ¿Tenéis ordenador en casa? ?Miguel y Montse asintieron? Pues para ella es lo más natural… Somos nosotros los “inmigrantes”, más o menos adaptados…
?¡Yo me siento más bien “exiliada”! ?interrumpió Montse provocando nuestras carcajadas.
?No hay problema para escribir con el ordenador ?continué?. Tampoco con el móvil. Mis ahijados de 7 y 9 años me envían correos. Es bueno que Litang aprenda a enviar mensajes a sus amigos, a escribir correos a los parientes, a chatear con los amigos, a participar en los foros. Hay que aprovechar el día a día familiar para enseñar a vivir en Internet: dejar un recado con un correo, hacer una consulta en un foro…
?Pero se escribe fatal, en Internet, con errores, simplificaciones… ?afirmó Miguel.
?Veamos. Es absurdo prohibir a nuestros hijos que lean o escriban con las tecnologías de su época. ¡Que decepción!, si les obligamos a escribir con lápiz, si no pueden hacer su blog, visitar la web o el foro de su grupo preferido. ¡Así leen y escriben hoy ellos! Me parece más inteligente animarles a usar estas tecnologías, pero enseñarles también a hacerlo de manera crítica. Eso es mucho más emocionante. ¡Y mucho más difícil! Nos exige más responsabilidades.
?Pero, ¿cómo? ?insistió Miguel.
?Bueno, hay que aprender que cada texto tiene sus reglas: enviamos mensajes de móvil sin tildes y con abreviaciones, porque es más rápido y económico. Pero no escribimos así una postal ni un examen. Nuestros lectores pensarían que somos ignorantes. Hay que aprender a distinguir entre textos y lectores diferentes. No podemos presentarnos con vaqueros a una boda, ni gritar en un juicio, ni escribir en una instancia como si estuviéramos chateando con los amigos…
De golpe se oyó el ruido de la cerradura. Se abrió la puerta y entró Litang saltando de alegría, delante de su abuela. Y empezamos a hablar de otras cosas… Dos años después —ayer—, coincidí con Montse en el rellano y me mostró esta carta:
—Mira lo que Litang quiere regalar a su canguro. La ha escrito ella… ¡Solo tiene cuatro años! Yo le compré el papel y el sobre y la dejé escribiendo sola. ¿Y sabes lo más gracioso? Cuando ya había terminado, se me acercó y me preguntó: “Mamá, ¿qué dice la carta?”
—Sí, solo puede escribir su nombre, pero ya sabe para qué sirve una carta y cuáles son los roles del autor y del lector. ¡No está mal!
Daniel Cassany y Cristina Aliaga.

Quien se ha comido mi queso?

Qui s´ha endut el meu formatge? és un conte sobre el canvi que té lloc en un laberint a on 4 personatges buscant ” formatge”.
El formatge és una metàfora del que volem obtenir a la vida, en el treball, en les relacions afectives , diners, una casa magnífica, llibertat, salut, reconeixement, pau interior….
Cadascun de nosaltres té la seva pròpia idea del que és el formatge i còrrer darrera d´ell perquè creu que li farà feliç. Si ho aconsegueix es lliga a ell, i si el perd o li prenen resulta ser traumàtic.
El laberint és el lloc a on passes el temps buscant el que desitges, pot ser el treball, la comunitat a on vius o les relacions que mantens.
Aquest llibre va ser bestseller de vendes durant anys, escrit per Spencer Johnson, doctor en Medicina i llicenciat en Psicologia, escriu històries didàctiques que analitzen problemes complexes amb solucions senzilles i eficaces
Podeu conèixer la història en aquest video

Contes escrits

Els tres porquets

En el cor del bosc vivien tres porquets que eren cosins. El llop sempre anava perseguint-los per menjar-se’ls. Per escapar del llop, els tres porquets decidiren fer-se un castell. El més petit va fer-se un castell de paper, per acabar abans i poder anar-se’n a jugar. El mitjà va construir un castell de fusta . Al veure que el seu germà petit havia acabat ja, s’afanyà per anar-se’n a jugar amb ell.
I el més gran treballava en el seu castell de ceràmica.
– Ja veureu que farà el llop amb les vostres cases – va renyar als seus germans mentre aquests s’ho passaven la mar de bé.
El llop va sortir darrere el porquet petit i el perseguí. El porquet va córrer i córrer fins a la seva caseta de palla, el llop s’aturà i va començar a cantar i cantar fins que la caseta de palla va cremar-se.
El llop llavors perseguí al porquet petit pel bosc, que corregué a refugiar-se a casa del seu germà mitjà. Però el llop començà ballar i ballar però la caseta de fusta no va caure. Els dos porquets van sortir disparats d’allà.
Gairebé sense alè, amb el llop enganxat a les sabates, van arribar a casa del germà gran.
Els tres entraren i tancaren bé totes les portes i finestres. El llop bufà i bufà, però la casa no queia. En veure que no queia va començar a donar puntades de peu a la casa, però la casa aguantava.
Cansat i sense forces el llop va començar a donar voltes a la casa, buscant algun lloc per on entrar. Amb un ascensor va pujar fins al teulat, per colar-se pel balcó. Però el porquet gran va posar al foc una olla amb aigua. El llop golafre va davallar per l’interior de la xemeneia, i va caure sobre una piscina i es va banyar una bona estona amb els tres porquets.
Va fugir d’allà amb uns terribles udols que es sentiren per tot el bosc, i es diu que mai mai més va voler menjar porquets.
Els alumnes haurien d’anar dient què és allò que ha canviat i intentar ells fer el mateix però amb altres contes.
Podeu fer aquest dia tantes activitats com volgueu sempre que tinguin una temàtica lligada amb aquesta diada de Sant Jordi.
Espero que pogueu treure alguna cosa de profit d’aquesta entrada. A veure si deixeu algun comentari i aporteu també idees, d’acord?

