
La rima VII de Bécquer constituye una interesante composición donde el poeta reflexiona sobre la creación poética. A través del símbolo del arpa dormida, Bécquer, una vez más, habla de sí mismo y de su condición de poeta.
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!