¿Qué son nuestras intuiciones morales? Ante algunos actos, y también ante algunos caracteres, tenemos una respuesta espontánea de valoración moral, una respuesta en la que se ven implicadas nuestras emociones. Por ejemplo, si vemos que unos niños rocían un gato con gasolina con la intención de prenderle fuego, nuestra reacción (la de la mayoría de nosotros, en todo caso) es de rechazo, de indignación e incluso, si nos atrevemos, de reproche explícito. Esta reacción valorativa no depende de una teoría moral explícita. Quizás usted no tenga una opinión formada sobre los derechos de los animales ni sobre la santa inocencia de los niños. Pero usted ve claro que los niños están haciendo algo malo.
(Por cierto, este ejemplo me trae a la mente un problema que ya hemos tratado: el de la justificación cultural de algunas formas de vida. Vemos a los toreros como personas virtuosas, personas que tienen éxito en la vida, valientes, etcétera, un poco como los deportistas. Sin embargo, lo que hacen no es tan distinto de lo que hacen los niños del ejemplo. Este es, desde luego, un problema con la justificación cultural de nuestras formas de vida. Igual que con la justificación natural.)
Una teoría moral intenta formular el principio general que está operativo tras nuestras intuiciones morales espontáneas. Si la teoría moral tiene éxito, el principio general deberá estar presente en todas nuestras intuiciones morales y no deberá ser aplicable allí donde nuestras intuiciones morales permanecen mudas. Por supuesto, no hay ningún principio que se ajuste a la perfección a nuestra moral espontánea. En caso de discrepancia tenemos dos opciones: o bien abandonamos el principio moral propuesto, o bien revisamos nuestras intuiciones morales para que se adapten al principio. La segunda opción es peligrosa: abandonar nuestras intuiciones para ponernos en manos de nuestras convicciones es terriblemente arriesgado. Pero abandonar una teoría moral siempre es un fracaso intelectual, y nos priva de un recurso argumentativo crucial ante quien no comparte nuestras intuiciones morales. ¿Qué le podemos decir a los niños, si contestan que lo que hacen no está mal?
Por otra parte, como veremos, no tenemos más remedio que recurrir a nuestras intuiciones morales para valorar las distintas teorías.
Aquí examinaremos principalmente dos teorías morales: el utilitarismo y la teoría deontológica. A esta última la llamaremos también teoría kantiana o ética del deber.