Fa un parell de setmanes amb els alumnes de 2n de Batxillerat i el Joan vàrem anar a la Maternitat d’Elna i Argelers acompanyats de l’Assumpta Montellà. Havíem d’anar a Portbou a veure el monument a Walter Benjamin però problemes logístics ens ho varen impedir. En comptes de Porbou, vàrem anar a Cotlliure (i alguns van aprofitar per visitar la tomba de Machado, una setmana abans del 80è aniversari de la seva mort). Aquí hi podeu trobar algunes fotografies de la sortida i una del Memorial “Passatges” a  Walter Benjamin, per quan hi aneu.

La maternitat d’Elna:


Argelers:

Cotlliure:

Deixo també un fragment de Susan Sontag sobre Walter Benjamin (del dossier que us vaig fer sobre Benjamin) que, parlant de mapes de vida, fa referència al “Café des Deux Magots”, el cafè que es troba just a davant de l’església on vàrem anar a visitar Descartes fa justament un mes, quan vàrem anar a París.

“No orientarse en una ciudad es de poco interés”, comienza su Infancia en Berlín“Pero perderse en una ciudad, como puede uno perderse en un bosque, requiere práctica… aprendí este arte ya avanzada mi vida: realicé los sueños cuyas primeras huellas fueron los laberintos en los secantes de mis libros de ejercicios”. Este pasaje también aparece en Berliner Chronik después de que Benjamin da a entender que se necesita mucha práctica para perderse, dado un sentido original de “impotencia ante la ciudad”. Su meta es llegar a ser un competente lector de mapas de las calles que sepa cómo perderse. Y también situarse, con mapas imaginarios. En otra parte de Berliner Chronik, Benjamin cuenta que durante años acarició la idea de hacer un mapa de su vida. Para este mapa, que imaginaba gris, había inventado un pintoresco sistema de señales que “claramente marcaban las casas de mis amigos y mis amigas, los salones de reunión de varias cooperativas, desde las cámaras de debates del Movimiento Juvenil hasta los lugares de reunión de la juventud comunista, las habitaciones de hotel y de prostíbulos que conocí durante una noche, las decisivas bancas del Tiergarten, los caminos de las diferentes escuelas y las tumbas que vi llenas, los lugares de prestigiosos cafés cuyos nombres, olvidados desde hacía mucho, diariamente pasaban por nuestros labios”. Una vez, dice, aguardando a alguien en el Café les Deux Magots, en París, logró dibujar un diagrama de su vida: era como un laberinto, en que cada relación importante figura como “una entrada al laberinto”.

Monument “Passatges” a Portbou:

Café Les Deux Magots, París: