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El hombre ya exterminó dos especies animales hace 16.000 años

ANTONIO J.DE LA ROSA BOTAYA | 2 novembre 2011

El tarpán y el bisonte estepario desaparecieron a causa de la caza y de cambios en el clima, según una investigación en la que participan científicos españoles

J. DE JORGE / MADRID
Día 31/10/2011 – 19.07h
El hombre ya exterminó dos especies animales hace 16.000 años

GEORGE TEICHMANN
El hombre comenzó a dejar su huella destructora sobre la naturaleza desde sus principios. Antes incluso de practicar la agricultura y dominar a las bestias convirtiéndolas en ganado, el ser humano ya contribuyó alexterminio de al menos dos especies de grandes mamíferos hace unos 16.000 años, según un artículo publicado en el último número de la revista Nature. El estudio, en el que participan científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, demuestra que la desaparición del tarpán (Equus ferus) y del bisonte estepario (Bison priscus) se debió a los efectos combinados del impacto humano y el cambio climático.

Durante el Paleolítico superior, hace entre 35.000 años y 10.000 años, Eurasia y América del Norte perdieron aproximadamente entre el 36% y el 72% de los géneros de megafauna, respectivamente. Este suceso coincidió con la expansión de los asentamientos humanos que dominaban la tierra y con el último máximo glacial de hace unos 20.000 año, que «influyó en la desaparición de muchas de estas especies», explica la investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana Jennifer Leonard, que ha participado en el trabajo.

El artículo evalúa el efecto de ambos factores sobre la extinción o la repentina disminución de las poblaciones de seis tipos de grandes mamíferos. El equipo analizó 846 secuencias de ADN mitrocondrial, 2.996 restos de megafauna y 6.291 residuos de asentamientos humanos de aquella época en Eurasia para establecer la relación espacial y temporal entre las poblaciones humanas y las de dichos animales. Esta información se ha contrastado, a su vez, con los modelos climáticos de hace 42.000 años, 30.000 años, 21.000 años y 6.000 años.

De las variedades evaluadas, cuatro de ellas están actualmente extintas y corresponden al rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), al mamut lanudo (Mammuthus primigenius), al bisonte estepario y al tarpán. El resto de las especies analizadas algún conservan poblaciones vivas y corresponden al caballo doméstico (Equus caballus), al reno (Rangifer tarandus), al buey almizclero (Ovibos moschatus) y al bisonte americano (Bison bison).

Más hombres, menos bisontes

Los resultados atribuyen la extinción del tarpán y del bisonte estepario a la combinación de los dos factores debido a que los restos de ambas especies son los más abundantes en las regiones de asentamientos humanos. Aunque el inicio de sus declives coincide con el último máximo glacial, estos muestran un decrecimiento acelerado que se ajusta a la expansión de las poblaciones humanas hace unos 16.000 años.

Por su parte, la distribución del reno también coincide con los asentamientos prehistóricos y su declive, con el último glacial máximo. Sin embargo actualmente la especie ni siquiera se encuentra amenazada de extinción, lo que, según el artículo, «podría explicarse debido a su alta fecundidad y su flexibilidad ecológica».

Las poblaciones de mamut y rinoceronte no sólo no se vieron afectadas por la presencia humana, sino que aumentaron entre cinco y diez veces al menos 10.000 años después de su primer contacto con humanos. El buey almizclero no mantuvo relación con los hombres, sin embargo, al igual que el rinoceronte, su número descendió súbitamente tras la última glaciación máxima. Por el contrario, la extinción del mamut sigue siendo un misterio ya que su población continuó aumentando tras el evento climático, hasta desaparecer de forma repentina. Su ocaso en Norteamérica es también un enigma, que algunos científicos atribuyen a la aparición de losClovis, considerados, aunque con dudas, la primera cultura indígena americana.

«Los resultados son especialmente oportunos ahora que intentamos determinar cómo el actual cambio climático afectará a la fauna, señala Leonard. Sin embargo, «los resultados indican que cada especie reaccionó de forma diferente, por lo que la ausencia de un patrón común complica la conservación de especies», concluye.

