A veces me gustaría retroceder en el tiempo. Desearía poder cambiar algo, pero sé que eso nunca será posible. El viaje se me hace largo y aquí estoy, sentada en el tren, recordando viejos tiempos que permanecen en fotografías y conversaciones en el móvil.
Aún me cuesta aceptar que hay ciertas cosas que no volverán. Me como la cabeza cada noche pensando en qué pude hacer mal, pero sigo sin encontrar respuesta a todas mis dudas. Siento que he pasado de tenerlo todo a no tener nada.
Miro por la ventanilla y cada vez estoy más lejos. Es irónico, veo hasta los árboles moviéndose y yo sigo anclada en recuerdos que se me clavan cada vez más. Echo de menos su voz, sus mensajes, su sonrisa… Duele saber que no lo volveré a ver, pero me he cansado de ser la víctima.
No sé, quizá debería dejar de pensar que le he perdido; quizá ha sido él el que me ha perdido a mí. Lo que sí sé es que no se me da nada bien esto de olvidar. Necesito estar un tiempo fuera, alejarme del pasado y empezar a ver las cosas de otra forma.
Sin darme cuenta, ya estoy llegando a mi destino. Me quito los auriculares y cojo mis maletas. Espero encontrar un lugar donde quedarme, y lo que es más importante; encontrarme a mí misma.