Muere el niño que escribía cuentos y leía a Platón para olvidar su enfermedad por Fernando IWASAKI

Esta triste noticia está sacada de EL PAÍS de hoy día 22 de noviembre de 2017. y también ha aparecido en LA VANGUARDIA. Quería comentarla, deciros que este niño debería ser un ejemplo para todos nosotros, de que nos quejamos por cosas que no tienen importancia y de las ilusiones que nos han de motivar y nos pueden hacen grandes personas.

Pero creo que deberíais hacerlo vosotros.

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En Un ensayo autobiográfico (1999) Borges hizo hincapié en sus lecturas infantiles y dejó caer que a los siete años imitó la prosa de Cervantes para escribir su primer cuento, «La visera fatal». Del pequeño Rimbaud sabemos que a los once años componía poemas en latín y que a los quince ganó su primer premio literario importante. El nicaragüense Rubén Darío fue otro genio precoz, pues a los ocho años escribía sonetos, a los trece publicaba sus poemas en la prensa y a los catorce fue propuesto para disfrutar de una beca de estudios en Europa, aunque la perdió por el tono anticlerical de sus versos. La niñez de los grandes escritores nos hace perder de vista que entonces sólo eran niños lectores que además escribían, como el pequeño Rubén Darío Ávalos Flores, niño escritor paraguayo fallecido en Sevilla antes de cumplir los trece años.

 

Rubén Darío Ávalos publicó cuatro libros de cuentos y una novela histórica. A saber, Encuentros con Rubén (2015), Sensación de pureza (2015), Las cartas y otros cuentos impredecibles (2016), La medicina maestra (2016) y La diadema(2017), obras perfumadas de su amor por la mitología, el terror, la ciencia-ficción, los animales, la medicina, los viajes, la historia, el orientalismo y los cómics, porque el universo literario de Rubén Darío era esencialmente infantil, aunque galvanizado por la experiencia de haber sufrido una enfermedad rara e incurable. En realidad, la existencia de Rubén Darío era un milagro secreto que corría de boca en boca entre maestros, médicos, lectores y toda esa constelación de amorosos voluntarios que acompañan a los niños y sus familias en los pabellones infantiles de oncología. Fue así como supe que en el Hospital Virgen del Rocío pasaba largas temporadas un niño paraguayo que hablaba de Borges y Kawabata o Kipling y García Márquez, mientras escribía un cuento detrás de otro en un portátil que para él era más valioso que la quimioterapia.

Como Rubén Darío carecía de defensas se amuralló de libros. No tuvo tiempo de ordenar sus lecturas con la sabiduría que dan los años y la experiencia. En su relato «El general» el narrador sale de la clínica (en todos sus libros hay clínicas y hospitales) y visita una librería donde contempla embelesado bellas ediciones de los siguientes títulos: Robinson Crusoe, Sherlock Holmes, Sobre héroes y tumbas, Robin Hood, Moby Dick, Frankenstein, Don Quijote de La Mancha, Ensayo sobre la ceguera, Sandokan, La vuelta al mundo en 80 días, Año 100, La isla del tesoro, Rayuela, Los tres mosqueteros, Ben-Hur, El viejo y el mar, Cuento de Navidad, Batman, Los miserables, Tarzán, Drácula, El señor de los anillos, El planeta de los simios, Rebelión en la granja, Cien años de soledad, Watchmen, Hijo de hombre, Lituma en los Andes, El Lazarillo de Tormes, Viaje al oeste, Tarás Bulba y Tierra X.Doy fe de que Rubén Darío poseía y leyó todos esos libros y muchos más, porque además de su obra impresa y visible existen vídeos de sus charlas y sobre todo de sus colaboraciones en la radio, pues disfruto de un espacio de comentarios literarios en «Te doy mi palabra», el programa de Isabel Gemio en Onda Cero.

Rubén Darío fue homenajeado en la Feria del Libro de La Rinconada (Sevilla), participó en la Escuela de Escritores Noveles de Mollina del Centro Andaluz de las Letras y la biblioteca de su colegio lleva su nombre con sumo orgullo. En sus narraciones sus personajes infantiles luchan contra el acoso, fomentan la defensa de los animales y protegen a los niños distintos no porque sean inmigrantes, sino para combatir las diferencias. No sé qué escritor podría haber sido Rubén Darío si hubiera vivido para aprender, madurar y seguir escribiendo; mas sí puedo asegurar que fue un gran niño escritor y que sus libros tienen el «aire suave» del poema de su tocayo.

Ahora que Rubén ha fallecido, pienso que quienes tendrían que conocer su épica personal no deberían ser otros niños como él, sino sobre todo jóvenes y adultos, médicos y maestros, lectores y escritores, pues Rubén Darío luchó contra todas las adversidades fortalecido por la felicidad de leer, el placer de escribir y el entusiasmo por aprender. No fue un niño que fantaseaba con ser escritor, sino un hombre que combatió contra su enfermedad como un Quijote, gracias a la lectura, los libros y la escritura, como el pequeño Hurbinek de Primo Levi. Por eso al Rubén Darío paraguayo quiero dedicarle un responso literario del Rubén Darío nicaragüense: Ruega generoso, piadoso, orgulloso; / ruega casto, puro, celeste, animoso; / por nos intercede, suplica por nos, / pues casi ya estamos sin savia, sin brote, / sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, / sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

Descansa en paz, Rubén.

KEN ROBINSON: “Es un error educar solo para el mundo laboral” POR marta ricart

(Publicado en el MAGAZINE de LA VANGUARDIA del 29 de octubre de 2017. Como es una entrevista un poco larga, he subrayado  con negrita los  aspectos más interesantes. Si queréis podéis ver los vídeos.)
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El profesor inglés, afincado en EE.UU., Ken Robinson es el experto en educación más internacional, sobre todo desde que en el 2006 dio una conferencia TED, planteando si la escuela mata la creatividad, que sigue siendo la más vista en la red: lleva 47,5 millones de visionados y se estima que ha llegado a 350 millones de personas de 160 países. Robinson defiende una educación que rompa la rigidez de la mayoría de los sistemas educativosactuales.
 A Ken Robinson, distinguido con el título de sir en su Inglaterra natal (nació en Liverpool en 1950), le consultan desde medio mundo. Le invitan a dar charlas sobre cómo mejorar la educación, y él seduce con el convencimiento con que habla, su buen humor y sus propuestas de formar a los niños y las niñas para que sean capaces de ser ellos mismos, felices y manejarse y manejar el complejo mundo actual y el más incierto que se augura. No defiende alambicadas teorías pedagógicas, pero sitúa a la educación en el centro de la sociedad.

Como sus asesorías y charlas, tienen también un gran eco sus libros (este otoño publica una nueva edición de Out of Our Minds, the Power of Being Creatives). Ahora trabaja en uno que saldrá en marzo del 2018, en principio titulado Tú, tu niño y la escuela. Robinson fue profesor de artes y autor de un importante informe para renovar la educación británica, aunque ya hace años que se mudó a Los Ángeles, desde donde ha contestado, por teléfono, la entrevista.

Ya hace 11 años de su viral charla TED, ¿qué ha cambiado en la educación desde entonces?
El año pasado pregunté a la gente en las redes sociales qué efectos había tenido en ellos y qué cambios creían que había habido. Tuve cientos de respuestas de quienes decían que había cambiado su forma de ver la escuela o su manera de enseñar. Eso en el mundo de la educación; también contestó gente que no pertenece a él y decía que le había supuesto pensar en sus retos o modificar su manera de pensar. Sé que muchas personas se han sentido alentadas por esa conferencia (sigue siendo la más reproducida de TED y se ha visto en 160 países). Estos cambios suelen ser lentos y difíciles, pero que tanta gente la haya visto y se sienta estimulada indica que muchos quieren cambiar la manera como se educa.

