Apunts males herbes

MALAS HIERBAS

1) DEFINICIONES Y CONSIDERACIONES GENERALES.-

 

El término mala hierba (en otros países de habla hispana se suele utilizar maleza; la palabra inglesa correspondiente es weed) puede resultar un tanto confuso. De hecho, ¿por qué ha de ser “mala” una hierba? Las definiciones de mala hierba suelen ser antropocéntricas y algo subjetivas. Por ejemplo:

·         Son plantas que crecen fuera de lugar, o donde no son deseadas, o que compiten con el hombre por la posesión del suelo.

·         Son plantas que llegan a ser perjudiciales o indeseables en determinado lugar y tiempo.

·         Son plantas que invaden los cultivos, y que resultan difíciles de extirpar.

·         Son plantas que se dan en lugares donde interfieren con los objetivos o necesidades humanas.

Estas definiciones son discutibles. Algunas plantas pueden ser malas hierbas en determinados cultivos (como la grama o el raygrass, Lolium spp.), y ser utilizadas en otros lugares (para formar céspedes, o como forrajeras como en estos casos). Incluso el trigo puede convertirse en mala hierba en otros cultivos, como remolachas o habas.

Como se deduce de lo anterior, las malas hierbas no afectan sólo a cultivos. De hecho, algunas se comportan como plantas invasoras de comunidades naturales, como la caña común (Arundo donax) una especie introducida en tiempos de los árabes que resulta muy difícil de erradicar en zonas riparias o de ribera. Tampoco tienen por qué ser necesariamente herbáceas. Numerosas especies invasoras de ambientes naturales y antrópicos son leñosas, como algunos pinos en Nueva Zelanda, o Prunus serotinus (un arbusto) en los bosques holandeses. También se podrían considerar malas hierbas las que dificultan la circulación o visibilidad en carreteras y vías férreas, o las algas y plantas acuáticas que obstruyen acequias, invaden balsas, envenenan la fauna acuática, etc.

En resumen, esas definiciones se podrían resumir en que se trata de plantas indeseables, contra las que se debe luchar. No obstante, también hay una base biológica y ecológica para definirlas:

  • Son plantas pioneras de la sucesión secundaria (es decir, la que ocurre en terrenos no vírgenes; un campo en barbecho, por ejemplo).
  • Son plantas oportunistas, espontáneas y persistentes en hábitats continuamente alterados por el hombre.
  • También hay definiciones mixtas:
  • Son plantas adaptadas a proliferar en hábitats alterados por el hombre, y que interfieren con las actividades de éste.
  • Son plantas que crecen siempre o casi siempre en situaciones muy alteradas por el hombre, y que no son deseables en determinados lugares y momentos.
  • Son plantas que impiden o dificultan el aprovechamiento de los nutrientes, el agua o la luz por parte de las plantas cultivadas, tanto para ser recolectadas por el hombre o consumidas por el ganado, o que interfieren en actividades humanas.
  • Son plantas que retiran energía de un medio que resulta de interés para el ser humano.

 

. En cualquier caso, es interesante conocer estos términos:

 

·         PLANTA ADVENTICIA: la que se presenta espontánea o que aparece accidentalmente.

·         PLANTA COMENSAL: la que comparte nutrientes con otras.

·         PLANTA  ARVENSE: la que crece en campos de cultivos.

·         PLANTA RUDERAL (del latín ruder, -is, ruina, escombro): la que crece en hábitats ‘urbanos’ (alcorques, solares, escombreras, jardines, etc.), márgenes o zonas marginales

 

2) CARACTERÍSTICAS GENERALES.-

 

Aproximadamente el 3% de las especies vegetales se comportan como malas hierbas. ¿Qué las hace ser tan invasoras, y que compitan tan bien con las cultivadas, su éxito se debe a unas estrategias reproductoras muy eficaces y a una alta resistencia:

 

1-Las semillas u otros propágulos pueden permanecer viables mucho tiempo, en fase de latencia

2- La dispersión de sus semillas es fácil: viento, animales (inclusive la ropa de los que pasen junto a ellas), mezcladas con las de los cultivos, etc.

3- Pueden germinar escalonadamente en largos periodos de tiempo, lo que ayuda a su supervivencia tras catástrofes ocasionales.

4- La germinación de algunas especies está sincronizada con la del cultivo comensal, e incluso puede adelantarse unos días a éste. De este modo, colonizan antes el terreno. Los rasgos 1-4 son estrategias de dispersión temporal y espacial.

5- La producción de semillas es muy elevada. Pueden competir con el cultivo gracias a su elevado número.

6- Presentan con frecuencia otros órganos de propagación vegetativa (estolones, rizomas, bulbos, tubérculos), que favorecen la invasión de nuevos hábitats, o su rebrote.

7- Suelen ser presentar un amplio rango ecológico (es decir, son muy resistentes a las condiciones adversas), tolerando amplios rangos de condiciones climáticas y edáficas.

8- Su variabilidad genética es muy grande, lo que aumenta la posibilidad de que algunos individuos sobrevivan a cambios adversos (lo que explica la aparición de resistencias a herbicidas).

9-Suelen ser plantas con altas tasas de crecimiento y absorción de nutrientes (es decir, son ‘vigorosas’), sobre todo las que cuentan con órganos de reserva, y su biomasa puede sobrepasar a las cultivadas.

10- Su morfología y fisiología las hace ser más competitivas que las cultivadas: raíces más frondosas, follaje más denso), o bien emisión de compuestos químicos perjudiciales para otras plantas (alelopatía).

 

3) PERJUICIOS OCASIONADOS E IMPORTANCIA ECONÓMICA.-

 

Los daños que causan las malas hierbas a escala mundial, tanto directos como indirectos, son muy elevados. De acuerdo con datos de la F.A.O. (1993), las pérdidas se elevarían al 11,4% de la producción de cereales; 4% de patata; 12,7% de plantas de raíces comestibles; 5,8% de remolacha azucarera; 15,7% de caña de azúcar; 8,7% de leguminosas; 8,9% de hortalizas; 3% de frutas; 13,2% de café, té y cacao; 10,4% de oleaginosas; 6,9% de textiles; 8,1% de tabaco; 5% de caucho; etc. En suma, una media de pérdidas del 9,7%. No obstante, las pérdidas en los países pobres, así como en determinadas localidades, pueden ser mucho más elevadas.

 

Los daños DIRECTOS que causan las malas hierbas a la agricultura son:

 

§  Incremento de los costes de las operaciones de control: uso de herbicidas, laboreo suplementario u otras prácticas, empleo de rotaciones de cultivos menos rentables, retrasos de la fecha óptima de siembra, deterioro de maquinaria, etc. Por ejemplo, el porcentaje de dinero gastado en herbicidas respecto del total de fitosanitarios fue de un 24,5% en España en 1984, y subió al 29,4% en 1986. En los Estados Unidos, fue del 65,8% en 1985, y del 64,6% en 1990. A escala mundial fue del 46% en 1985, y el 45,6% en 1990.

§  Reducción del rendimiento de los cultivos, bien sea por competencia con las malas hierbas (por los nutrientes, el agua, la luz (pueden llegar a causar ahilamiento), el aire, la polinización, o bien fenómenos de alelopatía), o bien por hibridación, cuando ciertas malas hierbas afines a las especies cultivadas originan una descendencia menos valiosa (e.g. arroz).

