“Por esto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré aullido como de chacales, y lamento de avestruces” (Miqueas 1: 8)
El profeta Miqueas, ante la gran desolación debida a la corrupción moral de su sociedad: una sociedad lejos de los propósitos de Dios, buscando su propio placer, y cumpliendo su propio designio y voluntad; pronuncia en su libro estas palabras de compromiso con el Señor, con Su mensaje de restauración, y con una sociedad que está abocada a la perdición espiritual. Miqueas no teme el menosprecio de sus conciudadanos por sus excentricidades mientras oigan el mensaje de Salvación: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8)