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De vegades costa expressar els nostres sentiments
Perdre la por a equivocar-nos, pot ser i és fins i tot terapèutic. I si no us acabeu de creure, llegiu aquest cas real d’un noi amb timidesa i fòbia social
Primero los bofetones y después los besos. Un caso de timidez y fobia social
Luca tiene quince años y una timidez acentuada. Lo acompaña su madre, que dice que desea hacer cualquier cosa para ayudar a su hijo en lo que, según ella, es un problema que le impide estudiar, obtener buenos resultados y ser sociable con los demás. En realidad, sobre la base de una buena definición del problema, se pone de manifiesto que Luca no se siente absolutamente nada atraído por el estudio y que lo que en realidad le interesa es encontrar un trabajo y dejar de ir al colegio. Luca, en efecto, dice que no pretende hacer nada en relación con su motivación por el estudio pero que, en cambio, está interesado en intentar cualquier cosa por intervenir sobre su timidez y sobre los problemas que tiene con los demás.
Definido, por lo tanto, el objetivo y abandonada la frustrante intención de hacer estudiar a quién no está en absoluto motivado en hacerlo, la intervención se concentra en el desbloqueo relacional del muchacho. De las primeras indagaciones surge que Luca es capaz de mantener relaciones satisfactorias con el grupo de amigos de su propio colegio, siempre que sean chicos, pero en cambio es totalmente incapaz cada vez que necesita acercarse a personas del sexo contrario o a personas desconocidas en general. El miedo a no ser aceptado, a que se rían de él, o incluso a que lo rechacen, le lleva a evitar todas las situaciones consideradas ansiógenas. De buen ver, es objeto de la atención de las chicas lo que provoca aún más su huida ante cualquier acercamiento o aproximación.
Cuando la situación impide escapar, Luca entra en un estado de agitación y ansiedad que se manifiesta en una serie de síntomas que lo dejan agotado y desesperado: se ruboriza, tartamudea, tiene fuertes dolores de barriga, le tiemblan las piernas, suda y otras veces tiene sensaciones de ahogo. El miedo a no estar a la altura, a ser juzgado, o a ser rechazado, alimentan constantemente sus soluciones intentadas de evitar situaciones y de intentar controlar sus propias reacciones.
Finalizada la fase de definición del problema y determinadas las soluciones intentadas, procedimos a la construcción de la estrategia que ayudaría al chico a resolver su problema.
El primer paso consistió en una reestructuración de la idea de éxito y fracaso buscando comprender a partir de preguntas retóricas cuándo podía establecerse concretamente la diferencia entre éxito y fracaso, y cuándo y cómo podía organizarse una estrategia para llegar al éxito. La respuesta del muchacho fue inmediata y en la línea de lo que se había programado como estrategia. Afirmó que se podía llegar a tener éxito en la vida y en las cosas de la vida después de un serio, atento y escrupuloso entrenamiento. Añadimos a esta consideración suya que, a menudo, el éxito está precedido de iniciales e inevitables pequeños fracasos. Repetimos muchos ejemplos de personas famosas y con éxito en su faceta (deporte, música, arte, etc.) que antes de llegar habían encontrado dificultades y no habían tenido éxito, y terminamos la reestructuración aportando ejemplos de otras personas que habían obtenido éxito de inmediato sin después conseguir mantenerlo justamente porque se habían desanimado tras un primer y pequeño fracaso. Continuamos, también, prescribiendo un período en el que Luca tenía que entrenarse en recoger pequeños fracasos, en quedar mal, en vistas a un futuro éxito: una especie de entrenamiento diario marcado por, al menos, un proyecto y la consecución de un pequeño fracaso. Pedíamos, en otras palabras, que al menos una vez al día se diese una vuelta, por las tiendas, por las paradas de autobús, etcétera, e hiciese cualquier cosa que lo pusiese un poco en apuros (por ejemplo con preguntas fuera de lugar). Muy divertido por la prescripción, el muchacho salió diciendo que cumpliría los deberes.