§  Reducen la calidad de la cosecha. Pueden portar ciertas sustancias cuyo olor y sabor desagradables se transmiten a los granos, o bien a los productos lácteos y derivados.

§  – Muchas de sus semillas son tóxicas y pueden causar transtornos al ganado y a los humanos (por ejemplo, el helecho Pteridium aquilinum es capaz de convertir la leche del ganado en cancerígena).

§  – Algunos frutos y semillas se adhieren al cuero o el pelo de los animales a través de ganchos o espinas (epizoocoria), lo que disminuye la calidad de su piel o de su lana, o bien los lesionan, facilitando la infección por patógenos o insectos.

§  – Ocasionan pérdidas de agua al invadir acequias y desagües (junto con las algas) facilitando su desbordamiento o consumiendo agua directamente.

 

Entre los daños agrícolas INDIRECTOS destacan:

§  – Reducción de la superficie cultivada o pastural.

§  – Posibilidad de ser hospedantes alternativos de organismos patógenos, así como de servir de refugio a diversas plagas, creando un microclima favorable para éstas en donde pueden aguardar hasta el cultivo siguiente o desde donde pueden re-infectar el cultivo si se ha tratado con plaguicidas.

§  – Una vez secas, pueden contribuir a la propagación de incendios.

 

Otros daños no vinculados con la agricultura son:

§  – Invasión y destrucción de ecosistemas naturales frágiles (islas o ecosistemas costeros, por ejemplo), amenazando o desplazando a las especies autóctonas.

§  – Capacidad de causar alergias (como Lantana camara –banderita española-, las especies de Artemisia y las lechetreznas, que causan dermatitis con mucha frecuencia, Zygophyllum fabago, cuyo polen es alergógeno, al igual que numerosas especies de gramíneas y ciperáceas).

§  – Reducción del valor de los terrenos.

§  – Disminuyen la visibilidad o dificultan el tránsito en calles, carreteras o vías férreas.

§  – Perturban las actividades recreativas (ej.: natación, navegación o pesca en ríos y lagos).

§  – Su abundancia ocasiona un exceso de materia orgánica que puede perjudicar a los peces (además del posible envenenamiento de la fauna acuática).

§  – Impiden una cómoda llegada de los animales a sus abrevaderos naturales.

 

Por supuesto, las malas hierbas también pueden tener aspectos positivos, desde el punto de vista humano:

§  – Controlan la erosión. Por su rusticidad pueden emplearse eficazmente en tareas de revegetación de taludes.

§  – Sirven de alimento y refugio a los animales (especialmente interesante en campos extensivos y zonas peri-urbanas).

§  – Pueden tener usos medicinales (como las Solanáceas, por sus alcaloides).

§  – Añaden materia orgánica al suelo: pueden utilizarse como abono natural (verde o seco).

§  – Reciclan nutrientes con rapidez, gracias a sus altas tasas de crecimiento, por lo que muchas especies pueden emplearse en tareas de limpieza de aguas y suelo.

§  – Su genoma puede ser potencialmente valioso (una mala hierba gramínea puede ser tolerante a una plaga y si se localiza el gen o genes responsables, podrían implantarse a la especie cultivada).

§  – Hospedan a insectos beneficiosos (por ejemplo, recientemente se ha descubierto que en las malas hierbas que rodean los invernaderos, pululan depredadores naturales de mosca blanca).

§  – Su porte puede ser llamativo u ornamental y son una fuente ornamental potencial a emplear en terrenos muy degradados (e.g. Chrysanthemum coronarium, Anacyclus clavatus, Diplotaxis spp.).

Todo consiste en hacer un balance de costes y beneficios que reportan, para ver si merece la pena su erradicación.

Un caso aparte lo constituyen las cubiertas vegetales utilizadas en numerosos cultivos que como característica podemos citar:

 

·         Evitar Ia erosión y la compactación del suelo.

·          Facilitar la infiltración deI agua.

·          Facilitar el paso de maquinaria en terreno mojado.

·          Impedir Ia evaporación directa de agua en el suelo.

·          Ser un refugio de fauna auxiliar.

·          Mantener o incrementar la fertilidad del suelo.

4. Clasificación de malas hierbas

Las malas hierbas se pueden clasificar siguiendo diversos criterios:

·         La duración de su vida: (Anuales, bianuales y plurianuales)

·         Clase botánica a la que pertenecen (Dicotiledóneas-Monocotiledóneas)

·         Familia botánica a la que pertenecen (Amarantáceas, poáceas o gramíneas, compuestas…)

·         Hábitat que ocupan (Arvenses o ruderales)

·         Comportamiento ante lo herbicidas (hoja ancha-hoja estrecha)

·         Cultivo al que se asocian (viña, olivo, frutales hueso, cereales ….)

4.1 Clasificación según ciclo biológico

 

·         Anuales

·         Bianuales

·         Plurianuales

MALAS HIERBAS ANUALES

Las malas hierbas anuales son plantas herbáceas que germinan, se desarrollan, florecen y fructifican en un periodo inferior a un año. Aunque desde este punto de vista hay muchos casos particulares, se pueden considerar tres grandes grupos:

n   Anuales de verano . La germinación se produce a finales de primavera y comienzo del verano. Ejemplo: bledos ( Amaranthus sp ., Chenopodium sp .), Panissola ( Echinochloa crudos- galli ).

n   Anuales de invierno . La germinación se produce en invierno . Ejemplo: Amapola ( Papaver rhoeas ), palmito ( Lolium rigidum ).

n   Indiferentes. Tanto pueden germinar en primavera-verano como en otoño-invierno

 

 

MALAS HIERBAS BIANUALES

Son  plantas herbáceas que viven más de un año y menos de dos, pero son monocárpicas ( florezcan una sola vez). Ejemplo : zanahoria ( Daucus carota ) Durante el primer año tiene lugar el desarrollo vegetativo y durante el segundo la floración y fructificación .

La germinación tiene lugar en primavera del primer año y al largo de este tiene lugar el desarrollo de órganos vegetativos para afrontar el invierno alcanzando una estructura a menudo en forma de roseta (ej. gordolobo). Las plantas bienales son de consistencia herbácea (ej., zanahoria borda). La acumulación desustancias de reserva en algunos órganos durante el primer año es una característica de algunas de estas plantas (ej., zanahoria , rábano o chirivía ), la cual que ha comportado la su utilización como planta de interés hortícola

 

MALAS HIERBAS PLURIANUALES

Son n plantas herbáceas o leñosas que viven más de dos años. Son las que conocemos como a malas hierbas perennes, todo y que hay que diferenciar entre vivaces y perennes

  • Perennes : Son plantas herbáceas o leñosas que siempre muestran órganos aéreos. Además de las plantas arbóreas y arbustivas, también encontramos de herbáceas (ej., alfalfa, plantatges), así como muchas gramíneas que se siembran para formar céspedes (ej., FestucapratensisLolium perennePoa pratensis ) o formar parte de formaciones vegetales naturales o seminaturales de prados (ej. listón, Brachypodium retusum , Festuca eskia ).
  • Vivaces : Se tratan de plantas herbáceas que en invierno pierden de forma total o parcial su aparato aéreo, pero quedan gemas a ras del suelo o bien en órganos subterráneos, los cuales permiten la regeneración de las partes aéreas en la estación siguiente (ej. cola de caballo, grama , juncia ,, cañizo, correhuela). modificaciones de algunos órganos como rizomas, estolones, tubérculos, bulbos, raíces, que facilitan la regeneración de la planta y, de hecho, su multiplicación de forma vegetativa.

