Esquema para realizar el comentario

EL COMENTARIO CRÍTICO DE TEXTO
I. ANÁLISIS DEL TEXTO
1. Las ideas del texto.-
a. Extracción de las ideas presentes en el texto.
b. Enunciación del tema del texto.
c. Organización y/o estructuración de las ideas de dicho texto.

  • i. Ideas principales y secundarias. Jerarquización de ideas. Disposición inductiva, deductiva, paralela, etcétera.
  • ii. División en partes del contenido.

2. Resumen del texto.-
a. Características del resumen: Objetividad. Claridad. Sencillez.
Brevedad. Con tus propias palabras. Con tu propio orden.
3. Clasificación del texto.-
a. Modalidad textual.- Exposición, argumentación, narración,
descripción. Es necesario aportar las razones que llevan a clasificar
el texto en una determinada modalidad.
b. Variedad temática, diastrática, diatópico, diacrónica, diafásica. Como
en el caso anterior, es necesario aportar la justificación de la elección
realizada.
II. VALORACIÓN DEL TEXTO
1. Localización del texto.-
• Cuando sea posible, se tratará de relacionar lo expuesto por el autor en
el texto con la obra, época, movimiento o tendencia literaria o de
pensamiento en la que surge, así como con los conocimientos que el
alumno pueda poseer sobre el asunto en cuestión.
• Es necesario tener cuidado y no convertir este apartado en un pretexto
para volcar los conocimientos de historia de la literatura que se posean.
Siempre hay que partir del texto.
2. Intencionalidad del autor y sentido del texto.
• Debe indicarse cuál es la intención del autor al componer el texto así
como el sentido que éste tiene. Si es posible, se relacionará dicho
sentido e intención con otros textos, experiencias y conocimientos que el
alumno tenga.
3. Adecuación.-
• Adecuación al sentido e intención del texto de la forma lingüística,
estructura, variedad lingüística, modalidad textual o recursos retóricos
significativos empleados por el autor. En este apartado debe tenerse en
cuenta que siempre hay que aportar las razones que nos llevan a
expresar cada una de nuestras opiniones.
4. Valoración de las ideas del texto.
• Siempre hay que partir del comentario del tema del texto que hayamos
señalado en el apartado de análisis. Junto al comentario del tema del
texto podemos y debemos comentar también las ideas que hayamos
señalado como principales o alguna otra que nos parezca especialmente
significativa o interesante.
• La valoración de cada una de las ideas que comentemos debe seguir el
siguiente proceso:
a. Exposición de la postura del autor.- Hemos de tener en cuenta
que la postura del autor ya la hemos explicitado en el apartado de
análisis del texto, de manera que en este momento solo es
necesario hacer un recordatorio.
b. Expansión.- Esta operación consiste en relacionar la posición
mantenida por el autor con otras posiciones que la corroboren,
repitan o refuten.
c. Valoración personal.- En este momento el alumno debe expresar
su posición ante lo expuesto por el autor, bien sea corroborando,
refutando o matizando lo que aparece expuesto en el texto que se
comenta. No debe olvidarse que esta última operación, en
realidad, se trata de una argumentación por lo que será necesario
que incluya:
• Tesis.- Posición que el alumno adopta ante la idea
expuesta por el autor en el texto.
• Argumentos.- Razones que apoyan la posición del alumno.

“Donde habite el olvido”, Luis Cernuda

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Luis Cernuda

PREGUNTAS GUÍA:

  • ¿A qué lugar hace referencia la expresión “donde habite el olvido”? (Justifica la respuesta con ejemplos del poema)
  • ¿Cuál es el tono que predomina en el poema?
  • ¿Por qué cree que el autor tiene ese sentimiento?

A continuación podéis empezar a escribir vuestros comentarios literarios…

Hola, món.

¡Bienvenidos al bloc del Grupo del 27!

grupo27

Durante este curso de 4º de la ESO iremos leyendo a los autores más importantes del Grupo del 27, y vosotros tendréis que comentar los fragmentos literarios y poesía que vayan apareciendo en el bloc. Se deberá hacer un comentario de texto de cada fragmento, pero ya lo iréis viendo más adelante, cuando empiece la actividad.