 

¿Los niños de hoy reciben mejor o peor educación que décadas atrás?
Depende de donde mire. Hay que tener en cuenta que el mundo donde hoy crecen los niños es muy diferente al de hace 20 o 30 años. Ha cambiado en muchos aspectos. Mucho, por efecto de la tecnología. Ha variado la manera como los niños se comunican y relacionan. Ha habido grandes cambios en las familias. También, los niños están más protegidos que antes en muchos aspectos; por ejemplo, estoy haciendo un proyecto con municipios ingleses sobre que los niños pasan muy poco tiempo jugando fuera de casa. Otro factor es que hoy, en todo el mundo, los niños están bajo una mayor presión en la educación. Cuando mi generación iba a la escuela no teníamos tantos exámenes; ahora los niños son examinados todo el tiempo. Los gobiernos dedican millones a evaluaciones. El contexto es muy distinto. Con todo, hay grandes escuelas y grandes profesores. Yo no critico a las escuelas ni los profesores, pues he trabajado en la educación y sé cuánto luchan para mejorarla. Además, la presión examinadora no viene de los profesores sino de los políticos; los docentes están también bajo presión. Hay buenos programas y escuelas que trabajan para cambiar, pero hay presión, y los currículos, los sistemas, son a menudo muy rígidos. En EE.UU., por ejemplo, en la educación pública, cada año se gastan millones en analizar cómo lograr que más alumnos lleguen a la universidad, cuando el valor de la titulación universitaria cae, ya no es útil como antes.

Lo preguntaba porque mucha gente afirma que se han perdido valores como el esfuerzo, la disciplina… ¿La educación actual no tiene valores?
El libro que escribo ahora va dirigido a los padres. La gente mira los problemas de la escuela; no en todos, pero hay centros con problemas de disciplina; los niños tienen actitudes diferentes de un par de generaciones atrás. Y es fácil culpar de los problemas a la escuela, pero muchos no se originan allí, sino que son fruto de la cultura general. Por ejemplo, en muchos lugares de EE.UU. hay grandes problemas con drogas, en particular con los opiáceos, y provocan también dificultades en la escuela, pero ella no es la causa. Hoy, los padres están menos inclinados a encargarse, en general, de los niños, y hay diferentes nociones de autoridad. Muchas veces los padres se quejan de que hay un problema en la escuela, pero no piensan que sea su hijo. Es muy complicada la relación y ha cambiado mucho el sentido de la autoridad en el mundo.

¿Cómo debería ser la educación? La primaria, la secundaria, la universidad…
Sobre todo en los primeros años, es muy importante que los niños tengan tiempo para construir relaciones entre ellos, para jugar y explorar el mundo, para su desarrollo físico, igual que el cognitivo y social. No hay que inventar un nuevo modelo de escuela. Sabemos desde hace tiempo cómo crear unas buenas condiciones para que los niños aprendan. Por ejemplo, Maria Montessori, hace cien años, creó maravillosas escuelas para niños pequeños, y sólo en América debe de haber más de 4.000 de estas escuelas en que se alientan el juego, las relaciones sociales, la actividad física y en que los niños se agrupan no por tener la misma edad. Y son centros que suelen tener bastante éxito. Es verdad que ni todos los centros son iguales ni todos los demás son malos, pero es un método muy recomendable. En Europa hay centros en que los niños pequeños no se sientan en un pupitre y pasan el tiempo haciendo tareas para aprender a leer y escribir, lo que pueden hacer un poco más mayores. En los primeros años, el cerebro de los niños se desarrolla, y deben aprender cómo son los demás, a relacionarse, tienen una gran imaginación y deben poder desarrollarla, deben aprender a desenvolverse por su cuenta… Y hay sistemas que pretenden sentarlos y hacerles hacer determinado trabajo y evaluarlo, cosa que es ridícula.

¿Y en las siguientes etapas?
A medida que los niños crecen y se desarrollan debe haber un equilibrio. El ser humano tiene una gran curiosidad, por sí mismo, por los demás, por el mundo… Los niños aman aprender, el mejor ejemplo es cómo aprenden a hablar. Les gusta aprender, pero no siempre les gusta ser educados, y por ello tienen problemas a veces en la escuela. Aprender es natural, la educación es un programa organizado de aprendizaje; es un proceso intencionado en que indicas qué y cómo aprender, y la escuela es el lugar donde ocurre. Pensamos en la escuela de determinada manera, con mesas, armarios, en que se enseña determinadas materias… Pero la escuela no debe ser así, los niños no deben ser organizados por edad, el modelo de escuela de que hablamos todo el tiempo. Cuando propongo transformar la educación es sobre la base de que los niños aman aprender y deben darse las condiciones adecuadas para que lo hagan. En los primeros años eso pasa por jugar, socializar, captar su interés y estimular su imaginación con montones de actividades que ayudan a su cerebro a desarrollarse. A medida que se hacen mayores, hay que mantener eso, y hay lugar para jugar en todas las edades. Pero, como sus capacidades se desarrollan, pueden aprender más, y hay que enseñarles y respaldarles, que reciban un feedback de cómo van. En términos de currículo, creo que normalmente es demasiado estrecho, focalizado en lo que establece el mundo académico. La escuela debería ser más práctica, y es importante un equilibrio entre ciencias y artes y humanidades. En muchos países europeos, las artes no tienen un papel apropiado en la escuela, lo que es un empobrecimiento, porque tienen igual importancia que las ciencias en ayudar a las personas a comprenderse a sí mismas y lo que les rodea. Matemáticas y lenguas son la base de muchas disciplinas, pero debe haber un equilibrio entre todas las materias y también entre el trabajo teórico y el práctico. Por eso se diferencia entre conocimientos y competencias. Hay un conocimiento de información, de hechos, pero además hay que saber cómo funciona una cosa, cómo hacerla. Al final, se trata de aprender a ser un ser vivo en el mundo, entendiendo el mundo de tu alrededor, las relaciones con otras personas, tus sentimientos, tus talentos y pasiones y entender que la experiencia de estar en el mundo es única para cada uno, por mucho que tengas en común con otras personas. Todo esto debe incluirse en la educación de los niños. Y a medida que se hacen mayores y progresan en la escuela, van desarrollando intereses particulares y hay que darles herramientas para satisfacerlos.

Así, ¿cómo imagina usted un aula dentro de 20 o 30 años? 
No hay una sola manera de diseñar un aula o una escuela. He estado implicado en una campaña que anima a las escuelas y los profesores a no sentarse en una clase todo el día, sino a salir a aprender del entorno. A pensar que no sólo se aprende en clase con los alumnos sentados en pupitres. Hay colegios muy innovadores en esta línea. Las clases deben ser más flexibles de lo que en general son. Algunas formas de aprendizaje no exigen que estés sentado, concentrado, memorizando y haciendo trabajo académico tradicional. Las escuelas, como las casas, pueden tener diferentes salas para distintos propósitos. Hay arquitectos que hacen interesantes diseños. La estética y el entorno de la escuela tienen un impacto en los alumnos. La distribución del espacio o los muebles pueden marcar diferencias. Las escuelas futuras no deben parecerse a como han sido hasta ahora.