 

4.2 Malas hierbas según la clase botánica

En Catalunya hay cerca de 225 especies de malas hierbas, botánicamente se clasifican en:

  • Dicotiledóneas
  • Monocotiledóneas

A efectos de uso de herbicidas, es decir como se comportan ante los herbicidas, suelen coincidir con otra clasificación de malas hierbas (hoja ancha para las dicotiledóneas y hoja estrecha para las dicotiledóneas.

 

4.2.1 DICOTILECÓNEAS

Se caracterizan porque sus plántulas tienen dos cotiledones. Las hojas fotosintéticas suelen ser anchas y con nervios ramificados, siguiendo un patrón tipo pluma, con un nervio principal, secundarios y terciarios o bien uno principal en forma de abanico.

 

4.2.2 MONOCOTILECÓNEAS

Se caracterizan porque sus plántulas tienen un solo  cotiledón. Las hojas son generalmente alargadas, estrechas y con nervios paralelos. Las gramíneas son la familia más característica de este grupo junto con la juncia (Ciperáceas) u otras plantas tan diferentes como las palmeras.

 

4.3 Malas hierbas según su hábitat

 

En función del hábitat de desarrollo del vegetal tendríamos:

§  Arvenses

§  Ruderales

4.3.1 Malas hierbas arvenses

Son las especies que conviven y compiten por los recursos con las plantas cultivadas, es decir están asociadas al cultivo y provocan competencia, pérdidas de cosecha etc, dentro del cultivo. Normalmente cada cultivo tiene asociado una determinada flora de malas hierbas dependiendo básicamente, de la historia del cultivo y del manejo que se lleve a término. Se consideran arvenses la mayoría de malas hierbas con interés en agricultura como la grama, la juncia, la correhuela, etc.

4.3.2 Malas hierbas ruderales

Son las especies que ocupan zonas como márgenes, caminos, alrededores de los cultivos, vías de tren, canales etc. En general, se trata de especies diferentes a aquellas que se desarrollan dentro del cultivos (arvenses). Un ejemplo típico sería la parietara (muros, paredes etc.

 

4.4 Malas hierbas asociadas a los cultivos

Las arvenses, en función del tipo de cultivo las podríamos agrupar por su mayor o menor frecuencia en determinados cultivos, a groso modo

VIÑA

En la viña son numerosas las especies de malas hierbas que se pueden encontrar. Las principales se resumen en el cuadro siguiente. La más problemática es la correhuela ( Convolvulus arvensis ). Aunque las anuales son las más numerosas, es un cultivo en el que las perennes también son importantes.

La siguiente tabla relaciona las principales malas hierbas de la viña.

 

Frutales y Cítricos

En este tipo de cultivo, como que se mantienen durante varios años en el mismo terreno, la flora es más rica y numerosa.

Algunos aspectos que definen el tipo de malas hierbas que se pueden encontrar son:

  • El sistema de mantenimiento del suelo, según se trabaje o no.
  • Si son campos en secano o en regadío.
  • La forma de eliminar las malas hierbas: trabajando el suelo o segando la foto
  • El marco de plantación y el puerto de los árboles, que determinan el área que permanece sombreada, a veces durante todo el día.
  • La comarca en que se encuentran. Al borde del litoral la flora es claramente diferente a las zonas del interior.
  • En los cultivos de frutales : manzana, pera, melocotón, albaricoque, cereza, ciruela, entre otras, la flora es muy rica y variada, con un predominio importante de las plantas perennes, sobre todo en aquellos campos en que la cubierta vegetal se mantiene segando-la

    Citricos

    Los cítricos tienen la característica de encontrarse en las comarcas más cálidas. La flora se desarrolla durante todo el año y se encuentran importantes diferencias entre la primavera verano y otoño-invierno. También es característico el hecho de que la flora que cubre el suelo tiene un importante papel en la prevención de enfermedades como el soplado Phytophtora sp ).

    Al igual que en el caso del olivo, es un cultivo que soporta muy bien los herbicidas, y eso hace que sea fácil abusar. Por esta razón, hay que tener cuidado en su uso

  • Olivo

    Es un cultivo que ocupa un ancho extensión en Cataluña. El suelo se ha mantenido tradicionalmente labrando, pero como es un cultivo que responde muy bien al no cultivo del suelo y soporta bastante los herbicidas, en concreto lastriacines , el uso de herbicidas está muy extendido.

    Como la mayor parte se encuentra en áreas de secano, la flora es muy rica y abundante, también debido a que utilizan mucho los herbicidas.

    Son frecuentes los casos en que se ha producido inversiones de flora, con la presencia de especies de malas hierbas que son controladas con más dificultad por herbicidas.

  • Cereales

    En los cultivos extensivos el control de malas hierbas es un aspecto clave en su producción. El método más utilizado es el uso de los herbicidas. Como las zonas tratadas son extensas, su impacto sobre el medio y sobre la biodiversidad pueden ser importantes, por eso hay que utilizarlos con la máxima precaución.

    En estos cultivos, el uso de rotaciones y el no avanzar demasiado la fecha de siembra son dos aspectos clave para que no aumenten demasiado las poblaciones de malas hierbas.

    La forma de cultivar también incide en la presencia y abundancia de malas hierbas.

    Se tiende al no laboreo o el mínimo laboreo, como forma de conservar el suelo y disminuir costes, pero hay que ser consciente de que estos sistemas de cultivo son más dependientes de los herbicidas.

  • Arroz

    En arroz, que se cultiva por inundación en un ambiente muy característico, en el que las rotaciones son muchas veces difíciles de poder hacer, las malas hierbas juegan un importante papel. Además, su control hay que hacerlo con mucho cuidado dado el frágil que es el ecosistema en que se cultiva.

    Las principales malas hierbas son heteranthera , arroz salvaje, mijo y chufa.

     

    ECOLOGÍA DE LAS PLANTAS ADVENTICIAS

     

    1) INTRODUCCIÓN.

     

    En este tema se tratarán algunos factores ambientales que pueden influir sobre las comunidades de malas hierbas, así como la descripción de éstas a distintos niveles. Pero antes, es importante tener claros unos pocos conceptos básicos para comprender la asignatura.

     

    Desde el punto de vista ecológico, en un cultivo se pueden distinguir 4 niveles de organización:

     

    Individuo: Aunque en muchos casos esté claro lo que es una planta individual, en otros, como las malas hierbas que forman céspedes (ej.: grama) es bastante complicado distinguirlo en campo.

     

    Población: Conjunto de todos los individuos de una determinada especie de mala hierba en un lugar concreto.

     

    Comunidad: Conjunto de todas las malas hierbas (pueden ser de diversas especies) de un lugar concreto.

     

    Estos tres niveles se encuentran también en ambientes que no son cultivos (por ejemplo, un pastizal o un bosque).

     

    Agroecosistema o agrosistema: Sistema formado por las plantas cultivadas, las malas hierbas y demás seres vivos presentes en un lugar y las interacciones existentes entre todo el componente vivo y entre éste y los factores ambientales (suelo, clima, etc.). Básicamente, un agrosistema es el ecosistema (es decir, conjunto de seres vivos, de las interacciones entre ellos, y de las interacciones entre ellos y su medio) de una zona cultivada.

