ANTOLOGÍA

EDAD MEDIA

    Coplas por la muerte de su padre
    Recuerde el alma dormida,
    avive el seso y despierte,
    contemplando
    cómo se pasa la vida,
    cómo se viene la muerte
    tan callando;
    cuán presto se va el placer,
    como después de acordado
    da dolor,
    cómo, a nuestro parescer,
    cualquiera tiempo pasado
    fue mejor.

    Nuestras vidas son los ríos
    que van a dar a la mar
    que es el morir:
    allí van los señoríos
    derechos a se acabar
    y consumir;
    allí los ríos caudales,
    allí los otros medianos
    y más chicos,
    allegados son iguales,
    los que viven por sus manos
    y los ricos.

Jorge Manrique (1.440 – 1.479)

RENACIMIENTO

    Soneto XXIII
    En tanto que de rosa y de azucena
    se muestra la color en vuestro gesto,
    y que vuestro mirar ardiente, honesto,
    con clara luz la tempestad serena;

    y en tanto que el cabello, que en la vena
    del oro se escogió, con vuelo presto
    por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
    el viento mueve, esparce y desordena:

    coged de vuestra alegre primavera
    el dulce fruto antes que el tiempo airado
    cubra de nieve la hermosa cumbre.

    Marchitará la rosa el viento helado,
    todo lo mudará la edad ligera
    por no hacer mudanza en su costumbre.

BARROCO

    !QUE SE NOS VA LA PASCUA!
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      que se nos va la Pascua!

      Mozuelas las de mi barrio,
      loquillas y confiadas,
      mirad no os engañe el tiempo,
      la edad y la confianza.
      No os dejéis lisonjear
      de la juventud lozana,
      porque de caducas flores
      teje el tiempo sus guirnaldas
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      que se nos va la Pascua!

      Yo sé de una buena vieja
      que fue un tiempo rubia y zarca,
      y que al presente le cuesta
      harto cara el ver su cara;
      porque su bruñida frente
      y sus mejillas se hallan
      más que roquete de obispo
      encogidas y arrugadas.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      que se nos va la Pascua!

      Y sé de otra buena vieja
      que un diente que le quedaba
      se lo dejó esotro día
      sepultado en unas natas;
      y con lágrimas le dice:
      “Diente mío de mi alma,
      yo sé cuándo fuistes perla,
      aunque ahora no sois nada.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      que se nos va la Pascua!

      Por eso, mozuelas locas,
      antes que la edad avara
      al rubio cabello de oro
      convierta en luciente plata,
      quered cuando sois queridas,
      amad cuando sois amadas;
      mirad, bobas, que detrás
      se pinta la ocasión calva.
      ¡Que se nos va la Pascua, mozas,
      que se nos va la Pascua!

    Luis de Góngora y Argote (1.561- 1.627)

      Varios efectos del amor
      Desmayarse, atreverse, estar furioso,
      áspero, tierno, liberal, esquivo,
      alentado, mortal, difunto, vivo,
      leal, traidor, cobarde y animoso;

      no hallar fuera del bien centro y reposo,
      mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
      enojado, valiente, fugitivo,
      satisfecho, ofendido, receloso;

      huir el rostro al claro desengaño,
      beber veneno por licor süave,
      olvidar el provecho, amar el daño;

      creer que un cielo en un infierno cabe,
      dar la vida y el alma a un desengaño;
      esto es amor, quien lo probó lo sabe.

    Lope Félix de Vega Carpio (1562-1635)

      La vida es sueño
      Jornada III – Escena XIX
      Es verdad, pues: reprimamos
      esta fiera condición,
      esta furia, esta ambición,
      por si alguna vez soñamos.
      Y sí haremos, pues estamos
      en mundo tan singular,
      que el vivir sólo es soñar;
      y la experiencia me enseña,
      que el hombre que vive, sueña
      lo que es, hasta despertar.

      Sueña el rey que es rey, y vive
      con este engaño mandando,
      disponiendo y gobernando;
      y este aplauso, que recibe
      prestado, en el viento escribe
      y en cenizas le convierte
      la muerte (¡desdicha fuerte!):
      ¡que hay quien intente reinar
      viendo que ha de despertar
      en el sueño de la muerte!

      Sueña el rico en su riqueza,
      que más cuidados le ofrece;
      sueña el pobre que padece
      su miseria y su pobreza;
      sueña el que a medrar empieza,
      sueña el que afana y pretende,
      sueña el que agravia y ofende,
      y en el mundo, en conclusión,
      todos sueñan lo que son,
      aunque ninguno lo entiende.

      Yo sueño que estoy aquí,
      destas prisiones cargado;
      y soñé que en otro estado
      más lisonjero me vi.
      ¿Qué es la vida? Un frenesí.
      ¿Qué es la vida? Una ilusión,
      una sombra, una ficción,
      y el mayor bien es pequeño;
      que toda la vida es sueño,
      y los sueños, sueños son.

    Pedro Calderón de la Barca, 160-1681

      ROMANTICISMO
      Canción Del Pirata
      Con diez cañones por banda,
      viento en popa, a toda vela,
      no corta el mar, sino vuela,
      un velero bengantín;
      bajel pirata que llaman
      por su bravura el Temido,
      en todo mar conocido
      del uno al otro confín.

