En este post podéis leer la propuesta de escritura creativa del mes de abril para los alumnos de cuarto. También podéis leer en los comentarios algunos de los textos que han inventado.
LA GUITARRA
Observa la obra de Pablo Picasso titulada “Guitarra” y escribe un texto narrativo que contenga los siguientes aspectos:
1. Descripción del objeto representado: forma, función, composición, técnica utilizada, textura de los elementos utilizados.
2. Explica cómo se sentía su creador en el momento de realizar el cuadro ( tristeza, alegría, melancolía, diversión,etc.), qué pensamientos le venían mientras trabajaba en su obra, a quién pensaba que le podría interesar, cómo creía que iba a reaccionar el público al ver su obra.
3. Descripción del taller donde realizó el cuadro ( dimensiones del espacio, iluminación especial, atmósfera, ruidos o silencio, etc ).
UNA BROMA SERIA
Transcurría el año 1913 .Era un impreciso día de otoño y me encontraba casi desde que empezó a clarear la luz del sol en aquel taller, que más que de pintor a cualquiera podría parecerle un almacén de trapero o quizás hoy día dirían de reciclaje.
La luz tenue de un sol otoñal atravesaba los grandes ventanales e iluminaba en tonos ocres y grises, como los del paisaje del otro lado del cristal, materiales de todo tipo que se apilaban por el espacio desordenado, caótico, revuelto y enredado.
Escudriñaba entre todos aquellos objetos inservibles, absurdos, alguno que lograra plasmar la necesidad y la rabia que yo sentía en aquel momento ante la aburrida y monótona realidad que me envolvía. El silencio penetraba con un zumbido ensordecedor hasta mis propios pensamientos, que se mezclaban con el humo del cigarrillo olvidado por algún rincón de mi mesa de trabajo.
No sabía si por la tensa tranquilidad de aquella época que precedió al conflicto bélico en la que nadie osaba a opinar abiertamente ante los acontecimientos, sentía que mi arte se aproximaba cada vez más a la tremenda hipocresía que triunfaba entre mis colegas. Todos habíamos convertido el arte en una gran representación de la imitación, un mundo aburrido y despreciable.
Algunos antes que yo habían conseguido despegarse de esta mediocridad, entendiendo el arte como una representación geométrica de la realidad, así la geometría era para nosotros lo que la gramática para los escritores.
Con la inercia de una fuerza imparable se fueron uniendo en mis manos objetos, materiales de todo tipo que trasmitían una idea de forma atrayente, admirable y perfecta mis ideas en el espacio. De esta manera un trozo de cartón de embalar se convertía en la caja de resonancia de una guitarra, el hueco de ésta, un tubo de cartón que bien pudiera haber pertenecido a un rollo de papel higiénico, hilo basto de embalar se convertía en las cuerdas y los trastes. Pegaba, recortaba y las formas se colocaban en el espacio de manera tangible, real. Había conseguido crear algo con residuos de vida.
Seguro que algunos entenderán que no es más que una broma en serio para la posterioridad.
Andrea Sanz 4ºA
Cada mañana escuchaba a mi vecino de al lado tocar la guitarra en el balcón. La tocaba increíblemente bien, detrás de cada perfecta nota tocaba otra aún más perfecta y así iba formando una perfecta melodía. Podía pasarme horas en mi balcón escuchando los sonidos que salían de esa guitarra española. Él sabía que yo lo observaba, y en consecuencia tocaba aún con más ímpetu y más sentimiento.
Un día, decidí que yo también lo quería dejar boquiabierto a él, pero como no sé tocar la guitarra, construí una completamente diferente a las demás, bonita y extravagante.