La educación aplicada hasta ahora se antoja obsoleta, pero nadie sabe bien qué enseñar a los niños para su futuro. La música o la filosofía desaparecen de las aulas, todos quieren enseñar tecnología…
Sí, y creo que es terrible. Es importante que los niños aprendan ciencias, tecnología y matemáticas, por supuesto. Son importantes, pero igual lo es que aprendan sobre valores, arte (que es parte central de nuestra cultura), a hablar y debatir y a pensar de manera organizada (que es un poco lo que hace la filosofía). Es un gran error reducir el currículo escolar a sólo áreas de aprendizaje que los políticos crean que son útiles para el mundo laboral-económico. Muchas reformas educativas tienen detrás razones económicas; por eso los políticos están interesados en la educación: piensan en educar a la mano de obra laboral para que sea competitiva, pensando en el progreso y la innovación. No estoy en desacuerdo con eso, el propósito económico-laboral es importante, y la educación es una gran inversión, pero tiene además propósitos sociales. La forma como los chicos son educados afectará a cómo serán esas personas, qué tipo de ciudadanos, cómo participarán en el mundo. Los jóvenes se desen­cantan; en algunos países europeos, casi la mitad está sin trabajo, eso indica que la razón económica no puede ser la única. Vivimos una situación…, recuerde el atentado de Barcelona…, es un gran desafío defender los valores, la perspectiva social. Hay un movimiento tectónico de diferentes maneras de ver las cosas; la humanidad afronta grandes problemas ecológicos, diferencias sociales… y la educación debe preparar para colaborar, para entenderse. Además, cada vida es única y contribuye a desarrollar su comunidad, si la educación ignora los talentos de esa persona… La depresión es una enfermedad creciente, hay problemas existenciales, y no puede reducirse todo a no sentirse útil económicamente. Los políticos tienen grandes responsabilidades en conectar con la escuela, porque es parte de la solución. No se trata de un sistema educativo u otro, sino de que la civilización utilice la educación para no ir a la catástrofe. Ya no se trata sólo de proporcionar mano de obra al mundo industrial, el mundo es hoy más sofisticado y exige políticas públicas más sofisticadas.

¿Qué opina de los rankings o de las pruebas PISA, que dicen que Corea del Sur o Finlandia ofrecen la mejor educación?
Finlandia es un buen ejemplo. Ambos países obtienen buenos resultados.

Pero son sistemas muy diferentes, ¿no?

Sí. Finlandia no se obsesiona con el propósito económico de la educación. Lo hace bien; las escuelas no examinan todo el rato ni compiten entre sí; la educación se focaliza en las elecciones de los estudiantes, hay menos trabajo académico. Corea del Sur tiene un sistema más enfocado a la evaluación y la competencia y provoca mayor estrés en los estudiantes. El éxito es a un coste más elevado. Hace poco me vi con autoridades educativas coreanas y están intentando reformar la educación para dar más protagonismo a la creatividad y los gustos personales. En China ocurre algo parecido. En distintos países hay cambios, políticos y responsables educativos están entendiendo que no se puede seguir con el sistema educativo rígido que hemos tenido hasta ahora, que los niños tendrán muchos desafíos y que será mejor un sistema que tenga más en cuenta los intereses y los talen­tos personales, no uno basado en examinar o en la competencia, sino una escuela más conectada con la cultura y las familias...

¿Están, en general, mal pagados los docentes? ¿Por qué ya no se les aprecia ­socialmente como antes?
No es igual en todos los lugares. En Finlandia sí son respetados; es una profesión muy exigente y tiene un elevado estatus social. En los países asiáticos, Singapur, por ejemplo, es también una profesión respetada. Debería ser así siempre, pienso yo, pero es cierto que no es lo que ocurre en EE.UU. o en muchos países europeos. No creo que sea sólo una cuestión de sueldo, sino de respeto, del rol o las expectativas sobre la educación… Pero si queremos mejorarla, no lo conseguiremos sin apoyar la docencia como profesión. Como tampoco puedes tener una buena sanidad si los médicos y enfermeras están mal pagados. O no puedes tener un buen restaurante si quien hace y sirve la comida no tiene cierto nivel. Se gasta mucho dinero en asesoría, pero no lo suficiente en personal. Se dedica mucho dinero a implantar el currículo, a los exámenes… y no se tiene en cuenta a los que enseñan, y así no se puede mejorar el sistema educativo.

¿Es partidario de los deberes?
No los veo necesarios. Pero no marcaría una línea de sí o no: depende de la escuela, el profesor, el niño… Para empezar, creo que los niños no ­duermen, en general, lo suficiente. Necesitan dormir bien, pero muchas veces van cansados a la escuela. Y cuando vuelven a casa, a hacer deberes… Las evidencias de sus beneficios son reducidas. Necesi­tan tener vida, ser niños. Pasa igual con los ­adultos. Si los niños no tienen tiempo para jugar, relajarse, desconectar, tampoco ­rendirán en la escuela. Es un error creer que la única ­manera de que los niños consigan logros en la escuela es con más trabajo en casa. Si hacen actividad física, se relajan o salen el fin de semana, estarán más comprometidos y tendrán mejores resultados. Trabajas mejor si tienes descanso, vacaciones… ¿no?

http://www.magazinedigital.com/historias/entrevistas/ken-robinson-es-un-error-educar-solo-para-mundo-laboral

TRUCOS PARA CONCENTRARSE por PAULA PONS en el MAGAZINE DE LA VANGUARDIA

636368238899991734-GettyImages-92284297_1501252057267_10143585_ver1.0En la edición de ayer del MAGAZINE de LA VANGUARDIA me encontré en al sección BUENA VIDA este breve artículo de Paula Pons que recoge algunos principios para estudiar en condiciones. Creo que podemos dedicarle unos minutos en clase de tutoría.

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Mientras está leyendo este artículo tal vez también esté pensando en otros asuntos o recibiendo algún que otro mensaje en el móvil. Así es difícil concentrarse. El director del blog Psicología y Mente, Bertrand Regader, y la psicóloga Silvia Álava dan unas pautas.

1. Cuando se empiezan a realizar las tareas no se está concentrado al 100%. Por lo tanto se debería empezar con las de dificultad media, seguir con las más complicadas para, finalmente, acabar con aquellas que se consideren fáciles.

2. El espacio donde se trabaje tiene que estar recogido. Tener sólo lo imprescindible en la mesa. Por ejemplo, al estudiar, sólo se debería tener el bolígrafo y los apuntes.

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3. Otro aspecto importante es planificar adecuadamente la rutina sobre lo que se vaya a realizar. Si ya se sabe qué hacer y cómo, todo se vuelve más sencillo.

4. Hay que fijarse unos objetivos concretos y asequibles. Las autoinstrucciones, que se basan en guiar al cerebro y decirle aquello que tiene que hacer, también pueden resultar muy útiles a la hora de concentrarse.

5. Los investigadores han calculado que 25 minutos es el tiempo máximo que se es capaz de permanecer concentrado. Una vez sobrepasado, es recomendable hacer pequeños descansos de unos cinco minutos. Estos tienen que servir para relajar la vista, levantarse, estirar el cuerpo, ir a beber agua, etcétera.

6. Precisamente es muy importante el agua. Sólo con que el cuerpo se deshidrate entre el 1,5 y el 2%, la capacidad de atención disminuirá considerablemente.

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7. El nivel de concentración será mayor siempre que se estudie en voz alta. Cuando así se hace, se recibe la información por partida doble, por el canal visual y por el auditivo.

8. También es preferible que, cuando se lea, sea en papel
y no en pantalla. Así se retiene mejor la información
y es más fácil evitar distracciones.