¡Ánimo! Entre todos/as podemos hacer que este bloc se convierta en una fuente de información imprescindible para conocer a todos los autores que estudiemos del Grupo del 27.

¿Quiénes eran los poetas del Grupo del 27?

El Grupo Poético del 27 era un grupo de escritores. Los principales representantes del grupo son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Miguel Hernández, aunque no deberíamos de olvidarnos de Manuel Altolaguire y Emilio Prados.

¿Por qué ese nombre?

El acontecimiento que los unió y les dio el nombre fue el homenaje que el grupo hizo a Luis de Góngora en el año 1927 en Sevilla, al conmemorarse el tercer centenario de su muerte.

¿Qué tenían en común todos los miembros del grupo?

Tradición y vanguardismo.
Aunque desean encontrar nuevas fórmulas poéticas, no rompen con nuestras tradiciones y sienten admiración por el lenguaje poético de Góngora, por nuestros autores clásicos y por las formas populares del Romancero.

A la par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia, sobre todo el surrealismo, ejercen gran influencia en el grupo del 27.  Los escritores surrealistas exploran el mundo de lo inconsciente y pretenden alcanzar la belleza absoluta, que está por encima de la realidad.

¿Qué destacaríamos de su estilo literario?

El Grupo Poético del 27 aporta muchas y profunda novedades en la poesía: busca un lenguaje distinto, renovador en metáforas, claro y sugerente a la vez. Con respecto al Modernismo, se renuncia a metáforas puramente ornamentales, y se pretenden formas más sencillas. No obstante, se desarrolla el verso libre y el versículo, nuevas concepciones del ritmo poético: la medida de las sílabas y las pausas entre las frases son variables; los acentos no aparecen regularmente, y se produce una reiteración de palabras y de oraciones, incluso de ideas.

