INDEPENDENCIA EDUCATIVA

J.Joaquim Buj

Escribo esta columna en castellano (español para el Excelentísimo Ministro de ‘Educación’) con la vana esperanza que el Sr. Wert la pueda leer algún día, cosa que dudo mucho. Llevo veinte años ejerciendo como maestro de Primaria en Catalunya, primero aún con los últimos coletazos de la EGB y después con la LOGSE, la LODE. Ahora con la Llei d’Educació de Catalunya, además de las múltiples variaciones y siglas que han ido poniendo alternativamente socialistas y populares, a medida que se han ido alternando en el poder.

Durante todo este largo período de tiempo, he impartido lengua castellana a los alumnos de la localidad catalanohablante de Flix y catalán en la ciudad de Tarragona, con mayoría de alumnado utilizando el castellano como lengua materna. Ningún conflicto, incluso fuera de clase los alumnos ‘catalanes’ de Flix me seguían hablando en castellano y los ‘castellanos’ de Tarragona en catalán. He hecho reuniones de padres y madres en catalán, la lengua vehicular en la escuela catalana, en castellano cuando las familias me lo han pedido. Incluso he dado clases de catalán en la Escuela de Adultos de Tarragona, durante las prácticas de la carrera, a alumnos que mayoritariamente hablaban en castellano en casa y en la calle.

Nunca ha habido ninguna discriminación ni por hablar en catalán ni por hacerlo en castellano en la escuela. Los niños inmigrantes hablan su lengua propia (rumano, marroquí, inglés, etc.) en casa, el catalán y en castellano en la calle, el patio de la escuela e, incluso, en ocasiones, en casa aunque no sea su lengua propia.

Nunca he visto ni en la zona de Tarragona ni en las Terres de l’Ebre una senyera o una bandera española izada en lo alto de un mástil ni las fotos de ningún presidente catalán o español colgadas en ninguna clase, a diferencia de lo que ocurría en otras épocas pretéritas que añora el Sr. Wert.

En las escuelas catalanas se enseñan las comarcas de Catalunya, la geografía, las variantes dialectales del catalán, pero también las comunidades autónomas de España, su geografía y el pedacito de historia de Catalunya y España que se les puede enseñar a unos alumnos menores de doce años para que ellos y ellas puedan asimilar. No tiene ningún sentido memorizar listas de reyes godos, católicos o condes, sean catalanes o españoles. La historia se tiene que saber interpretar y sacar conclusiones para evitar que se repitan los errores del pasado e insistir en los aciertos, que también los ha habido, de la Humanidad.

Yo estoy a favor de la “independencia”, sí, señor Wert y senyora Rigau (Consellera d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya). De la independencia y de la autonomía del docente para formar al alumnado con la pedagogía democrática que considere más oportuna para garantizar el éxito escolar de los niños y niñas de hoy, que son los hombres y las mujeres del mañana, que tendrán que mantener nuestras precarias jubilaciones, si llegamos a ellas. 

Ya estamos al cabo de la calle, a Ustedes, Sr. Wert y compañía, no les interesa tener ciudadanos críticos, sólo se fijan en los resultados, no en las competencias. Simplemente, no les interesa. Quieren ciudadanos sumisos, que les voten cada cuatro años y punto. La educación pública para Uds. es un gasto, no una inversión a largo plazo.

Todo esto lo enmascaran con cortinas de humo y frases rimbombantes como “españolizar Catalunya”. Puro populismo. Yo nunca canté el Cara el Sol ni besé una bandera (ni española ni catalana) y, francamente, a estas alturas ya, no me apetece hacerlo.

Siempre se pone como ejemplo Finlandia, allí hace muchos años que no se ha tocado la ley de educación consensuada entre todos, las ratios por clase son muy bajas y los profesores de apoyo pululan por las clases cada vez que se hacen reportajes sobre las escuelas finlandesas. La educación pública, universal y gratuita allí está garantizada. Ahí está la clave, no en batallitas políticas que no conducen a ninguna parte. La Educación es una cuestión de Estado (o País, en Catalunya) no un juego de niños.

Ya ven, gracias pero no hace falta que nos españolicen, sabemos hablar, escribir y leer (también entre líneas) tanto en catalán como en castellano. E incluso lo intentamos en francés e inglés. El plurilingüismo es la mejor opción para entender el mundo más allá de nuestras narices.

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