     

    2) ECOLOGÍA DE LAS MALAS HIERBAS.-

     

    Antes de seguir, recordemos de los temas anteriores que las ‘malas hierbas’ son especialistas en la ocupación de ambientes fluctuantes y de hábitats de reciente aparición (un cultivo, un alcorque, los bordes de un camino recién abierto). Pues bien, desde el nacimiento de la agricultura durante el Neolítico hasta nuestros días, han ido surgiendo grandes extensiones de terreno con nuevas condiciones ambientales (eliminación del humus, acumulación de nutrientes, escasa competencia, etc.) como consecuencia de las acciones intensivas de cultivo y la destrucción de la vegetación natural asociadas a la acción humana. En ellas se instalaron comunidades antropozoógenas de malas hierbas (es decir, cuya aparición está favorecida por la actividad del ser humano y de sus animales) que, frecuentemente, compiten con las especies cultivadas. Es importante destacar que estas especies, desde el punto de vista evolutivo, no aparecieron cuando lo hizo la agricultura: en realidad, estaban presentes en los ecosistemas naturales, pero probablemente eran mucho menos frecuentes de lo que lo son en nuestros días. La presencia de muchas de estas especies estaba restringida a aquellos hábitats que ‘aparecían’ repentinamente o que estaban sometidos a drásticas fluctuaciones. Algunos ejemplos de estos ambientes eran los claros de los bosques y matorrales generados por las manadas de herbívoros silvestres o por eventos más drásticos (incendios, rayos, caídas de árboles por una tempestad), o, por ejemplo, los terrenos donde los herbívoros se concentraban para descansar (hoy se denomina majadas a esos lugares). Para hacernos una idea: imaginemos la alteración de hábitat causada cuando llega un rebaño de cincuenta uros (Bos primigenius), el toro Europeo (probable antepasado del toro de lidia actual), desplazándose de un lado a otro de su territorio. Es probable que este tipo de lo que hoy son malas hierbas habitaran la periferia de otras comunidades naturales más estables, ‘aguardando su oportunidad’ para ocupar un claro o un nuevo hábitat. Así, las malas hierbas pueden considerarse como especies fugitivas, es decir, vegetales que colonizan habitats temporales y se reproducen rápidamente y antes de que desaparezcan espacial o temporalmente las condiciones favorables, abandonan el hábitat. Pueden prosperar con éxito en este tipo de ambientes porque la mayoría de las plantas adventicias presentan estrategias de tipo “r”, es decir, exhiben una elevada tasa de reproducción, una fuerte dispersión y una colonización rápida. Además, muchas tienen vías C4, lo que aparentemente ha incrementado su capacidad competitiva. Al tratar la biología de las malezas (temas 5-6) se profundizará en las estrategias competitivas de estos vegetales.

     

    Por todo esto, lo que ha hecho el ser humano es, simplemente, favorecer la expansión de este tipo de especies conforme se incrementaba la superficie dedicada a la agricultura y a la ganadería a costa de los ecosistemas naturales. En general, se puede afirmar que las malas hierbas explotan los hábitats abiertos y nichos ecológicos que no ejercen otras especies en los medios que el hombre ha alterado para su uso. Las prácticas agrícolas están destinadas a mantener el cultivo de una sola especie (monocultivo) que rara vez aprovecha todos los recursos nutritivos, la humedad y la luz disponibles (suele haber exceso de estos recursos). Esto hace que se dejen nichos abiertos, que se deben proteger frente a la invasión y la competencia de las plantas nocivas.

     

    Entre los factores ecológicos que influyen sobre el desarrollo de las malas hierbas pueden citarse:

     

    * Factores climáticos (luz, temperatura, agua, viento).

    * Factores edáficos (humedad, aireación, temperatura, pH, fertilidad).

    * Sistemas de cultivo (se verán del tema 7 en adelante)..

    * Factores bióticos (competencia, depredadores, patógenos, etc.; véase tema 6).

     

    * Factores edáficos.- En general, son muy pocas las especies de malas hierbas que están asociadas de un modo definido con un tipo especial de suelo. Su capacidad de adaptación a los variados factores del medio explica, por lo menos en parte, por qué son malas hierbas. Sin embargo, aunque un buen número de especies de malas hierbas son indiferentes edáficas (hasta cierto punto) como Polygonum aviculare (que tolera condiciones ácidas y básicas) otras muestran unas preferencias más o menos marcadas por algunas condiciones concretas, como las Chenopodiaceae (familia de los cenizos –género Chenopodium– y los salaos –Atriplex– y las sosas –Suaeda y Salsola-).

     

    Los principales factores del suelo que influyen en la persistencia de las plantas adventicias son básicamente los que afectan a cualquier especie vegetal de modo genérico: agua, aireación, temperatura, pH, contenido en sales y nivel de fertilidad.

     

    El pH del suelo es bastante importante en la distribución de las malas hierbas, pues unas se desarrollan mejor sobre suelos ácidos y otras sobre suelos alcalinos. No obstante, hay un buen número de ellas que toleran amplios rangos de pH, como Polygonum aviculare, que tolera condiciones tanto ácidas como alcalinas.

     

    Aunque muchas malas hierbas pueden crecer sobre suelos con fertilidad baja, en general, prosperan mucho mejor en suelos con fertilidad alta. Muchos cultivos como la alfalfa mejoran la estructura del suelo y aumentan el nivel de nitrógeno; esto no sólo incrementa el rendimiento de los cultivos posteriores, sino que también proporciona condiciones óptimas para el crecimiento de las malas hierbas.

     

    * Factores climatológicos.- Los más importantes que guardan relación con la persistencia de las plantas son: luz, temperatura, agua, viento, humedad y las características estacionales de estos factores.

     

    La intensidad, calidad y duración de la luz tienen importancia para la determinación del crecimiento, reproducción y distribución de tales plantas. La respuesta fotoperiódica rige la floración y determina el momento de la maduración de la semilla; por tanto, determina los límites latitudinales de la distribución.

     

    La temperatura atmosférica y del suelo, así como la duración del período de heladas, son límites importantes en la distribución de las malas hierbas en latitud y longitud geográficas. La temperatura del suelo se relaciona directamente con la germinación de la semilla, y una bajada de temperatura del mismo influirá sobre la latencia de la semilla y la supervivencia de sus partes subterráneas. Por tanto, la temperatura es un factor crítico para la adaptación y persistencia de plantas adventicias anuales y perennes. A este respecto, se recomienda al alumno consultar la ficha de Sorghum halepense (la ‘cañota’) que aparece en la web (http://www.ual.es/personal/edana/bot/mh/mh.htm/sorghum.doc).

     

    El agua es el factor ecológico de mayor importancia en el hábitat, teniendo una marcada expresión morfológica en el vegetal. El total de agua disponible en un lugar determinado tiene relación tanto con el abastecimiento inicial como con las pérdidas por filtración, escorrentía, evaporación y transpiración. La distribución del agua por estaciones o temporadas es un factor determinante, puesto que a veces su escasez en fases críticas de la planta es causa de la falta de reproducción y supervivencia.

