ochocientos euros

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Ilustración: Fumi Koike

Ricardo sospechaba que a su vida le faltaba un ingrediente, el mismo que le impedía llamar hogar al piso por el que pagaba ochocientos euros al mes. Por eso le disgustaba llegar sobrio a esas cuatro paredes o a una hora temprana y sentirse amenazado por aficiones tan contrarias a su persona como la lectura o los programas del corazón. Ricardo se dejaba caer en un sofá y contemplaba las blancas paredes en silencio, sosteniendo lánguido una copa de vino o el cuello de una botella de cerveza. Ricardo estaba convencido de que el mismo dinero que había comprado los muebles de edición limitada podía adquirir la felicidad.

Bill Jiménez, Varón de multiforme ingenio

Redacta un texto de ficción de entre 100 y 125 palabras donde aparezcan las palabras “ochocientos euros”.

40 thoughts on “ochocientos euros”

  1. Ricardo pasaba horas sentado en ese sofá que ya había adoptado la forma de su cuerpo y parecían un único ser, a veces incluso le costaba levantarse y decidía dormir toda la noche. Llegó a pensar que había una relación especial entre ellos.
    No sabía el motivo de esa desgana que se apoderaba de su cuerpo las 24 horas del día pero tenía claro que algo había que cambiar, por eso después de mucho pensar decidió cambiar el sofá y gastarse ochocientos euros en una butaca de última generación con distintas posiciones. Pensó que le haría feliz, pero al cabo de los días volvió a perder la ilusión.
    Y así continúa Ricardo, buscando el equilibrio interno pero ahora sin su viejo y añorado sofá.

  2. Sin embargo, no tardaría en darse cuenta de su error. Nunca uno de sus billetes había comprado un ápice de felicidad. Tal vez la había alquilado, pero nunca poseído. Se había sentido preso en su propio hogar. Culpaba al agente inmobiliario que le enseñó ese maldito piso de ochocientos euros, pensando que quizás uno más grande y caro lo haría sentir más libre. Craso error. Muchos años después la vida le enseñó que no hace falta dinero para ser libre ni alas para volar. Irónicamente para ese entonces yacía postrado en una cama hospitalaria, de ochocientos euros, y hubiera quemado todo el dinero de su cuenta bancaria para volver a aquel pequeño piso, ese de paredes blancas, al que por fin consideró su hogar.

  3. Ricardo es un joven que viene de una familia humilde, pero cuando comenzó a trabajar decidió independizarse. Empezó a ver pisos y encontró uno que costaba ochocientos euros mensuales, y se mudó allí; al volver del trabajo lo único que deseaba era descansar en su sofá. Sin embargo no se dio cuenta de que su vida se había vuelto monótona y también de que se alejaba de su familia y amistades. Después de un tiempo decide adoptar un perro como compañero y cambiar su estilo de vida. Pasado un tiempo recuperará a su familia.

  4. Veo que la historia de Ricardo os ha enganchado…no me extraña. Pero os recuerdo que la consigna nos indica únicamente que sea un texto de ficción, y no necesariamente relacionado con el modelo propuesto. Por cierto…¡os recomiendo la novela de Bill!

  5. “Entrégame ochocientos euros o no veras más a tu perro”. Este fue el anónimo que encontró un chico en su buzón. Sus ojos no daban crédito. Pero entra en casa y de repente recibe la bienvenida de Kira. “Una broma de mal gusto”, piensa. Más tarde salen y se paran en la tienda de videojuegos donde se entretiene una hora con la consola de muestra. Ata a su perro en la misma farola de siempre y entra. El perro se queda mirándolo y moviendo la cola. El chico lo observa a través del escaparate y le entran el temor de que la nota pudiera ser real y se lo quiten. Desde entonces cuando él ve la tienda, pasan de largo.

  6. Corría el año 2007. En la ciudad de Barcelona, en cada pequeño comercio se buscaban empleados. Había ofertas de trabajo en cada esquina. Si te quedabas en el paro no tenías que preocuparte, pues lo más probable era que al día siguiente tuvieras trabajo otra vez.
    Hoy, nueve años después, la situación es bien distinta. Las personas pueden llegar a estar dos años buscando empleo, o incluso más, y todo para que al final tengan que conformarse con un salario de ochocientos euros al mes, que apenas da para nada. Todo ello gracias al gobierno (en funciones) actual, que a pesar de todo se siente orgulloso de lo bien que están haciendo las cosas.

