32ª sesión (09/11/2022)

No ha sido otro mi propósito…LLETRADICTES: Fragmentos de novelas de caballerías

Pocas obras literarias expresan tan claramente y con tanta insistencia el propósito con que han sido escritas como el Quijote. En esto Cervantes es reiterativo y machacón. En el prólogo de la primera parte afirma que “todo él es una invectiva contra los libros de caballerías”, y las últimas palabras de la novela son: “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”.

Los libros de caballerías, narraciones en prosa, por lo común de gran extensión, relatan las aventuras de un hombre extraordinario, el caballero andante, quien vaga por el mundo luchando contra toda suerte de personas o monstruos, por unas tierras normalmente exóticas y fabulosas, o que al mando de poderosos ejércitos y escuadras derrota a innúmeras fuerzas de paganos o de naciones extrañas. La constante actividad del caballero supone una serie ininterrumpida de sacrificios, trabajos y esfuerzos que son ofrecidos a una dama, con la finalidad de conseguir, conservar o acrecentar su amor.

Nacido este tipo de literatura en Francia -gracias a Chrétien de Troyes y sus imitadores y seguidores en el perenne tema del Santo Grial y de los caballeros del rey Artús, y a los diversos autores de la leyenda de Tristán-, a partir del siglo XIII comienza a divulgarse por tierras hispanas, donde alcanzará un gran éxito.

Muy divulgados merced a la invención de la imprenta, los libros de caballerías se multiplicaron durante el siglo XVI gracias, principalmente, al éxito del Amadís de Gaula, que movió a escritores y a impresores a ofrecer a un extenso público ávido de lecturas de este tipo toda suerte de continuaciones y de imitaciones de aquella novela, en las que el estilo degenera cada vez más y se hace pomposo, campanudo, amanerado e intrincado; la acción se pierde en episodios marginales mal hilvanados y las aventuras son cada vez más inverosímiles.

Estos libros son objeto de una serie de ataques y de censuras por parte de las mentes más preclaras. Las razones que aducen los autores graves, y con las que coincide Cervantes, son:

I. En cuanto a los autores de los libros de caballerías

– los autores son personas ociosas y despreocupadas, que pierden el tiempo escribiendo necedades.

– los autores son incultos, han leído pocos libros y escriben mal. (los libros de caballerías “son en el estilo duros…, largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio” Quijote, I, 47).

– los autores son enemigos de la verdad, pues relatan casos mentirosos o imposibles, lo que puede ocasionar que la gente ignorante los tome por relatos ciertos en detrimento de la auténtica historia. De hecho, la locura del protagonista del Quijote se basa, en gran parte, en este error, o sea, en creer que son históricos Lanzarote, Tristán y Amadís.

II. En cuanto a los lectores de tales libros

– esta lectura los incita a la sensualidad y al vicio

– su lectura les hace perder el tiempo ya que es propia de personas ociosas.

El empeño de atacar, por la vía de la parodia, este tipo de literatura es evidente, confesado y repetido por el propio autor.

(Es importante señalar que el Quijote satiriza los libros de caballerías, no la caballería; el inverosímil heroísmo de las novelas fabulosas, no el heroísmo real.)

Por lo tanto, la conclusión era que había que prohibir la publicación de este tipo de lecturas.

Cervantes, seguramente, opinaba lo mismo y así lo va exponiendo en diferentes fragmentos de los capítulos del Quijote.

Cervantes consigue, utilizando la ironía y la parodia un estilo burlesco que resulta una crítica mucho más inteligente y eficaz que la que los intelectuales erasmistas iniciaron contra los libros de caballerías.

Actividad

A continuación te proponemos que leas los fragmentos seleccionados y los asocies con las siguientes afirmaciones.

1. Los libros de caballerías están escritos por autores ociosos.
2. Están mal escritos.
3. Son incitadores de la sensualidad.
4. Son lecturas propias de personas ociosas.
5. Deberían ser prohibidos y echados al fuego.

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los días que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba en leer novelas de caballerías” (C.I, I)

“Así es como vuestra merced dice, señor canónigo- dijo el cura-, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso, los dos príncipes de la poesía griega y latina.” (C.48, I)

“Qué haremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de su amante y no conocido caballero” (C.47, I)

“No- dijo la sobrina-, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanal patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego, y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.” (C.6, I)

“-Mirad, hermano- tornó a decir el cura-, que no hubo en el mundo Felixmarte de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes, que lso libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos, que lo compusieron para el efeto que vos decís de entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores; porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en él. “ (C.32, I)

Parodia de las novelas de caballerías en el aspecto, nombre, escenario, origen y objetivos del héroe cervantino.

Nota: Lectura previa del capítulo I

Miguel de Cervantes creó a su personaje con la intención de burlarse de los libros de caballería que hacían furor en su época, y donde los personajes fantásticos realizaban y vivían hazañas y aventuras increíbles.