9. Por otro lado, si una vez empezado el trabajo, el estudio o lo que sea, viene a la memoria algo que es importante hacer, hay que anotarlo en un papel para realizarlo una vez acabada la tarea. Es importante anotarlo ya que así se evita que el cerebro esté pensando en ello todo el rato.

10. Los niños es bueno que trabajen siempre con un lápiz y un papel en la mano para así ir realizando ejercicios o mapas conceptuales sobre la marcha.

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11. En cuanto a la música, los científicos advierten que si se escuchan canciones con letra, la productividad desciende altamente, por lo tanto se debería optar por las piezas musicales sin letra.

12. Según varios estudios, la acción de mascar chicle mejora la concentración. Aquellos estudiantes que toman chicles durante los exámenes rinden más.

13. Es fundamental, también, el número de horas que se duerme. El descanso contribuye a la regeneración del cuerpo. Cuando se está cansado, el cerebro se resiente y no trabaja al cien por cien.

14. Durante las horas de estudio o de trabajo, es mejor no utilizar los dispositivos móviles ya que provocan la llamada multitarea, el mayor enemigo de la concentración. Los aparatos electrónicos tienen que estar apagados o en silencio y fuera de la vista.

“Hay que hablar en clase de los atentados”, por María Jesús Ibáñez en El Periódico,

No es la primera vez que incluimos artículos de María Jesús Ibáñez publicados en EL PERIÓDICO DE CATALUNYA en el blog, pero es el primero en el que la autora analiza la conveniencia de hablar de atentados en las clases.

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Alguno sacará el tema. Seguro. Más de un alumno hablará en clase de lo que ha pasado, preguntará a profesores o explicará cómo vivió los atentados de la Rambla de Barcelona y de Cambrils del pasado 17 de agosto. Y si ninguno lo hace, no estaría de más que fueran los maestros quienes plantearan el debate en el aula, al menos en el caso de los adolescentes, sugieren pedagogos, maestros y psicólogos.

Aunque el próximo 12 de septiembre, cuando regresen a la escuela, habrá pasado casi un mes desde los ataques, “el suceso fue algo tan próximo a ellos que probablemente seguirá muy vivo y, pese a que quizás muchos ya lo trataron en el mismo momento con sus padres o con los adultos con los que estuvieran pasando las vacaciones, es conveniente que en la vuelta a clase se dediquen al menos unas sesiones al asunto”, señala Ramon Barlam, profesor en el instituto Cal Gravat de Manresa.

“Es absolutamente imprescindible hablar de ello”, agrega Joel Feliu, psicólogo social especializado en temas educativos y profesor en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). “Aunque ya lo hayan tratado en casa, con el jaleo emocional que suponen las vacaciones, es bueno que la escuela también lo aborde y que aporte argumentos diferentes”, defiende Feliu, que advierte de que “lo ocurrido en Catalunya este agosto es algo que puede volver a pasar, aquí o en cualquier otro lugar, y los jóvenes han de tener herramientas para volver a afrontarlo”.

Cuanto antes mejor

“Hay que hablarlo, claro que sí. Y cuanto antes, mejor. No es un asunto que se deba postergar, hay que plantear debates en clase y tratar de convertir lo que ha pasado en una oportunidad”, afirma rotundo Joan Maria Girona, pedagogo que, en su etapa como maestro trabajó en aulas de máxima diversidad social y cultural. “Es una ocasión para que los alumnos hablen de sus sentimientos, que expresen lo que sintieron entonces y lo que sienten todavía ahora: rabia, miedo, odio, impotencia, estima, lo que sea que les venga a la cabeza”, prosigue Girona.

“Si no se habla de los ataques en el aula, con el profe de mediador, los niños lo harán en el patio, sin un adulto que guíe el debate”. Joan Maria Girona, maestro, especialista en aulas de alta complejidad.

Es, a su entender, un debate ineludible. “Entre otras cosas, porque si no se habla en clase, con el profesor como mediador, es muy probable que el asunto salga en un momento u otro, en el patio, y entonces las discusiones las tengan los alumnos entre sí, sin un acompañamiento adulto”, señala el veterano maestro. “Y eso sería peor”, considera.

No es un tema que se pueda liquidar con una simple charla, hay que ir más al fondo”, prosigue Ramon Barlam. “Las reflexiones sobre lo ocurrido deberían estar presentes a lo largo de todo el curso, cuando el momento lo permita”, propone este docente de Manresa, que ha sido tutor durante años de aulas de acogida.

Un problema más profundo

El problema, sostiene Joan Maria Girona, “no es que dos niños puedan pelearse porque tienen criterios u opiniones distintas. El verdadero problema es la situación previa que ha generado un ataque terrorista como el que hemos vivido, y para analizar y comprender el fondo de esta cuestión  los estudiantes necesitan de la guía de un profesor”, concluye.

“No es un tema que se deba liquidar con una sola charla, hay que trabajarlo todo el curso”. Ramon Barlam, profesor de secundaria en el instituto Can Gravat de Manresa

El relato será muy distinto según la edad de cada grupo de alumnos. O según la tipología de cada clase (si hay más o menos niños inmigrantes, o en función del origen de cada uno de ellos). “No se trata de ofrecerles una respuesta única y definitiva a sus preguntas, sino de dejarles hablar, de interrogarles y de ir conduciendo la conversación hacia temas como la tolerancia, las religiones, la violencia…”, propone Girona.

Con los niños más pequeños, los psicólogos recomiendan abordar la cuestión dejando que sean los propios menores quienes hagan las preguntas que precisen hacer. Las respuestas, recomienda la Red Nacional de Psicólogos para la Atención de Víctimas del Terrorismo, deben ser siempre “sinceras, honestas, sin rodeos y sin mentiras”. “No está de más, en el caso de infantil o los primeros cursos de primaria, que el maestro les pregunte si están inquietos o preocupados por algo”, opina Joel Feliu. “Pero yo no soy partidario de sacarles el tema si no son ellos los que preguntan por ello”, añade.

Si llega el caso, conviene “utilizar un lenguaje sencillo y sin exceso de dramatismo” y “evitar expresiones del tipo: ‘Tranquilo, que esto nunca va a suceder aquí’”, recomienda la red de psicólogos especializada en víctimas de terrorismo. Los menores han de saber, sin embargo, que los adultos no siempre van a tener una respuesta a sus interrogantes. Tampoco es aconsejable, dice la entidad, “ir más allá de lo que los niños quieran saber”.

Claustros preparados

Con los más mayores (a partir de quinto de primaria, por ejemplo), los atentados pueden tratarse “en las clases de tutoría, en las del área de ciencias sociales”, sugiere Girona. Tras el atentado del club Bataclan de París, en noviembre del 2015, Barlam introdujo el asunto en clases de lenguas y propuso a sus alumnos que escribieran pequeñas frases –de 140 caracteres, como Twitter– explicando qué pensaban sobre lo ocurrido.

“Todos los profesores han de prever que el tema saldrá en un momento u otro y han de estar preparados para dar respuesta a las inquietudes de sus estudiantes, y esto no solo implica a los tutores de cada curso, no se les puede dejar solo a ellos esa responsabilidad”, avisa Feliu. También los especialistas de Historia, de Economía, de Ciencias Sociales han de ser hábiles y han de estar preparados para responder y contextualizar lo que ha pasado, propone el profesor de la UAB.

“Los profesores han de estar preparados e informados para responder las cuestiones de los más mayores”. Joel Feliu, psicólogo social y profesor en la UAB

“Y si se encuentran con que alguno de sus alumnos realiza comentarios xenófobos o islamófobos, que opten por demostrarles lo equivocados que están con buenos argumentos, no con prohibiciones o castigos, porque eso puede llegar a ser contraproducente”, recomienda.

