Tú que tantas veces me envolviste en tus olas cuando estaba triste,
extrañando al amor que estaba lejos…
Tú que recibiste mis lágrimas confundiéndolas con las gotas que son tu esencia;
por ellas eres lo que eres…
Tú que brindaste paz y sosiego a mi espíritu andariego…
Tú que me enamoraste tantas veces, ocupando mi tiempo, robando mi tiempo,
enredándome en tu tiempo tan salvaje y desmedido…
He necesitado confundirme con tu cuerpo y acariciarte tantas veces,
en cada salto, en cada cielo, en cada luna reflejada en ti…
No dejes que los hombres te cambien de color y piensa que, cada vez que te visito,
me ilumino con estrellas de mar, con vida, e ilusión.
victoria savchak