Una tarde me metí en la habitación que usaba a modo de taller, cogí unas láminas de madera y me puse a serrarla dándole formas: cuadrados, rectángulos, triángulos. No tenía ningún plano de como quería que fuera la guitarra y fui improvisándola. Después de tener diferentes figuras de lisa madera y sin ninguna astilla, junté todas las piezas de manera que pudieran parecerse un poco a la forma de una guitarra. Seguidamente cogí unos alambres a modo de cuerdas y los coloqué vertical y horizontalmente. Y con esto, la acabé, no tardé mucho tiempo en hacerla, pues estaba tan ilusionado con ella que me apresuré en acabarla lo antes posible.
¿Le gustaría a mi vecino?, ¿Le dejará impresionado? ¡Qué diablos! Seguro que sí.
A la mañana siguiente de acabar la guitarra, la saqué al balcón para que cuando saliera mi vecino la viera, y al medio día encontré una carta en el buzón que decía: Vecino, ¿De dónde has sacado la guitarra que tienes en el balcón? Es increíble, espero que algún día me la dejes tocar. Firmado: Tu vecino de al lado.
Lo había conseguido, había conseguido asombrar al perfecto guitarrista.
Mireia Martín 4ºA
CARTÓN VACÍO, PERO LLENO DE SENTIMIENTOS
Desde que me enseñaron a tocar la guitarra a los seis años de edad, siempre había creído que sin música no podría vivir. Unos treinta años más tarde ya no sabía si seguía teniendo la práctica en tocarla, ya que hacía mucho tiempo que no había tocado ninguna y simplemente había tenido dos a lo largo de mi vida, la última en mi adolescencia, que se rompió al cambiarme de casa.
No volví a comprar una jamás, ya que quise dedicar gran parte de mi tiempo a pintar. Pero recordé las canciones que compuse para mi primer amor sintiendo melancolía y alegría al recordar los buenos momentos vividos junto a mi guitarra a los quince años.
Bajé a mi taller para seguir trabajando y decidí consultar los materiales de los que disponía para seguir con mis tareas. Revisé todas las cajas de madera de mi ancho taller con la luz del sol que entraba por la puerta de la calle, iluminando a la vez las blancas pero sucias paredes; mientras en mi cabeza sonaban las diferentes melodías que décadas atrás había compuesto. Más tarde concluí que no me quedaban suficientes lágrimas de hierro para terminar mi escultura en la que estaba trabajando, pero sí un montón de cartón y madera clara sobrante de cajas que se habían roto, pero cuyas piezas seguían intactas. Y me vinieron a la cabeza de nuevo esas melodías, unas veinte en total, y tuve la necesidad de poseer entre mis manos una guitarra, una guitarra como la que tenía. Así que me fijé bien en las grandes piezas de cartón y madera, e ideé que mientras no tuviera las piezas de metal que había encargado, me distraería haciendo una guitarra, no una de verdad, sino una que me ayudara a recordar mi juventud y mi primer amor toda mi vida, a lo largo de los años, hasta cuando fuera mayor, y mi infinita pasión por la música.
En mi garaje tenía un gran escritorio que usaba mi padre cuando yo era pequeño para trabajar. Tenía unos cuantos años ya y algunas rasgaduras causadas por mi múltiple trabajo en su superficie. Y en él coloqué todas las piezas de cartón y madera de que disponía. Empecé a hacerme una idea de lo que quería hacer: una guitarra no exactamente igual, sino como si se hubiera deformado con el paso del tiempo, ya que creí que cuando me hiciera mayor ya no estaría tan capacitado para recordar de una forma tan perfecta las notas de mis canciones; que la haría de cartón y madera para simbolizar que la música aunque no esté hecha con los mejores materiales siempre está llena de sentimientos; y que usaría el cubismo para representar el “volumen” que ocupaba la música en mi vida. La madera formaría el mástil y el centro del cuerpo del instrumento, y el reto estaría hecho de cartón. De forma que la gente que la viera creyera que no hacen falta materiales muy caros para realizar esculturas.