  7. Camina despacio pensando en cómo era su vida hace menos de una década. Tenía un pequeño comercio familiar de barrio, del cual vivían sin grandes lujos pero sin privaciones. Hace tres años que su mujer enfermó y tuvo que dejar de trabajar y los hijos, de 12 y 14 años, están todavía estudiando.
    Los grandes almacenes y la crisis le ha obligado ha cerrar su negocio porque ya solo tenía pérdidas. Camina despacio, pensando, hacia su nuevo trabajo en una fábrica de montaje. Camina pensando en los ochocientos euros que podrá llevar hoy, día de cobro, a su casa. Ochocientos euros con los que tendrá que pagar el alquiler, los gastos del piso, las medicinas de su mujer y después ingeniárselas para pasar el mes y aun así pensar que es un “afortunado” porque tiene esos ochocientos para sobrevivir.

  8. Me sorprendí cuando me dijo que el viaje costaba solo ochocientos euros. Me pareció extraño para un destino así, pero después de mucho insistir, ¡me convenció! Aquel día nos plantamos en el aeropuerto, tomamos el vuelo y emprendimos nuestra aventura con destino a la India. Estábamos muy contentas pues durante un mes entero íbamos a disfrutar de una larga estancia en un destino tan exótico. Nada nos hizo dudar al dirigirnos al hotel -el camino, la compañía…- y tampoco nos extrañó la clase mediocre del hotel, ya que ochocientos euros no podían dar para mucho más. La mañana siguiente madrugamos y emprendimos nuestra primera excursión. Un tour por la India. Nos disponíamos a ver cosas maravillosas, así que contentas nos subimos al microbús, hacia el primer destino. Parecía un templo. Al entrar nos hicieron entrega de un pack. Al abrirlo y ver el contenido, nos miramos atónitas, contenía una guía con unas pautas a seguir, vestimenta, calzado típico del lugar y un kit de aseo. Sin duda alguna, ya éramos misioneras y nuestra misión duraría un mes entero en visitas a diferentes comunidades.

  9. En un futuro no muy lejano el planeta se muere. El corazón de las personas perece lenta y dolorosamente ya que todo lo que amaban, todo lo que atesoraban, ha desaparecido entre polvo y cenizas de una guerra que seguro se pudo evitar. Todo comenzó en una tierra baldía, en la Antártida, donde se descubrió un mineral al que bautizaron como nimtanio, un pequeña piedra que, en contacto con el agua, causaba una reacción química extremadamente contaminante. El científico fue sobornado, el mineral extraviado, y por unos ridículos ochocientos euros se produjo el cataclismo. ¿No creen ustedes que podía haberse evitado?

  10. Entré en esa ciudad donde todos llevaban máscaras, unos con sonrisas, otras con caras tristes, o de enfado, incluso vi mascaras con lágrimas. Era genial: cada individuo de esa ciudad se colocaba una máscara según se había levantado ese día. De esta manera se podía saber el estado emocional de las personas antes de hablar con ellas. Yo también quería una una y pregunté a la gente que veía pasear por la calle. Al principio preguntaba a los que llevaban máscaras sonrientes, pensé que obtendría una mejor respuesta que si, quizás, hubiera preguntado a los que llevaban caretas de enfado. De ninguna de las maneras obtenía respuesta, ni al preguntar a los que sonreían, lloraban o mostraban enfado… Nadie me respondía. Yo quería una de esas para poder mostrar mi estado emocional.
    Caminé durante mucho rato y encontré tiendas, muchas tiendas: recuerdo una de muebles muy bonita dpnde había un sofá precioso que costaba ochocientos euros, incluso entré pero al ver el dependiente con máscara de enfadado, me dio miedo y salí. No encontraba la tienda de máscaras.
    De repente, al girar una calle que daba a una avenida muy ancha divisé una luz y pensé que seria un hostal, un sitio donde descansar. Me acerque allí y cuál fue mi sorpresa al comprobar que era un hospital. Fuera en la calle hacia mucho frío y soplaba un viento huracanado. Al entrar en la sala de espera me encontré con un panorama inusual: madres y padres con sus hijos adolescentes esperando su turno. Lo curioso era que los niños llevaban la cara descubierta, pero una vez los visitaban, salían de la consulta enmascarados.

