Esto habría sido un buen comienzo para el blog.
Cuenta la leyenda que un sabio japonés paseaba por el bosque observando el comportamiento de los árboles bajo una gran nevada: los robles, soberbios, altos y fuertes quebraban sus poderosas ramas bajo el peso de la nieve; los cerezos y los sauces, gráciles y finos se adaptaban al peso flexionando sus brazos para liberar la carga y recuperar después su forma original.
Este principio, tan simple como bello, es la base del judo: a una superior fuerza ciega y descontrolada no se puede responder de la misma forma. Tenemos que aprender a absorver la energía y aprovecharla en beneficio mutuo.
¿Creéis que es una utopía sacada de películas de Bruce Lee o clichés ochenteros ” maestro – pequeño saltamontes ” tipo karate kid?. Pues no, llevo veinte años practicando este deporte observándolo desde todas las perspectivas posibles y probablemente sólo con palabras no pueda describir un reducido porcentage de sus virtudes. Sólo su práctica puede acercarte a este conocimiento y desde luego sé que sólo estoy al principio del camino.
Como cualquier otro conocimiento la única forma de adquirirlo consiste en sumergirse y no quedarse en las apariencias.

