En una clase de yoga en que trabajamos el hara del ombligo me di cuenta que siempre habia tenido una especial atención en este pequeño punto de mi geografia corporal sin caer en que tener conciencia de que es parte de mi y lo ha sido y será siempre. Sólo por los años que llevamos compartiendo mejores y peores momentos llegué a casa decidida a abrir mi “Diario inspirado en Frida Khalo”
Oda a mi ombligo:
Hoy quiero buscar ahí dentro, investigar en aquello que quiero y para ello necesito sumergirme en el hueco de mi ombligo.
A través de él viajo a mi infancia, un tiempo que pasaba lento y pesado en una tarde calurosa a la hora de la siesta. La casa en silencio y yo sentada con los pies en alto asomados a la ventana, toda mi atención estaba centrada en poner miguitas de pan en mi ombligo sin nada mas en qué pensar ni qué hacer. Jugaba con él sin saber que allí fue dónde todo empezó.
Desde mi mirada interior le doy las gracias a éste hilo por hacer llegar a mi la vida y hoy después de 50 y tantas tardes como aquella, lo miro y veo que es el mismo y que sin duda es la parte de mi cuerpo que menos ha cambiado…
Pero saberlo ahí hoy ha supuesto un reencuentro. Vuelvo a sentir que es mi centro, quizás sin saberlo lo ha sido siempre. Principio y fin de toda mi existencia.
Hoy ombligo te reivindico. Sé que estás aquí y que siempre lo has estado. Acompañándome en mis primeras aventuras, cobijando y acompañando a mis hijos. Por fin ahora, ya de nuevo a solas tú y yo con todo lo amado y aprendido juntos ya hasta el final.

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