Deberes de verano

Llega el verano, y con él, nuestro bien merecido descanso después de una larga e intensa temporada. En la escuela, los alumnos que no han conseguido los objetivos del curso tienen el lastre de tener que hacer deberes durante la época estival para presentarlos en septiembre ¿Tendríamos nosotros que hacer lo mismo con nuestros jugadores?

A priori, el club es el que se lleva la peor parte, ya que tiene que planificar bien las plantillas, entrenadores, horarios, cuotas, pretemporadas… para iniciar la temporada organizadamente y no verse desbordado por los acontecimientos en septiembre.

Más de un 30% de las posibilidades de éxito de la próxima temporada se fraguan en estos días ya que se manda un mensaje de implicación al entorno del club. Para ello, es vital que el club transmita a todos la información sobre lo que está haciendo para generar una dinámica positiva y lograr sumar la mayor cantidad de aliados posibles a nuestro proyecto.

Los entrenadores tienen libertad para decidir formarse y simplemente descansar en su tiempo de vacaciones. Todo depende del estado al que hayan llegado a final de temporada. Al final de una temporada llena de tensión y presión por los malos resultados, normalmente será más conveniente pasar página, olvidarse del fútbol durante unos meses y desconectar durante el verano. Si llegan al periodo vacacional con ganas de aprender más y resolver dudas técnicas, quizás sea un buen momento para apuntarse a algún curso de formación, planificar nuevos entrenamientos o leer algún libro a pie de playa.

La clave del éxito es ir elaborando durante la temporada una “hoja de ruta” para tener claro los pasos a seguir antes de que finalice la presente temporada como hacen los equipos directivos de los centros educativos. Ir a ciegas siempre conduce al fracaso y no seguir un orden puede hacer que malgastemos el tiempo, un tiempo que en muchos casos empleamos desinteresadamente.

Los jugadores deben aprovechar el verano para recuperar costumbres de antaño, jugar libremente en las plazas de los pueblos, sin reglas, simplemente por ocio. Es un buen momento para probar cosas en partidos improvisados con la familia y amigos, sin la presión de estarse jugando los tres puntos y sin el miedo de un marcador ajustado. Si queremos que el jugador tome sus propias decisiones en el terreno de juego, estos partidos son ideales para que disfruten del fútbol y renueven su motivación de cara a la siguiente temporada.

Mi experiencia como docente dice que los deberes hechos de forma mecánica y por obligación no son efectivos. En un centro educativo somos expertos en eso, ya que muchos alumnos ven la escuela como algo poco atractivo y motivador. Todo ello sumado a que en verano no se puede hacer un seguimiento presencial de su realización. Si encima hablamos de fútbol, que es una actividad lúdica y para pasarlo bien, aún tiene menos sentido que pongamos deberes a nuestra plantilla durante el periodo estival.

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