
César sobre un frigorífico se comía una verde manzana bajo la envidiosa mirada de un gato, que tenía que conformarse con beber agua fresquita o leche. La primera era de un pozo guardado por un ángel al que era imposible quitarle su flecha solitaria. Este drama “trenebundo” era contemplado por un pingüino, un nene y un caballero con sonrisa de millonario, mientras el cordobés dejaba que la hermosa Blancanieves peinara su sedosa cabellera con un peine largo total y Evaristo, con cara de misto, mantenía animada conversación, sobre Jimmy el Pecas y el agente 007, con su amigo Ceniciento, en tanto que Patricio observaba… y Jean Paul idem. Entonces pasó, tras el Corrreo, el Rápido (aunque es al revés) donde montaron todos desapareciendo de mi “fardativa” vista.