     

    La velocidad, frecuencia y dirección predominante del viento restringen o delimitan la presencia de todas las plantas, incluso las malas hierbas. El viento puede estabilizar los niveles de oxígeno y anhídrido carbónico que hay en la atmósfera de un invernadero u otro hábitat, y puede hacer variar en gran parte las pérdidas por transpiración de las plantas, al evitar condensaciones.

     

    En resumen, les afectan principalmente los mismos factores que al cultivo: el agua (nosotros regamos los cultivos) y los factores relacionados con su disponibilidad (insolación-transpiración) y los nutrientes. Cuanto menos restrictivos sean los niveles de estos parámetros, mejor prosperará la ‘mala hierba’.

     

    DESCRIPCIÓN DE LA VEGETACIÓN

     

    La vegetación puede ser definida como un conjunto de plantas que crecen juntas en una localidad y que puede ser caracterizada por sus especies componentes o por sus rasgos estructurales y funcionales, que caracterizan su apariencia o fisiognomía. En la definición ya se puede entrever la gran cantidad de métodos que pueden emplearse para describir la vegetación. Los métodos estructurales o funcionales (es decir, los basados en su estructura, como podría ser clasificarlas en ‘vegetación arbórea o no arbórea’, ‘leñosa o herbácea’, ‘perenne o anual’, etc.) no requieren la identificación de las especies y pueden resultar de gran utilidad a pequeña escala (grandes áreas). Los métodos basados en la composición de especies son de mayor utilidad en estudios detallados de pequeñas áreas y pueden emplearse también en grandes áreas.

     

    Probablemente, la clasificación de los biotipos o formas vitales de Raunkjaer (1934) sea la más extendida entre las fisiognómicas y puede emplearse también para describir la vegetación. Se basa  en la posición de las yemas perdurantes con respecto a la superficie del suelo, de manera que pueden establecerse varias categorías principales que pueden subdividirse posteriormente atendiendo a diferentes criterios:

     

    Fanerófitos: Las yemas perdurantes se mantienen a más de 50 cm del suelo. Cabe distinguir:

    Megafanerófitos: con las yemas a más de 30 m del suelo (por ejemplo, un eucalipto).

    Macrofanerófitos: con las yemas entre 8 y 30 m (una higuera).

    Mesofanerófitos: con las yemas entre 2 y 8 m (el gandul, Nicotiana glauca).

    Nanofanerófitos: con las yemas entre 50 cm y 2 m (por ejemplo, plantas de porte arbustivo como Thymelaea hirsuta o muchas quenopodiáceas leñosas).

    Fanerófitos lianoides: son trepadoras que usan a otro fanerófito como soporte (ej: Clematis vitalba). Algunas pueden interferir con la fotosíntesis de la planta soporte, e incluso la llegan a matar (como las higueras estranguladoras).

    Fanerófitos suculentos: son plantas crasas y áfilas (sin hojas). Un típico ejemplo es la chumbera y otros cactus, así como las euforbias cactiformes.

     

    Caméfitos: Las yemas están entre 15 y 50 cm del suelo, y pueden quedar protegidas en la época desfavorable por un manto de nieve u hojarasca. Incluye a lo que popularmente se conoce como “matas”. Cabe distinguir:

    Caméfitos fruticosos: con tallos erguidos y lignificados, como el marrubio negro (Ballota hirsuta).

    Caméfitos sufruticosos: en la estación desfavorable sólo subsiste el tallo; las hojas caen (Lavandula multifida).

    Caméfitos pulviniformes: adoptan aspecto almohadillado, a veces espinoso, como adaptación a la sequía, viento, nieve, ganado…

    Caméfitos rastreros: los tallos son reptantes.

    Cuadro de texto: Los círculos indican los órganos permanentes
    Caméfitos suculentos: plantas crasas, con mucho agua en sus tejidos, como las uñas de gato (Sedum).

    Caméfitos graminoides: son gramíneas con cepas perennes, como el esparto.

     

     

    Hemicriptófitos: las yemas perdurantes se mantienen a menos de 15 cm del suelo, bien por tratarse de plantas que no crecen más, porque se marchitan hasta la corona o por tener estolones. Cabe distinguir:

    Hemicriptófitos rosulados: forman una roseta basal de hojas, con un escapo áfilo, como la acelga.

    Hemicriptófitos cespitosos: céspedes densos cuyas yemas quedan protegidas por hojas viejas.

    Hemicriptófitos erguidos: plantas herbáceas, en general con raíz pivotante, con tallos erguidos que pueden conservar las hojas o no en épocas desfavorables, como algunas ortigas.

    Hemicriptófitos ascendentes: son trepadoras, como la correhuela y algunas voraces parásitas, como Cuscuta.

     

    Criptófitos: La parte perdurante del organismo queda completamente protegida bajo el suelo (bulbos, tubérculos, rizomas). Cabe distinguir:

    Criptófitos bulbosos: Pasan la época adversa en forma de bulbos y similares, como el vinagrillo.

    Criptófitos rizomatosos: En la época desfavorable persiste el rizoma, como el helecho común.

     

    Terófitos: Plantas anuales, que completan su ciclo vital en la estación favorable. La época desfavorable se pasa en forma de semilla. Muchas malas hierbas son terófitos (jaramagos, amapolas, etc.).

    Helófitos: Mantienen las yemas perdurantes sumergidas en el agua. Algunos los consideran como un tipo especial de criptófitos.

    Anfífitos: A lo largo de su vida presentan más de uno de estos biotipos (por ejemplo, unos años puede comportarse como terófito, y otros como hemicriptófito).

     

    Por supuesto, existen plantas difícilmente clasificables en las categorías arriba expuestas

     

    Si bien el biotipo o forma vital es un rasgo fisiognómico importante y de gran interés en el estudio de la flora arvense, no lo es menos la periodicidad o fenología (estudio de los cambios biológicos que se suceden a lo largo de las estaciones, como por ejemplo, los ciclos de crecimiento vegetativo, floración, fructificación, germinación de semillas, crecimiento vegetativo, etc.). Se refiere a las diferentes fases vitales (germinación, crecimiento vegetativo, floración, fructificación, etc.) por las que atraviesa la vegetación o una especie individual. Esto es especialmente cierto en los climas estacionales como el nuestro. La flora arvense es uno de los más claros ejemplos. Con frecuencia en una misma parcela de cultivo se desarrollan dos o más comunidades de malas hierbas diferentes, con diferente fenología, en periodos del año distintos (por ejemplo, bajo los cítricos es frecuente que los vinagrillos sean reemplazados en verano por comunidades de gramíneas del género Setaria). En suma, la estacionalidad no sólo afecta a los cultivos, también influye sobre el desarrollo de las malas hierbas. Los estudios sobre fenología o fenomorfología requieren un trabajo paciente, puesto que debe realizarse observaciones durante toda las fases de desarrollo, pero suministran una valiosa información en la lucha contra las malas hierbas y la aplicación de tratamientos. Por ejemplo, conociendo cuándo es más probable que una especie de mala hierba determinada comience a fructificar, podemos desarrollar mejor una estrategia basada en la siega antes de que la planta de semillas y evitar así que se dispersen aún más.