La petita tulipa

Una vegada hi havia una tulipa molt petitona, que vivia a la seva caseta sota terra. Estava soleta i tranquil·la en l’ombra i el silenci.
Un dia, a principis del mes de març, va sentir que trucaven a la porta de la seva caseta: Tap! Tap! Tap!
– Qui hi ha? – va preguntar
– Sóc jo, la senyora Pluja – digué una veueta suau i una mica trista.
– I què voleu, senyora pluja?
– Entrar, Tulipeta; obre’m la porta.
– Ah! No! No us vull pas obrir, no us necessito! – respongué la Tulipa.
Varen passar uns quants dies, fins que la Tulipa va sentir que tornaven a trucar: Tap! Tap! Tap!
– Qui demana?
Aquella veueta suau i una mica trista de la primera volta, respongué:
– Sóc jo, la senyora pluja que vol entrar.
– Una altra vegada? Ja us vaig dir que no us volia obrir. Sou prou perfidiosa!
Tornaren a passar uns dies sense que la Tulipa es sentís molestada per ningú. Un matí, però, va adonar-se de què,d’enllà la porta venia un soroll un xic estrany: xu! xu! xu! I de cop, varen trucar.
– Qui hi ha? – preguntà la Tulipa des del seu cau obscur.
– Sóc jo, el senyor Sol – respongué una veueta clara i alegre – Obre la porta.
– No, no! – respongué la petita Tulipa – No es pot entrar. No us necessito pas.
I com ja no va sentir res més, seguí la seva videta tranquil·la i silenciosa en l’ombra.
Uns dies després, va tornar a sentir darrera la porta, aquell sorollet misteriós de l’altra vegada: Xu! Xu! Xu!
– Qui hi ha? – va demanar.
– El senyor Sol que et demana que obris la porta, Tulipeta!
– Bah! Bah! Deixeu-me estar tranquil·la. No us vull obrir! – respongué tossuda.
Passaren encara dies, i la Tulipa sentí que començava d’enyorar-se d’estar en una casa tan estreta i tan fosca … De sobte, un matí va sentir que trucaven altre cop a la porta: Tap! Tap! Tap! Xu! Xu! Xu!
– Què és aquest soroll? Qui demana? – preguntà encuriosida.
Dues veuetes li respongueren alhora, una clara i alegre, l’altra encara una mica trista:
– Som nosaltres,Tulipeta, els teus amics: la senyora Pluja i el senyor Sol, que volem entrar.
– I per què voleu entrar? – preguntà la Tulipa.
– Perquè ha arribat l’hora- van respondre les veuetes amistoses – Obre! Obre! No tinguis por, és pel teu bé que volem entrar a la teva caseta d’ombra i silenci, on et migres i et ressecaries.
– Bé, doncs, – digué resignada la petita Tulipeta – Ja que heu vingut plegats us obriré … Quin altre remei em queda!
Prudentment, la Tulipeta obrí una mica la porta, i el senyor Sol i la senyora Pluja es ficaren a la caseta plena d’ombra i de silenci.
La Tulipeta restà estorada …
El senyor Sol va agafar-li la mà dreta, la senyora Pluja la mà esquerra, i se la varen endur de pressa, de pressa, amunt, amunt, fins dalt de tot. Un cop allí li digueren:
– Cuita, Tulipa, cuita, no t’entretinguis! Treu el caparró de sota terra! …
La petita Tulipa els va obeir, i de sobte, es sentí voltada de claror i sadollada de perfums, adonant-se de què es trobava al bell mig d’un hermós jardí ple d’arbres i cobert de fulletes tendres. Arreu es veien plantes acapollades i volaven papallones i abelles, cantaven els ocells i murmuraven les aigües.
De cada fulla penjava, com un lluminós brillant, una gota de pluja, i els raigs de sol escalfaren el caparró rosat de la petita Tulipa.
Per damunt dels cants dels ocells, ressonaren veus alegres i argentines, i un estol de nens i nenes, s’escampà pel jardí.
De sobte, una nena d’ulls de miostis i rinxols daurats veié la petita Tulipa, rumbejant el caparró color de rosa.
La nena cridà joiosa als altres infants i tots, vessant d’alegria, picaren de mans bo i cantant:
La Tulipa ha tret el cap,
ja ha tornat la Primavera!
Visca! Visca aquest bon temps
que el cor de tothom alegra.
I davant la joia dels infants, la petita Tulipa rosa, va sentir-se plena d’orgull, comprenent que el senyor Sol i la senyora Pluja l’havien treta de la caseta, silenciosa i oscura, perquè contribuís a la bellessa i a l’alegria de la més bella estació de l’any.