Las literatas en los Siglos de Oro

Antecedentes: Mujeres escritoras en la Edad Media.

La mujer culta existió en el Siglo de Oro, pero acallada incomprensiblemente por la censura. Era peligroso que aprendiera a leer, mucho más a escribir. En el primer caso había cierta tolerancia pues la Biblia era el camino recto hacia el orden y la armonía, podía ser una fuente de la que beber para alcanzar la madurez y la serenidad que caracteriza a la buena mujer, ya fuera monja regular, ya perfecta casada. Solamente había que tener cierto cuidad con los textos a los que tenía acceso. Sin embargo, la enseñanza de la escritura estaba mucho más recortada. Con ello se quería evitar varias cosas, entre otras que materializara y perpetuara sus pensamientos en un soporte duradero, fácilmente divulgable. Que una mujer dijera cualquier idea reivindicativa era grave, pero al fin y al cabo el viento se la llevaba acto seguido. Sin embargo, había que evitar a toda costa la difusión del pensamiento que tenían las mujeres, seres inferiores en todos los aspectos. Algunas lucharon por eliminar estas barreras, pero aún hoy se subestima el valor de libros escritos por el sexo femenino.

En la Edad Media la mujer tiene asignado y acotado el espacio donde vivir: la casa; pues así “ni espada rota, ni mujer que trota”. Aquí criaría los hijos y haría su tarea doméstica. La castidad y el rezo terminan por configurar su espacio. ¿Para qué el aprendizaje? La trasmisión oral era su método de aprendizaje. La lectura no era necesaria.

            La aparición de la imprenta conlleva la extensión de la escritura y la lectura pues la burocracia se hace más compleja a lo largo de la Edad Moderna. Eso sí, para la oración se hace fundamental el libro en el que apoyarse, luego, al menos en algunos sectores, la lectura es recomendable, pero en términos muy reducidos.

            Hasta el principio del siglo XVII el índice de alfabetizadas asciende en general,  pero aún más entre las mujeres, que parten de entre un 0% y un 6% dependiendo de las zonas.

Como no hay un sistema global reglado ni conciencia de los beneficios que supone saber leer, la decisión de aprender o no depende de la potestad paterna o marital. Muchas aprenden a leer cuando abandonan el seno familiar.

El peligro de la escritura

            Aprender a escribir, sin embargo, no está directamente relacionado con la alfabetización. Teresa de Jesús fue criticada y decía que en sus monasterios las mujeres tenían que ser “letradas” y por eso se tenía que retirar la regla de San Pablo, la cual disponía que las mujeres no tenían nada que decir, porque no tienen nada que pensar. Como su cuerpo debe estar oculto, así su voz debe mantenerse, sometida a la “castidad de expresión”.

Fray Luis de León dice que Dios hizo que las mujeres fueran proclives a estar encerradas en casa y a estar con la boca cerrada, así como sometida a un solo oficio, el casero, y a un solo hombre, su marido. San Juan de la Cierva pensaba que pueden leer, de hecho es recomendable, libros religiosos, pero para ello la escritura es innecesaria.

            En tanto que había opresión, hubo asimismo un grupo que, sin tener conciencia de tal, cuestionó las prohibiciones ya explicadas a lo largo del siglo XVII. Al no haber conciencia de escritoras como tales, difícilmente era posible que se agruparan e hicieran fuerza (algo, en cualquier caso, anacrónico). Las vías fueron muchas:

Autoridad por delegación: es Dios quien habla por la boca de la monja o la mujer, como es el ejemplo de las mujeres iluminadas. La escritora mística es un modelo prototípico.

Obediencia: emplean márgenes de conflicto entre hombres. Teresa de Jesús dice que ella ha hecho caso y ha recibido el permiso o la petición de cierto varón para llevar a buen fin su obra.

Selección del público: una religiosa, por priora o maestra, puede escribir para el grupo de sus novicias o aprendices. Pero si la obra tiene eco fuera de los muros del monasterio y una autoridad, por ejemplo Isabel la Católica pide que se haga una copia y se expande entre la población seglar, en ese caso, decimos, la creadora del texto se inhibe de toda responsabilidad que pueda acusarla.

Oralidad: la beata de Piedrahita y Sor Juana de la Cruz dijeron palabras en sermones que pasaron al escrito y fueron difundidos… también aquí se inhiben de cualquier acusación.

Pseudónimos

-Recurso a una lengua culta: escribir en latín podía ser mérito suficiente para que una obra mereciera ser publicada. Luisa Sigea es un buen ejemplo.

Mujeres escritoras del Renacimiento y Siglo de Oro español

 

 

 

 

 

 

 

Vivo sin vivir en mí

 

Este año  se celebra el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús, y con esta motivación se han publicado dos obras sobre esta religiosa escritora, libros escritos también por dos mujeres ( Espido Freyre y Cristina Morales) : Dos libros sobre Teresa de Jesús en 2015

Como muestra de la lírica femenina en el Barroco, hablaríamos de escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz.

Mientras Santa Teresa de Jesús es una escritora religiosa abscrita a la literatura mística, en la línea de su amigo y compañero en la orden Carmelita San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés no fue una religiosa por vocación sino que parece ser que , harta de la vida cortesana, Sor Juana decidió entrar a un convento porque, según ella misma dice, “para la total negación que tenía al matrimonio era lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad de mi salvación”. Primero entró al convento de San José de las Carmelitas Descalzas en 1667 pero salió de ahí a los tres meses, por la severidad de la regla y el rigor de la orden. Después ingresó a la mucho más flexible orden de las jerónimas, en elconvento de Santa Paula, donde por fin profesó el 24 de febrero de 1669.

En el convento, Sor Juana Inés de la Cruz hizo oficios de contadora y archivista pero, más que nada, se dedicó al estudio y a la escritura. Dentro de su celda -que era individual y espaciosa- llegó a poseer más de 4,000 volúmenes, instrumentos musicales, mapas y aparatos de medición y a tener conocimientos profundos en astronomía, matemáticas, lengua, filosofía, mitología, historia, teología, música y pintura, por citar solamente algunas de sus disciplinas favoritas.

Debido a sus escritos profanos, y a una crítica que escribió sobre el sermón realizado por el padre Viyra, el obispo de Puebla le instó a dejar las actividades académicas y a dedicarse a las labores del convento. A pesar de que Sor Juana se defendió a través de una carta donde reclamaba los derechos culturales de las mujeres y abogó por su propio derecho a criticar y formar su propio pensamiento, terminó por claudicar. Tuvo que obedecer y  renunciar a sus instrumentos y a su biblioteca, dedicándose por el resto de sus días a la vida conventual.

Sor Juana Inés de la Cruz murió víctima de una epidemia mientras acudía a las hermanas en el convento el día 17 de abril de 1695. Fue inmortalizada con el nombre de la Décima Musa.

 

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Sobre Sor Juana Inés, tienes este documental, en VI apartados:   https://www.youtube.com/watch?v=pmSdeEs31zE

y también, una película sobre la vida de esta religiosa y gran intelectual de su época:

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