  11. De repente aparecí en un lugar extraño, poco habitual, pero a la vez agradable y sosegado. Estaba sentada junto a una arboleda de cipreses gigantes en el que aparecía un camino largo y estrecho que conducía a algún sitio que yo desconocía. El aire era puro, no había rastro de contaminación ambiental ni acústica, solo el suave sonido de los ruiseñores. Mis deseos de dejarme llevar por ese extraño camino que debía conducir a alguna parte me hicieron levantarme con impulsividad para incorporarme en tan lindo paisaje. Recorrí kilómetros de un camino que no llevaba a ninguna parte, donde todo era sencillo: cuando tenía hambre, podía comer frutas de la diversidad de árboles que se alineaban por los laterales del camino; cuando tenía sed, podía observar pozos y fuentes de agua fresca y cristalina donde saciarla; cuando tenía sueño, aparecía una enorme pradera cubierta con suave hierba mezclada con plumas de gorrión para hacer mis sueños mas dulces. Entonces fue cuando me desperté y recordé que había guardado algo en mi bolsillo antes de aparecer en tan privilegiado lugar. Saqué de mi bolsillo ochocientos euros que había cobrado días atrás y los dejé volar con el viento. Allí no era necesario el dinero, lo que más deseaba en ese preciso moment oera la presencia de algún ser humano. Alguien que pudiera contarme lo que había ocurrido. Mientras tanto, continué mi camino.

  12. Fue uno de los mejores veranos de mi vida. Todo empezó el 2 de agosto, salimos con un velero a explorar una isla durante un mes. Me lo pasé de maravilla, acompañada de Pablo, Fernando y Laura, mis amigos de la infancia. Descubrimos un montón de calas, acantilados y puertos preciosos. Pude hacer fotografías impresionantes. Vimos muchísimos animales, tanto marinos como terrestres, incluso un delfín. Fue muy emocionante, ya que nunca había visto ninguno. Lo mejor fue que nos costó todo, ochocientos euros, entre cuatro personas. Recomendaría la experiencia a cualquiera, ya que pienso que es algo que se tiene que hacer una vez en la vida.

  13. NAN GOLDIN
    “Sé cuidarme sola. Vete, si quieres.” Sus palabras sonaron a puñalada.
    Sentado en el viejo colchón, no era capaz de girarme a mirarla. Por la respiración supuse que estaba dormida; demasiado cansada para mantenerse despierta, demasiado inquieta para descansar tranquila. Yo no podía dejar de mirar la mochila que habíamos comprado en el chino. Dentro de la bolsa había el dinero necesario para empezar una nueva vida. En ese apartamento corríamos mucho riesgo y la muy cabezota no quería cambiar de ciudad.
    “Si te vas, déjame ochocientos euros para el alquiler. No necesito más.” Esta última frase sonó a roto.
    Me dolía la cabeza, fruto de una mezcla mortal de resaca y pensamientos circulares. Ya se me habían curado las heridas de la mano, seguro que me dejaban cicatriz. Debía irme, por mi bien. Entonces, ¿por qué no era capaz de moverme del viejo colchón? Sonó una risita, ella sonreía, me encantaba cuando lo hacía dormida. Dios. Me quité la camiseta manchada de sangre y me acosté a su lado esperando, pacientemente, a que volviera a sonreír entre sueños.

  14. Eva, después de cuatro años en paro y tras haber trabajado solamente seis meses en una tienda de muebles de descanso -aparte de otros trabajos en negro-, parece que aún hoy en día debería estar agradecida, tal y como está el país… Pero por fin había encontrado un trabajo estable, a jornada completa; no era un gran sueldo -ochocientos euros hoy en día no es mucho para pagar un piso y demás responsabilidades- pero bueno, compartiendo piso todo era más fácil: gastos a medias y lo más importante: podría volver a retomar la carrera que tuvo que dejar a medias.Todo esto lo afrontaba con ilusión, volverá a tener una vida normal, con su trabajo y estudios y en la que no tenga que sufrir para llegar a final de mes. ¡Por fin!

