Imaginemos que una persona paralítica y pobre recibe una notificación de una organización humanitaria, que le informa de que se disponen a hacerle una donación en especie, una silla de ruedas motorizada. Imaginemos que esta persona les responde lo siguiente:
“Les estoy muy agradecido por sus desvelos, pero en realidad se equivocan respecto a qué es lo que necesito para llevar una vida mejor. No necesito una silla de ruedas, por la simple razón de que no quiero ir a ningún sitio, ya que lo que realmente me gusta es estarme en casa escuchando discos con mi música preferida. El caso es que mi equipo de música, ya viejo, suena muy mal. Así que les propongo un canje: ustedes devuelven la silla de ruedas, que yo no quiero, y compran con ese dinero un buen amplificador, que es lo que necesito realmente para ser feliz. Confío en que encuentren razonable mi propuesta. Atentamente.”