En un centro educativo, la evaluación es la comprobación de cuánto se han logrado los objetivos propuestos. Se emite un juicio sobre el alumno, que se traduce en notas e informes: una recompensa y un reflejo del trabajo y el estudio.
En una escuela de fútbol base, la recompensa es mucho más atractiva, motivante e inmediata: ¡el partido del fin de semana!
Sin embargo, la asignación de minutos y la elección de quién juega deben basarse en criterios de valoración perfectamente definidos. Una mala gestión de este apartado puede generar un ambiente tóxico, hacer que los jugadores dejen de creer en el técnico y, en definitiva, minar la cohesión del equipo.
El Triángulo de Evaluación del Entrenador: Conceptos, Procedimientos y Actitudes
Al igual que el binomio escuela-profesor, el tándem club-entrenador debería tener un funcionamiento similar a la hora de decidir. Para ser objetivos en nuestra evaluación, los maestros analizamos concienzudamente una triple vertiente: los conceptos, los procedimientos y las actitudes, valores y normas.
Cada contenido no puede valer lo mismo, debe tener un peso diferente en nuestra decisión. Hemos de ser lo más objetivos posibles, manteniendo al margen nuestros prejuicios y los factores personales, familiares y ambientales que puedan distraernos.
1. Conceptos Futbolísticos: ¿Qué Saben Nuestros Jugadores?
Se refieren a la capacidad de asimilación o memorización de los contenidos que el entrenador explica a lo largo de los entrenamientos o en las charlas tácticas. Es lo que nuestros jugadores saben.
2. Procedimientos Futbolísticos: ¿Qué Saben Hacer Nuestros Jugadores?
Estos son los más importantes y los que más deberían ayudarnos a decidir. Cada jugador aplica en el campo los conceptos transmitidos y se adapta a las situaciones que puedan plantearse. Representan lo que nuestros jugadores saben hacer.
3. Actitudes, Valores y Normas: ¿Qué Respetan y Valoran Nuestros Jugadores?
Aquí se incluye el respeto por las directrices marcadas por el club y el entrenador. Es lo que nuestros jugadores respetan y valoran como correcto.
Durante mucho tiempo se ha descuidado este tercer apartado, y es un aspecto clave por varios motivos:
- Determina la cohesión del equipo.
- Condiciona las actuaciones de muchos futbolistas en el campo, dadas las relaciones interpersonales que establecen con el cuerpo técnico y sus compañeros.
[Imagen sugerida: Un entrenador con una pizarra táctica, explicando a un grupo de niños sentados en círculo en el césped, que le miran con atención]
El Equilibrio es la Clave
Descuidar cualquiera de estos tres apartados al dictaminar qué jugadores saltan al campo va en detrimento de los intereses del equipo. Tendremos:
- Jugadores que entienden la estrategia, pero no saben aplicarla.
- Otros con un gran talento, pero incapaces de seguir el plan durante el partido.
- Y un tercer grupo de fenomenales personas y compañeros, pero con carencias futbolísticas.
Decidir quién juega y cuántos minutos debe representar un equilibrio que logre:
- Un aumento de la autoestima y de las ganas de superación de nuestros jugadores.
- El conocimiento de las limitaciones de cada uno.
Por ello, el entrenador debe ofrecer pautas y asesoramiento para que superen esas limitaciones, y establecer claramente el porcentaje de importancia que tendrán sus conceptos, procedimientos y actitudes futbolísticas en cada “evaluación” (es decir, en cada decisión de alineación y minutos de juego).