  15. Después de la gran depresión del 3037 las calles quedaron vacías, más del cuarenta por ciento de la población de Poza de la Sal había muerto a causa de la contaminación que el Centro de Recursos de Nuevas Energías generaba año tras año. Ya desde el inicio de los años veinte de la nueva era, cuando llegaron los primeros investigadores, los pocos habitantes del pueblo sospecharon que nada bueno les traerían aquellas personas con escafandras que les visitaban tan a menudo. La década de los veinte fue crucial para la investigación de la recuperación de la atmósfera terrestre en todo el planeta, pero sobre todo en la península. Poza de la Sal fue uno de los lugares -en todo el continente- en que la concentración de tóxicos en el aire era menor y por este motivo fue lugar de ensayo para la recuperación de la atmósfera terrestre no contaminada.
    El proyecto inicial pretendía, supuestamente, recuperar el clima y la atmósfera de la que el pueblo había gozado mil años antes. La realidad era que se esperaba recrear esas condiciones a fin de obtener un entorno idóneo para la generación de energía transopular que tanto había rendido siglos antes. Los habitantes de Poza vivían en un entorno hostil y casi sin oxígeno pero año tras año, siglo tras siglo, consiguieron adaptarse.
    La llegada de esos hombres, o mejor, su intrusión en el hábitat supuso la muerte de la mayoría de habitantes de Poza de la Sal, por lo que uno de los núcleos de civilización más antiguos de Europa fue devastado. Hoy lo único que se conserva son archivos y bases de metadatos donde podemos leer por ejemplo lo que costaba una chaqueta térmica, una ración de proteína liofilizada, o incluso un retrocalentador que por el año 2149 costaba unos ochocientos euros.

  16. Iván tiene 28 años y nunca ha trabajado más de treinta días seguidos. Lo van contratando un día o dos cuando más y eso si trabaja. Su sueño es poder tener un puesto fijo y llevar una vida más estable de la que tiene ahora. No puede hacer planes porque nunca sabe cuándo lo llamarán; no puede vestir como le gustaría ni puede permitirse ir a sitios caros y, por supuesto, depende de los padres y a veces de los amigos para subsistir. Daría cualquier cosa por tener un trabajo de ochocientos euros al mes. Podría aprender a administrarse y puede que a ahorrar un poco también. Sería una persona más feliz y segura de sí misma.

  17. Eran las dos de la tarde cuando Miguel despertó después de pasar una vez más toda la noche de juerga. Cientos de veces le repitió Carmena, su madre, que debía buscar un oficio, que no iban a mantenerlo hasta la vejez con toda clase de lujos, que estos había que ganárselos. Pero Miguel se escudaba en el hecho de que, según él, su padre jamás habría accedido a prestarse a un trabajo como los que ahora le ofrecían a él, con un salario inferior a los novecientos euros. Sin embargo, lo que aún no sabía Miguel, era que la multimillonaria empresa de alquiler de coches que su padre regentaba, empezó con la compra de un Renault 5 de segunda mano por la cifra de ciento treinta y tres mil pesetas, algo menos de ochocientos euros.

  18. A la pobre María se le estropearon al mismo tiempo la lavadora y la nevera. La pobre, desesperada y después de consultar en catorce tiendas diferentes, llegó a la conclusión de que se tendría que gastar unos ochocientos euros en total. Tenía el dinero, por supuesto, lo había estado ahorrando -precisamente- para poder pagar algún imprevisto. Pero no quería desprenderse de tal cantidad. Le había costado sudor y lágrimas conseguirlo. Días sin salir, ahorrar en las comidas… No se decidía a hacer la compra. Así que avisó a un amigo para que comprobara, si podía, el motivo por el que no funcionaban sus electrodomésticos. Pedro consiguió descubrir que la lavadora solo tenía el filtro sucio y esta volvió a funcionar. Pero con la nevera no hubo forma. Ya era muy vieja. Así que al final Pedro la llevó a una tienda de electrodomésticos con pequeñas taras y María se compró una nueva por solo 250 euros. ¡Ah1o, y por supuesto, María invitó a Pedro a cenar.