 

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Bacterias y hongos en la cueva de Altamira

ANTONIO J.DE LA ROSA BOTAYA | 6 octubre 2011

Pintura rupestre en el interior de la cueva de Altamira.| 'Science'

Pintura rupestre en el interior de la cueva de Altamira.| ‘Science’

  • Está cerrada desde 2002, pero el año pasado se planteó su reapertura
  • El estudio relaciona las bacterias con las variaciones de temperatura y luz
  • Durante 15 años los científicos han analizado el microclima de Altamira

Rosa M. Tristán | Madrid, El Mundo

Actualizado jueves 06/10/2011 22:01 horas

La espectacular belleza de las pinturas rupestres de la cueva de Altamirapodría dejar de existir si se reabre a las visitas turísticas. Pese al cuidado que pudieran tener sus visitantes, cabellos que se caen, descamaciones de la piel, incluso la respiración y el mero movimiento de un lugar a otro serían fatales para esas figuras que, desde hace 15.000 años, se cobijan en un escondido enclave del municipio de Santillana del Mar, en Cantabria. Lo mejor: que continúen cerradas, como están desde 2002.

Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos españoles, que publican sus resultados en la revista ‘Science’ esta semana. De momento, las autoridades no responden y remiten a la próxima reunión del Patronato de Altamira, que se reunirá a mediados de noviembre, pero el informe es muy claro respecto a la ‘posible reapertura en el futuro’ que se planteó el año pasado.

Los investigadores, después de un estudio que ha durado 15 años, han demostrado que el ser humano, con su mera presencia, altera la temperatura, la humedad e incluso los niveles de dióxido de carbono. También han observado que desde 2002 la situación ha mejorado bastante, aunque aún hay problemas.

Cesáreo Saez-Jiménez, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), señalaba a ELMUNDO.es que “recomendamos que la cueva vuelva a un estado ambiental lo más próximo posible a las condiciones que tendría de forma natural, antes de su descubrimiento”. En definitiva, que no sea visitada ni intervenida.

Y pone el ejemplo de la cueva francesa de Lascaux, también con pinturas rupestres y que está mucho peor que Altamira: “Aparte de las visitas masivas en ambos casos, lo que diferencia una cueva de otra es que mientras en Lascaux se han producido muchas actividades humanas en el interior (instalación de sistemas de control climático, trabajo de obreros, brotes de hongos y tratamientos) no se han producido en Altamira, lo que ha contribuido a un mejor estado de conservación”.

“Sin embargo, los problemas que ha tenido Lascaux en el pasado, y que sigue teniendo actualmente, se están empezando a vislumbrar en Altamira y eso nos hace ser muy cautos en la propuesta de medidas de conservación y nos mueve a alertar sobre la necesidad de mejorarlas”, ha señalado.

Mapa de los microbios

Los científicos han logrado mapear la distribución de los microbios en la cueva y su evolución desde 1995, para lo cual instalaron cinco estaciones de monitorización del microclima en diferentes zonas de la cavidad. Estudiaron con detalle la Sala de Entrada, el Cruce, la Sala de los Polícromos (la más espectacular), la Sala de los Muros, la Sala de la Hoya y la Sala del Pozo.

Según los expertos, la presencia de visitantes aumenta las partículas en suspensión, pero también permite cambios de temperatura y mueve materia orgánica hacia el interior de la cueva, arrastrando agua, polvo, bacterias o esporas de hongos.

De hecho, han detectado colonias blancas, grises y amarillas de bacterias que viven de materia orgánica; otras manchas verdes de microorganismos que viven de la luz artificial que había en la cueva en el pasado, iguales a las detectadas en Lascaux; y microorganismos microscópicos en las pinturas, que podrían acabar oxidando los pigmentos.

La situación de Altamira mejoró con su cierre al público (ahora se puede visitar una recreación exacta en el Museo Altamira) y también en 2007, cuando se instaló una segunda puerta de entrada que impide la entrada de aire caliente que causan la condensación y la corrosión.

Materia orgánica en el interior

Al haber un segundo cierre interior es más difícil que lleguen nutrientes, Cesáreo Saiz-Jiménez ha incidido en que la apertura de la cueva al turismo supone el aporte de una “enorme” cantidad de materia orgánica, lo que produce un desequilibrio en las poblaciones microbianas indígenas, que son desplazadas del suelo y las paredes por otros microorganismos, más agresivos.

En su artículo en ‘Science’, el equipo de investigadores recuerda que en los años 70 la cueva recibió cientos de miles de visitas. Sólo en 1973 tuvo 175.000. Tres años más tarde era cerrada por primera vez debido al deterioro que experimentaban las pinturas.

Así permaneció hasta 1982, cuando se reabrió pero con un ‘númerus clausus’ de 11.000 visitas anuales. No fue una buena decisión, y 10 años después volvía a cerrarse, después de que las colonias de microbios se hicieran con el lugar.

Y así permanece hasta hoy. El Patronato de Altamira el año pasado se planteó una posible reapertura. En un mes tomará la decisión.

 

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