¡”Salvados por el fútbol”! Acompañar la apertura de este artículo con signos de exclamación, en lugar de interrogantes, sería el sueño de cada familia que apunta a sus hijos al fútbol. La formación y los valores que puede ofrecer un club a un niño son muy beneficiosos para su desarrollo madurativo. Sin embargo, se debe estar atento para hacer una buena elección y que ese sueño no se transforme en pesadilla.
Las cosas han cambiado mucho. Hace un par de décadas, las oportunidades para practicar el fútbol con los amigos en las plazas de las ciudades eran mucho mayores. ¿Recordáis aquellos interminables partidos a la salida del colegio, donde chaquetas o mochilas hacían de improvisadas porterías? Ahora proliferan los carteles de “Prohibido jugar al fútbol”, los mejores aliados del sedentarismo y las videoconsolas.
A todo ello, debemos sumar la implantación de la jornada intensiva en Secundaria y la dilatación de los horarios laborales de los padres. En la pre-adolescencia, apuntar a nuestros hijos a un club de fútbol constituye una tabla de salvación para amenizar sus largas tardes y monitorizar su actividad deportiva.
Familia y Club: Un Diálogo Necesario
En cada grupo de jugadores, hay niños de orígenes socioculturales y económicos diferentes, y cada entrenador tiene que saber lidiar con ello. La familia establece unas normas y valores, pero al entrar en un club de fútbol, debe estar preparada para que, en ocasiones, sean cuestionados.
Familia y club deberían ir de la mano. Por ello, establecer un diálogo y una reflexión conjunta para incorporar los aspectos positivos de ambas metodologías sería la medida más acertada.
El fútbol tiene una doble vertiente:
- Por una parte, motiva a los alumnos que van mal en los estudios o tienen problemas conductuales, al mismo tiempo que les proporciona un grupo de amigos que trabaja por un interés común.
- Por otro lado, en función de las sinergias que se establecen en la plantilla, los conflictos con los compañeros o con el entrenador pueden alterar nuestra vida familiar y provocar discusiones en casa.
[Imagen sugerida: Un entrenador de fútbol base hablando con un padre y una madre en un ambiente cordial, con un niño pequeño mirando]
El Otro Lado de la Cancha: Cuando los Valores se Olvidan
Como si fueran colegios privados, algunos clubes valoran a los jugadores por criterios diferentes a los estrictamente futbolísticos. Realizan entrevistas familiares o simplemente aumentan las cuotas mensuales para seleccionar a sus jugadores, evitando el acceso de niños de familias desestructuradas o con problemas económicos. Esto es preocupante.
El desconcierto social en el que vivimos provoca que el fútbol haya tenido que asumir más responsabilidades de las que debiera. Agravado por la escasez de subvenciones, que ha obligado a los clubes a rediseñar su estrategia de negocio, a veces a costa de sus principios formativos.
Con las condiciones idóneas y bajo la supervisión de los profesionales adecuados, el fútbol puede ser el agente social que colabore con las familias y ayude a cambiar los hábitos de nuestros niños y adolescentes.
De todas formas, aún queda un largo camino para que, con la conciencia tranquila y viendo una verdadera labor formativa, podamos decir con seguridad: ¡Salvados por el fútbol!