Tanto en el Prólogo de la I Parte como en el de la II, Cervantes muestra la idea de que su creación obedece a la necesidad de criticar los libros de caballería, cuya popularidad resultaba ya perniciosa para el buen gusto y el buen seso del público:

“(…) es una invectiva contra los libros de caballerías (…) la obra no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías (…) aborrecidos de muchos más” (I Parte)

“(…) no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero D.Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna” (II Parte)

Para ello utiliza la parodia del género. (Una parodia es una imitación burlesca de una obra o de un género literario grave o serio” Se basa en los temas, situaciones y formas característicos del género parodiado, para violentarlas y reducirlas al absurdo mediante procedimientos diversos -la exageración, el extrañamiento, la degradación…-, con la intención de poner de relieve lo que de artificioso, irreal e inverosímil incorpora el género en cuestión. Por eso, el autor tenderá a acumular temas y procedimientos de raíz humorística.)

La parodia del mundo caballeresco se desarrolla ya desde la primera página. Frente a los habituales príncipes, caballeros y alta nobleza- personajes jóvenes y apuestos- que protagonizan los libros caballerescos, Cervantes presenta a un noble cincuentón que pertenece a la capa más baja de la sociedad nobiliaria: un hidalgo de un pueblo perdido de la Mancha.

Frente a los lugares fabulosos (reales o imaginados) de los sobrenombres caballerescos (Gaula, Grecia, Hircania, Tracia…), don Quijote es señor de La Mancha, acaso la zona más árida y desértica de la Península Ibérica.

Además Alonso enloquece por leer tantas novelas de caballerías. Su locura produce dos consecuencias inmediatas: cree que todo lo que ha leído en los libros de caballerías es cierto y piensa en la posibilidad de resucitar la orden caballeresca.

Una vez convertido, en su mente, por causa de la locura, en caballero andante, necesita hacerse con los elementos indispensables para poderse considerar como tal: armadura, caballo, nombre y amada; todos ellos contribuyen a crear una figura ridícula: la armadura es de sus bisabuelos, por lo que irá vestido anacrónicamente, siguiendo un estilo que estaría de moda un siglo antes; Rocinante es todo piel y huesos; el nombre elegido incluye un sufijo despectivo y sirve para designar una parte de la armadura, su amada no es una bella princesa, sino una aldeana (Aldonza Lorenzo) a la que ve por primera vez persiguiendo un cerdo, su discurso, a imitación del de los libros de caballerías, resulta anacrónico…

Asimismo, aunque comparte los objetivos de un perfecto caballero andante-  luchar contra la injusticia,  defender a los débiles y a los menesterosos, lograr fama y el amor de su amada- acaba perjudicando a aquellos a los que pretendía atender o bien sus acciones fracasan estrepitosamente.

Cuando termina el primer capítulo Cervantes ha delineado un personaje absolutamente ridículo.

A partir de la segunda salida, se incorpora su fiel escudero Sancho Panza, un campesino analfabeto que es también una parodia de los escuderos caballerescos.

También es caricaturesco el recurso del manuscrito encontrado. En los libros de caballerías encontramos el recurso del autor que dice haber encontrado un manuscrito y que él es simple transmisor. Cervantes en su novela dice haber encontrado un manuscrito de un tal Cide Hamete Benengeli que se limita a transcribir.

“Las locuras de Don Quijote”

 ¿Se puede perder el juicio por leer novelas?

Don Quijote está tan obsesionado por las novelas de caballerías que incluso llega a perder el juicio. ¿Es eso posible?

Puede que Cervantes tuviera noticia de que personas reales de su época se hubiesen vuelto locos a causa de esta afición. Te contamos algunas anécdotas.

Lope de Vega, en su novela Guzmán el Bravo, cuenta que un señor italiano, leyendo el Amadís de Gaula, comenzó a llorar.

Don Gaspar Galcerán de Pinós, conde de Guimerá, en 1600, cuenta que un estudiante de Salamanca …

“en lugar de leer sus liciones, leía en un libro de caballerías, y como hallase en él que uno de aquellos famosos caballeros estaba en aprieto por unos villanos, levantóse de donde estaba, y empuñando un montante, comenzó a jugarlo por el aposento y esgrimir en el aire, y como lo sintiesen sus compañeros, acudieron a saber lo que era, y él respondió: – Déjenme vuestras mercedes, que leía esto y esto, y defendiendo a este caballero: ¡qué lástima! ¡cuál le traían estos villanos!” (citado en p.34. Para leer Cervantes. Martín de Riquer)

Se considera este fragmento como un precedente de lo que sería la locura de Don Quijote por leer libros de caballerías.

Quant a ROSA MARIA POY RODA

Profesora de Literatura castellana (INS Priorat)
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