El Teatro Medieval. “La Celestina”

Acto Primero
(fragmento)
Calixto En esto veo, Malibea la grandeza de Dios.
Malibea– ¿En que Calixto?
Calixto– En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase y hacer a mi inmérito tanta merced que verte alcanzase y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido, ni otro poder mi voluntad humana pueda cumplir. ¿Quién vió en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío?
Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Más ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor a caer de tal bienaventuranza y yo, mixto me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.
Melibea– ¿Por grande premio tienes esto Calixto?
Calixto– téngolo por tanto verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.
Malibea– Pues aún más galardón te daré yo, si perseveras.
Calixto– ¡Oh bienaventuradas orejas mías qué indignamente tan gran palabra habéis oído!
Malibea.– Mas desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento. Y el intento de tus palabras Calixto, ha sido ingenio de tal hombre como tú haber de salir para perderse en la virtud de tal mujer como yo. ¡Vete! ¡Vete ahí torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite.
Calixto– Iré como aquel contra quien solamente adversa fortuna pone su estudio con odio cruel.

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