Me costó varios días hacerla. Me pasé horas cortando, clavando clavos y pegando con resina de la más resistente que había podido encontrar para lograr lo que quería, mientras esas melodías de mi juventud persistían en mi cabeza y me incitaban a seguir trabajando en ello. El recuerdo de mi primer amor me hacía feliz mientras mis manos se ensuciaban, se llenaban de cola o bien me hacía cortes sin querer. Hasta que terminé. Me costó, pero terminé, después de haberme esforzado durante mucho tiempo dentro de mi estudio. Mi estudio a veces me sirve de inspiración, ya que en él suelo estar solo y me inspiro en la soledad o en el caos por el desorden que tengo. Casi todas las cajas no tienen sitio, las herramientas están distribuidas de manera uniforme e indefinida, las paredes están teñidas por una leve suciedad y algunas ralladuras, el suelo la mayoría de veces está cubierto de residuos y pocas veces puedo limpiarlo por falta de tiempo. En ocasiones el estudio me sirve como un espacio cerrado sin oxígeno, otras me parece sólo una cárcel de mis pensamientos, mis emociones y mis recuerdos, como si se distribuyeran como polvo en el aire.
Levanté mi nueva obra. No era muy pesada, ni tenía un tamaño considerablemente grande, y la textura de la madera había quedado muy lisa en contraste con la textura del cartón, un tanto más rugosa. Pero sí estaba llena de sentimientos y tenía una forma que, aunque la gente la considerara extraña, me serviría para recordar a la chica de la que me enamoré y las canciones que le compuse.
Laia Navarro 4ºA
Podemos distinguir que este objeto es una guitarra por la forma redonda del lado izquierdo, el mástil con las cuerdas (aunque solo se vean tres) Y el agujero de la caja de resonancia. Lo más probable es que si intentáramos hacer algún sonido, a no ser que golpeáramos todo el objeto contra algo duro, no lo conseguiríamos. La guitarra está compuesta por piezas puestas en diferentes grados de profundidad y parece que estés viendo dos guitarras, una más pequeña con el mástil grande y otra grande más proporcionada.
Cuando el artista creaba esta obra debía estar divertido ya que no es una pintura que transmita tristeza. Para pintar algo así y estar satisfecho con tu trabajo tienes que estar seguro de ti mismo y de que la gente sabrá interpretar tu obra.
Me imagino el taller donde se inspiró para hacer este cuadro, un lugar mediano en la ciudad, una buhardilla iluminada por el sol que se está poniendo y el clima ni muy cálido ni muy frío. Con la ventana abierta el pintor podía oír el jaleo de la calle pero concentrarse en su extraña creación.
Paula Barrachina 4ºA
“GUITARRA”:
“Guitarra” es una de las obras de Picasso perteneciente al cubismo, a finales de esa corriente. Esta obra, como su nombre indica, representa una guitarra, un instrumento musical de cuerda con caja de madera y mástil, a base de cartón y cuerdas. Usando la técnica del collage fue capaz de mostrar claramente lo que quería expresar sobreponiendo estratégicamente diferentes figuraras geométricas, regulares o no. Picasso no le dio color a su obra, dejando los claros marrones del liso y fino cartón usado, dejando, sin embargo, un círculo más oscuro en el agujero de la caja de la guitarra. Las cuerdas, finas e irregulares, moldeables como el alfiler, fueron colocadas estratégicamente simulando las cuerdas de una guitarra de verdad, superando siempre el largo que éstas deberían tener para no sobresalir del mástil.
Picasso quiso innovar y descubrir nuevas técnicas con la creación de esta obra, por lo que estaba arriesgándose a que no gustara al público, pero otros artistas se incorporaron junto a él al movimiento del cubismo, dándole seguridad para avanzar y acabar su novedosa obra. Trabajó duro dándole forma a aquella guitarra tan poco común en su pequeño taller, con la luz artificial de dos lámparas de pie. A pesar de que mantuvo las ventanas cerradas, existe el rumor de que la dulce música de una guitarra anónima le llegaba desde el exterior, recubriendo aquella fría atmósfera que tanto le gustaba.
Ariadna Olivas 4ºA