     

    Los estudios con base florística precisan el conocimiento detallado de las especies que componen las comunidades (flora) y alguna estimación de su abundancia. La densidad (n° de individuos/área), la cobertura (porcentaje del suelo ocupado por la proyección vertical de las partes aéreas de los individuos) o la frecuencia (o probabilidad de encontrar a una especie determinada en una parcela o muestra) figuran entre las más usadas. Como estos aspectos son estudiados con detalle en otras asignaturas (Dinámica de la vegetación, por ejemplo), no se insistirá aquí en ellos. En cualquier caso, en la primera práctica se utilizará un método de estimación de abundancia muy sencillo y empleado con frecuencia.

     

    4) TIPOS DE COMUNIDADES [1]

     

    Atendiendo a sus características ecológicas, fisiognómicas y fenológicas, pueden establecerse 14 comunidades de malezas. Ahorraremos los nombres de estos sintáxones al alumno (aunque se pueden facilitar a los interesados).

     

    I.- Vegetación nitrófila y nitro-halófila frutescente (parecido a un arbusto, por lignificación del tallo y por ramificarse en la base, pero produciendo renuevos anuales), formada por caméfitos y nanofanerófitos, propia de los taludes, escombreras, campos abandonados y ambientes ruderales que se presentan bajo clima seco y semiárido. En el S.E. de España son características estas comunidades de malas hierbas de porte arbustivo (Atriplex, Artemisia, Zygophyllum, Fagonia, Thymelaea hirsuta, etc.).

     

    II.- Vegetación nitrófila formada por plantas herbáceas vivaces, bienales o incluso anuales de gran talla, que se desarrolla sobre suelos alterados, profundos y más o menos húmedos, a veces incluso con compensación. El primer grupo responde  a la imagen de ramblas, ambientes viarios o los cardales y plantas arrosetadas que se presentan en los reposaderos de los animales. Este tipo de comunidades presenta desarrollo tardo-estival (incluyen cardos diversos, Ditrichia viscosa (olivarda), Piptatherum miliaceum, etc.).  Este tipo de comunidades presenta desarrollo tardo-estival (incluyen cardos diversos, Ditrichia viscosa (olivarda), Piptatherum miliaceum, etc.). Al grupo de los esciófilos corresponden los herbazales densos de huertas, vegas, taludes de regadío o ramblas así como los propios de ambientes viarios o los cardales y plantas arrosetadas que se presentan en los reposaderos de los animales.

     

    III.- Vegetación anual propia de cultivos cerealistas (meseguera) y de leguminosas de secano, con desarrollo en invierno y verano. Entre las especies frecuentes en este tipo de comunidades arvenses destacan diversas papaveráceas (Papaver spp., Hypecoum spp., Roemeria hibrida, etc.) y el neguillón (Agrostema githago).

     

    IV.- Vegetación terofítica de secanos no cerealistas propios de áreas húmedas y regadios (p.e. cítricos), con desarrollo estivo-otoñal. Entre las especies más frecuentes destacan Oxalis pes-caprae (vinagrillo), etc.

     

    V.- Comunidades de hierbas anuales, colonizadoras de bordes de caminos (las llamadas ‘viarias’) y ruderales o características de los frutales de secano; se trata de comunidades en las que suelen dominar diversas crucíferas o jaramagos (Diplotaxis spp.) y gramíneas (Lolium rigidum) y que se desarrollan de invierno a primavera.

     

    VI.- Vegetación terofítica subnitrófila, que coloniza bordes de caminos, campos abandonados y claros del matorral frecuentados por el ganado, con floración vernal (en invierno) o primoestival (primavera-verano). Tréboles (género Trifolium), diversas gramíneas (Aegilops spp., Avena sterilis) y dientes de león (Leontodon taraxacoides) son parte de su flora más representativa.

     

    VII.- Malezas urbanícolas anuales, hipernitrófilas y, en ocasiones, esciófilas (bases de muros, rocas, etc.): malvas, cenizos (Chenopodium spp.), beleño (Hyosciamus albus), así como diversas crucíferas (Sisymbrium spp.).

     

    VIII.- Comunidades terofíticas nitrófilas, integradas por plantas postradas adaptadas a suelos compactados por el pisoteo (bordes de caminos, empedrados, etc.). Poa annua y diversas especies del género Coronopus son dominantes en este tipo de vegetación.

     

    IX.- Vegetación rupícola, mural o epífita, exigente en sustancias nitrogenadas y que se acompaña de otros tipos de flora ruderal. Puede causar deterioros en fachadas de edificios viejos y monumentos: parietarias (Parietaria spp.), ombligos de venus (Umbilicus spp.), cerrajas (Sonchus spp.) e incluso árboles como la higuera (Ficus carica) pueden incluirse en este grupo.

     

    X.- Vegetación herbácea vivaz, formada por prados-juncales ligados a suelos eutrofizados, frescos, profundos o temporalmente encharcados, generados por la acción antropozoógena (pisoteo, pastoreo). Se presenta en recodos de arroyos y ríos con aguas poco profundas y corrientes moderadas o bordes de acequias. Algunos tipos de juncales y las comunidades de la grama (Cynodon dactylon) responden a estas características.

     

    XI.- Vegetación dulceacuícola, enraizada o no, dominada por vegetales cormofíticos (como cormo = tallo, raíz y hojas -si no se han reducido-), que aparece en remansos eutrofizados e incluso contaminados (lentejas de agua –género Lemna, Chara, Potamogeton, etc.). Pueden obstruir o deteriorar canales y acequias.

     

    XII.- Vegetación higronitrófila, principalmente terofítica, que se desarrolla a finales del verano y durante el otoño. Coloniza suelos encharcados durante buena parte del año, que se secan durante el estiaje, o los propios de los arrozales (en este caso, muchas de las especies son de origen tropical).

     

    XIII.- Vegetación halonitrófila y pionera, compuesta por terófitos primaverales o estivo-autumnales que crecen sobre saladares temporalmente inundados o no. Uno de sus aspectos más característicos es el de herbazales suculentos. Diversas aizoáceas y cariofiláceas representan su flora más característica.

     

    XIV.- Vegetación anual, pionera y halonitrófila, que se aprovecha el enriquecimiento del suelo originado por los materiales orgánicos que el mar arroja a la playa y que es propia de los suelos arenosos o gravosos de playas y estuarios. También pueden reconocerse este tipo de comunidades en las playas con fuerte afluencia turística (Salsola kali, Glaucium flavum, Cakile maritima, etc.) ya que buena parte de los desperdicios abandonados en la playa (papeles, restos de comida, etc.) se acaban incorporando a la fracción orgánica del suelo.

     

    5) LAS MALAS HIERBAS COMO BIOINDICADORES.

     

    Los bioindicadores son organismos que pueden ser utilizados para poner de relieve propiedades del medio (factores climáticos, edáficos, contaminantes, etc.). Se trata de invertir el proceso tratado con anterioridad en el que se establecían los rangos de tolerancia de un taxon en relación con determinados factores ambientales. En este caso podremos juzgar la clase de medio físico a partir de los organismos presentes. Sin embargo, su uso requiere una serie de precauciones:

     

    1.- Las especies estenoicas (exigentes en cuanto a sus requerimientos) dan mejores resultados que las eurioicas (mucho más tolerantes y que presentan rangos ecológicos mucho más amplio).

     

    2.- Las grandes especies dan mejores resultados que las pequeñas puesto que su ritmo de renovación es inferior.