“Está claro que los claustros de profesores vamos a tener que hablar estos días sobre el tema, con mayor o menor intensidad, para prepararnos ante lo que puedan plantear nuestros alumnos”, admite Barlam, que como el resto de docentes catalanes se incorporó este viernes a su centro educativo.

La Conselleria d’Ensenyament recuerda, en este sentido, que los profesores tienen su disposición materiales como el protocolo genérico contra el odio y la discriminación, “además de los planes de convivencia de cada escuela e instituto, en los que se establecen actividades para desarrollar con los estudiantes”.

Algunas ideas didácticas

Un debate necesario en todas las aulas 

“¿Quiénes son los malos?”, le preguntaron a Joan Maria Girona unos alumnos tras los atentados de la discoteca Bataclán de París. “Dejé que reflexionaran y que extrajeran sus propias conclusiones”, recuerda el docente. La mayoría de aquellos niños, alumnos de distintas procedencias, dedujeron que el problema eran los radicalismo. ¿Qué pasa en los colegios donde apenas hay presencia inmigrante? ¿Y si los padres no quieren que se hable más del tema? “Hablarlo es bueno para todos y necesario, siempre respetando todas las identidades, claro”, replica Ramon Barlam.

Utilizar materiales periodísticos

“Somos muchos los docentes que trabajamos en clase con artículos de prensa para tratar temas de actualidad, es una herramienta que nos permite generar debates y, a la vez, desarrollar la comprensión lectora de los estudiantes”, señala Ramon Barlam, profesor del instituto Can Gravat de Manresa. Una de las imágenes de estos atentados, la realizada por el fotoperiodista Jordi Cotrina y en la que se ve el imán de Rubí recibiendo un abrazo de Javier Martínez, padre de un niño de tres años muerto en el ataque de la Rambla, encaja con esta metodología, destacan los expertos.

Los padres de Xavi Martínez, el niño de 3 años muerto en el atentado de la Rambla, abrazan al imán de Rubí. / JORDI COTRINA

Implicar a las familias de los estudiantes

“A partir de las conclusiones de los debates organizados en clase se pueden montar actividades de todo tipo, como murales y pequeños textos, en las que es recomendable hacer también partícipes a padres y madres”, propone Ramon Barlam. “La implicación de las familias es fundamental en estos casos”, destaca el profesor, que considera muy importante ayudar (sobre todo) a las madres de estudiantes inmigrantes, “para que sepan cómo hacer el acompañamiento educativo de sus hijos. Ya no solo en temas como este, sino en otros muchos de su vida escolar”, destaca.

CARLES CAPDEVILA EN GESTIONANDO NIÑOS

Carles Capdevila, periodista y exdirector del diario ARA, murió de cáncer a principios de este mes de junio. Sobre su labor profesional se escribió en LA VANGUARDIA:

“Nacido en 1965 en Els Hostalets de Balenyà, el periodista y escritor deja tras de sí una dilatada trayectoria en prensa, radio y televisión. Además de su labor al frente del Ara, Capdevila ejerció como articulista en los diarios Avui, El Periódico de Catalunya y el 9Nou, fue director del programa Eduqueu les criatures en Catalunya Ràdio y creador del espacio televisivo APM?, de TV3. En su faceta como escritor destacan los ensayos Educar millor y La vida que aprenc, que abordan uno de los hilos argumentales de su labor profesional: la educación”.

Yo no conocía esta faceta suya, la de comunicador sobre aspectos relacionados con la crianza de los hijos y su educación. Ayer vi estos vídeos colgados en internet en los que con mucho humor trata estos temas.

Aquí ponemos la dirección de educandohijos.com donde podéis encontrar sus reflexiones en formato “cápsula”. Si os fijáis en las pestañas de arriba podéis encontrar  otros temas tratados por la página web.

UNA ALTRA ESCOLA, UN DOCUMENTAL DE 3O MINUTS

El pasado domingo el programa 30 MINUTS de TV3 trazó una ponaorámica de escuelas de primaria y secundaria tanto públicas como privadas que han empezado a hacer una manera diferente de hacer clases y de transmitir conocimientos poniendo el foco más en el alumno que en el profesor, quien más bien tendría el rol de acompañante.

Obviamente subyace una crítica a los métodos de la escuela tradicional basados en las clases magistrales y los exámenes que miden la capacidad memorística de los alumnos.

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/programa/una-altra-escola/video/5620064/

  1. Dividid una página en cinco columnas y en cada una poned el nombre de las escuelas/institutos que aparecen en el documental y el del Institut Josep LLuís Sert y debajo las características de cada modelo.
  2. ¿Son iguales? ¿Cuál os ha gustado más y cuál menos?
  3. ¿Son diferentes los de la escuela pública que los de las escuelas concertadas? ¿A qué se debe?
  4. ¿Y cuál es el papel de los padres?
  5. ¿Hacemos en el instituto algo parecido? ¿Cuándo?
  6. ¿Creéis que todo blanco o negro, que estos sistemas educativos son tan buenos y el nuestro tan malo?

 

EUROPA CABE EN UNA FAMILIA BELGA por Álvaro Sánchez en EL PAÍS

A menudo no olvidamos de que Europa no son solo instituciones como la Comisión o el Parlamento Europeo y tratados o reglamentos sino las personas que formamos parte de ella con nuestros derechos (y obligaciones). El día en que se celebraba el 60º aniversario del Tratado de Roma EL PAÍS publicó el siguiente artículo firmado por Álvaro Sánchez en la ciudad de Linkbeek en Bélgica:


La casa está en Linkebeek, una pequeña localidad flamenca de amplia mayoría francófona limítrofe con Bruselas. La convivencia, armoniosa, solo se ve perturbada por la bronca política en torno al uso del francés en un Ayuntamiento enclavado en Flandes. El nivel de vida es acomodado. La casa tiene dos plantas y jardín con columpios, y por el suelo de parqué caminan en calcetines Martine Recht, Stéphanie Wouters, Nina y Alexis. 65, 42, 11 y 8 años. Tres generaciones en un hogar que destila un europeísmo arrinconado en los tiempos de Farage, Wilders o Le Pen, pero no tan extraño como pudiera parecer: pese al ruido populista, dos tercios de los ciudadanos consideran la UE un oasis de estabilidad en medio de los problemas que azotan el planeta, y la mayoría son partidarios de cederle más competencias según el Eurobarómetro. El país de Wouters y su familia no es una excepción. Bélgica, un pequeño Estado en el corazón de Europa, que aloja las instituciones comunitarias en la cosmopolita Bruselas, está lejos de ser un bastión del euroescepticismo.

Algunos de los recuerdos y luchas de esta familia belga —comunes a las de otras muchas a lo largo y ancho del Continente— dan una idea de cómo ha progresado Europa desde la firma del Tratado de Roma hace 60 años. Martine Recht, la abuela, profesora ya jubilada, oía historias de la guerra de boca de sus padres, pasaba el control fronterizo para visitar la vecina Francia, pidió permiso escrito a su marido para poder abrir una cuenta bancaria y se manifestó para que las mujeres tuvieran derecho a la contracepcion o el aborto. Su hija, Stéphanie Wouters, empleada de la organización de sindicatos europea, tiene un lejano recuerdo de aquel “hacéos los dormidos” que les decía Martine al cruzar la aduana; lleva casi la mitad de su vida usando el euro y es crítica con la brecha salarial entre hombres y mujeres. Nina y Alexis son todavía niños, pero ya han viajado fuera. Nunca han aguardado impacientes a que el agente compruebe el maletero porque nunca han atravesado un puesto fronterizo. No han oído hablar de la guerra más allá de películas y libros de texto y no saben qué es el franco belga, la moneda a la que el euro relegó, como a la peseta, el marco o la lira, a pieza de coleccionismo.

