Reflexions Nocturnes II (Adrià Jiménez i Coral Granero)

Todo está bien al salir de manos del autor de la naturaleza, todo degenera en manos del hombre” J-J. Rousseau

La cita de Jean-Jaques Rousseau que encabeza este artículo lo resume todo. Aquello que sale directamente de la naturaleza del hombre tiene un valor mayor que aquello que ha sido manipulado por el mismo ser. Se otorgaba mucha más credibilidad a un chaman hindú cuando se encontraba en un estado de conciencia alterado, producido mayoritariamente por diferentes brebajes que preparaban con distintas plantas psicotrópicas, como la ayahuasca (un tipo de liana) o el peyote (cactus)  por ejemplo. En cuanto dichas plantas hacen efecto la conciencia se torna mucho más primitiva y natural, la persona se guía por instintos, digamos que vuelve a un estado de naturaleza momentánea. Un chaman en este estado durante cinco minutos, media hora o dos días, fuese el tiempo que fuese, inducía una mayor credibilidad sobre el resto de la tribu o población que cualquier literario que haya pasado años intentando explicar el mismo fenómeno que gestualiza el chaman en su estado de trance. Con este ejemplo queda mucho más clara la cita de Rousseau, el estado natural del hombre, el pensamiento impulsivo tiene un valor mayor al pensamiento que se ha modificado para adaptarlo a nuestra vida y nuestra sociedad. Podemos decir que el polémico “reflexions nocturnes” surgió así, sin drogas por supuesto, pero en un estado de consciencia diferente al habitual, un estado que cualquiera entendería si llegara a pasar 5 días enteros sin dormir a causa del insomnio, quizá fue eso lo que hizo que el autor escribiera dicho artículo con ese tono tan… como definirlo… inexplicable?

Concluyendo esta breve introducción diremos que la naturaleza no depende de nosotros, pero los hombres sí.  Esto no significa que no haya hábitos impuestos por la sociedad que ni siquiera la fuerza de la naturaleza pueda sofocar, habitas que están causando la autodestrucción del ser humano. Según Rousseau el hombre es bueno por naturaleza, antes de pasar por la sociedad el “pecado” no existe en el ser humano, pero esta condición natural ya no existe

Con este articulo, Coral y Adrian, pretendemos responder a todos los comentarios y críticas que se hicieron al artículo “reflexions nocturnes”, de una manera puramente filosófica, abriros los ojos para que veáis que no todo es creer o no creer, aprovechando este articulo os intentaremos explicar la parte más teórica que no era visible en el articulo “Reflexións nocturnes”, quizá dicha opacidad impidió la correcta comprensión de la esencia del articulo. Intentaremos también mostraros como lo que se aprende en clases de filosofía, no se queda en clases de filosofía, todos los conocimientos que adquiráis podrán ser aplicados sobre vuestras vidas, sólo hace falta saber escoger dichos conocimientos.

Empecemos en serio:

¿Creer o no creer? ¿Es una sola elección entre dos? ¿Hay paso intermedio? Sí, lo hay, CONOCER. Precisamente, la clave de la intolerancia es la ignorancia. Cuando no conocemos algo, cuando no hemos profundizado en ello tenemos lo que se llaman prejuicios. Los prejuicios sobre algo o alguien  llevan a las personas a no querer conocer tal cosa (quizá se trata del miedo del ser humano a equivocarse). Muchos de vosotros habéis criticado el articulo “Reflexions Nocturnes” alegando que el autor se contradecía en declararse Ateo y, sin embargo, analizaba algunos aspectos de la religión. Con esto queremos demostrar que, precisamente para poder afirmar que no se cree en algo, se precisa saber sobre ello, pues no podemos negar o afirmar la existencia de la nada. ¿Cuántos de vosotros creéis en Pitifu? Probablemente nadie crea en un calcetín azul que vive en un planeta aislado que no conoce nada sobre la vida humana, sin embargo, habláis de él en clase, comentáis sobre él, le habéis visto en imágenes, sabéis cómo es… en definitiva LE CONOCEIS. No es necesario creer en algo para poder hablar de ello con total libertad. Veamos otro ejemplo más claro, Adrian se considera completamente ateo, pero sabe muchísimo sobre religiones, sus cultos, sus rituales, sus deidades, etc.…, de hecho no deja de leer sobre ellas. Sin embargo no cree en todas las religiones sobre las que lee o se informa.

Concluyendo este apartado, remarcaremos una frase ya escrita: no hace falta creer en una idea para poder hablar de ella con fluidez, confianza y libertad.