Pedro Salinas

Pedro SalinasNació en Madrid, en 1891. Cursó Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid (Licenciado en Letras, en 1913; Doctor, en 1917). Estuvo en la Universidad parisina de La Sorbona, como Lector de Español, entre 1914 y 1917; y allí conoció directamente la poesía francesa moderna, de la que recibirá cierta influencia. Fue Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Sevilla (1918), y después en la de Murcia. Durante el curso de 1922-1923 es nombrado Lector de Español en la Universidad inglesa de Cambridge. De vuelta a Madrid, trabaja en el Centro de Estudios Históricos con el equipo de investigadores dirigido por Menéndez Pidal, y en donde prepara ediciones de clásicos y escribe ensayos de crítica sobre literatura española contemporánea. Participó activamente en la creación -en 1933- de la Universidad Internacional de Verano de la Magdalena (Santander), lugar de encuentro de ilustres profesores de diferentes países y un selecto grupo de estudiantes. En Madrid, imparte clases en la Escuela Central de Idiomas. Aunque no desarrolló actividades políticas, sus ideas liberales le llevaron a exilarse voluntariamente durante la Guerra Civil, y se trasladó a los Estados Unidos de América, en donde ejerció la docencia en distintas universidades. Desde 1942 a 1945 fue profesor de la Universidad de San Juan de Puerto Rico. Recorrió otras muchas universidades de todo el continente americano como conferenciante o profesor visitante, y viajó, asimismo, por diversos países europeos, aunque ya no volverá a pisar tierra española. Murió en Boston, en 1951. Por voluntad propia, sus restos descansan en San Juan de Puerto Rico, en el cementerio de Santa Magdalena, frente a un mar de incomparable belleza.
Los primeros libros de Salinas -Presagios, 1923; Seguro azar, 1929; Fábula y signo, 1931- se inscriben en la línea de la poesía “pura”, bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez; aunque no faltan en ellos, particularmente en Fábula y Signo, temas futuristas, nuevos en la creación poética. Pero son La voz a ti debida (1933) -título tomado del verso 12 de la Égloga III de Garcilaso de la Vega: “pienso mover la voz a ti debida;”- y Razón de amor (1936) las obras cumbres de Salinas, con las que el tema amoroso, presente en los tres libros anteriores, irrumpe en la poesía de la época desde posiciones claramente antirrománticas. Pocos líricos castellanos han sabido ahondar en la naturaleza misma del sentimiento amoroso con la sutileza de Salinas, para quien el amor, en vez de sufrimiento, es una prodigiosa fuerza que está presente en la realidad de cada día y da sentido a la propia vida y al mundo.
Con posterioridad a la Guerra Civil, y ya en América, Salinas publicó dos libros de poemas: El contemplado (1946) y Todo más claro (1949); a los que hay que añadir otro de aparición póstuma: Confianza (1955; poemas inéditos 1942-1944). Los angustiosos poemas de Todo más claro -que surgen como resultado de sus largos años de permanencia en Estados Unidos, en contacto con sus estructuras socioeconómicas y con los progresos tecnológicos- reflejan la profunda desolación en la que vive el hombre de su época. El propio poeta declara en el prólogo: “Conozco la gran paradoja: que en los cubículos de los laboratorios, celebrados templos del progreso, se elabora del modo más racional la técnica del más infinito regreso del ser humano: la vuelta del ser al no ser. Sobre mi alma llevo, de todo esto, la parte que me toca; como hombre que soy, como europeo que me siento, como americano de vivienda, como español que nacía y me afirmo. Porquer las angustias arremeten por muchos lados. Y ahí están las mías, en este librito, para el que no se quiera cerrar a verlas”. Y, en efecto, la actividad frenética, el tumulto ruidoso, el tráfico intenso, los anuncios abigarrados de las grandes ciudades norteamericanas… -en definitiva, el desbordamiento de la técnica frente a los eternos valores de la Humanidad- están presentes en poemas como los titulados “Hombre de la orilla”, “Nocturno de avisos”, “Ángel extraviado”… La obra se cierra con el estremecedor y largo poema -de 389 versos- “Cero”, expresión horrorizada del poeta ante las primeras explosiones atómicas norteamericanas que destruyeron -el 6 y el 9 de agosto de 1945- las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Con Todo más claro, Pedro Salinas se incorpora plenamente a la poesía que refleja el sentimiento de angustia que a menudo ha acompañado al hombre del siglo XX, perplejo ante la deshumanización del progreso tecnológico que ha conducido a catástrofes dantescas, desconcertado ante tanta injusticia.
Salinas cultivó, además de la poesía, la narrativa, el teatro. Su prosa narrativa está integrada por las obras Vísperas del gozo (1926), La bomba increíble (1950) -muestra de su inquietud ante el trágico genocidio provocado por la primera explosión atómica-, y El desnudo impecable y otras narraciones (1951). Su teatro, escasamente conocido en España, se representó en un universidades norteamericanas. Destacan las piezas dramáticas en un acto La cabeza de la Medusa, La estratosfera, La isla del tesoro (1952).
Pero Salinas es, además, un excelente crítico literario y ensayista. Su gran admiración por los escritores clásicos y contemporáneos españoles -que conoce perfectamente como especialista y estudioso de nuestra literatura- y su finísima sensibilidad para explorar los “valores humanos” de sus textos se pone de manifiesto en libros como Jorge Manrique, o tradición y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío (1948). De especial interés son el libro Literatura Española. Siglo XX (1941) -donde plantea los problemas históricos y estéticos del Modernismo y la Generación del 98, e incluye, asimismo, estudios sobre Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, así como sobre los demás escritores de su propia generación poética-, y la publicación póstuma Ensayos de Literatura Hispánica. Del “Cantar de Mio Cid” a García Lorca (1958) -obra en la que se recogen estudios sobre el “Cantar de Mio Cid”, la novela picaresca, “El Quijote”, el teatro y la poesía del Siglo de Oro, el padre Feijoo, Meléndez Valdés…-. Y es denominador común de toda su obra crítica, junto a su agudeza interpretativa, una sencillez expositiva que le permite alcanzar unas altas cotas de comunicabilidad. Como un extraordinario y agudo prosista se muestra Salinas en la colección de cinco ensayos que conforman El defensor (1948), nacidos en el exilio puertorriqueño entre 1942 y 1946 El titulado “Defensa del lenguaje” -instrumento prodigioso para la expresión del propio ser y la convivencia con el prójimo- constituye un depurado ejemplo de sensibilidad humana.
Pero, por encima de cualquier otra actividad intelectual -profesor con verdadera vocación de enseñanza, novelista, dramaturgo, crítico literario y ensayista-, Salinas, dentro de la Generación del 27, es el gran poeta del amor. Y para comprobarlo, bastaría con leer el poema de La voz a ti debida que comienza con los versos “Qué alegría, vivir / sintiéndose vivido. / Rendirse / a la gran certidumbre, oscuramente, / de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, / me está viviendo. / <…>”.

