Tres sombreros de copa

Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura es otra de las lecturas obligatorias en el bachillerato. Escrita en 1932, pero no representada hasta veinte años después, es considerada por muchos críticos como un precedente del teatro del absurdo. El crítico francés Jean-Jacques Gautier llamó a Mihura “el Ionesco español”.

Para entender mejor esta cuestión, hemos de conocer primero quién es Ionesco y en qué consiste el teatro del absurdo.

El teatro del absurdo es un movimiento vanguardista basado en el sin sentido de la condición humana, que se manifiesta, sobre todo, en situaciones ridículas y diálogos increíbles.

Tras la segunda guerra mundial, y junto a numerosas pervivencias de un teatro tradicional, proseguirá la renovación de las formas dramáticas. Dentro de las nuevas vanguardias literarias, ocupa un lugar destacado el teatro del absurdo, que nace en Francia en 1950 con La cantante calva de Eugène Ionesco, a la que seguirán obras de Samuel Beckett y otros autores.

Características del teatro del absurdo:

1. Por su concepción del mundo, este movimiento se halla estrechamente emparentado con el pensamiento y la literatura existencial. Los temas son característicos: el hombre perdido en un mundo absurdo; la angustia ante el tiempo, la muerte, la nada; el vacío, la soledad, la incomunicación; en suma, la visión de la vida como una burla trágica.

2. La novedad está en las formas de expresión dramática, que constituirían, en síntesis, una presentación absurda del absurdo. Y ello en un doble plano: las situaciones y el lenguaje. Se presentan situaciones ilógicas, acciones incoherentes, personajes vacíos en un marco insólito o entre objetos extraños, todo ello signo o símbolo del absurdo existencial. En su tratamiento, se mezclan lo grotesco y lo trágico, la angustia y el escarnio desesperado contra el mundo. A ello se añade un lenguaje igualmente absurdo: frases sin sentido, balbuceos, monólogos incoherentes, banalidades inoportunas…. Es un lenguaje que se desintegra, como si fuera un instrumento inservible para comunicarse o para explicar racionalmente el mundo.

En suma, el teatro del absurdo, tanto por sus planteamientos como por sus recursos expresivos, tiende a mostrar el absurdo de la existencia, pero no hablando de ello sino, sobre todo, haciéndolo sentir con procedimientos estrictamente teatrales.

Añadamos unas breves notas sobre las grandes figuras de esta corriente:

Eugène Ionesco, escritor francés de origen rumano (1912-1994). Irrumpe en escena con La cantante calva (1950), obra en la que – aparte de no aparecer ninguna cantante ni persona alguna calva- las escenas se suceden sin sentido y con un lenguaje grotesco. Siguen obras memorables como La lección, Las sillas, etc… en las que se percibe, por debajo de las tramas sin sentido aparente, una intensa angustia ante el absurdo de la condición humana, ante la soledad del hombre en un mundo vacío, ante la muerte.

Samuel Beckett nació en Irlanda (1906), pero ha escrito también en francés la mayoría de su obra. Su primer drama fue Esperando a Godot (1953), sin duda, una de las cumbres del teatro contemporáneo. En ella vemos cómo unos personajes esperan a ese Godot del que nada se sabe y que nunca llega; mientras tanto, hablan, se entregan a juegos circenses, se tropiezan unos con otros personajes (un tirano y un esclavo), proyectan suicidarse…En todo ello se revela su mísera condición, su vacío y, en suma, su desesperanza. La obra es, así, una angustiosa serie de interrogantes sobre el sentido de la vida y sobre esa necesidad de esperar (una espera que no es esperanza). Las obras de Beckett son extrañas y sobrecogedoras parábolas sobre la existencia humana, cargadas de símbolos polivalentes y servidas por un lenguaje escénico de gran desnudez. En 1969 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Falleció en París, en 1984.

Cuando se lee Tres sombreros de copa, comedia escrita en 1932 sorprende por encima de todo la originalidad de una nueva concepción del teatro de humor por parte del por entonces joven autor Miguel Mihura, en una época en que Valle-Inclán y F.García Lorca, entre otros, están ensayando nuevas fórmulas teatrales. Humor amable, absurdo (mucho antes de que se hablase del teatro del absurdo) y, sobre todo, denunciador de convenciones sociales y comportamientos de la burguesía.

Desgraciadamente la sociedad española del momento no la entendió y hasta 1952 no se estrenó en una sesión del TEU de Madrid (Teatro Español Universitario). En 1953 se representa, al fin, en un teatro comercial, y recibe el Premio Nacional de Teatro de aquella temporada.

Respecto al teatro español, Tres sombreros de copa puede considerarse antecedente de ciertas formas muy actuales de la farsa, si pensamos en sus elementos de music-hall o de circo, que tanto gustan ahora, o en la caricatura del mundo burgués, etc. Por otra parte, el humor de Mihura, a través de la revista que funda en 1941, La Codorniz, ejercería una notable influencia en otros campos. Un ejemplo: un dibujante de aquella revista, Azcona, fue guionista en películas de Berlanga. Y piénsese, en fin, en el humor absurdo de Tip y Coll, ya en los años 70.

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EL HUMOR EN TRES SOMBREROS DE COPA

ORIENTACIONES PARA EL ESTUDIO, Tres sombreros de copa (Guía de lectura)

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