  19. Emanuela, como cada mañana, se levanta muy temprano, coge el tren para llegar al trabajo y a las 9 llega a su destino, Loreto. Viste una blusa azul celeste, una falda negra y de su mano cuelga una chaqueta muy fina. Cuando camina se oye el taconeo de sus zapatos. Coge la avenida principal y como todos los días se detiene cinco minutos frente al escaparate de una tienda que exhibe un vestido precioso que está hecho a su medida.
    Al día siguiente vuelve a mirar el vestido: esta vez se decide a entrar, le han premiado en el trabajo y le han dado unos honorarios significativos, así que se dirige a la dependienta y le pregunta el precio.
    -Cuesta ochocientos euros, señorita
    Un nuevo día para Emanuela: coge el tren, recorre la avenida principal y como cada mañana, mira encandilada su vestido.

  20. Investigando el material genético humano dimos, de pura casualidad, con la cura de la estupidez. Memos, necios, bobos, imbéciles y todas las variantes de inutilidad podrían ser erradicadas del planeta gracias a nuestro hallazgo. Aseguramos que con tan solo una píldora se puede modificar el gen H-12, que transformaría memeces y necedades en profundas reflexiones y ricas conversaciones. Nos conmueve aportar tan valioso regalo a la raza humana. Se trata casi de subir un peldaño en la escalera evolutiva. Sin embargo, el gobierno no permitirá la distribución pública. Se prevé que la pastilla salga a la venta -durante un tiempo limitado- por el irónico precio de ochocientos euros.

  21. Estaba ya en la recta de su viaje por Centroamérica, sus últimos días de viaje los quería dedicar a viajar por Guatemala… Todo el mundo le había hablado de la belleza y de la magia de este país, así como de su extrema pobreza, y de su alto índice de robos y de criminalidad. Le cautivó desde un primer momento su naturaleza, los impresionantes volcanes, los lagos, y sobre todo su gente, la cual, a pesar de sus más que precarias situaciones, le recibía siempre con una sonrisa. Quizás fue el país más mágico, más “auténtico”, en el que había estado nunca. Le fascinó ese lugar que sigue teniendo su propia identidad, con muchas cosas por mejorar pero con la sensación de que tienen lo que cada vez nos falta más en este mundo: identidad, naturalidad, espontaneidad, pureza…
    Qué poco le importó, por todo esto y mucho más, que alguien se llevara, sin él percibirlo, los últimos ochocientos euros que le quedaban para acabar el viaje. Fue en el primero de los cuatro autobuses que debía tomar para ir de Antigua a Atitlán. Entendió que el percance fue tanto culpa de quien le sustrajo la cartera como de este sistema en el que vivimos, que permite y genera desigualdades que propician el hecho de que situaciones de este tipo sean comprensibles, e incluso, justificables.

  22. Nos vamos de finde de chicas, dijeron ellas, sin reparar en gastos, sin planes y dispuestas a las más sonoras carcajadas. Empezaron con un hotel de esos supercuquis y pijos a la vez, con todos los extras posibles: masajes, envolturas de cosas que con solo mirarlas te dan asquito pero a la vez sabes que le harán mucho bien a tu maltrecha piel. Nada de dietas, vivan las grasas saturadas y todo eso que es tan poco saludable.
    Ese fue solo el principio.Las siguientes horas fueron un sinfín de risas, confesiones, alcohol, carcajadas, mojitos de todos los sabores, nuevas amistades… Cuando volvieron a sus rutinas, se dieron cuenta de que sus cuentas habían menguado bastante, ochocientos euros para ser más exactos. Y las dos a la vez gritaron: ¡¡PORQUE YO LO VALGO!!

  23. Óscar estaba felizmente casado hasta que un día una frase lo marcó para siempre: “¡Quiero el divorcio!”, le espetó su mujer. La propuesta cayó como un jarro de agua fría sobre Óscar. Su mujer quería poner fin a diez años de matrimonio y empezar una nueva vida cada uno por su lado. Pero había un problema: tenían dos hijas pequeñas. Después de varias semanas negociando sobre la custodia de las niñas, se decidió mediante abogados que Óscar se quedaría con ellas, y su exmujer debería abonarle una pensión de ochocientos euros al mes hasta que las chicas acabasen la universidad, o se incorporasen al mundo laboral.

