Esta frase en este tiempo de “cuarentena” ha sido significativa para mí. En cuanto la oí me trasladó rápidamente la idea de que era necesario aceptar la realidad tal cual era. Como muchas otras yo siempre había preferido el dulzor del zumo de naranja o las mandarinas a la acritud o acidez de los limones sin embargo en estos días todas hemos tenido que hacer más de una limonada.

En un piso de 65 m con marido y dos hijos y los abuelos solos y confinados en su casa. Intentar verlo todo con unas gafas color rosa no siempre es posible y aún peor incluso a veces el no conseguirlo genera un sentimiento de culpa que no mejora sino que empeora como nos sentimos.

Hoy, que por fin me he sentado a escribir, veo que ha sido un proceso en el que me llevó varios días llegar a la ACEPTACIÓN de la situación. Ni resignación ni negación. Estaba fuera de mis posibilidades cambiar lo que estaba pasando pero tampoco podía meter la cabeza bajo la arena.

Amar lo que es. ¿Y si la vida te da limones? Por muy agrios que sean siempre los puedes hacer como limonada. Mezclando con azúcar de caña o incluso frío con jengibre o cocinado con los espaguetis. Sí claro, recetas he encontrado miles  y también me las han dado pero mientras estamos en el PROCESO que no es ni sencillo ni instantáneo . Y si no podemos hacer limonada sobre todo no sentirse culpable. Tengo todo el derecho a sentir dolor, miedo, ansiedad y rabia. Experimentar con todo lo que siento y observar que emociones me mueven implica también tomar distancia con lo que me está enrocando y ser capaz de aprender de lo que nos está pasando de como estoy comportándome y como me estoy sintiendo para poder acabar haciendo limonada.