Catalunya registra el número más alto de nacimientos desde 1979
RAFA JULVE
BARCELONA
Las estadísticas demográficas de Catalunya recordarán el 2008 como una excelente añada en cuanto a natalidad. Y no solo porque la cifra de 89.024 nacimientos sea la más alta desde 1979. También porque esa tendencia al alza que se ha prolongado durante la última década está a punto de tocar a su fin, según pronostican los expertos. La creciente inmigración y la llegada a la edad fértil de las mujeres que nacieron en el baby boom de los años 70 fueron las claves de que el año pasado vinieran tantos niños al mundo, pero hay diversos factores, y no solo la crisis económica, que hacen prever un frenazo e incluso un suave descenso a partir de la próxima década.
Los datos facilitados ayer por el Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) reflejan que en el 2008 se registró una natalidad relativamente cercana a la de 1979 y notablemente alejada de la de 1980. Sin embargo, explica Dolors Olivares, jefa del área de Producción de Estadísticas Demográficas de este organismo, «todo apunta a que la dinámica empezará a caer en muy pocos años». La mayoría de los niños que fueron alumbrados el año pasado se concibieron en el 2007, cuando la recesión económica aún estaba en ciernes. «Sí, podríamos decir que se trataba de bebés precrisis», etiqueta Olivares. En cambio, en el informe del 2009 ya se podrán empezar a apreciar los efectos colaterales del terremoto financiero. Por ejemplo, ya existen diversos informes que demuestran que la inmigración se ha estancado e incluso ha caído en algunos sitios; cuando la población foránea es uno de los pilares que han levantado la natalidad en Catalunya: uno de cada tres bebés tiene uno de sus padres o los dos de origen extranjero. La mayoría, marroquís, seguidos de ecuatorianos, rumanos, bolivianos y chinos.
EL FIN DE UNA ERA / Pero la crisis no será la única causante de la previsible ruptura de la tendencia al alza. Como recuerda la experta del Idescat, las mujeres autóctonas que nacieron en el baby boom de los años 70 han sido esenciales para consolidar la dinámica positiva, pero su era se está agotando. Dado que la edad de la maternidad se ha estabilizado alrededor de los 31 años (en el 2008, concretamente, a los 30,8), a partir de ahora le toca coger el relevo a una generación de mujeres mucho menos numerosa, puesto que en la década de los 80 Catalunya experimentó un acusado descenso de los nacimientos del que no se empezó a recuperar hasta mediados de la década pasada.
En este sentido, las inmigrantes, que se estrenan en la maternidad a una edad más temprana (28,6 años), podrían contribuir a mantener durante más tiempo los picos de natalidad, pero esta resulta una tarea harto difícil. Más allá de los problemas que acarrea la crisis económica, las extranjeras que deciden dar a luz en Catalunya deben afrontar las mismas dificultades que soportan las catalanas. Es decir –y así lo explicitan los expecialistas–, el exiguo fomento de la natalidad y el déficit de políticas de conciliación laboral y familiar se han convertido en unos obstacúlos muy difíciles de superar para las mujeres trabajadoras.
La tasa de fecundidad sigue muy lejos del reemplazo generacional
R. J.
BARCELONA
que los árboles no impidan ver el bosque. Catalunya ha vivido en la última década un crecimiento continuo de la natalidad que ha permitido apuntalar mínimamente la base de la pirámide poblacional. Cierto. Como cierto es también que la tasa de fecundidad, el número de hijos por mujer, ha aumentado levemente pero todavía sigue muy lejos de asegurar lo que los demógrafos han bautizado como «reemplazo generacional». Es decir, que se pueda sustituir una generación por otra de igual tamaño.
Según los datos del Institut d’Estadística de Catalunya, esta comunidad autónoma registró el año pasado una media de 1,54 hijos por mujer, superando los 1,46 del 2007 y también los datos del 2008 del conjunto de España (1,46). No obstante, aún le queda mucho para alcanzar esos 2,1 descendientes por mujer en los que los especialistas establecen el «reemplazo generacional».
EL PAPEL DE LAS INMIGRANTES / Los expertos aseguran que este objetivo es realmente difícil de conseguir, y más teniendo en cuenta que uno de los colectivos más castigados por la crisis económica, las inmigrantes, son las que más han contribuido en los últimos años a reflotar los índices de fecundidad. Las extranjeras residentes en Catalunya tienen una media de 2,03 hijos, mientras que las de nacionalidad española se quedan en 1,38.
Como tampoco se puede pedir más a las adopciones internacionales (en el 2008 hubo 826, 54 menos que en el 2007), los demógrafos apuestan por aplicar políticas de apoyo a la natalidad y de conciliación laboral y familiar que tan buenos resultados están dando en Francia (con una tasa de 2,07 hijos por mujer), Suecia (1,88), Dinamarca (1,84) y Finlandia (1,83). La mayoría de estos países –donde el baby boom
fue posterior a la segunda guerra mundial, décadas antes que en España– habían experimentado un preocupante descenso de los nacimientos y por este motivo aceleraron todo tipo de medidas para evitar la pérdida de una generación.