  24. Recuerdo cuando cumplí dieciséis años. Los dieciséis ya no eran quince y la gente me llamaba “chica”, no “niña”. De repente me sentí mayor. Era la hora de abrir mi hucha, la que durante tantos años había cuidado y rellenado cuidadosamente. La abrí con mi madre y nos pusimos a contar todas las monedas y algún billete de cincuenta que mis abuelos me habían dado las navidades pasadas. Ochocientos euros. Dios mío, casi me da un pasmo. Con razón el cerdito pesaba tanto. ¡Sentía que con todo ese dineral me podía comprar una casa! Mi madre me miraba y reía. Ella sabía perfectamente en qué me lo iba a gastar. Madonna venía de gira a España, concretamente a mi ciudad y no me podía creer que tuviera el dinero suficiente para comprarme una entrada y verla por primera vez.

  25. Una vez al año, un grupo de cuatro amigas se reencuentran en una cafetería situada en el barrio donde estudiaron en su infancia. Entre charlas y risas, una de ellas da la notica de que encontró al chico ideal con el que quiere compartir toda su vida y que todas ellas serán las madrinas de la boda. La mañana siguiente Ana pasea y mira escaparates. Se encuentra con que tiene que comprar su vestido para el enlace y no solo eso, también un regalo para el cumpleaños de su primo. Mira en su cuenta bancaria y descubre que solo cuenta con ochocientos euros para gastar. Le va a faltar dinero, piensa, ya que justamente la batería de su coche no funciona y tiene que comprar una nueva si quiere ir a la boda y viajar a Madrid para el cumpleaños de su primo Juan.

  26. LA HISTORIA DE COMO PUDE PAGAR LA OPERACIÓN DE MI MADRE QUE COSTABA “OCHOCIENTOS EUROS”.

    Un día, de camino a casa, recibí una llamada de mi madre, que me telefoneaba desde el hospital, muy asustada. Entre sus gritos y sollozos pude preguntarle qué pasaba y me dijo que le habían detectado un bulto en el pecho y que tenían que operarla en el plazo máximo de un mes, porque si no, el desenlace podría ser mortal. Pensando en una solución, recordé que tenía un dinero ahorrado; exactamente cuatrocientos euros, pero no era suficiente. Le dije a mi madre que más tarde la llamaría. Buscando una solución, llamé al banco y solicité un crédito pero no me lo concedían porque ya tenía muchas deudas; además, nadie de mi familia y amigos podría ayudarme. No sabia qué hacer. Difundí lo dramático de mi situación en las redes sociales y , de repente y como un milagro empezaron a llegar mensajes de todos mis compañeros de trabajo a la bandeja de entrada. Mostraban su solidaridad e incluso me ofrecían guardias pagadas en el hospital para arreglar la situación; una gran alegría me invadió de repente porque ya veía el problema solucionado. Fue un mes duro, doblando las guardias cada día, pero siempre pensando por quién lo hacía; cobré una abultada nómina y de inmediato ingresé el dinero en la cuenta del hospital. Al día siguiente, llamaron a mi madre para intervenirla en pocos días. Aún recuerdo esta historia con algo de recelo y de temor por lo que podría haberle pasado a mi madre. Precisamente hoy, he estado charlando con ella mientras tomábamos un buen café.

  27. Mi cobro mensual es muy bajo, ya que solo trabajo en una pizzería mientras estudio un ciclo de Grado Superior; cobro ochocientos euros al mes y con ellos he de pagar mis estudios, el piso, los viajes del tren, la comida… Mis ahorros apenas alcanzan los cien euros. Mi objetivo es comprar una televisión grande de alta definición que venden en una tienda de electrodomésticos, y que rebajaron precisamente, a ochocientos euros. Ansío comprar ese televisor y llevo tres meses ahorrando; tengo que esperar cinco más para conseguir el total, pero lo malo es que puede ocurrir que alguien la compre antes que yo. Mi idea es pedir alguna ayuda -a mi hermano,por ejemplo-, la pagamos juntos y así podré tener una televisión, aunque sea compartida con él.

