EL NACIMIENTO DEL CASTELLANO
Las primeras manifestaciones escritas del castellano datan del siglo X: Las glosas Emilianeneses. Se trata de un texto latino, con sermones, utilizados por los monjes de San Millán de la Cogolla, en la Rioja. Entre líneas hay numerosas acotaciones de orden morfológico y sintáctico realizada por algunos de los usuarios para facilitar la comprensión del texto latino. Pero además, una mano posterior (a mediados del s.XI) añadió en los márgenes la traducción de aquellas palabras o de aquellas expresiones latinas que no le resultaban familiares a la lengua romance del lugar. Esta traducción es considerada como el primer texto peninsular conscientemente romance. (si quieres saber más sobre el tema, visita La ruta del castellano )
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Primeras manifestaciones de la prosa romance en castellano
Las primeras manifestaciones de la prosa romance castellana no se encuentran hasta comienzos del s. XIII. Hasta ese momento todos los textos eran redactados en latín, la lengua de la cultura.
Aparecen en la primera mitad del siglo XIII y son traducciones de textos anteriores: Calila e Dimna y Sendebar o Libro de los engaños. Ambas obra son colecciones de cuentos de origen oriental traducidos a un castellano primitivo.
Alfonso X, el Sabio (segunda mitad del siglo XIII) es el auténtico creador de la prosa castellana. Aunque sus escritos no alcanzan todavía rango literario, dota al idioma castellano de los instrumentos indispensables para elevarlo a la categoría de la lengua de cultura. El rey sabio procede a la fijación del sistema ortográfico, a la flexibilización de las estructuras sintácticas con la creación de nuevas conjunciones (aunque, para que, siquier, comoquier que…) y al enriquecimiento del caudal léxico mediante la incorporación de nuevos vocablos (unos procedentes del mismo idioma, y otros del latín).
Para regular la convivencia de los musulmanes, judíos y cristianos que habitaban en Castilla, el rey Alfonso X decidió que el castellano se convirtiera en la lengua de la Administración y de los documentos legales, que hasta entonces se redactaban en latín.
Un extenso equipo de colaboradores, siguiendo sus directrices, procedió a redactar tratados históricos (Estoria de España y Grande e General Estoria), jurídicos (las Siete Partidas) y científicos (Tablas alfonsíes, Libro del saber de Astronomía, Lapidario).
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En el siglo XIV, con las obras del Canciller Ayala y, sobre todo, don Juan Manuel, asistimos al nacimiento de la prosa literaria.
Don Juan Manuel (1282-1348) es el gran prosista de la época. Era sobrino de Alfonso X el Sabio, y participó activamente en las contiendas políticas de su tiempo. Su obra El Conde Lucanor constituye, junto con la del Arcipreste de Hita, la cumbre literaria del siglo XIV.
El Conde Lucanor pertenece al género didáctico del apólogo (enseñanzas en forma narrativa, a través de cuentos o fábulas). Es una colección de cincuenta cuentos de procedencia clásica y oriental con los que el conde es instruido por su consejero Patronio. Sus enseñanzas morales invitan a adoptar una actitud práctica ante la vida, donde hay que desenvolverse con astucia y cautela.
Siglo XIV: La novela
Un nuevo género surge también en el siglo XIV: la novela. Las primeras manifestaciones son:
-La novela de aventuras. En ella confluyen el sentimiento amoroso y la acción de las leyendas clásicas adaptadas al mundo medieval. Ej: La gran conquista de Ultramar, especie de epopeya novelada de las cruzadas.
-La novela de caballerías. Dos ingredientes intervienen en su configuración: el elemento heroico procedente de la épica francesa, y el fantástico y mágico de la historia de Bretaña (magos, encantamientos, etc)
El caballero de Zifarpuede considerarse con justicia como el más antiguo libro propiamente de caballería que conservamos, compuesto a principios del siglo XIV. Otro ejemplo es Amadís de Gaula , de mediados del s.XIV.

En el siglo XV siguen escribiéndose estos dos tipos de novelas, pero completan el panorama narrativo dos nuevos subgéneros:
– La novela histórica. Recrea asuntos de la historia nacional, tomados de la épica y de las crónicas.
– La novela sentimental. La acción discurre con lentitud y se recrea en el análisis de los sentimientos de los enamorados.
Características de este tipo de novela: narrador en primera persona, como testigo o como protagonista de los hechos narrados; intercambio epistolar entre amantes que, pertenecientes a la nobleza, se encuentran separados por obstáculos insuperables; el desenlace luctuoso por la muerte de uno de los personajes centrales; escasa acción.
Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, es una de las más representativas.
