No sé, y no me lo aclara el diccionario, si el macho de la liebre es el liebre, como escribo yo.
En nuestra región, al macho de la liebre se le llama “u lebru” y yo por comodidad seguiré llamándolo así, aunque adaptándolo.
Las liebres son animales preciosos.
De orejas alargadas, enormes ojos, pelaje gris que tiende al pardo, cola corta, no solo son muy veloces sino también grandes saltadoras gracias a sus largas patas posteriores.
| DIBUIX 1 ( activitat 8 de la setmana de 11 al 15 de maig)
foto treball 8 de plàstica acabat
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Al contrario de los conejos, las liebres raramente se esconden en madrigueras. Prefieren ocultarse detrás de los arbustos, de matas de sorgo, de cúmulos de piedras. Para descubrirlas o hacerlas salir de su escondite, se requieren perros adiestrados que las detecten con el olfato.
En cuanto advierten su presencia, los perros de caza permanecen quietos en la posición característica de acecho, con el hocico tendido hacia delante, el rabo alineado con la punta de la nariz, la pata izquierda ligeramente levantada.
| Dibuix 2 ( activitat 9 de la setmana del 18 al 22 de maig)
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El cazador debe ser rápido de reflejos porque la liebre, apenas percibe el peligro, sale disparada de su escondrijo y huye a una velocidad increíble.
Tengo que hacer un apunte importante.
Todas las libres, cuando reciben un disparo mortal, en vez de caer inmediatamente de lado como los conejos, ejecutan una voltereta perfecta en el aire. Por consiguiente, la voltereta significa para los cazadores, pero también para los perros, que la liebre ha sido herida de muerte con toda seguridad.
Aquel día por la mañana, éramos tres, mi padre, un amigo también cazador y yo, íbamos en busca de alondras y por eso no nos acompañaban los perros.
Subíamos en fila india por un sendero que conducía a la cima de una colina y llevábamos escopetas de dos cañones cargadas pero abiertas y apoyadas en el brazo. Yo era el último de la fila.
De repente, el amigo cazador puso el pie sobre una piedra que le hizo perder el equilibrio.
Mientras se tambaleaba, la piedra salió disparada y fue a parar a una mata de sorgo un poco más debajo de donde estábamos. Mi padre, que había oído los improperios del compañero, se giró para ver lo que sucedía a sus espaldas y, en aquel momento, una liebre salió saltando de la mata de sorgo.
O mejor dicho, era un liebre, se adivinaba por su gran tamaño y su pelaje gris blanco.
En un gesto fulminante, mi padre cerró la escopeta, se la apoyó al hombro, apuntó, disparó y erró el blanco.
El liebre, al llegar al llano, cogió velocidad.
Mi padre volvió a apuntar y efectuó un segundo disparo.
Esta vez acertó de pleno, porque el animal saltó por los aires, ejecutó una voltereta, cayó en el sueldo boca arriba y se quedó tieso.
_ Ve a cogerlo_ me ordenó mi padre.
Me tocaba a mí hacer aquella caminata, puesto que yo era el más joven.
Deshice el sendero cuesta abajo y, cuando llegué al pie de la colina, me di cuenta de que no lograba ver el liebre entre la hierba del llano. Mientras tanto, mi padre y su compañero habían seguido subiendo.
Los avisé a gritos.
_¡No veo dónde está el libre!
Mi padre me dió como punto de referencia un árbol descortezado, seguramente lo había alcanzado un rayo.
_Ahora voy, pero esperadme.
Me dirigí hacia el árbol.
Y finalmente encontré el liebre muerto. Me acerqué, lo miré.
Era el liebre más grande que había visto nunca, debía de ser muy viejo. Estaba tendido sobre la espalda en la inmovilidad de la muerte, con las patas como entumecidas, los ojos cerrados.
Me agaché, lo agarré por las patas posteriores. Y en aquel momento el libre abrió los ojos, se contorsionó, coceó, se me escurrió de las manos, volvió a ponerse a cuatro patas y huyó como un rayo, dejándome boquiabierto.
Pude ver claramente que ni siquiera lo habían rozado los disparos.
¿Cuántos compañeros suyos había visto morir cazados, en su larga vida, para lograr imitar perfectamente su muerte?
Y, en efecto, cuando volví, mi padre me dijo:
_¿Sabes qué? Podía haber disparado desde aquí, pero no he podido hacerlo porqué estabas tú en medio.
Pero eso también lo sabía perfectamente el liebre, pensé.
| Dibuix 3 ( activitat 10. De la setmana del 25 al 29 de maig)
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——————————————————– Heu de llegir el conte i buscar les paraules que no entenguis. Aquesta activitat durarà més d’una setmana. Cal il·lustrar aquest conte. Aquesta setmana cal fer el dibuix que correspon a l’últim paràgraf.
Us limiteu a treballar en blanc, negre, grisos i blaus.
Com més dibuixem del natural o de fotografies, més rics i autèntics seran els nostres animals imaginaris.