Aclararemos ahora el significado “oculto” del articulo “reflexions nocturnes”. Todos los que habéis comentado ese artículo ha sido para aportar una crítica basándoos sólo en la apariencia del texto. Al parecer no conseguisteis captar la verdadera esencia del texto. “Reflexions nocturnes” era una manera de reflexionar sobre la humanidad, sobre la tendencia autodestructiva del hombre, sobre lo que estamos haciendo con nuestro mundo. La intención era darle un enfoque filosófico a través de otros ojos distintos a los científicos. Nos explicamos mejor, estamos hartos de oír que nos estamos destruyendo, que acabaremos con la tierra en X años, todo esto nos ha llegado de boca de científicos, geólogos, antropólogos, que nos dicen cómo el ser humano, por su manera de actuar y pensar, acabará destruyéndolo todo. El polémico artículo lo único que pretende es explicar lo mismo que nos intentan explicar todo ese ejército de científicos, pero desde un enfoque diferente, otro punto de vista. ¿Cómo vería la religión este cambio? ¿Este proceso autodestructivo?

“Reflexions nocturnes” no deja de ser lo mismo que proponen los científicos pero maquillado de diferente manera, la esencia es la misma, como la mayoría sabéis: (A+B)+C=D y A+(B+C)=D, simple ¿no? El resultado es el mismo, los factores también son los mismos, lo único que varía es la manera de llegar a ese resultado con dichos factores.

¿No podríamos ver la destrucción humana como un castigo de dios? Esa era la pregunta que se planteaba en el artículo “reflexions nocturnes”, la respuesta es simple: SÍ, la clave está en la FE. Quien crea en alguna religión probablemente sí la vea así, nuestra autodestrucción es el precio que pagamos por pecar, por ofender a dios o por cualquier cosa. Años atrás hubo debates intensos sobre qué doctrina adoptar, el creacionismo o el evolucionismo; nos decantamos por el evolucionismo. Digamos que ahora los evolucionistas nos explican el fin del mundo, a manso nuestras, como la consecuencia de la evolución, la necesidad de obtener recursos para mantener la vida humana. ¿Cómo explicarle esto a una persona beata? Simplemente, como un castigo divino, como la consecuencia de nuestros pecados.

Concluyendo este segundo apartado. Para intentar explicar las causas de la destrucción humana podríamos situarnos en las dos caras de la moneda. En la perspectiva del joven (nacido en la sociedad moderna, en la cual la religión se ha situado en un segundo plano) que ve la naturaleza humana como un producto de la evolución, la autodestrucción como la tendencia del hombre a sobreexplotar los recursos debido a una supuesta “necesidad”, un joven que basa su conocimiento en lo que la ciencia le ofrece. Por otro lado, podemos enfocar lo que el ser humano está haciendo, desde la perspectiva de una abuelita que ha sido educado en la época franquista, en una escuela religiosa y en una época en la cual iglesia y estado eran prácticamente sinónimos, esta mujer pensaría que se debe a un castigo divino: “si esto es así es porque dios lo quiere, dios nos está castigando por nuestros pecados”. Entonces, la ciencia se encarga de explicar al joven que el mundo será destruido por X motivos, pero ¿quién se encarga de explicárselo a la pobre abuelita sin incidir en sus valores religiosos? ¿Cómo explicárselo de un modo que ella lo entienda?

Vayamos a la vida práctica:

“Qué coñazo esto de filosofía, total, para lo que nos va a servir…” ¿Cuantos de los que hemos pasado por clases de filosofía no hemos pensado esto? Pues realmente sí que sirve, de hecho os daréis cuenta de que pensamientos de hace muchos años, aún están vigentes en la sociedad actual. Y no sólo pensamientos, sino teorías que no fueron demostradas están cobrando vida ahora en nuestra época.

Por ejemplo, las ideas educativas y políticas de Rousseau (filósofo de la Ilustración), al cual ya hemos ido nombrando en este artículo. De hecho, sus teorías influyeron de una manera muy importante en la Revolución Francesa y en el desarrollo de las teorías de la República, por lo tanto participó activamente en la transformación de la sociedad, permitiendo la figura del ciudadano libre, individual, cuya principal característica es la razón. Por lo tanto, empezamos a ver el cambio del individuo como servidor de dios al individuo como servidor de él mismo.

Hoy en día su filosofía educativa sigue vigente en el mundo occidental. Esta filosofía promueve la educación como un hecho natural inevitable, pero en el cual la sociedad tal como está constituida es un actor perturbador y degenerador del ser humano.

Vayamos a otro ejemplo. Nietzsche fue uno de los pioneros en hablar de la muerte de dios, de los ideales, del cambio de la sociedad (especialmente la occidental) de tener una perspectiva totalmente religiosa del mundo a centrarnos en nuestra propia existencia, en nuestra VIDA, sin tener que rendirle culto a nadie ni a nada. Esta teoría está muy presente en la actualidad, quizá muy mal conceptuada bajo un nuevo nombre, el satanismo. Sin duda la palabra satanismo no trae nada bueno a la mente de la gente desinformada acerca del movimiento satanista. El satanismo actualmente se divide en satanistas y luciferinos, siendo estos últimos los verdaderos adoradores de “el demonio” como si de una deidad se tratara; pero estos no nos interesan, vayamos a los satanistas. El satanismo actual es considerado una corriente filosófica cuya base es puramente nietzscheana, ideas como las de: vivir la vida como si del último día se tratara, disfrutar al máximo de los placeres de la vida, ser impulsivo… podríamos decir que un auténtico satanista sería lo más parecido a lo que Nietzsche denominaba un SUPERHOMBRE.