      La luna en el mar riela,
      en la lona gime el viento,
      y alza en blando movimiento
      olas de plata y azúl;
      y ve el capitán pirata,
      cantando alegre en la popa,
      Asia a un lado, al otro Europa,
      y allá en su frente, Estambul.

      “Navega velero mío,
      sin temor,
      que ni enemigo navío,
      ni tormente, ni bonanza,
      tu rumbo a torcer alcanza,
      ni a sujetar tu valor.
      Veinte presas
      hemos hecho
      a despecho
      del inglés,
      y han rendido
      sus pendones
      cien naciones
      a mis pies.”

      “Que es mi barco mi tesoro,
      que es mi Dios la Libertad,
      mi ley la fuerza y el viento,
      mi única patria, la mar”.

      Allá muevan feroz guerra
      ciegos reyes
      por un palmo más de tierra;
      que yo aquí tengo por mío
      cuanto abarca el mar bravío,
      a quién nadie impuso leyes.

      Y no hay playa,
      sea cualquiera,
      ni bandera
      de esplendor,
      que no sienta
      mi derecho,
      y dé pecho
      a mi valor.

      “Que es mi barco mi tesoro,
      que es mi Dios la Libertad,
      mi ley la fuerza y el viento,
      mi única patria, la mar”.

      A la voz de “¡Barco viene”!
      es de ver
      cómo vira y se previene
      a todo trapo escapar;
      que yo soy el rey del mar,
      y mi furia es de temer.

      En las presas
      yo divido
      lo cogido
      por igual;
      sólo quiero
      por riqueza
      la belleza
      sin rival.

      “Que es mi barco mi tesoro,
      que es mi Dios la Libertad,
      mi ley la fuerza y el viento,
      mi única patria, la mar”.

      “¡Sentenciado estoy a muerte!”
      Yo me río:
      no me abandone la suerte,
      y al mismo que me condena
      colgaré de alguna antena,
      quizá en su propio navío.

      Y si caigo,
      ¿qué es la vida?
      Por perdida
      ya la di,

      cuando el yugo
      del esclavo
      como un bravo
      sacudí.

      “Que es mi barco mi tesoro,
      que es mi Dios la Libertad,
      mi ley la fuerza y el viento,
      mi única patria, la mar”.

      Son mi música mejor
      aquilones;
      el estrépito y temblor
      de los cables sacudidos,
      del negro mar los bramidos
      y el rugir de mis cañones.

      Y del trueno
      al son violento
      y del viento
      al rabramar,
      yo me duermo
      sosegado
      arrullado
      por el mar.

      “Que es mi barco mi tesoro,
      que es mi Dios la Libertad,
      mi ley la fuerza y el viento,
      mi única patria, la mar”.

    José de Espronceda (1.808 -1.842)

      Rimas
      No digáis que agotado su tesoro
      de asuntos falta, enmudeció la lira:
      podrá no haber poetas, pero siempre
      habrá poesía.
      Mientras las ondas de la luz al beso
      palpiten encendidas;
      mientras el sol las desgarradas nubes
      de fuego y oro vista;
      mientras el aire en su regazo lleve
      perfumes y armonías;
      mientras haya en el mundo primavera,
      ¡habrá poesía!
      Mientras la ciencia a descubrir no alcance
      las fuentes de la vida,
      y en el mar o en el cielo haya un abismo
      que al cálculo resista;
      mientras la humanidad siempre avanzando
      no sepa a do camina;
      mientras haya un misterio para el hombre,
      ¡habrá poesía!
      Mientras que sintamos que se alegra el alma,
      sin que los labios rían;
      mientras se llore sin que el llanto acuda
      a nublar la pupila;
      mientras el corazón y la cabeza
      batallando prosigan;
      mientras haya esperanzas y recuerdos,
      ¡habrá poesía!
      Mientras haya unos ojos que reflejen
      los ojos que los miran;
      mientras responda el labio suspirando
      al labio que suspira;
      mientras sentirse puedan en un beso
      dos almas confundidas;
      mientras exista una mujer hermosa,
      ¡habrá poesía!

    Gustavo Adolfo Bécquer (1.836 – 1.870)

      PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX
      Romance de la luna, luna
      La luna vino a la fragua
      con su polisón de nardos.
      El niño la mira, mira.
      El niño la está mirando.

      En el aire conmovido
      mueve la luna sus brazos
      y enseña, lúbrica y pura,
      sus senos de duro estaño.

      Huye luna, luna, luna.
      Si vinieran los gitanos,
      harían con tu corazón
      collares y anillos blancos.

      Niño, déjame que baile.
      Cuando vengan los gitanos,
      te encontrarán sobre el yunque
      con los ojillos cerrados.

      Huye luna, luna, luna,
      que ya siento sus caballos.
      Niño, déjame, no pises
      mi blancor almidonado.

      El jinete se acercaba
      tocando el tambor del llano.
      Dentro de la fragua el niño,
      tiene los ojos cerrados.

      Por el olivar venían,
      bronce y sueño, los gitanos.
      Las cabezas levantadas
      y los ojos entornados.

      ¡Cómo canta la zumaya,
      ay cómo canta en el árbol!
      Por el cielo va la luna
      con un niño de la mano.

      Dentro de la fragua lloran,
      dando gritos, los gitanos.
      El aire la vela, vela.
      El aire la está velando.

    Federico García Lorca (1.898 – 1.936)

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