Miguel Hernández

Miguel HernándezNació en Orihuela (Alicante), en 1910. De humilde origen campesino, recibió una escasa instrucción en el colegio jesuita de Santo Domingo, que abandona muy pronto para dedicarse a cuidar el rebaño de cabras de su padre. Sus muchas lecturas -especialmente de la lírica renacentista y barroca, cuya influencia se advierte en su producción poética- ampliaron su formación. La vocación poética de Hernández es muy temprana: sus primeros versos se publican en 1930 y 1931 en distintos diarios; su primer libro de versos -Perito en lunas- se edita en 1933; y, también se publican sus poemas en la revista vanguardista “El gallo crisis”, fundada en su ciudad natal y dirigida por su “compañero del alma” José Marín -que utilizó como seudónimo el anagrama de su nombre, Ramón Sijé-. En 1934 se traslada a Madrid, donde será entusiásticamente acogido por los mejores poetas de la época. Ese mismo año formaliza su noviazgo con Josefina Manresa, con la que se casará en 1937. Su amistad con el poeta chileno Pablo Neruda es decisiva en su evolución ideológica, que determinó su participación en la guerra del lado republicano. En 1939, cuando intentaba pasar de Huelva a Portugal, es detenido y encarcelado, primero en Sevilla y luego en Madrid. Condenado en consejo de guerra (1940) a la pena de muerte, se le conmuta por la de treinta años. Tras pasar por las cárceles de Palencia y Ocaña, es trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante (1941), en cuya enfermería morirá, como consecuencia del agravamiento de una tuberculosis pulmonar aguda, en marzo de 1942.
En 1933 se publica en Murcia Perito en lunas: el barroquismo aprendido en Góngora canaliza en 42 octavas reales que describen, en complejísimas metáforas, objetos de la vida cotidiana. Y en 1936 aparece la obra maestra de Hernández, El rayo que no cesa, conjunto de poemas, en su mayor parte sonetos -un total de 27, de rigurosa factura clásica-, cuyo tema central es la frustracióm amorosa del poeta. El extraordinario equilibrio entre desbordamiento emocional y densidad conceptual confiere a los poemas de este libro una fuerza expresiva raras veces alcanzada en la lírica castellana. La obra incluye la emocionada “Elegía” -en tercetos encadenados- a la muerte de Ramón Sijé, su gran amigo de infancia y juventud, que tanto influyó en su formación intelectual y literaria.
La poesía intimista de El rayo que no cesa da paso a una poesía de tono social en las obras Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (escrita entre 1937 y 1939) y Cancionero y romancero de ausencias (escrita en la cárcel, entre 1939 y 1941). Y si en Viento del pueblo y en El hombre acecha los motivos bélicos y patrióticos se expresan en un lenguaje tan directo como vigoroso, los versos de Cancionero y romancero de ausencias reflejan la amargura de la última etapa de su vida: su situación de prisionero, la angustia por la suerte de su mujer e hijo (su primer hijo, nacido en diciembre de 1937, murió a los diez meses, víctima de una infección intestinal), las consecuencias de la Guerra Civil, en definitiva, originan sencillos poemas inspirados en las más sobrias formas de la lírica popular y desnudos, por tanto, de todo artificio retórico. Algunos de estos poemas, de desolada emoción -como, por ejemplo, las famosas “Nanas de la cebolla”, compuestas en septiembre de 1939- siguen conmoviendo a los más variados lectores, impresionados por su tono humanísimo; poemas de una simplicidad e intimismo lírico sobrecogedor, muy distantes del barroquismo de los poemas adolescentes.