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A diferencia de su madre y su abuela, los menores nacieron con todos los derechos que garantiza la nueva Europa excepto uno: el derecho al trabajo, antes indiscutible y ahora amenazado por las réplicas de la mayor crísis económica desde el crack del 29. La familia aúna pese a todo, algunos de los mayores beneficios del proyecto comunitario y en general del acercamiento entre europeos. Todos son políglotas, como cada vez más ciudadanos, capaces ya de elevar la conversación por encima de la banalidad de una dirección esquiva en un país extranjero. Ninguno ha vivido un conflicto bélico, algo que no pueden decir sus antepasados. Y defienden una Europa de acogida frente a los envites xenófobos, tan frecuentes y libres de máscaras últimamente, desde que Trump demostrara los réditos electorales de un discurso directo y agresivo. —”Hay demasiada chusma marroquí en nuestra tierra”— , probó suerte Wilders en la campaña holandesa.

Martine llega con varios folios escritos a mano. No quiere olvidar nada. Ha venido a casa de su hija para hablar de su pasado, que es lo mismo que hablar de un trozo de la historia de Europa. Su infancia estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial. Su madre fue auxiliar de la fuerza aérea británica durante el conflicto y perdió a su entonces prometido en Libia, donde combatía a los nazis. Tras la guerra conoció al padre de Martine, periodista y resistente belga contra la ocupación. Como muchos otros europeos que perdieron seres queridos en la guerra, lograron reconciliarse con su pasado. “Con el tiempo ambos llegaron a perdonar a Alemania, aunque a mi madre le costó más. Tuve la suerte de criarme en un ambiente de gran apertura, solidaridad y no violencia”, afirma.

Cuando nació en Bruselas en 1951, el continente se lamía las heridas de una guerra devastadora que apenas había acabado un lustro antes y las tensiones entre EE UU y la URSS amenazaban con desencadenar una nueva contienda de resonancias nucleares. El proyecto europeo era entonces un acuerdo de seis países para comprar y vender carbón y acero. Hoy es un gigante de 28 Estados —27+1— y más de 500 millones de habitantes cuyos lazos sobrepasan con mucho la vertiente comercial, no existe la pena de muerte y los viejos rencores de la guerra son cada vez más un episodio que forma parte de la memoria no como arma arrojadiza sino como advertencia —últimamente olvidada— de lo que no debe repetirse.

Un elemento clave de su europeísmo ha sido la educación. Tanto ella como su hija Stéphanie estudiaron en Escuelas Europeas, centros reservados a los hijos de funcionarios de las instituciones comunitarias. Ese no era su caso, pero años atrás, cuando el número de Estados miembros era menor, permitían la entrada de un número restringido de alumnos sin relación con la Comisión, el Parlamento o el Consejo. “Se convertirán en europeos de espíritu, preparados para finalizar y consolidar la obra emprendida por sus padres para el advenimiento de una Europa unida y próspera”, dice parte del texto que se deposita en la primera piedra de cada centro. “Esa debería ser la misión de todas las escuelas”, propone Martine.

Antes de ser madre por primera vez, Recht participó en marchas antinucleares y contra la guerra de Vietnam imbuida del espíritu de paz de mayo del 68 que removió las entrañas de Europa de la universidad a las fábricas para decir, entre barricadas, que los cimientos ideológicos de la sociedad salida de la guerra habían quedado añejos.

El incierto futuro de sus hijos

Su historia tiene también el aroma de la impotencia ante las barreras burocráticas. Como docente no pudo ejercer en Francia debido a que no convalidaban su título belga, un obstáculo que se ha tratado de salvar con el plan Bolonia. La movilidad está en el ADN de Europa como muestra que más de cuatro millones de estudiantes hayan participado en el programa Erasmus. Uno de ellos fue el hijo de Martine y hermano de Stéphanie, ahora casado con una francesa a la que conoció entre clase y clase en la ciudad holandesa de Maastricht. Lejos de ser una rareza, un estudio publicado por la Comisión hace dos años calculaba que más de un millón de bebés han nacido de parejas creadas durante la beca.

Frente a la retórica populista que presenta la UE como un proyecto creado por y para las élites, Stéphanie Wouters contrapone sus ventajas: “Europa es democracia y paz. Es libertad para trabajar, estudiar, viajar y pagar con una única moneda. Es un espacio de protección, derechos e intercambios que hay que salvaguardar del contagio del Brexit y nacionalismos como el de Marine Le Pen“.

Aunque se saben privilegiados, su fe en el proyecto europeo no está exenta de incertidumbres. En especial sobre el futuro de sus hijos. “Cada vez hay más emigración, contratos temporales, jóvenes parados de larga duración y becas que no llevan a nada”. De sus vástagos habla con orgullo de madre al recordar un episodio que expresa la cercanía de muchos europeos con los millones de inmigrantes que se han incorporado a un proyecto que hoy también es el suyo. “Mi hijo de ocho años es muy amigo de Ibrahim, de una familia musulmana practicante con una visión abierta. Un día se quedó a dormir en su casa y volvió contando: “sabes mamá, nos dimos un baño pero no tuvimos que desnudarnos, nos quedamos en ropa interior”. He encontrado su extrañeza entrañable porque estaba cargada de respeto a sus costumbres”.

Cuestiones:

  1. ¿Quiénes son Farage, Wilders y Le Pen?
  2. Vocabulario: populismo, europeismo, euroescepticismo, Tratado de Roma, instituciones comunitarias.
  3. ¿Que aspectos positivos de la Unión Europea defienden los Wouters?
  4. ¿Hay aspectos negativos?
  5. ¿Sabeis qué es el Brexit?
  6. ¿Qué opinais vosotros? ¿Vale la pena formar parte de Europa o no? ¿Creéis que os puede favorecer en el futuro?

JORDI ÉVOLE TRATA HOY EN “SALVADOS” EL TEMA DE LOS MÓVILES Y LA NOMOFOBIA

Esta entrada contiene la sinopsis del programa “CONECTADOS” de Jordi Évole, fragmentos del artículo de Manuel de Luna publicado el sábado en EL PERIÓDICO de Cataluña y otro escrito breve de su equipo de redacción. Al final hay enlaces que amplían la información y hablan tanto de la “NOMOFOBIA” como del “SÍNDROME FOMO” (fear of missing out). Como véis, es una entrada muy completa.

Para ver el programa “CONECTADOS” clicad aquí:

http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-12/capitulo-11-Conectados_2017021800004.html

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SINOPSIS: Salvados se fija en cómo nos relacionamos con un objeto que nos cabe en el bolsillo y que nos ha cambiado la vida: el móvil. Solo han pasado 10 años desde que Steve Jobs presentó el primer iPhone. Sin embargo, la llegada del smartphone significó una revolución que nos ha convertido en personas conectadas 24 horas al día.

El espacio incluye una entrevista inédita al filósofo Zygmunt Bauman, fallecido el pasado mes de enero, que reflexiona sobre cómo los smartphones hacen que estemos siempre disponibles, siempre conectados. Y para Bauman es precisamente esta conexión permanente la que nos convierte en seres solitarios en realidad: “Somos solitarios en contacto permanente”.