     

    3.- Antes de confiar en determinadas especies o grupos de especies como indicadoras, deberían tenerse abundantes pruebas de campo y, de ser posible, la confirmación experimental de que el factor en cuestión es limitante.

     

    4.- El conjunto de individuos, especies o comunidades enteras proporcionan a menudo indicadores más seguros que individuos aislados o las especies singulares.

     

    Las especies de malas hierbas que sólo pueden vivir en lugares que reúnen ciertas características ambientales (ej.: relaciones entre ciertas plantas y las características del suelo) pueden ser empleadas como especies indicadoras.

     

     

    6) Alelopatía.

     

    La alelopatía es la producción de sustancias tóxicas por ciertas plantas y la consiguiente inhibición o interferencia de la germinación, crecimiento o desarrollo ocasionada en las plantas próximas. Los mecanismos de alelopatía pueden incluirse en lo que se ha denominado también competencia extrínseca y van dirigidos a reducir las posibilidades de que el competidor explote el recurso; estas interacciones implican una interferencia directa en la obtención del recurso o menguar la capacidad del competidor en usar el recurso.

     

    Aunque la competencia y la alelopatía son dos fenómenos distintos que pueden separarse de forma teórica y experimental, en la práctica son difícilmente separables. Por esta razón se utiliza de manera menos precisa el término interferencia, para incluir todas las interacciones existentes entre distintas plantas sin precisar su causa.

     

    Los compuestos alelopáticos (aleloquímicos) suelen ser fenoles, terpenos, flavonas, alcaloides y otros compuestos del metabolismo secundario vegetal (ver Figs. 3 y 4). Normalmente se trata de compuestos hidrosolubles. La complejidad estructural de estas sustancias es muy variable (desde sencillos como el ácido fenólico, Fig. 3) hasta auténticas exhibiciones de la complejidad que puede llegar a alcanzar la naturaleza, como los derivados flavonoides (Fig. 4). Éstos últimos se encuentran también en las flores, y, aparte de sus propiedades alelopáticas, cumplen otras funciones; por ejemplo, reflejan longitudes de onda muy concretas, lo que sirve de ‘pista de aterrizaje’ para muchos polinizadores (e.g. abejas) que pueden captarlas. Muchos ecofisiólogos no suelen otorgar un papel importante a los metabolitos secundarios, pero a la hora de competir con otras plantas, pueden significar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Generalmente, estos aleloquímicos se producen en hojas, tallos y raíces, y pueden entrar en contacto con otras plantas por varios caminos. En algunas especies también se producen en las flores (e.g. Acacia dealbata, Leguminosae). Así, las hojas y restos vegetales caen al suelo y al descomponerse liberan sus sustancias tóxicas. Los exudados de las raíces o partes aéreas también pueden ser lavados por la lluvia y arrastrados al suelo, donde pueden entrar en contacto directo con las raíces de las plantas vecinas o bien, pueden ser degradados por la actividad microbiana hasta otros compuestos que, incluso, pueden llegar a ser más tóxicos que las sustancias de partida. Con mucha frecuencia, lo que existe en la planta no es un sólo tipo de molécula, sino mezclas de ellas que actúan conjuntamente. En algunos casos, unas refuerzan la acción de otra, en otros, cada una actúa en distintos loci de acción. Como se ve, el asunto guarda cierta semejanza con los fundamentos de los herbicidas.

     

    Desde el punto de vista agronómico la existencia de estos fenómenos tiene sus inconvenientes: las malas hierbas que posean esos rasgos alelopáticos, además de competir (en el sentido clásico) con las cultivadas, pueden dañarlas aún más inhibiendo la germinación de muchas de las semillas, retardando la germinación de otras (cuyas plántulas llegan demasiado tarde al nivel de humedad del suelo), disminuyendo el crecimiento de las cultivadas (especialmente de los ejemplares jóvenes), su vigor o el número de raíces y la extensión de la biomasa radicular, así como decreciendo la producción de flores o frutos. Así, la alelopatía es responsable de que en determinadas parcelas (las tierras de grama) la germinación y desarrollo de los cultivos sean irregulares y defectuosos. Por otro lado, las plantas cultivadas también pueden exudar sustancias con efectos alelopáticos frente a las malas hierbas Estos daños se incrementan cuanto mayor sea el estrés al que están sometidas las dos especies (cultivada y alelopática), ya que, por un lado, en estas condiciones de estrés, las plantas se vuelven más sensibles a cualquier tipo de ataque (insectos, hongos, virus, malas hierbas, etc.) y, por otro lado, ‘las atacantes’ sintetizan una mayor cantidad de aleloquímicos que se acumulan en diversos órganos de las plantas y se ‘lavan’ posteriormente por la lluvia o el rocío, o se excretan por las raíces de manera activa. Por ello, si se observan este tipo de daños (clorosis, falta de vigor, pequeño tamaño, escasa germinación o germinación ralentizada) y se tiene la certeza de que están causados por procesos alelopáticos, se debe tratar de disminuir las condiciones de estrés (si existen) o realizar algunas prácticas a corto-medio plazo. Entre éstas, el aumento del abonado (sobre todo nitrógeno) y del riego (especialmente indicado está proporcionar varios riegos abundantes al suelo, para diluir estas sustancias) son las prácticas más frecuentemente recomendadas. Desde luego, resulta imprescindible eliminar la cubierta de malezas responsable de esta situación.

     

    Pero en las Ciencias Agronómicas casi todo depende del grado de conocimiento que se tenga sobre el proceso biológico en sí y de la imaginación de la que hagamos gala para aprovecharnos de su existencia. Por ello, la existencia de alelopatía puede llegar a suponer un recurso en los cultivos extensivos y en los procesos de producción de plantas. En el primer caso, existe un campo de investigación tremendamente sugerente que trata de emplear estas plantas y sus extractos (usados en bruto, o bien re-sintetizándolos en laboratorios) como un método biológico de controlar las malas hierbas. Los trabajos de laboratorio que estoy realizando con la colaboración de varios alumnos de la EPS, y que aún están en fase preliminar, muestran que algunas malas hierbas como Nicotiana glauca, Chamaesyce serpens y algunas especies cultivadas (tomate, pimentero falso) pueden inhibir la germinación y el crecimiento de la plántula de varias especies de malas hierbas (Carrichtera annua, Conyza albida, Sonchus spp.) en laboratorio.

     

    MÉTODOS MECÁNICOS DE CONTROL.-

    1. METODOS MECÁNICOS

    1.1) Laboreo del suelo (fig. 2).

     

    La acción destructiva del laboreo sobre las malas hierbas es bien conocida, aunque su efectividad depende bastante del tipo de apero empleado. Por ejemplo, el arado de vertedera o de discos es más eficaz que el de cincel; entre líneas, los aporcadores también son muy útiles como herbicidas. En resumen, se trata de enterrar o destruir las semillas y otros propágulos de malezas (aunque hay algunas especies que se resisten a ser eliminadas).

     

    En las malas hierbas anuales, el laboreo frecuente controla y destruye las sucesivas “camadas” de estas plantas. Además puede estimular su germinación, con lo que se agota la fuente de inóculo.

     

    En las malas hierbas perennes, el laboreo puede servir para agotar sus reservas subterráneas de carbohidratos, ya que la destrucción de las partes aéreas fuerza a la planta a usar sus reservas para volver a crecer. Por otro lado, si se desentierran los rizomas, bulbos, etc. de algunas malas hierbas, dichos órganos pueden desecarse y morir.

