
Un poema de contenido religioso donde, una vez más, Fray Luis expone un imposible anhelo de vida feliz y gozosa.
De la vida del cielo
Alma región luciente,
prado de bienandanza que ni al yelo
ni con el rayo ardiente
falleces, fértil suelo,
producidor eterno de consuelo: 5
de púrpura y de nieve
florida la cabeza coronado,
a dulces pastos mueve
sin honda ni cayado,
el Buen Pastor en ti su hato amado. 10
Él va, y en pos dichosas
le siguen sus ovejas do las pace
con inmortales rosas,
con flor que siempre nace,
y cuanto más se goza más renace. 15
Ya dentro a la montaña
del alto bien las guía; ya en la vena
del gozo, fiel las baña
y les da mesa llena,
pastor y pasto Él solo y suerte buena. 20
Y de su esfera cuando
la cumbre toca, altísimo subido
el sol, Él sesteando,
de su hato ceñido,
con dulce son deleita el santo oído. 25
Toca el rabel sonoro,
y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa,
y lanza en aquel bien libre de tasa. 30
¡Oh son, oh voz, siquiera
pequeña parte alguna decendiese
en mi sentido, y fuera
de sí el alma pusiese
y toda en ti, oh, Amor, la convirtiese! 35
Conocería dónde
sesteas, dulce Esposo, y desatada
desta prisión adonde
padece, a tu manada
viviera junta, sin vagar errada.