Mi patria es tu cuerpo. Mi bandera es del color de tus ojos, y mi escudo, la dulce silueta que dibujan tus labios. Mi himno no es más que la dulce melodía que puedo apreciar al oír los latidos de tu corazón cuando me tumbo sobre tu pecho. Mi único objetivo es descubrir cada parte de tu cuerpo, como si de un continente nuevo se tratara, y poder llegar a ser un ciudadano ejemplar en tu mundo.
Sólo deseo besarte, besarte lentamente, hasta que nuestros labios se separen por inercia para tomar un suspiro, un suspiro en el cual nos miraremos a los ojos, y nos fundiremos en un abrazo de esos que van tan cargados de energía positiva.
Quiero tenerte entre mis brazos, y cuidarte como la mas bella, tratarte como la más bella y, sobre todo, quererte como la más bella.
Llegará un día que nuestros cuerpos formen uno, que nos fusionemos como si fuéramos dos amantes de verano.
Pasarán los años, y te seguiré queriendo como la más bella.
Llegaremos a la vejez de la mano y será entonces cuando rememoraremos todo lo que hemos hecho durante nuestras vidas y recordaremos la fuerza e intensidad con la que nos amábamos, que aún perdurará entre nosotros.
El destino hará que te vayas de mi lado, y me sentiré como un náufrago que ha sido expulsado de su tierra, de su continente, de su patria.
Le daré vueltas y vueltas al asunto, pero no podré hacer nada para saciar mi dolor.
Habré perdido mi identidad, y esperaré con impaciencia la muerte, para poder volver a verte, y así poder ver mi bandera, escuchar mi himno, volver a mi tierra, y poder volver a besarte, besarte lentamente, hasta que nuestros labios se separen por inercia para tomar un suspiro, un suspiro en el cual nos miraremos a los ojos, y nos fundiremos en un abrazo de esos que van tan cargados de energía positiva.