PRIMERA PARTE
PRÓLOGO
CAPÍTULO 1. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.
CAPÍTULO 7. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha.
CAPÍTULO 8. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación.
CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.
CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha.
CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero.
CAPÍTULO 22. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir.
CAPÍTULO 25. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros.
CAPÍTULO 31. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos.
CAPÍTULO 44. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta.
Prólogo
La gran originalidad de este prólogo estriba en que gran parte de él trata del prólogo mismo, o sea, de las dudas que asaltan a Cervantes al ponerse a escribir esta pieza preliminar de su novela, que juzga imprescindible. Pero como no quiere caer en las vulgaridades de otros prólogos, nos habla de sí mismo y de la conversación, sin duda imaginaria, que mantuvo con un amigo suyo sobre cómo lo enfocaría y lo redactaría. Todo ello le da pie para atacar con frecuencia a Lope de Vega, escritor que entonces se hallaba en la cumbre de la gloria al paso que Cervantes llevaba una vida desdichada, había fracasado ante el público en el teatro, y hacía veinte años que no había aparecido un libro suyo. Era costumbre que los autores de los libros pidieran a escritores de fama o a personas encumbradas poesías laudatorias para poner al principio del libro. Cervantes satiriza cómicamente tal costumbre insertando, a continuación del prólogo, una serie de poesías burlescas firmadas por fabulosos personajes, de los mismos libros de caballeráis que se propone parodiar.
Asunto del prólogo
El autor quiere presentar el libro al lector como el más hermoso, pero piensa que él no es lo suficientemente bueno como para haber creado un buen libro. Nos dice que la mayor dificultad de la obra es el prólogo en el que no sabe qué poner.
Lo compara con un padre que tiene un hijo feo y no le ve sus faltas, de ahí que él lo exalte pero dejando una posibilidad de crítica del lector, aunque él se considera “padrastro”, por eso le pide al lector que exprese libremente lo que piensa sobre él.
También dice que no debería escribir el prólogo y se lo hace saber a un amigo suyo, que entró en su casa cuando él estaba escribiéndolo. Le dice que tiene miedo de cómo va a reaccionar el público ante su obra, y que en el prólogo no aparecen sentencias de los clásicos ni sonetos de autores importantes de la época, ni alusiones a la Divina Providencia, ni anotaciones al final del libro, ya que se sentía satisfecho con lo que había realizado.
El amigo se sorprende, ya que considera a Cervantes como una persona discreta en sus actuaciones y muy prudente, y posteriormente, también se asombra de que halle en esto una dificultad teniendo fácil solución. Le aconseja que él mismo escriba los sonetos y los firme con un pseudónimo, que escriba sentencias en latín en los márgenes y que nombre a Horacio, que acuda al Evangelio y a las Sagradas Escrituras. Y al final del libro, hacer anotaciones referentes al gigante Golías o Goliat, a nombres de ríos como el Tajo, a historias de ladrones, a temas amorosos como Fonseca “Del amor de Dios”, etc. En fin, el amigo se ofrece a hacer todas estas cosas en el libro.
Después de decir todo esto cae en la cuenta que este libro no necesita de todo esto porque va en contra de los libros de caballerías, es diferente a todos los demás libros de la época. Sólo tiene que procurar que con sus palabras, el libro entretenga, divierta, produzca admiración y alabanza. En definitiva, que acabe con los libros de caballería.
Al terminar su amigo de hablar, Cervantes reflexiona y le convencen sus razones. Termina presentando al lector a Don Quijote de la Mancha y a su escudero Sancho Panza, alegrándose, y realizándolo de forma clara y concisa, quitándose de todo el artificio estilístico y lingüístico de los demás prólogos de libros, porque, al fin y al cabo, este no era un libro como los demás.