La entrevista siguiente, al cabo de quince días, fue muy divertida, y centrada del todo en los pequeños fracasos que Luca se había procurado. Al contarlos reía divertido y declaraba, con gran sorpresa por su parte, que no había sucedido nada catastrófico y tampoco embarazoso, sino que la mayoría de las veces los demás ni se habían dado cuenta. Reestructuramos su descubrimiento como el inicio de una nueva fase para avanzar en otras direcciones, confirmamos su capacidad de planear y llevar a cabo lo que había dicho, y continuamos con una posterior prescripción, que consistía en acercarse cada día a una chica diferente de su propio colegio o de su mismo grupo, y pedirle cualquier cosa a fin de recibir un pequeño rechazo, confirmándole una vez más que esto iba a ayudarle a conseguir más adelante el éxito.
Aún más divertido que la vez anterior por esta última prescripción, el muchacho se fue.
A su regreso, en el encuentro siguiente, se había verificado lo que habíamos previsto, es decir, no sólo no había recibido ningún rechazo, sino que tres chicas de las cinco a las que había pedido salir, pasear o ir a tomar un helado, le habían dicho que sí, y, de éstas, una había aceptado continuar viéndolo y otra incluso se le había insinuado como posible novia. Luca, muy contento de todo lo que había sucedido, dijo que había comprendido la estratagema que habíamos utilizado para desbloquearlo y que nunca olvidaría la utilidad de ir al encuentro de pequeños fracasos para llegar a un gran éxito. Además, afirmó que no intentar controlar su propia emotividad le había servido para no tener más síntomas. A la pregunta de qué tenía que hacer para echarlo todo a perder, respondió de modo perentorio y seguro: <<Tener miedo a equivocarme, evitar las situaciones e intentar controlar mi emotividad>>.
El seguimiento al cabo de un año confirmó las mejorías experimentadas el año anterior.
Andrea Fiorenza. Niños y adolescentes difíciles. RBA. Barcelona. 2003. Pàgs. 104-107.
Pensem-hi una estona:
- T’has sentit reflectit en alguna cosa, aspecte o comportament que duu a terme en Luca? Et passa o t’ha passat alguna situació semblant? Coneixes algun amic que sí?
- Luca diu, al final, que les tres coses que hauria de fer si volgués ràpidament tornar a empitjorar són: tornar a tenir por a equivocar-se, tornar a evitar aquelles situacions que justament li provocaven la por a equivocar-se i tornar a voler controlar les seves emocions. T’atreveixes a comentar-m’ho?
- Què en penses dels pares que quan el fill/a els truca amb el seu mòbil per un petit problema: una discussió amb els amics, un professor que l’ha castigat, un petit imprevist… acudeixen de seguida a solucionar-los-hi? Et sembla que és una bona estratègia per ajudar realment els fills?
- Què en penses dels pares que priven els seus fills de la possibilitat d’equivocar-se, de fracassar?
- És veritat que, tot sovint, no sabem què hem de fer per millorar o reconduir una situació? És veritat, però, que gairebé sempre sí que sabem com la podríem empitjorar? I això últim no ens podria ajudar una mica a donar-nos alguna pista?
- Intenta dir breument amb una frase, una expressió, el missatge que, per a tu, transmet aquesta història d’en Luca.
Recordatori del que no ha de tornar a fer en Luca si no vol tornar a la situació inicial:
- No tornar a tenir por d’equivocar-se: els errors, els fracassos, són les estacions prèvies i necessàries que ens han de portar a l’èxit. Les equivocacions ens orienten en la direcció correcta, i a més, enforteixen la nostra musculatura psicològica.
- No tornar a evitar les situacions que li provocaven por: si decidim evitar, reacció molt lògica i natural, ho podem fer, és clar, però ho estem empitjorant, estem alimentant, fent crèixer la por. Com més evitem ara, més por tindrem després.
- No tornar a voler controlar les emocions: l’obsessió per controlar les emocions, les descontrola. Som humans, tenim emocions… no passa res. Què seríem sense emocions? Molt senzill: robots, autòmates.