El imperativo categórico

Inmanuel Kant es el defensor clásico de la ética del deber o deontología. Llama imperativo categórico a su fórmula para determinar cuándo un acto es bueno y cuando no lo es. Las formulaciones de Kant son difíciles, pero pueden sintetizarse así:

No debemos utilizar nunca a las personas, ni siquiera para obtener un bien general importante. Las personas tienen derechos que no podemos violar bajo ningún pretexto. Nuestra libertad, incluso nuestra libertad para hacer el bien, tiene por límite la libertad de los demás.

La ética del deber pone el acento en las prohibiciones, en lo que no podemos hacer a los demás, más que en lo que tenemos que hacer por ellos. Es más, pone límites a lo que podemos hacer por ellos: no podemos limitar la libertad de los demás, ni siquiera por su bien, ni por el bien de la mayoría.

Esto hace que, por una parte, se trate de una concepción de la moral muy exigente, porque pone límites inviolables a nuestros actos, tanto los encaminados a beneficiar a los demás como los que tienen por finalidad satisfacer nuestros propios intereses. Pero también es una concepción relativamente laxa, porque no nos hace responsables de los males de los demás cuando no los hemos causado nosotros.

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