CARACTERÍSTICAS DE LA LOCURA DE DON QUIJOTE
La locura del protagonista está perfectamente descrita desde el comienzo, en el primer capítulo de la Primera parte:
“Del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros […]” (I, 1).
Don Quijote enloquece, por tanto, después de haber leído demasiadas novelas de caballería. Adopta un nuevo nombre, decide enamorarse de Dulcinea del Toboso (dama que en realidad es imaginada, totalmente idealizada). Se considera un caballero andante, siguiendo el modelo del rey Arturo de Inglaterra, de Amadís de Gaula y de muchos otros. Su obsesión por la caballería hace que dispute batallas que no son necesarias, sale molido de ellas, y ve la realidad de forma diferente, como si estuviera bajo un encantamiento.
La locura lleva al hidalgo manchego a dos conclusiones falsas:
-1ª- Que todo cuanto ha leído en aquellos fabulosos y disparatados libros de caballerías era verdad histórica y fiel narración de hechos que en realidad ocurrieron.
-2ª Que en su época (principios del S. XVII) era posible resucitar la vida caballeresca de antaño y la fabulosa de los libros de caballerías en defensa de los ideales medievales de justicia y equidad.
(Nótese que la locura del personaje no es consecuencia de ningún desengaño amoroso, ni tiene su origen en ningún lance de armas. Lo esencial de la locura de don Quijote es que nace en los libros. Se trata de una enfermedad mental producida por “una intoxicación literaria”.)
La locura de Don Quijote presenta distintas características a lo largo de la novela:
– En su primera salida, el protagonista sufre un desdoblamiento de personalidad que no volverá a producirse en el resto de la novela. Así, tras la paliza recibida en la aventura de los mercaderes, Don Quijote cree ser Valdovinos (héroe del romance), y más tarde el moro Abindarráez (personaje de la historia del abencerraje y la hermosa Jarifa).
– Durante su segunda salida, Don Quijote adecua sistemáticamente la realidad a su mundo ilusorio. Así, ve las ventas como castillo, los rebaños como ejércitos y los molinos como gigantes.
–En la tercera salida, Don Quijote deja de engañarse a sí mismo; son ahora los demás quienes transmutan la realidad para burlarse de él.