Jorge Guillén

Jorge GuillenNació en Valladolid, en 1893. Fue Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Murcia y en la de Sevilla. A los 45 años -en 1938- comienza un exilio voluntario, que le lleva a Norteamérica. El retorno definitivo a España se produce en 1977, año en que recibió el Premio Cervantes. Los últimos años de su vida los pasó en Málaga, en donde murió en 1984, a los 91 años.
La producción poética de Jorge Guillén está distribuida en cinco series -Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros poemas, Final-, y lleva el título genérico de Aire Nuestro.
Desde la primera edición, de 1928, con 75 poemas, Cántico ha ido ampliándose hasta alcanzar las 334 composiciones que constituyen la cuarta y definitiva edición, de 1950. Cántico es una entusiasta exaltación de la perfección del Universo -“el mundo está bien hecho”, dice Guillén-, una exclamación gozosa ante el maravilloso espectáculo de la realidad terrestre. (Léase, desde esta perspectiva, el poema titulado “Las doce en el reloj” y la décima “Perfección”).
Y si Cántico se subtitula Fe de vida, Clamor -compuesto por Maremagnum (1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963)- lleva por subtítulo Tiempo de historia. Los poemas de esta obra -editada en Buenos Aires- son un grito de protesta ante las dolorosas realidades de nuestro tiempo: guerras, dictaduras, injusticias, negocio, tiranía, muerte, explotación, etc. “El mundo del hombre está mal hecho”, dice ahora Guillén.
Sin embargo, las ”discordancias’ del mundo de los últimos años no hacen abdicar al poeta de su inicial postura de fe en el hombre y en la vida. A Cántico y a Clamor añade Guillén un tercer título: Homenaje -Reunión de vidas– (Milán, 1967), conjunto de poemas dedicados a diversas figuras de la Historia, de las Artes y de las Letras. Y tras las dos ediciones de Y otros poemas (Buenos Aires, 1973; Barcelona, 1979), la obra completa de Guillén se cierra, definitivamente, con Final (Barcelona, 1981).