     


    Las labores deben efectuarse en el momento adecuado. Para las malas hierbas anuales, mejor cuanto más jóvenes sean (no hay que darles tiempo a que crezcan y se reproduzcan). En cambio, las plantas perennes deben ser destruidas cuando se hayan desarrollado bastante y tengan sus reservas subterráneas agotadas. En ambos casos, tras el laboreo a las malas hierbas les resulta más difícil volver a enraizar en terrenos secos que en húmedos. En suma, el empleo juicioso del laboreo permite ahorrar dinero en herbicidas, aplicando éstos en menor cantidad.

     

    1.2) Siega.

     

    Es un método muy útil para eliminar malas hierbas en céspedes, prados, huertos de árboles, caminos, bosques, baldíos, etc., sobre todo si se hace antes de que las malezas se desarrollen demasiado. No obstante, se debe recordar que muchas plantas tienen sus yemas perdurantes a ras de suelo (gramíneas, plantas con crecimiento en roseta, rastreras, etc.), por lo que pueden rebrotar después de ser segadas, favoreciéndose así su proliferación al eliminar a sus competidoras.

     

    1.3) Escarda manual.

     

    La eliminación manual es un método antiquísimo de control de malas hierbas, pero sigue siendo el más rentable en terrenos pequeños (huertos familiares, por ejemplo) o cuando se puede disponer de mano de obra muy barata. También es aconsejable en grandes extensiones, siempre que el cultivo sea de alto valor y la cantidad de malas hierba no sea demasiado elevada, por lo que resulta un valioso complemento de otras técnicas de control.

     

    1.4) Aplicación de cubiertas.

     

    La colocación de bandas de plástico negro (u otros materiales, como restos vegetales, papel, serrín, etc.) entre las hileras de plantas cultivadas impide el paso de la luz y la viabilidad de las malas hierbas, siempre que éstas no posean rizomas u otros órganos de reserva, que permiten germinar y sobrevivir sin luz durante periodos más o menos largos. La solarización mediante cubiertas plásticas también puede contribuir a la destrucción de fuentes de inóculo de malas hierbas en el suelo.

     

    1.5) Inundación.

     

    Lógicamente, este método sólo se puede emplear en lugares con agua abundante y que pueda quedar embalsada sobre el terreno, asfixiando a las malas hierbas.

     

    1.6) Quema.

     

    Las quemas pueden ser selectivas o no selectivas. Estas últimas son más habituales, y se utilizan tradicionalmente para desbrozar y sanear terrenos. Destruyen muchas malas hierbas y sus semillas, pero existen otras plantas que utilizan los incendios para colonizar terrenos, y pueden verse favorecidas. Además, la quema facilita los procesos erosivos.

     

    1.7) Pastoreo.

     

    La utilización del ganado como exterminador de malas hierbas no es aconsejable. Muchas de estas plantas son venenosas, tienen sabores desagradables, poseen espinas, etc., y no serán consumidas por los animales. Como consecuencia, sus poblaciones aumentarán, sobre todo si sus competidores son devorados. Además, como se dijo antes respecto a la siega, las plantas con yemas perdurantes a ras de suelo (o subterráneas) no serán eliminadas, y pueden darse casos de inversión de flora.

     

    2) CONTROL BIOLÓGICO.-

     

    Desde que existe la Agricultura, los animales herbívoros (aves, peces, rumiantes, etc.) han ejercido un control espontáneo sobre las malas hierbas. Sin embargo, su uso deliberado como método de lucha es bastante reciente, y se basa en el empleo de insectos o bien de organismos parásitos (hongos, sobre todo) para mantener las poblaciones de estas plantas en niveles aceptables. En principio es más lento que el control químico, pero a la larga puede dar resultados óptimos.

     

    Sus ventajas son bien conocidas: no deja residuos químicos, su especificidad es alta, puede autoperpetuarse una vez introducido, los fenómenos de resistencia son menos probables, y puede ser aplicado en zonas poco accesibles. También presenta inconvenientes, sobre todo si el agente de control cambia de hábitos y ataca a las plantas que no debe; en este caso, los daños pueden ser irreversibles. Y debido a su especificidad, el control biológico se limita a unas pocas especies.

     

    Este tipo de lucha se ha empleado contra malezas perennes presentes en grandes extensiones, de explotación poco rentable. Un ejemplo típico es el intento de erradicación de la chumbera en Australia, mediante Cactoblastis cactorum y otros insectos. También se puede citar el control de Hypericum perforatum en California mediante el escarabajo Chrysolina quadrigemina. El control mediante hongos parásitos (micoherbicidas) se ha usado en Australia contra Chondrilla juncea (con la roya Puccinia chondrillina). En Estados Unidos se han comercializado cepas de Colletotrichum gloeosporioides y Phytophthora palmivora contra ciertas malas hierbas, y otros hongos, como Alternaria, resultan prometedores.

     

    El procedimiento de control biológico tradicional ha de observar ciertas precauciones. Normalmente, se buscan enemigos de las malas hierbas en sus países de origen (donde es más probable que existan), se producen en grandes cantidades y se procede a su suelta. No obstante, antes se debe averiguar:

     

    – Si es realmente necesario el control, o el daño causado por las malas hierbas no es significativo.

    – Si en el lugar donde se va a realizar el tratamiento existen ya agentes de control que podrían servir de ayuda, en vez de introducir un organismo extranjero.

    – Si existen plantas cultivadas emparentadas con las malas hierbas, y que podrían también ser atacadas.

    – Si el agente de control es demasiado agresivo (y es peor el remedio que la enfermedad…).

    – Si se introducen por accidente junto al agente de control predadores o parásitos de este, o cualesquiera otros organismos peligrosos.

     

    La aplicación del control biológico también requiere que se den ciertas condiciones ambientales. Por ejemplo, los micoherbicidas requieren humedad ambiental alta, para que las esporas de los hongos puedan germinar. En el caso de insectos o ácaros, sería deseable que sus poblaciones pudieran mantenerse en la zona durante varios años, y no tener que recurrir a sueltas periódicas.

     

    Por otro lado, el estudio de las micotoxinas producidas por hongos contra especies concretas de malas hierbas sugiere la posibilidad de fabricar en el futuro herbicidas muy específicos y respetuosos con el medio ambiente.

    INVERSIÓN DE FLORA

     

    A veces, el empleo de algunos métodos de control, o el cambio de éstos por otros, provoca un cambio en la flora de malas hierbas, conocido como inversión de flora. Puede que algunas especies sean controladas o erradicadas, pero otras van a proliferar en su lugar. Por ejemplo, el laboreo tradicional del suelo es eficaz para controlar malas hierbas perennes. Debido al coste de la maquinaria y el combustible, en muchos lugares el laboreo tradicional se sustituye por la escarda química, y eso implica que la diversidad y cantidad de malas hierbas perennes aumente (cardos, correhuelas, juncias, dientes de león, etc.). Esto ocurre también si se emplean herbicidas muy específicos para un tipo de mala hierba concreto. A la eliminación de esta especie sensible, puede seguirle la infestación por otras especies no sensibles que ocupan el hueco dejado por la primera.

Quant a Segismundo García Sánchez

Professor Institut d'Horticultura i Jardineria de Reus
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