Salvados sigue durante un día a Belén Sensat, una joven que no deja el móvil ni cuando está en clase, sobre todo pendiente de la red Instagram. Belén piensa que vivir enganchada al móvil es algo normal y que no tiene solución. Hablamos también con su madre, que nos cuenta las normas que ha tenido que poner en casa para poner límites al uso del móvil.

Jordi Évole asiste a una terapia de jóvenes enganchados al móvil. Marc Masip, el terapeuta de este grupo de trabajo, cuenta a Évole los síntomas que nos pueden indicar que la dependencia que tenemos del smartphone nos debería preocupar.

Évole entrevista también a Gonzalo Entrala, que abrió la cuenta de twitter del Papa Benedicto XVI y acabó enganchado a las redes sociales. Admite que entró en una espiral de narcisismo y exhibicionismo que hacía que estuviera más pendiente de su vida en las redes que de la vida real.

¿Somos conscientes de las horas que pasamos conectados al móvil cada día? ¿A qué edad se le puede dar un móvil a nuestros hijos? ¿Cuántas cosas hacemos cada día antes de encender o consultar el móvil? ¿Podríamos salir de casa sin el móvil?. Título: Conectados


“Las reuniones de trabajo del equipo de ‘Salvados’ cada vez eran más complicadas, porque todos estábamos continuamente mirando y toqueteando los teléfonos móviles, y cuando nos dimos cuenta de que esta situación es común en todos los ámbitos de la sociedad, decidimos hacer un programa para analizarlo”. Así explica Jordi Évole cómo nació el primer reportaje con el que este domingo, 19 de febrero, vuelve a La Sexta ‘Salvados’ (21.30 horas), una nueva entrega del conocido programa en el que incidirá en reportajes de carácter social que afectan directamente a los espectadores, y con los que estos se sientan identificados.

(…) De este modo, ‘Salvados’ retoma su andadura con ‘Conectados‘, un programa que efectivamente nos toca a todos, y no siempre para bien, como él mismo Évole reconoce, que también se considera adicto al móvil. “A todos nos salpica esta auténtica adicción a internet, y el reportaje de este domingo ofrece una visión transversal de un nuevo sistema de comunicación que se puede llegar a convertir en un problema”, explica el periodista, quien recomienda esta programa a padres, profesores y también a los jóvenes usuarios, ya que no existen normas de uso social del ‘smartphone‘. Aunque sí ha sido capaz de cambiar cómo nos relacionados e interactuamos con nuestro entorno.


El miedo a salir a la calle sin el teléfono móvil tiene nombre: nomofobia. Y más de la mitad de los españoles sufre este miedo irracional, según el Centro de Estudios de Trastornos de la Ansiedad (CEETA). Este trastorno es solo una manifestación de la creciente adicción a los smartphones, una de las puertas de acceso favoritas a internet.

Nos hemos acostumbrado a ver a la gente caminar por la calle sin levantar la vista de la pantalla de su teléfono móvil, hasta el punto que algunas ciudades han optado por colocar semáforos a ras de suelo. Muchas escuelas e institutos, ante la proliferación de las pantallas (tabletas, ordenadores y teléfonos móviles) en las aulas, se han visto obligadas a realizar jornadas psicoeducativas para que pequeños y jóvenes tomen conciencia del problema que supone el uso inadecuado o excesivo de estas herramientas.

Pero, ¿cómo podemos saber si somos adictos al móvil? A continuación, unas pocas preguntas que te harán reflexionar sobre tu dependencia. A mayor identificación con estas situaciones, mayor grado de dependencia.

1. “Miro la pantalla del móvil regularmente, incluso cuando no he escuchado ninguna notificación”.

2. “Llevo el móvil siempre encima, incluso cuando estoy en casa. Me pueden llamar o escribir en cualquier momento”.

3. “Puedo estar horas y horas con el móvil. Me divierte colgar cosas en mis perfiles, chafardear, comentar…”

4. “Cuando el móvil tiene la batería baja lo paso realmente mal. Me genera algo de ansiedad llevar el móvil al 20%”.

5. “He tenido problemas con mi pareja por usar demasiado el móvil. Intento controlarme cuando estamos juntos, pero cuesta mucho”.

En caso de duda, se puede responder un sencillo cuestionario de 20 preguntas de la Organización de Consumidores Españoles (OCU), una adaptación del cuestionario ‘El uso problemático del teléfono móvil’, elaborado por Merlo, Stone y Bibbey.


Para ampliar la información:

EN DEBATS SER hemos tratado otras veces el tema:

UNA SANDÍA EN CLASE o “Profesoras contra la pedagogía tóxica” por ANA TORRES MENÁRGUEZ

Acabamos de incluir dos artículos sobre el uso de los móviles y los deberes y nos encontramos con otro en el que el protagonismo recae en una sandía para provocar reacciones. Si clicáis sobre Las escuelas matan la creatividad poséis ver el vídeo de Ken Robinson.


Dos docentes de universidades públicas crean una nueva metodología para activar el deseo de aprender

por ANA TORRES MENÁRGUEZ

En 2006, el pedagogo británico y gurú de la educación Ken Robinson hizo temblar las bases del sistema educativo con su charla TED Las escuelas matan la creatividad, con más de 43 millones de visitas. Robinson criticaba que los colegios son el primer freno con el que se encuentran los niños y alertaba sobre el desacierto de los programas educativos al primar materias como las matemáticas y arrinconar las más artísticas como la música o el dibujo bajo el pretexto de que no son útiles a la hora de encontrar un empleo.

El diagnóstico estaba claro, pero nadie sabía muy bien la fórmula para conseguir que la escuela no mate la creatividad. Las profesoras universitarias María Acaso, de 46 años, y Clara Megías, de 32, parecen haberlo conseguido. Han desarrollado una nueva metodología para darle la vuelta a la forma de dar clase.

http://epv.elpais.com/epv/2017/02/13/seccion_espana/1486970692_434316.html

Las profesoras Clara Megías y María Acaso.                                                        KIKE PARA

“Hay que acabar con la pedagogía tóxica y aplicar nuevas fórmulas para despertar el deseo de los estudiantes por aprender”, explica María Acaso, experta en innovación educativa y profesora de la Universidad Complutense. Su método, al que han llamado Art Thinking, tiene como base los descubrimientos de la neuroeducación, que estudia cómo aprende el cerebro, y cuyo principal hallazgo es que para que se produzca el aprendizaje es necesario encender una emoción, despertar la curiosidad del estudiante. Para ello, su metodología se inspira en los procesos de creación de arte.

La investigación de las docentes, que comenzó en el año 2011 y cuyos resultados se publicarán en el libro Art Thinking. Transformar la educación a través de las artes, señala que en la pedagogía tradicional el esfuerzo está asociado al dolor, al malestar, y a la idea de que adquirir conocimiento tiene que ver con la ansiedad, el miedo o la evaluación. Su propuesta es incorporar el arte en la educación para generar placer y de esa forma conseguir que el esfuerzo y la constancia aparezcan de forma automática. Los profesores puede emplear esta metodología para impartir cualquier asignatura.

En uno de los capítulos de su libro señalan que de las células madre del cerebro nacen a diario entre 4.000 y 5.000 neuronas, a través de un proceso llamado neurogénesis. Las actividades que se realizan desde pequeño crean circuitos neuronales; algunos se mantienen y otros desaparecen. ¿En función de qué? Cuando esas actividades no son significativas para nuestra vida diaria, se diluyen.