Gerardo Diego

Gerardo DiegoNació en Santander, en 1896. Su figura humana y su obra literaria son extraordinariamente versátiles: poeta, profesor, critico literario, articulista en la prensa diaria, musicólogo, pianista, pintor…; y autor de cuarenta libros poéticos originales que le convierten en una de las figuras más destacadas de la poesía del siglo XX.
Fue Catedrático de Literatura en Institutos de Soria, Gijón, Santander y Madrid. En 1932 apareció su famosa antología Poesía española, obra de capital importancia en la historia de la poesía española anterior a la Guerra Civil, y en la que se recogen composiciones -y testimonios acerca del concepto de poesía- de los poetas de la Generación del 27, de la que Diego forma parte. En 1947 ingresó en la Real Academia Española. Son numerosos los premios que ha recibido; entre ellos, el Nacional de Literatura -en 1925, por Versos humanos; premio que comparte con Rafael Alberti y su Marinero en tierra-, y el Cervantes -en 1979-. Murió en Madrid, en 1987.
La versatilidad de Diego le ha permitido simultanear la poesía de vanguardia -Diego es el máximo representante español del Creacionismo- y la poesía clásica o tradicional; y en ambas direcciones poéticas se advierte una cualidad constante: el dominio absoluto de la forma, cualquiera que sea el tipo de verso elegido.
Diego se inicia en el mundo de la poesía con tres libros -escritos en 1918- de gran sencillez y grata musicalidad: Iniciales, El Romancero de la novia y Nocturnos de Chopin -libro este último que revela la capacidad del poeta para relacionar música y poesía-. El espíritu vanguardista del poeta está presente en varios libros: Evasión -escrito entre 1918 y 1919, y considerado ultraísta-; Imagen (1922) y Manual de espumas (1924) -adscritos al Creacionismo; libros de poesía originalísima, al margen de toda lógica y de cualquier referencia a la realidad inmediata. A este tipo de poesía alude el poeta cuando afirma: “Creer lo que no vimos dicen que es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía.”; Fábula de Equis y Zeda -obra escrita entre 1926 y 1929, en pleno fervor gongorino; sucesión de imágenes disparatadas, en sextetos de gran musicalidad-; y Poemas adrede -en donde se hace patente la influencia del surrealismo; intento de aunar la expresión tradicional con la vanguardista-; surrealismo que alcanza también a algunos de los poemas de Ángeles de Compostela (1940).
Los mejores libros, dentro de la vertiente tradicional, son, sin duda, Versos humanos (1925) y Alondra de verdad (1941); obras que incluyen sonetos de insuperable perfección técnica, como los titulados “El ciprés de Silos”, “Giralda”, “Insomnio”, “Revelación”…
En sus libros posteriores sigue manifestándose la aguda sensibilidad para la belleza y el sentido musical que ha presidido siempre el quehacer poético de Gerardo Diego. Dentro de los libros de “paisajes” destacan -además de Alondra de Verdad y Ángeles de Compostela- Soria (1923), Paisaje con figuras (1956), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (1961) y Vuelta del peregrino (1966). La lírica amorosa de Diego se concentra en libros como Amazona (1956), Amor solo (1958), Canciones a Violante (1959) y Sonetos a Violante (1962). La lírica religiosa está recogida en Versos divinos (1971) -obra que incluye el libro juvenil Viacrucis (1931), donde hallamos décimas algo frías y demasiado elaboradas, pero llenas de esencias populares-. La afición de Diego por la música origina una de sus grandes composiciones: Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré (1967), en la que Diego ha sido capaz de transmitir con sus versos la fuerza expresiva de la música. Y de su pasión por los toros dan testimonio los libros La suerte o la muerte (1963) y El cordobés dilucidado (1966).

Rafael Alberti

Rafael AlbertiRafael Alberti nace en el Puerto de Santa María (Cádiz), en 1902. A los quince años se traslada con su familia a Madrid. Hasta 1923 su actividad principal es la pintura, que cambiará pronto por el quehacer poético. En 1925 obtiene el Premio Nacional de Literatura por Marinero en tierra. A partir de 1931, y ya afiliado al Partido Comunista, empieza a trasladar a la poesía sus preocupaciones político-sociales. Como consecuencia de la Guerra Civil se exilió primero en Argentina -hasta 1962- y, después, en Italia -en Roma desarrolló tanto su vertiente creativa de pintor como de poeta-, hasta que en 1977 regresa definitivamente a España. Los avatares políticos, los cambios de residencia y el paso de los años en ningún momento han condicionado la continuidad de su labor poética y literaria.
La primera obra de Alberti, Marinero en tierra (1924), refleja la nostalgia de su tierra natal, recordada desde Madrid; y fue acogida con gran entusiasmo por Juan Ramón Jiménez (“Poesía popular, pero sin retorno innecesario:
nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ágil, graciosa, parpadeante: andalucísima”). Los temas y las formas populares continúan en los siguientes libros: La amante (1925>, El alba del alhelí (1927). Y si con Cal y canto (1926-1927) Alberti rinde homenaje a Góngora y cultiva además los motivos de la vida moderna en una lírica claramente vanguardista, con Sobre los ángeles (1927-1928) logra una de las obras maestras de la poesía surrealista. A sus últimos años de estancia en España previos al exilio corresponden varios libros de inspiración revolucionaria: El poeta en la calle (1931-1935), De un momento a otro (1934-1939), etc.
En su exilio americano, Alberti sigue publicando libros de extraordinaria belleza lírica, muchos de los cuales revelan la nostalgia de su patria: Entre el clavel y la espada (1939-1940), Pleamar (1944>, A la pintura (1945-1952) – bellas glosas líricas de la obra de célebres pintores -, Retornos de lo vivo lejano (1948-1956), Coplas de Juan Panadero (1949-1953), Ora marítima (1953>, Baladas y canciones del Paraná (1953-1954), etc. De su estancia en Roma sobresale la obra Roma, peligro para caminantes (1968).
Alberti es, asimismo, autor de un sugestivo libro de memorias – La arboleda perdida- y de algunas obras de teatro: El hombre deshabitado, El adefesio, etc.