  28. Se encontraron por la calle y fue amor a primera vista. Pasaron cinco días juntos, inolvidables, sin alejarse ni tan solo un instante, sabiendo que no podía ser para siempre, porque el tenía que regresar en su país, Argentina. Ella, al despedirse, mirándolo con ojos llenos de lágrimas, le prometió que iría a verlo y que no iba a olvidarlo.
    Pasó el tiempo y ella mantenía la promesa que hizo a aquel chico que la enamoró tan rápidamente. Lo que le faltaban eran ochocientos euros para comprar el pasaje y por fin volverlo a ver.
    Una mañana, mientra ella desayunaba, tocaron el timbre: era él, diciéndole que no podía esperar más.
    A partir de esa mañana, no se separaron nunca.

  29. Luis es el protagonista de la historia. Ronda los treinta y vive en Málaga. Lo tuvo todo y por su excesiva ambición acabó en la ruina total. A los veinte años ya tenía su propia empresa de electrodomésticos, una gran casa y a su bella esposa e hijo, Marta y Toni. Comenzó a jugar y a perder dinero en todos los casinos de la ciudad y cada vez con más frecuencia. Cada noche llevaba un “mínimo” de ochocientos euros y volvía siempre sin nada. Para cuando su mujer descubrió todo, ya habían perdido el negocio y los coches; además, las cuentas del banco estaban ya a cero. En quince días embargarían también su casa. Lo perdió todo y su esposa e hijo también le abandonaron. Desde entonces, su única compañía es la bebida. Aquella ambición acabó con él y le arrebató tanto la ilusión como la esperanza.

  30. Elena era una chica muy sencilla. Vivía sola desde los 19 años. Cuando se independizó creía que las cosas le iban a resultar muy fáciles, pero pronto se dio cuenta de que llegar a fin de mes era más difícil de lo que pensaba. Estaba muy mal acostumbrada a comprar de todo sin escatimar en gastos. Nunca miraba demasiado el precio: ¿le gustaba esto?, lo compraba. Ahora ha tenido que acostumbrarse a vigilar todo aquello que adquiere. Se ha vuelto una chica muy ahorradora y no piensa en gastarse demasiado dinero en caprichos. Pero hay algo que le trae de cabeza: ha visto un anuncio en internet en el que ofrecen pasar quince días días en Nueva York, vuelo de ida y vuelta y alojamiento incluidos, por solo ochocientos euros. Algo que siempre soñó hacer…

  31. Ricardo es un estudiante joven con fobia a las agujas que acudió al médico a hacerse unas cuantas pruebas, entre ellas un análisis de sangre. Entre prueba y prueba se iba a dar un paseo. Se cruzó con un puesto de lotería y Ricardo, que nunca había jugado, escogió seis números al azar, sin pensar, ya que estaba nervioso por la analítica. Al día siguiente, comprobó que había acertado cuatro de los seis números y que algún premio tendría. Al día siguiente fue al despacho de lotería y cobró ochocientos euros. Ahora todos sus amigos le llaman el chico de la buena suerte. Ricardo y sus amigos apuestan cada semana, pero nunca más les ha vuelto a tocar nada. Ricardo cree que fue por tener el valor de superar su miedo a las agujas y presentarse a las pruebas que se tenía que hacer. Según él, si algún día vuelve hacerse un análisis de sangre irá a buscar un puesto de lotería, lo primero.