“En el caso de un examen de un tema que no me interesa y con el que no he logrado establecer una conexión personal, los circuitos construidos me permitirán aprobar, pero no aprender. La información desaparecerá de forma automática nada más acabar la prueba”, explica Acaso. La clave para que el aprendizaje sea significativo, sostiene la docente, es que tanto la información como el proceso de enseñanza sean relevantes para el estudiante y se repitan.

Las investigaciones sobre neuroeducación demuestran que para activar el deseo de pensar es necesario encender previamente una emoción, y para ello es fundamental despertar la curiosidad. “Hay que comenzar la clase con un elemento provocador, puede ser una frase, un dibujo o un pensamiento; algo que resulte chocante”, indica Francisco Mora, profesor de la Facultad de Medicina de la Complutense y autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama.

“Desde que somos mamíferos hace más de 200 millones de años, la emoción es lo que nos mueve. Aquello que nos extraña, que no nos resulta monótono. Ahí se abre la ventana de la atención, imprescindible para aprender”, explica Mora.

Eso es lo que hizo María Acaso con sus alumnos de Bellas Artes en la Complutense. Un día apareció en clase con una sandía y frente al asombro de los estudiantes, la cortó y creó un cuadrado. Su intención era generar extrañamiento entre los estudiantes. “El ser humano está diseñado para prestar atención a lo que no es habitual. Una situación nueva que no sabes cómo resolver te atrae. Atención, emoción y aprendizaje. Ese es el orden según la neuroeducación”, remarca Acaso.

En el aula se creó un clima muy diferente al habitual, en el que el silencio propio de la clase magistral, en la que el profesor habla y el estudiante escucha, dio paso a un debate sobre el significado de esa sandía. Una vez captada la atención de los alumnos, las dinámicas de aprendizaje cambian.

La sandía con forma de cuadrado que Acaso usa con sus alumnos.
La sandía con forma de cuadrado que Acaso usa con sus alumnos.
Acaso les explicó que esa sandía con forma cuadrada era una pieza del artista cubano Wilfredo Prieto llamada Políticamente correcto, y su intención era precisamente cuestionar los estándares de la educación, plantear por qué el mobiliario, los programas académicos y la forma de enseñar no han evolucionado. “Llevar una sandía a clase es un acto de subversión, hace que el aula explote”, explica.

En 2009, Acaso publicó el libro La educación artística no son manualidades, en el que criticaba que las disciplinas relacionadas con las artes han sido consideradas como un conocimiento de segunda categoría, prescindible, frente a los “conocimientos altos” como las matemáticas o las ciencias. En su opinión, el nuevo escenario laboral, en el que el número de robots no deja de aumentar, requerirá perfiles muy creativos, una cualidad que las máquinas no dominarán. “Precisamente al Art Thinking no le interesa demostrar hechos, no es una metodología cerrada basada en certezas, sino encender la curiosidad para activar procesos de investigación”.

En su libro, las dos profesoras desarrollan los cuatro puntos clave de esa nueva metodología: pensamiento divergente, incorporación del placer, alumnos y profesores como productores de contenidos y trabajo colaborativo y por proyectos. El próximo mes de junio organizan en Madrid un curso junto al colectivo Pedagogías Invisibles para 100 profesores de todos los niveles educativos en el que enseñarán cómo poner en práctica el Art Thinking.

En la escuela se aprende a través de la memorización, sin pensar. La gente llega a la edad adulta y no sabe pensar por sí misma, se han dedicado a reproducir lo que dicen otros. Es cierto que necesitamos información en nuestra memoria, pero hay que cambiar el proceso por el que nos llega”, explica Clara Megías, profesora de la Facultad de Educación en la Universidad de Alcalá. Investigar y analizar por uno mismo. Cuestionar lo que se da como cierto. Eso es lo que hace el arte.

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TELÉFONOS EN EL COLEGIO

Nos ha llamado la atención el reportaje de Javier Ricou publicados ayer en LA VANGUARDIA “TELÉFONO EN EL COLEGIO CON BLOQUEO DE EDAD” y de Carina Ferreras “CAMBIOS EN EL PATIO” que tratan sobre un instituto de Lérida en el que han prohibido los móviles a los alumnos de primer ciclo de la ESO desde que acabaron las vacaciones de Navidad.

Se trata del IES Torre Vicens y el año pasado habían acordado justo lo contrario, que podían utilizarlo en clase cuando el profesor lo permitiera, es decir, con fines pedagógicos .

Comenta Chus Castro, la jefa de estudios: “(Los alumnos) se distraían mucho con los aparatos entre clase y clase, sacaban el teléfono a la mínima oportunidad y estaban enganchados a esos aparatos durante la hora del patio, lo que reducía las relaciones entre ellos o su participación en juegos”.

La profesora reconoce abiertamente que la medida ha sido positiva y que no han tenido que “requisar” muchos móviles, que ahora los niños juegan más en el patio y hacen más ejercicio. Hay algunos que los llevan en la mochila, pero no lo sacan.

Al parecer, la junta directiva del centro no se ha planteado que los alumnos de segundo ciclo hagan lo mismo.

Carina Ferreras comienza su artículo haciéndose unas preguntas: “¿Acceso libre? ¿Restringido? ¿Prohibición total? ¿Sólo últimos cursos?” Y a continuación afirma taxativamente: “El uso del móvil en las escuelas es un debate universal que no está resuelto en ningún país. (…) Para esta nueva realidad no existen guías para padres y docentes”.

De una charla con Matalí, responsable de la Unidad de Conductas Adictivas Infanto-Juvenil del hospital de Sant Joan de Déu extrae la idea de que ahora las relaciones entre los alumnos pasan por el móvil y no se fomenta la identidad del grupo como antes en que “no había más remedio que encontrarse con los compañeros”.

Dice Matalí: “En esas circunstancias, es más fácil obviar a los demás, evadirse o excluir a algún compañero. (…) El riesgo mayor de que las relaciones se mediaticen por aplicaciones es el de la superficialidad. En el recreo pierden la oportunidad de hacer amigos reales”.

Sobre el particular apunta que el currículum escolar tendría que incorporar elementos de análisis y de discusión sobre “la calidad de las actividades en que ocupan (los adolescentes) su tiempo y la profundidad de las relaciones que mantienen”.


El reportaje incluye un recuadro que copiamos textualmente por servir a padres y educadores y que se podría debatir en clase si se cumple o no en el seno de la familia y con los amigos:

EDUCAR EN LA GESTIÓN DEL USO

LA ENTREGA. Pactar su uso en cuanto a tiempos y dejar claro los espacios en los que el móvil queda excluido. También hablar sobre el acceso a redes sociales, especialmente en edades tempranas.

ESPACIOS. Decidir limitaciones de uso en diferentes contextos como los deberes, comidas o cenas y actividades familiares

EL EJEMPLO. De nada sirven los discursos si no se practica con el ejemplo. Vale la imagen del padre que amonesta a su hijo por usar el móvil en el restaurante mientras él responde watsaps y llamadas.

SUPERVISIÓN. Estar en las redes sociales de los hijos. Acompañarles en la gestión con indicaciones del tipo de no añadir a nadie que no conozca, bloquear si alguien le hace sentir incómodo y reflexiones sobre si 500 seguidores son realmente amigos.

EL TIEMPO. Incidir si la vorágine social ocupa excesivo tiempo. Dado que la capacidad de análisis y organización de los adolescentes es más limitada que la de los adultos, ayudarles a reflexionar sobre cómo emplear el tiempo con sentido.


 

Un altre bloc del INSTITUT JOSEP LLUIS SERT de Castelldefels