Federico García Lorca

Federico García LorcaNació en Fuentevaqueros (Granada), en 1898; y murió asesinado en Víznar (Granada), víctima de la violencia del 36, en agosto de ese mismo año. Es la suya una personalidad extraordinariamente dotada para el arte: musicólogo -recopiló y armonizó canciones tradicionales-, dibujante, director teatral -fundó el grupo teatral “La barraca”, para el que adaptó obras de nuestro teatro clásico-, excepcional recitador…; pero, ante todo, poeta de gran inspiración y profundo conocimiento de la técnica literaria. García Lorca el poeta contemporáneo que ha logrado mayor universalidad; y aunque su fama se daba, a veces, a razones extraliterarias, lo cierto es que sus magníficos y bellos poemas justifican sobradamente esa popularidad.
En sus primeras obras -Libro de poemas, Canciones-se advierte ya un personalisimo empleo de la metáfora y una atracción por los motivos folclóricos y tradicionales, así como ciertos ecos vanguardistas. Obra fundamental de esta primera época -aunque publicada en 1931- es el Poema del cante jondo, cuyo núcleo central lo constituye el profundo dramatismo de la canción andaluza, sobre la que García Lorca ha proyectado su dolor de vivir.
En 1928 se publica el Romancero gitano, obra compuesta por 18 poemas, en la que se hallan fundidos los motivos populares andaluces y la técnica ultraista más refinada, el romance tradiciobnal -si bien mezclando lo narrativo con lo lírico- y la capacidad metafórica más insólita. <El Romancero gitano en modo alguno es una andaluzada folclórica. A este respecto, escribe García Lorca: “El libro en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más elemental, lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal.”; un libro que su autor define como “antipintoresco, antifolclórico, antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta.”, y en el que los gitanos aparecen como depositarios de la mejor tradición andaluza.> La visión del mundo andaluz que ofrece García Lorca en esta obra está cargada de patetismo: en el Romancero gitano “hay un solo personaje -dijo el propio autor-, que es la pena que se filtra por el tuétano de los huesos”; y basta con leer, por ejemplo, el Romance de la pena negra o el Romance sonámbulo para comprobar el tono patético de una obra que, estilizando los elementos populares a través de unas imágenes de brillante colorido y musicalidad, alcanza una enorme calidad poética.
Intensa fuerza dramática tiene también el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935>; larga elegía dividida en cuatro partes, en honor y recuerdo del famoso torero muerto en agosto de 1934 en la plaza de Manzanares; poema en el que de nuevo se funden los elementos populares y tradicionales con los cultos y vanguardistas.
De 1935 es, asimismo, Poeta en Nueva York, libro en el que García Lorca adopta la técnica surrealista
-el versículo, la imagen alucinante…- para expresar su agrio desdén por la civilización moderna de Norteamérica, deshumanizada y promotora de injusticias sociales. El diván de Tamarit y Sonetos del amor oscuro -de los que se conservan once- completan su obra lírica.
García Lorca es, además, un dramaturgo excepcional. Su primer éxito teatral lo consiguió en 1927, con Mariana Pineda; obra a la que siguieron La zapatera prodigiosa (1930), Bodas de sangre (1933), Yerma y La casa de Bernarda Alba (1936), por citar sólo sus obras de mayor interés. En todas ellas hay extraordinarios pasaje líricos y una intensa fuerza dramática que confiere a los personajes, ambientes y conflictos una innegable dimensión real.