Aprendí a hablar más pronto de lo normal, ya que mis primeras palabras fueron al poco de cumplir un año. Esas palabras fueron “papá”, “mamá”, “pan”, “yaya” y pepita, la última de ellas se debe a que la vecina de mi abuela se llama así.
Mi madre se acuerda muy bien de cuando era pequeño, pero mi abuela y mi padre, no.
Al llegar a los dos años podía tener conversaciones bastante largas con mi madre, pero siempre era lo típico: cómo me lo había pasado en el cole y qué quería hacer por la tarde. Aunque mi madre dice que me hacía entender fácilmente.
He preguntado a mi abuela y a mi padre pero en vano, y mi madre ha sido la que se acordaba de todo, aunque no he puesto algunas cosas ya que no tenían importancia.