  32. Ricardo se levantaba temprano para ir a su trabajo. Era un excelente ejecutivo bancario. Su pasatiempo favorito era la fotografía, estaba dotado para ello; se levantaba temprano, antes de tiempo, para admirar el bello amanecer y los primeros rayos del sol; mientras conducía observaba minuciosamente con ese don que llevaba dentro. Cierto día de primavera, al bajar de su coche a hacer fotos de un huerto, encontró un bello conejo que comía una rica zanahoria; caminó despacio para tomar ese primer plano. Después se retiró feliz. Cuando quiso arrancar el coche, el motor se paró: no tenía gasolina. El hombre, desesperado, se puso a hacer autoestop pero nadie se paraba. Aquella mañana tenía una firma hipotecaria y un adelanto de ochocientos euros. En su desesperación, cogió su coche y lo arrastro durante quince kilómetros hasta la próxima gasolinera, que resultó estar cerrada por motivos de mantenimiento. Pero encontró una botella con gasolina, la cogió rápido, y a cambio dejó un par de euros en el suelo. Así consiguió arrancar el coche. “¡Qué sorpresa!”, se dijo, y el coche aceleró. No lo podía creer, estaba emocionado. En la oficina contó a sus amigos lo sucedido, lo miraron raro, y se retiraban de él sin decir palabra. Desde aquel día Ricardo siempre lleva una botella de gasolina en el maletero y su querida cámara. Nunca se sabe lo que pueda pasar.

  33. La noche era oscura y por más que alargaba la mano no alcanzaba a coger aquella caja roja que había estado almacenando hasta el dia de hoyen un recóndito agujero de la fría y húmeda buhardilla. Hoy es el día en que se cumplía el plazo y podría descubrir la verdad. En aquel instante llamaron a la puerta, momento en el que logré alcanzar la caja y caí rodando con ella por las escaleras. En la puerta, bajo una tremenda lluvia, se encontraba un hombre vestido de negro con barba de varios días y a quien no pude identificar. Sin pronunciar palabra me dio una nota a leer: “Ochocientos euros es lo que recibirás, ochocientos euros de sueldo durante el resto de tu vida; solo debes entregarme la caja de Nescafé.”

  34. “Me debes ochocientos euros, Antonio, ya han pasado más de cuatro meses y aún no he recibido absolutamente nada por tu parte”, le dijo Bárbara, la madre de su hija. La desesperación y la angustia recorrían su cuerpo mientras se imaginaba de qué manera podría conseguir el dinero. Por suerte, un buen amigo, Carlos, le había ofrecido un puesto de trabajo en el almacén de su empresa. En cuestión de dos meses la deuda que le debía a su exmujer ya estaría saldada y empezaría a disfrutar de una calidad de vida mejor de la que había llevado hasta ahora.

  35. Un día se le acercó un extraño en el andén del metro. Solo estaban ellos, y le propuso un negocio “fácil”, eso le dijo, por el que le pagaría. Pensó, por qué no, el dinero siempre va bien y si es algo fácil de hacer, mejor. Una noche se bajó del metro dos paradas antes de la suya, salió a la calle y caminó por calles estrechas que no reconocía, nunca se había bajado allí. Llegó a un pasaje de casas bajas; no recordaba que en Barcelona todavía existieran casas así, llamó al timbre de la tercera casa y esperó unos minutos, hasta que abrió la puerta un anciano que iba en bata de cuadros marrones, seguramente tan vieja como él. Lo miró fijamente y le susurró unas palabras. El anciano abrió los ojos, y en su boca se dibujó un rictus de amargura.
    No volvió a pensar más en ese día, hasta que pasado un tiempo y por casualidad, conoció a una chica que vivía en una de esas casas, en la tercera… Ella le comentó que la había comprado hacia unos meses, y que antes vivía allí un señor mayor que murió de repente el catorce de septiembre -justo el día posterior a su visita. Nunca pensó que una sola frase, y ochocientos euros por pronunciarla, fueran el coste de una vida.

  36. Estaba en la clínica trabajando, como loca, ya con unas ganas de que acabase mi jornada increíble y justa acababa de empezar mi turno. Era uno de esos días en los que te despiertas inquieta, con ganas de un cambio; en mi caso de comprar algo, esa impulsividad que me caracteriza y me empeciné en que debía conseguir… unas botas rojas y un chubasquero. Todo costaba unos cien euros, miraba todas las páginas de compras en línea habidas y por haber, para ver si lo encontraba más barato y entonces lo vi: era un bolso increíble, rebajado, valía mil doscientos y ahora estaba por ochocientos euros. No me lo podía creer, me temblaba el pulso, lo quería tener, hice todos los números y al final lo compré. Pero me quedé sin mis botas rojas, aunque solo por un mes…

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