Tecnología y enseñanza… ¿el problema está en la pantalla o detrás de ella?

Dicen que la tecnología deshumaniza el aula. Que las pantallas nos alejan de la verdadera enseñanza. Que los alumnos ya no aprenden, solo consumen contenido.

La tecnología no es el problema. El verdadero reto está en cómo la usamos.
Cuando se empezaron a introducir las calculadoras en clase. Hubo protestas, artículos, incluso manifestaciones en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia: “van a dejar de saber calcular”decían.

Con el cambio de milenio, al llegar las Pizarras Digitales Interactivas, muchos docentes las usaban como si fueran solo una pizarra más… sin aprovechar su potencial, sin permitir que el alumnado tocara, probara, interactuara. Impartiendo el mismo modelo de clase magistral.

Encender la pantalla no es sinónimo de encender el aprendizaje
Hace poco, en una actividad sobre direcciones en inglés, decidí transformar el aula en una ciudad ficticia. Usamos tablets y realidad aumentada para que cada alumno guiara a otro por caminos virtuales… ¡mientras tenían que usar expresiones idiomáticas en tiempo real! Uno de mis alumnos, que suele ser tímido y evita participar, se convirtió en el “guía turístico” más activo del grupo. Al acabar, se me acercó y me dijo: “Profe, hoy me he sentido como si estuviera en otro país”

Ese momento no lo provocó la Pantalla Digital Interactiva. Lo originó el diseño consciente de la actividad, el espacio emocional creado, y el propósito detrás de la tecnología.

Como docentes, somos curadores de experiencias. No basta con proyectar vídeos ni con dejar que las apps hagan todo. Lo importante es generar dinámicas donde el alumnado piense, colabore, se equivoque… y aprenda.

Yo enseño inglés, pero sobre todo enseño a confiar. A equivocarse con estilo. A hablar incluso cuando faltan palabras. Llevo usando la tecnología desde 2005 cuando llegué a Escola Splai, y si la tecnología me ayuda a llegar más lejos con mis alumnos, bienvenida sea.

Así que no culpemos a las herramientas. Pongamos la lupa en la calidad docente, en la preparación y el cariño que hay detrás de cada propuesta.
Porque enseñar no es hacer clic. Es sintonizar…  con cada alumno. Saber que es lo que necesita y como convertirse en mediador para que sienta que lo ha conseguido por sus propios medios.

Si tú también crees que la diferencia está en cómo enseñamos y no solo en lo que usamos, comparte tu experiencia. Juntos podemos construir aulas más significativas.

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