Con estos dos ejemplos queda bastante claro que pensamientos que hace años surgieron a la luz, se usan en la sociedad actual, y no sólo se usan indirectamente como muchos inventos de años atrás, sino que son los auténticos protagonistas de diferentes movimientos culturales, por ejemplo la filosofía satanista, o las ideas educativas de Rousseau.

Como conclusión del artículo, podemos decir que en los tres principales apartados del articulo (¿creer o no creer?, criticas a “Reflexions nocturnes”, y la utilidad de la filosofía en la vida cotidiana) aparece un factor decisivo, el CONOCER, sin conocer no podemos creer o no creer, sin conocer no podemos criticar un artículo, sin conocer no podremos ver la verdadera utilidad de la filosofía. También queríamos mostrar que no todo es blanco o negro, que se pueden ver las cosas desde muchas perspectivas y más si hablamos de asuntos filosóficos, pues durante siglos, cientos de pensadores han ofrecido sus ideas al mundo y  todas han sido diferentes. El mundo se puede entender de muchas maneras, a un mismo hecho le podemos encontrar diferentes posibles causas, pero como hemos dicho, para llegar a comprender todo esto necesitamos interesarnos por el conocimiento.

5 thoughts on “Reflexions Nocturnes II (Adrià Jiménez i Coral Granero)

  1. Anna Mª Porredon

    Discrepo en una cuestión. Yo creo que para creer o no creer no es necesario conocer, es una actitud subjetiva que determina cómo vas a actuar en relación al objeto. Además si hay un estado intermedio entre creer o no creer tendría que ser la duda, no el conocer, pues el conocer ya implica el creer y, como tal, su posición està “por encima” del creer.

  2. Adrian Jiménez

    “el conocer ya implica el creer”

    -¿conoces el budismo? —– ¿crees en buda?
    -¿conoces la pena de muerte? —– ¿crees en la pena de muerte?
    -¿conoces a Dios? —– ¿Crees en Dios?
    Y así una larga lista, Anna Mª; ten algo siempre presente: conocer no implica creer. Puedes conocer miles de cosas y no creer en ninguna, de hecho, como está escrito en el artículo, yo mismo conozco muchísimas religiones y no creo en ninguna; o cosas más sencillas como.. no sé… ¿conoces la anarquía? Pero, ¿crees en ella? La lista es interminable.

  3. Anna Mª Porredon

    De acuerdo, puedes conocer muchas religiones, pero el hecho de conocerlas implica creer en ellas, mas no creer en lo que predican, o en sus doctrinas, sino en creer en este conocimiento que tú tienes. Una cosa es creer en lo que predica una religión y otra muy diferente es creer que X (donde x es una idea). Si en lugar de hablar de religiones, hablásemos de ejemplos menos confusos como “conoce que la tierra gira alrededor del Sol” en el cual se ve más claramente conocer como sinónimo de saber, es obvio que para conocer una idea tienes que creer en ella, ya que sino no tienes conocimiento alguno, segun tu propia opinión.

  4. Adrian Jimenez

    Volvemos a los ejemplos…
    “es obvio que para conocer una idea tienes que creer en ella”, conocer no implica creer, Anna, claro que puedes conocer la idea en la que crees, pero conocer una idea no implica creer en ella, según el diccionario: “creer: Estar persuadido de que algo es cierto”. Todos conocemos lo que es un “pegaso”, sabemos que es un caballo con alas, pero conocer la idea de “pegaso” implica creer en ella? Con todo mi respeto, yo no voy por la calle mirando al cielo a ver si veo un caballo con alas sobrevolando mi cabeza, no creo en esa idea, sin embargo la conozco.

    Si tuviéramos que creer en todo lo que conocemos, acabaríamos todos en Sant Boi, créeme…

    y Gracias por comentar los artículos, es de agradecer saber que hay gente que lee y opina sobre tus propios pensamientos.

  5. Josep M. Berrocal Post author

    Hola Adrià. Crec necessari intervenir per centrar el tema en l’àmbit terminològic, doncs em sembla que hi ha certes equivocacions que cal corregir.
    El conèixer una idea porta implícit el fet de creure en ella. La definició que tu exposes del diccionari diu, precisament, això. Per tant, t’estàs contradint.
    Pel que fa a la idea “Pegaso”, l’error rau en el següent: conèixer aquesta idea implica creure que és tal com diu la definició que és, la qual cosa no vol dir que creguis en la seva existència, encara més quan a la definició del concepte no hi apareix el fet que ha d’existir necessàriament. Substitueix “pegaso” per “Déu”: tu pots saber què és “Déu” i, en canvi, no admetre que existeix a la realitat, només a la ment. Possibilitat discutida quan parlàvem de Sant Anselm i el seu argument ontològic per a la demostració de l’existència de Déu.
    Salutacions!

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà